El jueves 25 de marzo la bandera paraguaya ‘flameó’ en los premios Cóndor de Argentina. Los Ripe Banana Skins (RBS) se alzaron con el premio a “Mejor Música Original” por la ópera prima de la directora Ana García Blaya: Las Buenas Intenciones. Ana cuenta para la VOS cómo fue el proceso de retratar a su propia familia en la pantalla grande.

Por: Luis Ríos

Amanda (Amanda Minujin) se despierta en medio de un living que improvisa una habitación con colchones y frazadas desparramadas. Ella dormía junto a sus dos hermanos: Manu (Ezequiel Fontenla) y Lala (Carmela Minujin). Se incorpora, se calza una media y un champión en el pie derecho y una zapatilla en el pie izquierdo. Va a la cocina. Usa dos de esas viejas y gruesas guías telefónicas para poder pararse, alcanzar el grifo del lavabo y comenzar a lavar la pila de platos y cubiertos sucios amontonados en la ‘pileta’.

Mientras todo eso ocurría, la cámara nos muestra una habitación desordenada con equipos de música, instrumentos, discos, posters y muchas botellas de cerveza tirada por ahí. Durante la siguiente hora y 23 minutos, Amanda nos va a contar lo lindo y lo no tan lindo de su familia; de su relación padre-hija, madre-hija y madre-padre. Una hermosa tragicomedia que le hace honor al nombre: Las Buenas Intenciones.

El nacimiento de un guion

A Amanda le gustaba escribir, por eso estudió comunicación, pero las cosas de la vida la llevaron hacia el cine. La vida también le puso el objetivo de retratar todo eso que pasó con sus padres separados y sus hermanos un poco antes de mudarse a Paraguay. Amanda en realidad es Ana García Blaya, la directora de Las Buenas Intenciones.

Esta película, estrenada a fines del año 2019, es una película autobiográfica de la directora en la que relata principalmente el momento en el que su madre se ve obligada a mudarse a Paraguay para poder escapar de la crisis económica reinante en la Argentina a mediados de los 90, obligando a ella y a sus hermanos a separarse de su bohemio padre.

“Yo escribí la película hace como 10 o 12 años. La escribí y llegué a mostrar (el guion) a mi papá. Le encantó”, contó en una tranquila charla con la VOS. Su papá es Gustavo (Javier Drolas), el mismo que les ‘tiró’ un par de colchones y frazadas al inicio de la película. Un músico, que parece un poco inmaduro, capaz ‘colgado’ pero que intenta ser el mejor padre que puede ser.

“A esa edad, la percepción de las cosas es totalmente distinta y de por ahí es más divertido estar con papá, porque mamá es más seria, más responsable y es la que se ocupa, entonces es mucho más divertido estar con un adolescente que nunca crece”, explicó.

Pasa que toda esa ‘ligereza’ que vemos de Gustavo no le agradaba para nada a Cecilia (Jazmín Stuart), la madre de los tres hermanos, y se da a entender que fue uno de los causales de la separación. “A mi mamá supongo que la debe haber ‘shockeado’ un poco, porque no me dijo nada, np es que mostré mucho el guion. Aparte es el punto de vista de una nena y no mi punto de vista actual después de haber pasado por varios procesos y aprendizajes en la vida. Creo que mi mamá eso después lo entendió y lo pudo disfrutar”, recordó la nobel directora.

Además, comentó que cuando mamá Cecilia vio la película, demostró mucho respeto hacia el trabajo de su hija y el homenaje a su padre. Su padre falleció antes de empezar el rodaje y según Ana, este hecho la impulsó definitivamente a rodar. “Fallece mi papá y con mi hermana presentamos el guion en el concurso de Opera Prima en el INCAA y ganamos un premio. Ahí dijimos ‘Hay que filmar’ y la verdad es que no hubo tiempo de consultarlo demasiado con la familia. La filmamos y la mostramos. Mi mamá la vio terminada”, relató.

Los logros de la opera prima

Esta realización es su debut como directora y hace una semana se alzó con cuatro Premios Cóndor de Plata que son los premios cinematográficos en Argentina que se otorgan anualmente desde 1943. La entrega de los premios es organizada por la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina (ACCA) y son equivalentes a los premios Óscar, o bien, a los premios Golden Globes.

Las Buenas Intenciones se quedó con las categorías “Mejor Ópera Prima”, “Mejor Actor” (Javier Drolas) y “Mejor Actriz de Reparto” (Jazmín Stuart) y la banda paraguaya Ripe Banana Skins (RBS) se hizo con el premio a “Mejor Música Original”, sumando en total 4 estatuillas. “Los Cóndor son como nuestros Oscars argentinos. Es muy lindo porque aparte de los cuatro Condors que ganamos, estuvimos nominados en 14 categorías. Ya la nominación y que te tengan en cuenta para mí era un premio”, admitió Garcia Blaya.

Antes de esto, la película ya había girado por importantes festivales de cine como San Sebastián, Toronto o el propio Festival de Cine de Mar del Plata en Argentina. “Una vez que estás adentro de un festival genera mucho interés. Los premios también generan eso; reviven a la película que ya tiene más de un año de estrenada y le dan un poco más de visibilidad y tal vez dura un poco más por las plataformas hoy en día”, analizó.

Un hijo, una película

Más allá de los premios y la rotación en festivales, para ella lo más importante es poder terminar una película porque es como tener un hijo. “Terminar una película y que esa película genere el interés que yo jamás que pensé que iba a generar afuera del círculo de mis amigos, hermanos y mi familia es increíble. Es muy emocionante”, aseguró.

Todo fue muy sorpresivo porque Ana no viene directamente del cine. “Yo estudié comunicación. Me gustaba escribir y la vida llevó a que el guion se presente con mi nombre para dirigirla porque yo intenté que la filmen otros directores con experiencia, con más posibilidades o privilegios para llegar a hacerla. La verdad estoy gratamente sorprendida con haber podido llevar adelante esto que es un camino larguísimo de muchos problemas y también de mucha felicidad cuando el trabajo está terminado”, recordó.

La película es ‘muy argentina’ en un punto por la forma de hablar, los códigos de la época, la manera en que se hablaba en ese país en ese momento específico, pero pudo romper con las fronteras y generar atracción en el exterior. “Se entendió bastante bien y fue muy lindo. Lo que pasó con los festivales fue muy hermoso”, aseguró García Blaya.

Su deseo: no importa cómo pero que se vea

Las Buenas Intenciones está en Personal Flow de forma gratuita y va a permanecer allí un año más. “Qué sea gratuita me encanta porque la gente, con hacer el trámite de sacar la tarjeta y demás para poder pagarla, no la ve. Entonces que esté libre, está muy bueno”, subrayó.

Ana tampoco tiene problemas si es que más gente llega a su película a través de otras opciones gratuitas. “Yo quiero que la peli se vea y si a la gente le llega por un link de Cuevana, no me voy a poner en modo policía porque hoy estamos en un momento de transición tan grande con las pantallas, la televisión y el streaming. y yo quiero que se vea la película”, recalcó.

Admitió que es contradictorio porque si esa película no genera réditos y esa plata invertida no retorna al Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) de Argentina, que es un ente fundamental para la realización y apoyo del cine en el vecino país, se hace difícil pensar en proyectos a futuro, pero reiteró que lo principal es que su película se vea.

Hablando de proyectos a futuro, ¿es posible una secuela de Las Buenas Intenciones? “Se puede hablar de una precuela. Una que trabajé mucho con mi hermano (Pablo García Blaya), una que ya escribimos en conjunto y a distancia con él. Habla de mi viejo en los 70, de mi tío, de la familia de mi madre y de mi abuelo que venían de Paraguay. Tenemos muchas ganas de filmarla en Paraguay y muchas ganas de que termine esta pandemia para empezar a pensar en un rodaje pronto allá”, prometió.

Paraguay, RBS y familia

Lo que se ve en la película son tres hermanos que van y vienen de las casas de sus padres, pero en realidad son seis quienes se resumen en los tres de pantalla. “Yo soy la mayor (vendría a ser Amanda). De parte de papá somos seis y tengo una hermana más de parte de mamá. La menor, la que encarna Lala, es una mezcla de todas las demás hermanas. Podría ser cualquiera de ellas, pero la más cercana es Lucía que también vivió en Paraguay. Pero tuve que resumir a seis hermanos en tres”, comentó.

Pero no solamente los hermanos tuvieron su participación. Las Buenas Intenciones contó con mucho apoyo familiar. “Mi hermana Juana García Blaya fue productora de la película. Mi prima Clara García Blaya fue la vestuarista. Mi primo Martín fue el director de sonido. Mi primo Gonzalo también actúa en un momento. García Blaya hay un montón y en los agradecimientos más”, recordó entre risas la directora.

No solamente los familiares estuvieron. Varios amigos de Gustavo fueron representados en un personaje; Néstor (Sebastián Arzeno). “Néstor es una representación de los amigos más importantes”, detalló. Originalmente el guion contemplaba a 10 amigos, pero por una cuestión de presupuestos, se tuvo que reducir a tres.

La banda sonora de la película, estuvo a cargo de los RBS. En esta agrupación nacional toca Pablo, el hermano con quien Ana prepara la precuela. Se encuentra disponible en Spotify, Deezer y Apple Music. Ella siempre fue muy fanática de la música de su hermano. “Para mi RBS es mi familia. Desde el primer disco en el que les edité un videíto con entrevistas y backstage. Me parecía un discazo y como la película es muy 90 me parecía que podía sonar mucho, en las disquerías de la época, en el auto del protagonista. Me parecía que encajaba perfectamente y era una banda que a mi papá le gustaba muchísimo”, sostuvo.

Muy paradójicamente y triste es que esta banda todavía no cobró por la película, según el relato de la directora porque APA está con problemas internos y eso hace que RBS aún no haya cobrado. “Su dinero está en la Sociedad Argentina de Autores y Compositores (SADAIC) esperando para ser transferido a Paraguay”, afirmó lamentando que algo premiado aún no haya sido retribuido debido a la incidencia con un ente terciario.

Finalmente, Ana dijo sentirse paraguaya en Argentina y argentina en Paraguay. “Casi nazco en Paraguay, pero de todas formas me siento muy paraguaya. Terminé el colegio ahí, tengo muchos amigos. Amo Paraguay y cada vez que puedo voy. Para mi es una segunda patria”, cerró.

La película aumenta su emotividad a medida que avanza y se acerca ese viaje. Un viaje que podrá ser muchas cosas, pero no una partida definitiva y que marca la historia de una familia. Una familia llena de buenas intenciones.

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