Comprar piña puede resultar bastante intimidante. Están literalmente cubiertas de pequeñas púas pero con un centro dulce que hace que valga la pena el esfuerzo de abrirlas. Aquí te dejamos cinco beneficios de esta fruta tropical, explicados por la dietista estadounidense Holly Layer.
1. Son excelentes para la salud intestinal
Según Layer, la piña puede ayudar a reducir la hinchazón y prevenir otros problemas de estómago. “La piña es única, en el sentido de que es nuestra única fuente de bromelina dietética , que es una enzima digestiva que ayuda a descomponer los alimentos con proteínas”, dice, explicando cómo la fruta ayuda al proceso digestivo. “También contiene fibra, alrededor de dos gramos por taza de fruta cortada , lo que también ayuda con la digestión”, dice ella.
2. Son hidratantes
Otra razón por la que las piñas son una fruta tan increíble para picar durante el verano es porque tienen un alto contenido de agua: entre el 85% y el 89% de la piña es agua . Ya sabe lo importante que es mantenerse hidratado, este es un alimento que realmente puede ayudar.
3. Puede ayudar a conciliar el sueño
Las piñas contienen 20 miligramos de magnesio por taza, en trozos, en rodajas (aproximadamente el 6% de la ingesta diaria recomendada), lo que beneficia al cuerpo de muchas maneras. " El magnesio ayuda a regular la presión arterial, la función nerviosa y muscular, y transporta potasio al cuerpo”, dice Layer en un reporte a Well + Good. Una razón especialmente buena para comer piña de postre: su contenido de magnesio podría ayudarte a dormir mejor.
4. Contienen potasio
Otro nutriente importante que contienen las piñas es el potasio. (180 miligramos por taza, alrededor del 7% de lo que debería consumir en un día). “Comer alimentos con alto contenido de potasio puede ayudar a reducir la presión arterial “, añade Layer. También es un electrolito importante que ayuda con la función renal y muscular.
5. Son buenas para el sistema inmunológico
Su alto contenido de vitamina C (79 miligramos por taza de trozos, cantidad diaria recomendada en una porción), ayuda a evitar las molestas enfermedades gripales. Un estudio encontró que los niños que comían piña regularmente se enfermaban menos que los niños que no lo hacían.
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Kaffe’i: el emprendimiento paraguayo que conquista el café de especialidad
A menos de dos años de su apertura, la cafetería y microtostaduría logró por segundo año consecutivo ingresar entre las 100 mejores de Sudamérica.
Una experiencia académica en Taiwán terminó convirtiéndose en el punto de partida de uno de los emprendimientos paraguayos que comienza a ganar espacio en el competitivo mercado regional del café de especialidad. Kaffe’i, cafetería y microtostaduría creada por Luis Wong, fue incluida por segundo año consecutivo entre las 100 mejores cafeterías de Sudamérica.
Wong, triatleta paraguayo de origen chino-taiwanés, descubrió durante sus estudios en la Universidad Nacional de Taiwán una cultura cafetera basada en el conocimiento, la técnica, el origen del producto y la experiencia de consumo. Al regresar al país, decidió trasladar esa visión al ámbito empresarial.
Del grano verde a la taza. La propuesta de Kaffe’i busca diferenciarse de una cafetería tradicional mediante una experiencia integral. El espacio está pensado para disfrutar distintos orígenes, sabores y métodos de preparación, pero también para trabajar, estudiar, reunirse o compartir.
Uno de los pilares del negocio es el control sobre el proceso productivo. Actualmente, la firma trabaja con cafés provenientes de Bolivia, Colombia, Brasil, Panamá y Ecuador, ampliando la variedad de perfiles y sabores disponibles para el consumidor paraguayo.
Competir en el mercado regional. El reconocimiento internacional no se limita a la calidad del café. El ranking considera la experiencia completa. incluyendo el desempeño de los baristas, atención, innovación, ambiente, gastronomía, sostenibilidad y conexión con la comunidad.
Para Wong, el resultado demuestra que una empresa nacida en Paraguay puede competir en un mercado regional donde otros países cuentan con una tradición cafetera más consolidada.
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Senave refuerza la vigilancia contra la mosca de la fruta para proteger las cosechas
La mosca de la fruta representa una de las principales amenazas fitosanitarias para los productores, debido a su capacidad de propagación y a los daños que ocasiona en los cultivos. Además de comprometer la calidad y el rendimiento de las cosechas, su presencia puede convertirse en una barrera para el comercio internacional.
“Por su alta capacidad de propagación es considerada una plaga crítica”, explicó la ingeniera Carmen Berni, directora general técnica del Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal y de Semillas (Senave) a La Nación / Nación Media. Paraguay aplica procedimientos de vigilancia, inspección y análisis de muestras, tanto en zonas productivas como en los puntos de ingreso al país. Las frutas que presentan indicios de infestación pueden ser rechazadas, por lo que el cumplimiento de las exigencias sanitarias resulta clave para sostener y ampliar el acceso a los mercados internacionales.
Se trata de un complejo de especies de moscas que afectan a distintos cultivos frutícolas. La hembra perfora la cáscara del fruto y deposita sus huevos en el interior; posteriormente, las larvas nacen y se alimentan de la pulpa, provocando su deterioro y caída prematura. Este proceso genera pérdidas económicas para los productores.
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Sistema de monitoreo
El Senave cuenta con un sistema de monitoreo y vigilancia fitosanitaria que permite identificar las especies presentes, registrar sus poblaciones y detectar posibles aumentos en su incidencia. Para ello, instala trampas en distintas zonas productivas, que son revisadas periódicamente. Los resultados permiten generar alertas y orientar las medidas de control junto con los productores y los servicios de asistencia técnica.
“La vigilancia sanitaria no es solamente responsabilidad de nosotros como institución”, remarcó Berni. La estrategia también requiere la participación de los agricultores, quienes deben retirar los frutos caídos y aplicar métodos adecuados para evitar que las larvas completen su ciclo de desarrollo. Entre las alternativas mencionadas por la especialista figuran la solarización de los frutos afectados, mediante bolsas plásticas que permitan elevar la temperatura, y su enterramiento a una profundidad suficiente para impedir la salida de los insectos adultos.
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Paraguay se prepara para recibir al Mundial de Asadores Ancestrales
En 2028, Asunción será sede del Mundial de Asadores Ancestrales, una oportunidad para proyectar su gastronomía, turismo y marca país al mundo.
Una parrilla encendida puede convertirse en una inesperada plataforma de promoción internacional para Paraguay. En 2028, Asunción recibirá el Campeonato Mundial de Asadores Ancestrales, una competencia que reunirá a equipos de diferentes países alrededor de una tradición profundamente arraigada en el país: cocinar al fuego.
Paraguay obtuvo 8 de los 12 votos durante la elección de la sede, superando las candidaturas de Brasil, Chile y Bolivia. La organización proyecta la participación de unos 80 equipos, además de jueces internacionales y más de 1.000 visitantes extranjeros entre competidores, delegaciones y acompañantes.
La magnitud del encuentro trasciende lo gastronómico. Cada delegación que llegue al país movilizará una cadena que involucra hoteles, restaurantes, transporte, operadores turísticos, productores y empresas de alimentos y servicios. El desafío, en ese sentido, será convertir el flujo de visitantes en actividad económica y experiencias que extiendan su permanencia en Paraguay.
La competencia no se limitará a premiar el resultado servido en el plato. Su particularidad está en recuperar técnicas ancestrales de cocción y llevarlas al centro de la competencia.
Los equipos deberán trabajar sin artefactos eléctricos ni dispositivos a batería y preparar diferentes proteínas mediante métodos tradicionales, entre ellos piezas de carne a la cruz. El fuego deja así de ser simplemente una herramienta de cocina para convertirse en parte de la identidad de cada propuesta.
En esa cancha Paraguay llega con experiencia. Equipos nacionales ya participaron en campeonatos internacionales y consiguieron posiciones destacadas, construyendo trayectoria dentro de un circuito que combina gastronomía, técnica y representación nacional.
Encarnación abre el camino. La agenda comenzará antes de que se enciendan las brasas en Asunción. En agosto de 2027, Encarnación será sede de un campeonato regional, que reunirá a equipos que buscarán avanzar hacia la competencia mundial del año siguiente.
La elección permite además vincular el calendario gastronómico con otros atractivos del país. Las Misiones Jesuíticas, San Cosme y Damián y otros destinos turísticos podrán integrarse a las experiencias destinadas a visitantes y delegaciones.
Es una oportunidad para ampliar la ecuación: que el evento no termine cuando se apaga la parrilla, sino que continúe en los hoteles, restaurantes, destinos turísticos y negocios que forman parte de la experiencia del visitante.
Carne, gastronomía y marca país. La vidriera también permitirá mostrar productos que forman parte de la identidad gastronómica paraguaya. Además de la carne, la propuesta puede poner en escena ingredientes como mandioca, sopa paraguaya, chipa guazú y embutidos artesanales.
Para la cadena cárnica, el escenario tiene un valor adicional. Paraguay podrá presentar su carne no solamente como un producto de exportación, sino como parte de una experiencia gastronómica vinculada con territorio, cultura y tradición.
La oportunidad está en convertir esa identidad en experiencia y, después, en recuerdo.
Cuando las brasas se enciendan en Asunción en 2028, los equipos llegarán para demostrar quién domina mejor el fuego. Paraguay tendrá una competencia propia: lograr que quienes lleguen por el asado se vayan hablando del país.
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Doce platos para viajar por el Perú
Por: Adelaida Alcaraz
Una mesa, doce tiempos y un país entero por descubrir. El Perú invita a recorrer su costa, sus Andes y su Amazonía a través de sabores, aromas y tradiciones que convierten la gastronomía en una forma de explorar con los sentidos.
La puerta de la residencia de la Embajada del Perú se abre y, antes de llegar a la mesa, el primer encuentro sorprende. A pocos pasos de la entrada, una representación del papa León XIV, de una apariencia tan real que por un instante parece que el propio pontífice estuviera allí para recibir a los invitados.
Unos pasos más adelante, ahora sí, aparece la verdadera anfitriona: María Antonia Masana, embajadora del Perú en Paraguay, esperando personalmente para dar la bienvenida. La escena ya marca el tono de lo que vendrá. ¡Un viaje con pasaporte incluido!
Sobre la mesa, el pisco anuncia el comienzo. Después llegarán doce tiempos, pero también doce pequeñas historias de un país que parece haber concentrado en su cocina una geografía entera.
“Los peruanos somos de buen comer”, expresa la embajadora con una amable sonrisa. Y lo dice con la naturalidad de quien está hablando de algo cotidiano, casi familiar. Cuenta que a los peruanos les gusta comer bien, que disfrutan los picantes y que una mesa siempre puede convertirse en una buena excusa para conversar. Así, entre bromas, historias y explicaciones, empieza a descubrirse el Perú.
El chef oficial de la Embajada, Elías Motta, diseñó el menú como quien dibuja un mapa. La primera parada llega en tres pequeños bocados: ocopa, pulpo al olivo y tiradito.
La embajadora los presenta uno a uno. La ocopa, originaria de Arequipa, al sur del Perú, llega con una delicada salsa de huacatay, ají amarillo, queso fresco y maní; el pulpo se encuentra con la suavidad y el sabor profundo de las aceitunas negras; y el tiradito con ají amarillo pone al pescado fresco en primer plano. Tres bocados y ya parece que la mesa hubiera recorrido varios kilómetros.
“Ahora viene el ceviche”, anuncia María Antonia, como quien sabe que acaba de llegar uno de los momentos más esperados. Y lo es. El pescado fresco, el limón, el ají y la leche de tigre despiertan el paladar. La embajadora se detiene en este último elemento y explica que no es simplemente el líquido que queda en el plato: es parte esencial del ceviche, una mezcla intensa, cítrica y especiada que concentra buena parte de su carácter.
Después le toca el turno a las conchitas a la parmesana, gratinadas y cremosas; la trucha andina, que lleva la conversación hacia las alturas; y el chupe de camarones, más contundente, profundo y reconfortante.
La embajadora va hilando las historias mientras los platos circulan. La mesa ya no parece una presentación gastronómica, sino una reunión entre amigos en la que alguien conoce muy bien el país y quiere mostrarlo sin apuro.
Hasta que aparece una protagonista que, a simple vista, parece mucho más humilde: la papa. “Tenemos muchísimas”, cuenta María Antonia, y enseguida aparecen los colores. Moradas, amarillas, rojas, anaranjadas, de distintas formas y tamaños. Perú es uno de los grandes centros de diversidad de este tubérculo y conserva cientos de variedades nativas.
En las causitas tricolor de papas andinas, esa diversidad se convierte en paisaje. Tres colores de papa, tres texturas, tres pequeñas postales de los Andes.
La conversación continúa y también cambia el tono. Es hora de los anticuchos, con el aroma del fuego y la parrilla. La embajadora habla de su presencia en las calles y de esa cocina popular que también forma parte de la identidad peruana.
Después aparecen la trucha a la parrilla, el chupe de camarones y el arroz chaufa con Kam Lu Wantán. Y aquí la historia vuelve a cruzar fronteras. La influencia de la inmigración china está profundamente incorporada a la gastronomía peruana. El chaufa es una de sus expresiones más conocidas. La cocina, una vez más, demuestra que puede recibir influencias externas y convertirlas en algo propio.
El lomo saltado lleva esa mezcla todavía más lejos: carne, cebolla, tomate, ají y papas se encuentran en un plato que parece sencillo hasta que uno empieza a pensar en todo lo que cuenta. La embajadora lo explica con esa mezcla de entusiasmo y familiaridad que atraviesa toda la comida. En Perú, las culturas llegaron, se encontraron y terminaron cocinando juntas.
La ruta se interna entonces hacia territorios más verdes. El tacacho con cecina trae el plátano verde y la carne ahumada; el juane, con arroz, especias y su particular envoltura, lleva directamente hacia la Amazonía. La mesa cambia otra vez. Aparecen sabores más intensos, aromas ahumados y preparaciones que hablan de una geografía completamente diferente.
Y mientras los platos siguen llegando, la embajadora no deja que nadie simplemente coma. Cada preparación abre una conversación. Ese es quizás uno de los mayores encantos de la experiencia: la comida nunca llega sola. Siempre trae una historia detrás.
Y cuando parece que el recorrido termina, llega el momento dulce. El suspiro de limeña, con notas de maracuyá, aparece delicado, cremoso, coronado con merengue. María Antonia cuenta entonces una de esas historias que hacen que un postre deje de ser simplemente un postre.
Su origen está vinculado al antiguo manjar blanco y a una mujer llamada Amparo Ayarza, esposa del poeta peruano José Gálvez Barrenechea. Según la tradición, ella preparaba este dulce y, cuando Gálvez lo probó, quedó tan encantado con su textura y dulzura que lo comparó con el suspiro de una mujer. El nombre quedó para siempre.
La historia se cuenta alrededor de la mesa y, de pronto, cada cucharada parece tener un poco más de Lima.
Pero todavía falta un personaje. Aparece un enorme King Kong, el famoso alfajor de Lambayeque. La embajadora explica su nombre y basta mirar el tamaño para entender la comparación. Este dulce, compuesto por grandes capas de masa y rellenos como manjar blanco y dulces de frutas, fue asociado por su dimensión con el gigantesco gorila de la película King Kong. La mesa ríe. Es difícil no hacerlo frente a semejante alfajor. Antes del último destino, los dulces de convento y para finalizar el recorrido una taza de café Geisha, traído especialmente desde Chanchamayo, en la selva central peruana. Aromático, delicado y diferente, llega cuando la conversación ya se volvió sobremesa.
“Viaje por los sabores del Perú” propuso descubrir un país antes de llegar, imaginar sus mercados, sus costas, sus montañas, sus campos y su selva a través de una mesa.
Pero aquella experiencia tuvo también un significado especial. Fue una de las últimas presentaciones de María Antonia Masana antes de emprender una nueva misión diplomática en Sudamérica, después de casi tres años en Paraguay. Se irá llevando consigo una parte de este país que la recibió y, a la vez, dejará aquí una huella de la cultura peruana que tanto ama.