El concepto visual, melódico y lírico sobre el que trabaja el artista nacional Yung Lucy navega entre la inestabilidad y los momentos turbulentos de la vida.
Yung Lucy es un proyecto fundado en 2018 por David Soley, vocalista de la banda de groove metal Oroborus. En su nueva travesía, se mete a nadar en el hip hop, rap, el trap y el R&B alternativo. Está influenciado por vertientes industriales como el hardcore y deathcore, mezclado con sonidos como el hard trap, phonk y dark trap de artistas como $uicideboy$ y Ghostemane.
El 31 de octubre de 2020 lanzó oficialmente su primer álbum de nueve tracks denominado Mundo Oculto, a través del sello independiente Bad Vibes Records. El álbum es un amalgama de sonidos R&B, jazz, trap, memphis rap, phonk y punk.
Con el material, Yung Lucy se expande para expresar ciertos temas que se pasan por alto en Asunción, dentro de una temática simbólica y con fuerte carga religiosa influenciada por trabajos de Marilyn Manson y Nine Inch Nails.
Su álbum debut tuvo la colaboración de productores y beatmakers nacionales e internacionales, provenientes de Argentina y España. Asimismo, el sello Bad Vibes Records fue fundado por el propio Yung Lucy junto a Sebas López mejor conocido como Apxfis.
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Jazz in Marciac 2026: el prestigioso festival francés volvió a reunir a las grandes figuras del jazz
- Por David Sánchez, desde Marciac (Francia), X: @tegustamuchoelc (*).
La 48.ª edición de Jazz in Marciac, uno de los festivales de jazz más importantes de Europa, concluyó tras celebrarse del 20 de julio al 5 de agosto en la localidad de Marciac, en la región francesa de Occitania. Durante más de dos semanas, el pequeño municipio del suroeste de Francia volvió a convertirse en un punto de encuentro para miles de aficionados gracias a una programación que combinó leyendas del género, artistas contemporáneos y conciertos gratuitos repartidos por todo el pueblo.
Desde su creación en 1978, el festival ha crecido hasta consolidarse como una referencia internacional del jazz. Cada verano recibe a cientos de miles de visitantes y ofrece una programación que trasciende el escenario principal, con exposiciones, actividades culturales, gastronomía local y el tradicional Festival Bis, dedicado a conciertos gratuitos y al descubrimiento de nuevos talentos.
En esta edición, el cartel volvió a destacar por su equilibrio entre el jazz más clásico y propuestas de otros géneros cercanos. Uno de los conciertos más esperados fue el de Sting 3.0, que inauguró la programación principal con todas las entradas agotadas. También sobresalieron las actuaciones de Pat Metheny, una de las figuras más influyentes del jazz contemporáneo; Diana Krall, que regresó al festival con su inconfundible repertorio; Marcus Miller, con su homenaje a Miles Davis; y Kool & The Gang, que aportó el toque de funk y soul a la recta final del evento.
El festival también reunió a algunos de los nombres más respetados de la escena jazzística internacional, como Samara Joy, Cécile McLorin Salvant, Kenny Garrett, Richard Bona, Roberto Fonseca, James Carter, Ibrahim Maalouf, Anne Paceo, Youn Sun Nah y Émile Parisien, consolidando una programación que mezcló diferentes generaciones y estilos musicales.
Como es habitual, Jazz in Marciac no se limitó a los conciertos nocturnos bajo su emblemática carpa. Las calles y plazas del pueblo acogieron actuaciones gratuitas, exposiciones de arte, actividades culturales y espacios dedicados a la gastronomía de la región de Gascuña, convirtiendo el festival en una experiencia que fue más allá de la música y que reforzó su identidad como uno de los grandes acontecimientos culturales del verano francés.
Tras cerrar su 48.ª edición, Jazz in Marciac confirmó una vez más su posición entre los festivales de jazz más prestigiosos del mundo, manteniendo una fórmula que combina artistas de primer nivel, un entorno único y una fuerte apuesta por la difusión de la cultura y el talento emergente.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
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Joven autor lanza tercera edición de “El Castillo de Sophia”
El autor paraguayo David Soley, también conocido como “Sangre Sasha”, presenta la tercera edición de su primer libro, “El Castillo de Sophia”, una novela de fantasía oscura, horror cósmico y romance oscuro, escrita en 2024 y publicada en 2025 por la editorial Thoth Libros, que alcanza ya las 100 copias vendidas hasta la fecha.
“El Castillo de Sophia” es un recopilatorio de cartas, reportes, memorias y diarios, todos correspondientes a habitantes de las tierras oscuras, dominios malditos en dónde transcurren los eventos del libro. A través de estos documentos se cuenta la historia de un mundo azotado por el mal y la sombra de una guerra que se avecina.
El joven escritor se inspiró en juegos como “Resident Evil 1”, “Elden Ring”, “Drakengard” y “Dark Souls 3”, así como en libros como “Carmilla” y “Fuego y Sangre”, o mangas como “Soul Eater” y “Berserk”. Esta es la primera entrega de la saga de “Los Mundos Ocultos”, un conjunto de cinco libros de diversos estilos ambientados en un mismo universo, así como un videojuego RPG (juego de rol, por sus siglas en inglés) llamado “Manía Nocturna”, que está en desarrollo.
Sinopsis
En un mundo gobernado por dioses caídos, demonios y magos oscuros, se alza la Academia de las Artes Oscuras, una fortaleza escondida en un bosque maldito, donde se entrelazan profecías, conspiraciones cósmicas y rituales prohibidos. Esta novela explora las memorias de guerreros, brujas y seres inmortales, revelando la corrupción, la lujuria y el horror que gobiernan un universo destinado a la devastación ¿Podrá la esperanza encontrar su camino entre las sombras?
Biografía
El autor, músico y productor paraguayo de 28 años, nacido en Fernando de la Mora, inició su carrera a los 16 años en bandas de rock y metal. En 2018, a sus 21 años, lanza su proyecto solista “Yung Lucy”, con el que publica cinco álbumes hasta 2024. Ese mismo año, a sus 27, empieza su carrera como autor, escribiendo ‘’El Castillo de Sophia’’, parte de la obra de los “Mundos Ocultos”. En paralelo también comienza el desarrollo del videojuego RPG. de fantasía oscura “Manía Nocturna”. Instagram: https://www.instagram.com/sangresasha.
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José Villamayor: “Este es un disco que habla de la luz y de la esperanza”
- Jimmi Peralta
- Fotos: Gentileza
El reconocido guitarrista José Villamayor vuelve a hurgar entre las sonoridades del jazz y el 6x8 nacional. En este diálogo con La Nación del Finde, habló sobre su último álbum y cómo los 10 temas que lo componen constituyen “un recorrido que avanza hacia la luz”.
La apuesta por la música producida en el país se encuentra muchas veces en medio de la tensión entre lo posible y lo proyectado, realidad y sueños. La tenacidad en el trabajo y el compromiso con los objetivos son los que, entre otros elementos que atañen al talento, permiten el surgimiento de cada nuevo nuevo proyecto.
En este sentido, José Villamayor es un guitarrista de la escena jazzística local con una carrera de más de dos décadas. Recientemente presentó “Aires nacionales II”, un nuevo registro personal grabado en formato de sexteto, en el que plasma su búsqueda sonora y sensibilidad entre los géneros que lo constituyen internamente: el jazz y la música paraguaya.
Villamayor, quien logra este disco con apoyo de Matías Insaurralde y la producción de Sergio Cuquejo en Spirit And Sound, contó en estudio con la participación de Vetner López, Juan Pablo Giménez, Giovanni Primerano, Bruno Muñoz, Ezequiel Takebe, Dani Pavetti y Nico Vera.
–¿Cómo definirías tu último álbum?
–Para mí, “Aires nacionales II” es un disco que habla de la luz y de la esperanza. Creo mucho en el poder emocional que tiene la música y en lo que puede generar en quien la escucha. Por eso pensé el álbum como un viaje, diseñado para escucharse en orden, con un recorrido simbólico. El disco comienza con “Gota de luz”, que representa ese pequeño destello de esperanza que todos necesitamos para sentir que vamos por el buen camino. Y termina con “La esperanza de un nuevo día”, que funciona como un recordatorio de que cada mañana ofrece una nueva oportunidad, una nueva esperanza. De alguna manera, el álbum va desde esa primera chispa de fe hasta una esperanza más plena: un recorrido que avanza hacia la luz.
HILO CONDUCTOR
–¿Qué hilo conductor une los dos discos de “Aires nacionales” o cómo se proyecta uno a través del otro?
–Para mí, el hilo conductor entre ambos discos es la idea original que dio nacimiento al proyecto “Aires nacionales”: agrupar mis músicas con “aires nacionales”, valga la redundancia; pasar por el filtro del jazz y del folclore. No desde un lugar estrictamente tradicional, sino desde mi propia mirada, mi tiempo y mi bagaje. Lo que une a ambos discos es esa búsqueda de tocar nueva música con “aires nacionales”, aunque cada uno lo hace desde sonoridades distintas. El primer disco está grabado con una formación más reducida y completamente acústica, con instrumentos de madera como el contrabajo, el requinto, la guitarra y la percusión, lo que genera una estética más orgánica y cercana a lo folclórico. En cambio, “Aires nacionales II” amplía la paleta tímbrica: aparece una convivencia entre lo acústico y lo eléctrico. Esa mezcla mantiene la raíz del proyecto, pero explora nuevas texturas y colores sonoros.
–¿Qué búsquedas musicales y/o sensibles pensás que predominan en este material?
–Pienso que en este disco la búsqueda musical y sensible no están separadas, sino que funcionan como una misma cosa. La intención principal es generar sensaciones en el oyente: que la música pueda transmitir ideas desde lo emocional, casi en la piel, a medida que avanza el recorrido del álbum. Cada obra propone un clima particular.
–¿Podrías hablarnos de lo que plantea cada una de las propuestas?
–En “Gota de luz” me interesa que se perciba esa esperanza inicial, ese destello o chispa de fe. “Una hoja al viento” invita a una filosofía de dejarse llevar con serenidad, con cierta paz, como el viaje de una hoja al viento. “La raíz del alma” apunta a ese reconocimiento del mundo interior, de aquello profundo que define a cada persona. “Ñandutí” busca conectar con la belleza estética de nuestra cultura, mientras que “La fiesta de la vida” transmite celebración y energía colectiva, ese lado extraño y maravilloso de estar vivos. Hay también espacios más introspectivos o reflexivos: “Pya’e” sugiere esa sensación de rapidez permanente del mundo moderno, esa ansiedad constante de actualización donde parece que nunca terminamos de asentarnos. La idea misma de la obra es que incomode un poco, que nos acelere, que nos haga sentir corporalmente ese pulso vertiginoso en el que vivimos. “Paseo por el río” propone un viaje hacia lo vulnerable y lo interno. “Canción para los sobrevivientes” conecta con una memoria emocional compartida, marcada por experiencias globales como la pandemia. Finalmente, “Arasunu” se vincula con una idea de misterio y de conexión con el tiempo: el trueno como símbolo de algo ancestral que permanece inmutable, más allá de los cambios tecnológicos o culturales, y que nos une con quienes vivieron antes que nosotros.
RECURSOS
–Con los años fuiste aprendiendo y cambiando… ¿Qué cosas dan los años a la hora de escuchar o tocar música?
–Creo que una de las cosas más importantes que dan los años es la necesidad de no mostrar todo el tiempo todo lo que uno sabe. Cuando empezás a tocar, muchas veces querés demostrar constantemente los recursos, abrir el abanico técnico para que se vea todo lo que podés hacer. Con el tiempo esa mirada cambia: empezás a entender las herramientas musicales más como recursos y, sobre todo, como recursos emocionales que como elementos de exhibición. La técnica deja de ser un fin en sí mismo y pasa a estar al servicio de la música, de lo que la música necesita decir. Al comienzo, cuando uno arranca, suele estar muy conectado con el lado emocional. Después aparece la academia o el estudio profundo, y uno queda fascinado con las posibilidades teóricas y técnicas, a veces alejándose un poco de esa esencia inicial. Pero con los años se vuelve al origen, a la idea primaria de la música como una experiencia de conexión y bienestar, tanto para quien la toca como para quien la escucha.
–¿Qué aporta a la mirada y el oficio del músico el ejercicio de la docencia?
–Para mí, ese contacto permanente con nuevas energías y miradas nutre mucho y renueva mi propio lenguaje musical. La docencia también me permite mirar la música desde otra perspectiva, volver a repensarla y redescubrirla constantemente a través de los procesos de otros. Algo muy interesante, además, es que con el tiempo voy conociendo el nacimiento de muchas promesas musicales. Varios alumnos míos, con los años, terminan convirtiéndose en colegas dentro de distintas agrupaciones, incluso en las mías, y eso es algo que me genera una enorme satisfacción, tanto humana como musical.
–¿Cómo surge para vos la necesidad o el oficio de componer?
–En mi caso, la composición no siempre parte de una búsqueda planificada, sino más bien de apariciones espontáneas de ideas. Muchas veces surgen en medio de la vida cotidiana: caminando, manejando en silencio, en medio de la práctica o también en determinados estados emocionales donde siento la necesidad de plasmar algo. Cuando eso sucede, intento registrarlo de inmediato, generalmente grabándolo en el celular. Cuando no tengo la posibilidad, trato de retener la idea en la cabeza lo más posible para después grabarlas, aunque a veces no lo logro. La gran mayoría de las veces quedan como ideas registradas que luego retomo y desarrollo con mayor profundidad. Es un proceso muy ligado a la inspiración, pero también al trabajo posterior: volver sobre esa idea, darle forma y transformarla en obras que puedan ser compartidas.
EL JAZZ Y LA MÚSICA PARAGUAYA
–¿Por qué elegiste explorar desde el jazz la música paraguaya?
–Explorar la música paraguaya tiene que ver directamente con mi propia vivencia musical. Por un lado, el folclore paraguayo y, por otro, el jazz, después de tantos años de estudiarlo, tocarlo y vivirlo. De manera natural, entonces, esos dos mundos empiezan a convivir dentro de mi lenguaje y aparecen a la hora de componer. Si bien escribo música en otros estilos, en este proyecto decidí agrupar aquellas obras que comparten esos “aires nacionales”: una sonoridad, una estética y una raíz vinculada a lo paraguayo, vistas a través del filtro de mi propio bagaje. Por eso el repertorio responde a ese concepto más que a una limitación estilística de mi producción en general.
–¿Editar se debe a un impulso personal?
–En mi caso, grabar un disco no tiene tanto que ver con una decisión individual. Porque si dependiera solo de mí, probablemente estaría produciendo y grabando constantemente, además de tocar. La realidad es que para que un proyecto discográfico se concrete tienen que darse muchas condiciones. Por un lado, la disponibilidad de los músicos: poder coordinar ensayos, que todos tengan el tiempo para estudiar el repertorio y trabajar el material, y que además estén disponibles justamente aquellos músicos que uno considera idóneos para el proyecto. Muchas veces eso es complejo, porque la mayoría vive la música también como sustento diario o tiene otras prioridades laborales que dificultan sostener un proceso largo de ensayos y grabación. Por otro lado, están las condiciones económicas propias de producir un material. Grabar un disco implica costos y una estructura que necesita cierta viabilidad para poder realizarse. Entonces, más que un impulso personal, la grabación termina siendo el resultado de que coincidan las condiciones humanas, de tiempo y económicas necesarias para que el proyecto sea posible.
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El CCPA Jazz Quintet rinde tributo a la guarania por su centenario
El Jazz Quintet del CCPA - Centro Cultural Paraguayo Americano se vuelve a presentar el martes 23 de setiembre, a partir de las 20:30, con un concierto que fusiona la melancolía de la guarania con la libertad y la riqueza armónica del jazz, en el Teatro de las Américas, ubicado en José Berges entre Brasil y Estados Unidos, en Asunción, con entrada libre y gratuita.
Será un concierto homenaje a la guarania, celebrando obras de compositores modernos paraguayos en este año en que se cumplen los 100 años de la creación de la guarania por José Asunción Flores, a partir del estreno de su obra “Jejui” en enero de 1925, en un hotel de Asunción. Cabe recordar, que el 2025 fue declarado “Año de la Guarania” por el Gobierno paraguayo.
El CCPA Jazz Quintet está integrado por Diana Quiñones en trombón, Magno Molinas –nuevo integrante- en piano/teclado, Paula Rodríguez contrabajo y band leader, José Burguez en batería, y a Bruno Muñoz reemplazando en esta ocasión a Oliver Duarte en saxo.
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