Los vampiros no son los seres aterradores y peligrosos que nos hicieron creer en la infancia. Es más, se nos parecen más de lo que creemos. De hecho, están tan bien camuflados entre nosotros que hasta tienen nuestra misma torpeza, sufren situaciones vergonzantes y sienten empatía. O al menos eso nos muestra What We Do in the Shadows.
Gracias a The Office, tengo cierta debilidad —y altas expectativas— por el mockumentary o falso documental. Durante la cuarentena me topé con esta obra de Taika Waititi (director de Thor Ragnarok y Jojo Rabit) que sigue a “cuatro vampiros que han sido compañeros de cuarto durante cientos y cientos de años”, según se lee en la sinopsis de FX.
En pleno 2020, estos vampiros se desenvuelven en un mundo globalizado en el que es más difícil “dominar a la humanidad” y al que cada vez les cuesta más adaptarse debido a la gran cantidad de cambios que se produjeron y que los alejan bastante de su edad de oro en la época medieval.
Basada en la película de 2014 del mismo nombre (que a su vez está basada en un cortometraje de 2005; What We Do in the Shadows: The Vampire Interview, escrito y dirigido por los mismos Waititi y Jemaine Clement), se estrenó el 27 de marzo de 2019. Ya lleva dos temporadas de 10 capítulos cada una y aunque sus personajes se alejan bastante del prototipo de vampiro como el Drácula que ideara Bram Stoker, Fx ya confirmó una tercera para el siguiente año.
Ser vampiro no es fácil para Nandor, Laszlo Cravensworth o Nadja, pero sí parece serlo para Colin Robinson, un vampiro energético que se alimenta succionando energía de las personas y para ello tienen que aburrirlas hasta morir con sus conversaciones.
Si bien el personaje principal es Nandor, un vampiro petulante que poco y nada puede hacer por si solo, Colin nos hace creer que los vampiros realmente existen porque todos tenemos en algún circulo a alguien que nos absorbe energía de la forma en que él lo hace.
Entonces, muy probablemente, ese compañero o compañera que ocupa tu espacio en el escritorio o mantiene su desorden cercar tuyo o está constantemente estresando a todos con la temperatura del aire, sea en realidad un vampiro energético.
A estos cuatro vampiros hay que sumar a Guillermo, el “familiar” de Nandor, quien sirve hace 10 años a su amo y sueña con que algún día lo convierta en vampiro. Todos los años, el vampiro estrella parece que le va a cumplir el sueño, pero siempre hay algún malentendido entre ambas partes. Con el correr de los capítulos, descubren que hay algo muy trascendente que le impide convertirse en una criatura de la noche.
Las absurdas situaciones registradas por el equipo de documentalistas, se ve complementada con la aparición de otros grandes personajes contemporáneos como los hombres lobo. Incluso el mismo Satanás tienen alguna que otra participación. El gremio de los mortífagos tiene que convivir con otros colegas del más allá.
Estos colegas son representados por nombres muy importantes como Dany Trejo o Mark Hamill. Incluso el propio Waititi realiza cameos, como lo hace en algunas de sus obras.
Que exista una sitcom de este tipo y con esta calidad en un contexto en que la comedia se está reinventando, nos ilusiona con que las siguientes apuestas seguirán estos estándares. Nos queda esperar la tercera temporada. Por ahora, la serie se encuentra disponible en Hulu con un total de 20 capítulos que no superan los 25 minutos de duración. La película del mismo nombre está en Netflix, pero de momento no está disponible para Paraguay.
Juliette Binoche reflexiona en Tesalónica sobre su debut como directora
Compartir en redes
Por David Sánchez, desde Tesalónica (Grecia), X: @tegustamuchoelc (*).
La actriz francesa Juliette Binoche participó en una conversación abierta con el público el 12 de marzo de 2026 en el marco del 28.º Thessaloniki International Documentary Festival (TiDF), celebrado en la ciudad de Thessaloniki. El encuentro tuvo lugar en el John Cassavetes Theater, con motivo del estreno griego de su primer trabajo como directora, “In‑I in Motion”.
La charla, titulada “In front of and behind the camera. My directorial debut in documentary filmmaking”, fue moderada por el responsable de programación del festival, Yorgos Krassakopoulos. Ante una sala llena, Krassakopoulos dio la bienvenida a la actriz destacando la sinceridad que atraviesa su primera incursión en el documental: una obra que, según señaló, transmite “una verdad y una autenticidad que reflejan plenamente su temperamento artístico”.
El arte como camino hacia el autoconocimiento
Durante la conversación, Binoche habló del proceso interior que acompaña a la actuación y de cómo el arte se convierte para ella en una forma de exploración personal.
“Como actor estás llamado cada día a ser honesto, no solo contigo mismo sino con toda la humanidad”, explicó. Para la intérprete, el trabajo actoral implica enfrentarse a los propios miedos y a las zonas más oscuras del subconsciente, un proceso que considera profundamente transformador.
La actriz también reflexionó sobre la dimensión emocional del trabajo creativo. Según afirmó, conectar con las emociones es el origen de toda forma de arte, aunque eso implique renunciar al control. “En un mundo que a menudo parece aterrador, lo que necesitamos es creatividad”, subrayó.
Orestis Andreadakis, Juliette Binoche y Elise Jal. Foto: cortesía del festival
Un paso natural hacia la dirección
Binoche reveló que llevaba años imaginando la posibilidad de dirigir. El proyecto se concretó cuando productores la animaron a llevar a cabo la idea.
“Siempre soñé con dirigir algún día, impulsada por la necesidad de seguir creciendo”, afirmó. Aunque reconoció que el proceso era en gran parte desconocido para ella, decidió aceptar el reto y explorar nuevas formas de creación.
In-I in Motion documenta precisamente ese viaje creativo, en el que la actriz se enfrenta a la incertidumbre, al miedo y a sus propias limitaciones. Para Binoche, aceptar esas emociones forma parte esencial del proceso: “Nunca puedes librarte completamente del miedo, pero puedes aceptarlo, y cuando lo haces, te transforma”.
El reto del montaje y la búsqueda de autenticidad
Uno de los aspectos más complejos de la realización del documental fue el montaje. La actriz explicó que el proceso implicó tomar decisiones difíciles, incluso eliminar escenas que le gustaban, para mantener la coherencia narrativa de la película.
En el documental, Binoche aparece tanto delante como detrás de la cámara. Gran parte del material fue filmado por su hermana, cuya experiencia permitió capturar momentos íntimos del proceso creativo. Sin embargo, fue en la sala de montaje donde la directora tomó las decisiones finales para preservar la autenticidad del relato.
“Hubo una escena que mi montador había construido de forma muy hermosa, pero no reflejaba la realidad. Por eso insistí en no incluirla”, explicó, subrayando que la búsqueda de la verdad es central en su forma de entender el arte.
La fuerza del cine europeo
Durante el encuentro también participó el director artístico del festival, Orestis Andreadakis, junto con la directora general del certamen, Elise Jalladeau.
En su intervención final, Binoche —actual presidenta de la European Film Academy— destacó la riqueza del cine europeo y la importancia de su diversidad cultural.
“Nuestras diferencias son nuestra fuerza. Son lo que nos une”, afirmó.
La actriz aprovechó además la ocasión para rendir homenaje al recientemente fallecido documentalista Frederick Wiseman, a quien describió como uno de los grandes referentes del género. “Los documentalistas son verdaderos guerreros. Luchan por sobrevivir y por mostrar la verdad del mundo”, concluyó.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
Crítica: “Escarcha sin nieve ni hielo” en festival de Tesalónica
Compartir en redes
Por David Sánchez, desde Tesalónica (Grecia), X: @tegustamuchoelc (*).
En la programación del Festival Internacional de Documentales de Tesalónica (TiDF) se ha colado este año una de esas películas que recuerdan por qué el cine documental sigue siendo una de las formas más poderosas de mirar el mundo. “Frost uten snø og is” (2026), dirigida por el fotógrafo y cineasta noruego Asgeir Helgestad, es un trabajo que habla de maternidad, naturaleza y pérdida sin caer en el sentimentalismo fácil. Y lo hace con algo cada vez más raro en el cine contemporáneo: paciencia.
Una década esperando el plano
Durante más de una década, Helgestad filmó en el archipiélago ártico de Svalbard, uno de los lugares del planeta donde el calentamiento global avanza con mayor velocidad. Allí conoció a Frost, una osa polar que intenta sacar adelante a sus crías en un ecosistema cada vez más frágil. Lo que en otros documentales sería una narración didáctica sobre el deshielo se convierte aquí en algo más íntimo: la historia de una madre que lucha contra un mundo que cambia demasiado rápido.
La película abre con una decisión narrativa sorprendente. Desde el principio sabemos que los hijos de Frost murieron. No hay suspense artificial ni manipulación emocional. Esa revelación temprana elimina cualquier tentación de convertir la historia en un melodrama animalista. Lo que queda es otra cosa: un retrato sereno, casi elegíaco, de la maternidad en un paisaje que se desmorona.
La maternidad sin sentimentalismo
Helgestad no intenta humanizar en exceso a su protagonista. Frost no habla, no tiene voz en off imaginaria, no se convierte en un personaje de ficción. Y, sin embargo, pocas veces el cine ha transmitido con tanta claridad la idea de cuidado, esfuerzo y vulnerabilidad.
La maternidad aparece aquí como un acto físico: caminar kilómetros sobre hielo cada vez más inestable, proteger a las crías de otros osos, buscar alimento en un entorno que ya no funciona como antes.
El tiempo como herramienta cinematográfica
Uno de los mayores logros del documental es el tiempo que hay detrás de cada plano. En una época dominada por la inmediatez y por la estética del algoritmo, Helgestad trabaja con la lógica contraria: esperar.
Esperar horas para que un oso levante la cabeza. Esperar días para un encuentro improbable. Esperar semanas para unos segundos de comportamiento que nadie había filmado antes.
Ese tiempo acumulado se percibe en cada imagen. No hay sensación de artificio, truco visual o naturaleza convertida en espectáculo digital. De hecho, uno de los pequeños milagros de la película es recordar algo obvio: ni siquiera la inteligencia artificial podría fabricar la belleza que aparece aquí.
El cineasta noruego Asgeir Helgestad, autor de “La reina sin tierra” (2018), vuelve al universo natural de los osos polares. Foto: Gentileza
La belleza del Ártico
Hay un momento especialmente revelador. Los osos polares caminan al amanecer y el aire helado se vuelve visible en su respiración. El vapor sale de sus bocas mientras el sol bajo del Ártico ilumina sus cuerpos blancos. La luz parece atravesarlos.
No es una imagen espectacular en el sentido grandilocuente; es algo más simple y, por eso mismo, más poderoso. Durante unos segundos el cine vuelve a ser lo que siempre fue: mirar.
Una carta a Frost
El film también se permite momentos inesperados de intimidad. En un gesto que podría haber resultado cursi, Helgestad escribe una carta a Frost. En otro contexto sería un recurso demasiado sentimental, pero aquí funciona porque el propio director establece límites desde el principio.
Él sabe que está proyectando emociones humanas sobre un animal. Y lo reconoce.
Ese equilibrio entre cercanía y distancia es lo que mantiene la película lejos del “cheesy” que suele contaminar el cine ambiental. Helgestad ama a su protagonista, pero no intenta convertirla en símbolo perfecto ni metáfora universal. Frost sigue siendo una osa polar, un animal salvaje que vive en un entorno brutal.
Humanos y osos: un choque inevitable
La película tampoco evita mostrar el conflicto entre humanos y osos polares. Hay encuentros tensos, momentos en los que la presencia humana altera el comportamiento de los animales. El Ártico aparece así como un espacio donde dos mundos chocan constantemente: el de la vida salvaje y el de la expansión humana.
Ese choque está, inevitablemente, ligado al cambio climático. Pero el documental es inteligente al no convertir el mensaje en un discurso didáctico permanente. El calentamiento global no aparece como una lección de geografía, sino como una transformación visible en el paisaje: hielo que desaparece, rutas de caza que ya no funcionan, estaciones que cambian.
En lugar de subrayar cada dato, Helgestad deja que el espectador vea las consecuencias. El resultado es mucho más efectivo que cualquier gráfico o narración explicativa.
Un documental que recuerda qué es el cine
Si hay algo que distingue a Frost uten snø og is de muchos documentales contemporáneos es su confianza en la imagen. En los últimos años los festivales se han llenado de películas que dependen excesivamente de archivos personales, recuerdos familiares o material doméstico para sostener narrativas de noventa minutos.
A menudo son trabajos que funcionan mejor como ensayo íntimo que como experiencia cinematográfica. Aquí sucede lo contrario. Este es un documental que entiende que el cine de naturaleza puede —y debe— ser espectacular. No en el sentido superficial de lo espectacular, sino en el sentido literal: algo que merece ser visto.
Una película que hay que ver en cine
Por eso mismo, ver esta película en una pantalla grande no es una opción secundaria. Es prácticamente obligatorio. La escala del paisaje, la textura del hielo, la luz ártica sobre los cuerpos de los osos… todo adquiere otra dimensión en una sala de cine.
El camino de Asgeir Helgestad
El propio recorrido de Asgeir Helgestad ayuda a entender esta aproximación visual. Antes de dedicarse al largometraje documental, trabajó durante años como fotógrafo de naturaleza y realizador de series para televisión, incluyendo proyectos vinculados a la radiotelevisión noruega.
En trabajos anteriores ya exploraba la relación entre animales salvajes y cambios ambientales, pero nunca con la intimidad ni la duración temporal que alcanza aquí.
Su experiencia como fotógrafo se nota en la composición de cada plano. Hay una atención obsesiva a la luz, la textura de la nieve y la distancia entre cámara y animal. Pero lo realmente impresionante no es la estética, sino la perseverancia que la hace posible.
Diez años filmando a un mismo animal no es una decisión técnica; es casi una forma de vida.
Empatía antes de que sea tarde
Esa dedicación se siente en la película como una acumulación silenciosa de tiempo, frío y espera. Y quizá por eso el documental termina funcionando también como un retrato indirecto del propio director: alguien que decidió quedarse lo suficiente para mirar de verdad.
Al final, Frost uten snø og is no intenta ofrecer soluciones ni discursos tranquilizadores. Lo que propone es algo más simple y, en cierto modo, más incómodo: empatía.
Empatía con un animal que vive en un mundo que se derrite. Empatía con un ecosistema que cambia demasiado rápido. Y, sobre todo, empatía con la idea de que la naturaleza no es un decorado remoto, sino un sistema del que seguimos formando parte.
Entre la belleza de sus imágenes, la honestidad de su mirada y la paciencia que sostiene cada plano, la película consigue algo que muchos documentales olvidan: recordarnos que el cine de naturaleza puede ser, cuando se hace con verdadera dedicación, una experiencia casi física. Una de esas que justifican sentarse en una sala oscura y mirar.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
“Buffy, la cazavampiros” no tendrá secuela, confirma exprotagonista
Compartir en redes
La nueva versión de la popular serie de los años 1990 “Buffy, la cazavampiros”, bajo la dirección de la oscarizada Chloé Zhao, fue cancelada, dijo la estrella y productora del proyecto, Sarah Michelle Gellar. “Lamentablemente (la plataforma de streaming) Hulu decidió no avanzar con ‘Buffy: New Sunnydale’”, dijo Gellar en un post en su Instagram el sábado.
“Estoy realmente triste”, agregó la actriz de 48 años, y quien fuera la protagonista de la serie original que rodó siete temporadas. El proyecto de “Buffy, la cazavampiros: New Sunnydale” fue anunciado el año pasado bajo las riendas del estudio de Disney 20th Television and Searchlight Television.
La nueva edición de la serie traería a Gellar reviviendo a su personaje Buffy Summers, y a la actriz emergente Ryan Kiera Armstrong, asumiendo el papel de la nueva cazavampiros. “Quiero agradecer a Chloé Zhao porque nunca pensé que me volvería a meter en las botas económicas pero estilosas de Buffy”, dijo Gellar en su publicación.
La directora, cuya cinta de época “Hamnet” disputó este domingo el Óscar a mejor película, le dijo en la alfombra roja a la publicación Variety no estar sorprendida con el abandono del proyecto. “Las cosas pasan por algo”, dijo Zhao. La plataforma Hulu no respondió de inmediato al pedido de comentario de AFP.
“Pasé un tiempo increíble con Sarah, con todo el elenco y el equipo haciendo esto, y primero que nada nos vemos como los guardianes de la serie original”, agregó la directora. Zhao sostuvo que la prioridad del equipo que trabajó en la producción era ser “fiel” a los fans. Ryan Kiera Armstrong, de 16 años, también fue a las redes el fin de semana para agradecer a Zhao y Gellar.
“Estoy orgullosa de lo que hicimos. Lamento que no lo podrán ver”, dijo a sus seguidores. “Buffy, la cazavampiros” nació en la gran pantalla. La película de 1992 estuvo protagonizada por Kristy Swanson, y escrita por Joss Whedon, creador de la serie que le siguió años más tarde.
Rusia acusó al documental ganador del Óscar de filmar niños sin consentimiento
Compartir en redes
El comité de derechos humanos de Rusia, un órgano del gobierno, acusó el miércoles al equipo del documental “Mr Nobody contra Putin”, ganador de un Óscar, de haber utilizado sin consentimiento imágenes de menores, en la primera reacción oficial a esta película que denuncia el adoctrinamiento de alumnos en Rusia.
Pavel Talankin, un profesor y videógrafo de una escuela de la pequeña ciudad de Karabaj, en los Urales, filmó el adoctrinamiento cada vez más intenso de los alumnos tras el inicio de la ofensiva rusa en Ucrania el 24 de febrero de 2022. Opuesto a esta guerra, Talankin huyó del país en 2024 con los vídeos.
Las imágenes dieron origen a esta película de 90 minutos, codirigida por Talankin y el director estadounidense David Borenstein, que recibió el premio al mejor documental en los Óscar. El Consejo Presidencial de Rusia para los Derechos Humanos, un órgano consultivo, indicó el miércoles en Telegram haber escrito al comité organizador de los Óscar y al director general de la Unesco para pedir a la Academia estadounidense que “examine si esta obra se ajusta a las normas éticas y jurídicas aplicadas por la Academia al conceder sus premios”.
Según el consejo, “el uso de imágenes de menores se llevó a cabo sin obtener el consentimiento de los padres u otros representantes legales de los niños, y sin tener en cuenta el carácter limitado del uso de este tipo de material, registrado inicialmente en un entorno educativo”. Hasta ahora el Kremlin ha evitado pronunciarse sobre el documental. “No he visto esta película”, dijo el lunes el portavoz de Vladimir Putin, Dmitri Peskov.