Los cactus en miniatura imprimen encanto a los espacios que habitan, exigiendo muy poco a cambio. Estos consejos te ayudarán a cuidarlos adecuadamente.
Hallar la maceta ideal
Los cuidados que requieren este tipo de plantas son mínimos. Se pueden cultivar en pequeñas macetas de plástico, pero lo ideal es hacerlo en planteras de barro o cerámica, materiales que permiten a la planta respirar mejor. Al igual que otros recipientes utilizados en jardinería, es esencial que las macetas de cactus cuenten con uno o más agujeritos de drenaje en la base. De lo contrario, la planta corre riesgos de morir por exceso de agua.
Escoger el sitio adecuado
A diferencia de otras especies de mayor tamaño, los pequeños cactus no requieren de mucho espacio por lo que son ideales para los departamentos, las oficinas o los ambientes reducidos. Además resisten muy bien a las altas temperaturas, de hecho ¡aman el sol! por lo que pueden ser ubicados en espacios sin una pizca de sombra.
No exagerar con el agua
Aunque están repletas de minúsculas espinas, por lo general los cactus no requieren de mucha manipulación. Pero quien tiene a su cargo uno o mas ejemplares de esta plantita debe tener mucho cuidado con el riego excesivo. En verano conviene regarlo una vez la semana, como máximo dos; mientras que en invierno una o dos veces al mes bastan. Los cactus almacenan agua en grandes cantidades, por lo que son capaces de resistir a la falta de riego durante largos periodos.
Disfrutar cuando florecen
Existen alrededor de 200 especies de cactus y no todas tienen flores. Es más, algunas variedades pasan la vida entera sin florecer. Otras florecen por lo menos una vez al año, inesperadamente. Una sugerencia para lograr que florezcan en primavera es añadir a la tierra un poco de abono rico en potasio.
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Emprendedora convirtió su pasión por las plantas en un negocio que florece en redes
Tunas & Suculentas nació de la pasión de Andresa Villalba por la jardinería, una afición que con el tiempo se convirtió en una pequeña empresa familiar. Hoy, el emprendimiento recibe pedidos a través de Instagram y WhatsApp y trabaja con empresas de distintos puntos del país.
Treinta años pueden parecer una eternidad en un emprendimiento, pero para María Andresa Villalba representan una historia construida planta por planta, cliente por cliente. Propietaria de Tunas & Suculentas, convirtió su pasión por la jardinería en un negocio familiar que, con el paso del tiempo, encontró en las redes sociales una nueva vía para crecer.
“Hace 30 años empecé haciendo jardín. Fui creciendo lentamente, con la ayuda de la comunidad y de mis clientes. Avancé gracias a las personas que quedaron conformes con mi trabajo y que confiaron en mí”, contó en una entretenida charla por su local ubicado en el barrio Pinozá.
La historia de Tunas & Suculentas también demuestra cómo un negocio tradicional puede encontrar nuevas oportunidades cuando cambia la forma de relacionarse con sus clientes. Andresa reveló que el punto de inflexión llegó durante la pandemia, cuando el aislamiento llevó a muchas personas a mirar hacia sus hogares y a interesarse más por las plantas.
Fue entonces cuando una de sus hijas le propuso llevar el trabajo a las redes sociales. “Un día, durante la pandemia, mi hija me dijo: ‘Mamá, vamos a publicar tu trabajo por redes, por Instagram’. Creamos nuestra propia página, Tunas & Suculentas, y desde ahí empezaron a llegarnos pedidos”, relató.
La incorporación de las plataformas digitales permitió ampliar el alcance de un negocio que mantiene una característica esencial: sigue siendo una empresa familiar y de pequeña escala. “Mi local es pequeño, es un local familiar”, reiteró.
Sin embargo, el tamaño del establecimiento no limita la capacidad de atender pedidos. Al contrario, Tunas & Suculentas encontró un nicho especialmente interesante en los obsequios empresariales y souvenirs para acontecimientos especiales.
Cada temporada tiene su propia demanda. Por ejemplo, en el Día de los Enamorados, Día de la Amistad, Día de la Primavera y fin de año son algunas de las fechas que movilizan los pedidos corporativos. “Cada fecha importante del año tenemos muchos pedidos para obsequios empresariales”, señaló.
La cartera de clientes se fue ampliando con el tiempo e incluye empresas de diferentes rubros. Andresa mencionó desde entidades bancarias hasta locales gastronómicos y destacó que los pedidos llegan desde distintos puntos del país. “Hay muchas empresas que ya nos conocen y confían en nuestro trabajo. Ayer, por ejemplo, hicimos una entrega grande en Carmen del Paraná”, comentó.
Atender pedidos de 300 o 400 unidades requiere algo más que pasión por las plantas. Para responder a la demanda, Andresa desarrolló una red de proveedores que le permite complementar su propia producción.
“Para cubrir los pedidos, en realidad soy un pulpo, porque tengo muchos proveedores que cumplen conmigo”, dijo entre risas. La emprendedora cultiva plantas, pero para pedidos de mayor volumen recurre también a proveedores de diferentes puntos de la región.
“Yo planto, pero para la venta en el local trabajo con cantidades pequeñas. Cuando tengo pedidos grandes, de 300 o 400 souvenirs para eventos, bodas o cumpleaños, cuento con proveedores de Brasil, Ciudad del Este y Pedro Juan Caballero”, explicó. Agregó que ese modelo le permite mantener la identidad artesanal del emprendimiento y, al mismo tiempo, responder a una demanda que puede crecer considerablemente en determinadas épocas del año.
Los precios también buscan adaptarse a distintos presupuestos. En el local se pueden encontrar pequeños ejemplares en distintas presentaciones con valores que van desde de G. 10.000, G. 15.000, G. 20.000, G. 50.000, dependiendo de la variedad y el tipo de planta.
Pero más allá del negocio, Andresa transmite su conocimiento acumulado durante tres décadas de contacto cotidiano con las plantas. Contó que cuando se trata de cactus y suculentas, hay dos reglas que considera fundamentales: luz y agua.
“Los cactus y las suculentas necesitan mucha luz y poca agua. Lo más importante es cuidar el riego y el abono. Esa es la parte más delicada de las plantas”, refirió.
El consejo resulta especialmente útil para quienes buscan incorporar verde en oficinas o espacios interiores. Aunque suelen ser consideradas plantas fáciles de mantener, necesitan condiciones adecuadas para prosperar.
“Cada planta tiene sus cuidados y estos varían. En el caso de las tunas y las suculentas, ambas necesitan mucha luz y poca agua”, precisa.
La frecuencia del riego depende además de la estación y del lugar donde se encuentre la planta. “En invierno se riega dos o tres veces al mes, dependiendo del lugar que le damos a cada planta. En verano se podría regar una vez a la semana”, detalló.
Para la emprendedora, muchas veces el problema no está en la planta, sino en las condiciones que recibe. “Muchos dicen: ‘No me quiere esta planta’, pero en realidad somos nosotros los que no la ponemos en el lugar adecuado o no le damos el riego ideal”, reflexionó.
Con tres décadas de experiencia, una nueva generación involucrada en el negocio y una comunidad digital que continúa creciendo, Tunas & Suculentas encontró la manera de transformar una pasión personal en una empresa familiar con clientes dentro y fuera de su entorno inmediato.
La historia de Villalba también habla de adaptación. De un jardín que comenzó hace 30 años a una marca que hoy recibe pedidos desde una pantalla, el emprendimiento demuestra que incluso un pequeño local puede encontrar nuevas oportunidades cuando combina conocimiento, relaciones de confianza y capacidad para adaptarse a los cambios
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Jóvenes de zonas vulnerables aprenden oficios construyendo obras
En la ciudad de Lambaré, jóvenes provenientes de zonas vulnerables aprenden oficios mientras que construyen obras que están enfocadas en el desarrollo de su comunidad, al mismo tiempo que adquieren experiencia. Actualmente 60 personas están inscriptas en la “Escuela Taller de Lambaré”, en la institución ofrecen siete oficios vinculados al agua, el saneamiento y la vivienda social.
El modelo de formación se basa en el sistema “Aprender Haciendo”, que permite a los jóvenes trasladar los conocimientos adquiridos directamente a escenarios reales. De esta manera, las prácticas no solo contribuyen al aprendizaje técnico, sino que también se traducen en obras y servicios de utilidad para familias e instituciones de la comunidad.
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Por ejemplo, quienes se forman en plomería pueden participar de la instalación de sistemas sanitarios que posteriormente serán utilizados por familias o instituciones educativas. En el área de carpintería, los estudiantes aplican sus conocimientos en la reparación de pupitres de escuelas, mientras que la formación en jardinería puede derivar en la creación y mantenimiento de huertas comunitarias.
La propuesta también busca ampliar la participación de mujeres en oficios que tradicionalmente tuvieron una mayor presencia masculina. Actualmente, alrededor del 30 % de los estudiantes de la Escuela Taller de Lambaré son mujeres, quienes participan en áreas como albañilería, pintura, electricidad y jardinería.
El programa es ejecutado por Hábitat para la Humanidad Paraguay, con el apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid) y la Unión Europea. La iniciativa apunta así a combinar capacitación laboral y experiencia práctica con acciones que generan un beneficio directo para el entorno donde viven los jóvenes.
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El joven que encontró un negocio en el agua
Bruno Da Silva tenía 16 años cuando se acercó al mundo rural. Hoy, con 22, lidera proyectos vinculados al riego y ve en la tecnología, los datos y los problemas del campo una cantera de oportunidades para emprender.
Nació y creció en San Cristóbal, en el Este del país, pero el campo no formaba parte de su historia familiar. A los 16 años, Bruno se mudó a Santa Rita para terminar el colegio y comenzó a trabajar en un estudio de arquitectura. Dos años después llegó a Asunción para estudiar la misma carrera en la Universidad Nacional de Asunción (UNA).
El giro llegó cuando volvió a conectarse con su padre, vinculado al agronegocio. Después de varias conversaciones, decidió probar suerte en las empresas familiares. Y según contó nuestro protagonista fue la mejor decisión que tomó en su vida.
A partir de ahí, su formación dejó de estar solamente en las aulas. Pasó por administración, marketing, proyección, ventas e IT dentro de la firma Irrigar, y posteriormente asumió responsabilidades en AgroRiego y AgroInvest. Esto le llevó a conocer cada área, entender dónde podía generar mayor impacto y convertir ese conocimiento en resultados. “Los resultados generan respeto y comunican valor”, sostuvo.
Hoy, uno de sus principales focos está puesto en el riego, un negocio que combina agricultura, ingeniería, tecnología y gestión. Reveló que con Irrigar ya fueron instalados más de 120 pivotes en Paraguay, unos 25 en Brasil y 16 en Bolivia.
Pero lo más interesante de su historia no es solamente la cantidad de equipos instalados sino la forma en que convierte los desafíos del agro oportunidades de negocio.
Como muestra compartió cinco datos que cambian la mirada sobre el riego. 1) El agua puede multiplicar la productividad: Según la base de datos de Irrigar, construida a partir de más de 15 años de experiencia, incorporar riego puede elevar entre 30 % y 50 % la producción de soja y entre 60% y 100% la de maíz; 2) La ganadería también puede cambiar de escala: En sistemas extensivos, la capacidad puede pasar de entre 0,5 y 2 unidades animales por hectárea a 8-12 cuando se combina pasto irrigado con rotación. Es decir, el riego no solo permite producir más: puede modificar completamente el modelo productivo; 3) El próximo gran territorio puede estar en el Chaco: Existe un potencial particularmente grande en el oeste paraguayo por la disponibilidad de agua dulce subterránea. Brasil, mientras tanto, es el referente regional por su escala y densidad de implementación; 4) Un pivote ya no es simplemente un sistema para llevar agua: La tecnología permite controlar equipos desde el teléfono, incorporar fertilización, trabajar con tasa variable, conectarse con sistemas meteorológicos y utilizar tecnología Corner. Irrigar instaló los dos primeros pivotes Corner de Paraguay. Su particularidad está en que pueden incrementar hasta 20 % el área irrigada en terrenos irregulares, atacando uno de los límites tradicionales de estos sistemas; 5) El verdadero diferencial está en gestionar los datos: El futuro del agro no pasa únicamente por sumar máquinas. Hay oportunidades en conectar tecnología, información y gestión para resolver problemas concretos del productor.
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Arquitectura sostenible busca ahorrar agua y energía desde el diseño
Este miércoles comienza en la FADA-UNA el XV Congreso Regional de Tecnología en Arquitectura (CRETA), con una propuesta que apunta a demostrar que cuidar el agua y reducir el consumo energético también puede traducirse en importantes ahorros. La arquitectura sostenible será uno de los ejes del encuentro, con alternativas que pueden disminuir significativamente los costos de operación de los edificios.
Entre las soluciones planteadas se encuentran:
- la captación y reutilización del agua de lluvia
- sistemas que favorecen la infiltración al suelo
- y dispositivos que permiten reducir el caudal utilizado en las actividades cotidianas.
El arquitecto Luis Silvio Ríos, docente de la FADA-UNA, advirtió que la abundancia de recursos hídricos en Paraguay no debe llevar a considerar al agua como un recurso inagotable.
Desde el diseño de las edificaciones también es posible incorporar mecanismos para retener temporalmente el agua durante las lluvias y facilitar posteriormente su ingreso al suelo, contribuyendo a la recarga de los acuíferos. A esto se suman tecnologías sencillas, como griferías que incorporan aire al flujo para disminuir el volumen utilizado sin afectar su funcionalidad.
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Ventaja económica
La sostenibilidad, además, puede representar una ventaja económica. La ingeniera Gabriela Mesquita explicó que este tipo de construcciones puede demandar cerca de 4 % más de inversión inicial, pero permitir ahorros de entre 40 % y 60 % en energía y de hasta 60% en agua. Según el proyecto, el desembolso adicional podría recuperarse en un plazo de dos a cinco años, reduciendo luego los costos de funcionamiento durante la vida útil del inmueble.
El CRETA reunirá hasta el viernes 21 de agosto a docentes, investigadores, profesionales y estudiantes para debatir sobre tecnología, arquitectura y respuestas frente al cambio climático. El programa incluye seis conferencias magistrales, unas 80 ponencias, talleres y charlas técnicas, con especial atención a la eficiencia de los recursos, la reducción de la huella de carbono y el desarrollo de ciudades más sostenibles.
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