Mónica Bustos, la escritora paraguaya ganadora del Premio Augusto Roa Bastos por Chico Bizarro y las moscas y autora de Novela B y El club de los que nunca duermen, agradece a sus lectores por darle una oportunidad a sus libros y comparte con VOS cómo es ser escritora en Paraguay. ¿Si le gustaría que sus obras se convirtieran en series o películas?: “Solo falta alguien demente que ponga el dinero para empezar a producirlas”.

María Paz Vaesken R.D

paz.vaesken@gruponacion.com.py

@pazvaesken

“Ser escritor o escritora en Paraguay es difícil. Creo que hasta hace diez años era aún más difícil incursionar en la escritura de forma profesional siendo mujer, últimamente gracias a la reivindicación de escritoras que fueron invisibilizadas en el pasado, se rescataron o reeditaron obras magníficas y el trabajo de estas autoras que nos precedieron ahora ayudan a dar lugar a nuevas escritoras, y esto lo digo ya hablando de manera global. Me gusta ver que cada vez hay más mujeres empezando a escribir o a publicar, hay muchas con talento, solo tienen que recordar que a ese talento hay que nutrirlo, siempre hay que buscar la forma de mejorar”, empieza diciendo la joven escritora ganadora del Premio Augusto Roa Bastos.

Por otra parte, comenta que aún existen barreras para que los paraguayos consuman libros de autores paraguayos: “confío en que los lectores actuales leen lo que les gusta y lo que les atrae, no lo que se les obliga a leer. Tal vez, si fuera más fácil conseguir algunos títulos, ahí hablaríamos de la distribución. Por otra parte, es posible que lo que se necesite es que simplemente conozcan más obras de autores paraguayos, para que los lectores sepan que hay disponible y puedan ir a una librería y preguntar por ese libro. En ese caso, lo importante sería que el libro que buscan se encuentre ahí, que no siempre pasa”, indica.

La escritora también menciona que se debería hablar de los espacios para difundir literatura ya que estos son pocos, “por eso es importante el trabajo del periodista, para poner estos temas sobre la mesa; incluso con esta entrevista se está creando un puente entre los potenciales lectores y una escritora, eso ayuda, y mucho”, expresa.

Momentos creativos

Nazis en Paraguay, vampiros, hombres lobo, gángsters, personajes desopilantes y mucho más aparecen en los libros de Mónica Bustos, quien cuando va a empezar a escribir algo nuevo no se plantea el género. “Primero aparecen las ideas, algunas son más recurrentes y ganan por su persistencia. No tengo una respuesta precisa para definir cómo se me ocurren las ideas, a veces surgen de emociones y el intento de expresarlas. Después pienso en la estructura y ahí interviene lo lúdico y lo estético. Jugar con imágenes y palabras hasta encontrar el tono deseado. Si escribo ciencia ficción o terror es porque se da que los elementos que uso pueden ser considerados de esos géneros, pero Chico Bizarro y las moscas es casi inclasificable, y Novela B viene después de Chico Bizarro con muchas ganas de hacer algo diferente, sobre todo, de nadar en contra de la corriente, de buscar goce estético en la marginalidad del Cine B o en el desprestigio algunos subgéneros literarios, pero sobre todo porque era la mejor forma de contar la historia de personajes marginales”, describe.

Barreras y reconocimiento

Como escritora paraguaya, Bustos señala que no puede quejarse, ha publicado con una de las editoriales más conocidas del mundo siendo muy joven. “Sería raro hablar de barreras a la hora de publicar, al menos de otras que no sean las mismas que las de cualquier autor en otra parte del mundo, por ejemplo, a veces escribo algo muy complicado de entender y no cualquier editorial va a arriesgarse; aunque a veces también esta es solo una excusa de alguien que escribió algo con muchos errores y prefiere convencerse de que es demasiado complejo. Sin embargo, podría hablar de barreras en la difusión, porque llega un punto en que lo difícil es que de entre tantos libros excelentes de escritores que son de países que son casi una marca de garantía literaria, sobresalga alguien de Paraguay. Pero, ahí vamos, paso a paso, a veces muy lento, pero todos los días trato de lograr lo imposible”, indica.

Sobre el punto, agrega que con el tiempo se aprende a vivir con todas las barreras y a decir cosas como “no puedo quejarme”. Según su modo de ver, solo hay una clave: “lo importante es recordar que esto no lo hacés por la fama, lo hacés porque te gusta, y tal vez un poco por el anhelo de vivir de esto, porque no hay nada mejor que trabajar de lo que te gusta hacer. Las frustraciones se desvanecen cuando un lector o lectora te escribe para decirte cuánto le gustó lo que escribiste”.

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