Este efecto que converge el estado emocional y el look, lleva por nombre moda dopamínica y es la tendencia 2022. Se basa principalmente en la combinación de colores diversos, extremos y vibrantes.
El propósito de este estilo no es llamar la atención, aunque sí lo logra, más bien se trata de vestir prendas y accesorios con tonos extravagantes que motiven a vivir el color y transmitir alegría, de manera a impulsar el aumento de los niveles de dopamina en nuestro organismo.
También se le denomina moda dopamina, haciendo referencia a la sustancia que segrega felicidad y genera una sensación de bienestar, conocida comúnmente como la hormona del placer.
Esta tendencia se dio a conocer en el 2012 tras un estudio realizado por Kellogg School of Management de la Universidad Northwestern, Estados Unidos, que constató que la ropa y los complementos que elegimos tienen un efecto en nuestro comportamiento.
El profesor Adam D. Galinsky, de la universidad que dirigió la investigación, mencionó a The New York Times que la ropa afecta la forma cómo otras personas nos perciben y además, qué pensamos sobre nosotros mismos. Principalmente este estilo que arrasa en los desfiles de moda en distintas partes del mundo tiene como propósito la búsqueda de la felicidad, de acuerdo a cada personalidad.
Los fashionistas destacan que la moda dopamínica permite vibrar con los colores más extremos, apuntando así a un placer visual, involucrando las prendas, accesorios, zapatos y carteras. Las paletas multicolores que levantan el espíritu de toda mujer, sin importar la edad ni estructura física, son las protagonistas de este look.
¿Cómo armar un look dopamínico?
Si bien esta tendencia establece un toque multicolor como el arcoíris, no es necesario llevar la gama de colores en una sola prenda, puede combinarse con otras tonalidades, siempre y cuando estén dentro de la paleta multicolor del estilo. Además es posible jugar con otros colores intensos para crear contrastes entre lo que llevamos puesto.
Los colores que más resaltan en el outfit dopamínico son: el azul, rojo, naranja, fucsia, verde y amarillo. La mezcla de colores también se fusiona con tonos complementarios en calzados y accesorios. Lucir seguras y cómodas puede provocar que la molécula de la felicidad se active, haciendo que la indumentaria pueda hacernos sentir mejor que nunca.
Otro de los datos interesantes de la moda dopamínica es que este concepto consiguió posicionarse entre las cuatro tendencias en materia de moda más buscadas en internet, registrando un aumento del 2000 por ciento desde marzo de 2021, según un estudio realizado por los grandes almacenes Fenwick a principios de año.
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Felicidad… ¿se puede medir?
- Ricardo Rivas
- Periodista
- X: @RtrivasRivas
- Fotos: Gentileza
Ninguna aspiración crematística, material de ningún tipo o simbólica, devenida en objetivo a alcanzar, debiera ser mencionada como la búsqueda de la felicidad que –siempre– es un fin en sí mismo.
Aquel tan querido maestro de periodismo (y de vida) que supo ser cuando mis primeros veinte años don Helvio Ildefonso “Poroto” Botana (1915-1990) –uno de los hijos de Natalio, fundador en la Argentina del mítico diario Crítica en el inicio del siglo pasado– escritor, periodista, artista plástico y guionista de cine, como se lo presenta en diccionariodelperonisml55-69.ar, con frecuencia y enfáticamente aseguraba a quien quisiera escucharlo que estaba en eudaimonía, como decía el bueno de Aristóteles en la vieja Grecia.
Me intrigaba. De allí que, después de una larguísima madrugada, quise saber más de aquel sentir de Poroto que, cuando lo busqué en el diccionario (una de mis más sostenidas adicciones) supe que la Real Academia Española (RAE) define la “eudemonía (término asociado a eudaimonía) como el estado de satisfacción debido generalmente a la situación de uno mismo en la vida”.
Con esa certeza académica volví a preguntar. “Estoy eudaimónico (sic) porque vivo con pasión la anticultura y hoy se lo diré a la revista Pájaro de Fuego para que nadie dude de mí”. Corría el año de 1982. Tiempo después aquella frase interpelaba desde cada puesto de diarios. Una tapa fantástica. Pero no me quedé con eso.
UN FIN EN SÍ MISMO
“¿Cuál es el propósito último de la existencia humana?”, se pregunta y pregunta Aristóteles en “La ética a Nicómaco”. De su lectura aprendí también y para siempre que la felicidad debe ser asumida como “el fin último y el propósito más elevado de la vida” porque “aquello que siempre es deseable en sí mismo (como lo es la felicidad) nunca (debe ni deberá ser) en aras de otra cosa”. De allí que ninguna aspiración crematística, material de ningún tipo o simbólica, devenida en objetivo a alcanzar, debiera ser mencionada como la búsqueda de la felicidad que –siempre– es un fin en sí mismo.
Dentro de 27 días –el próximo lunes 20 de marzo– una vez más será el Día Internacional de la Felicidad. Así sucede desde 2013. Un año antes, la efeméride fue propuesta por el rey de Bután. El monarca trabajaba sobre ese tema desde los años 70, en el siglo pasado, y en su país trabajó duro por y para ello. De hecho, ese estado pequeño, surasiático, durante la Asamblea General de las Naciones Unidas, ante el pleno del foro mundial, exhibió con orgullo que los butaneses –los drukpas, así autodenominados los habitantes del Druk Yul (Tierra del Dragón Fuego)– informaron como un logro nacional relevante que el Índice de Felicidad Nacional Bruta se ubicaba por encima del Producto Nacional Bruto.
Desde entonces allí –como desde la sexta centuria de nuestra era– todo transcurre armoniosamente. El Himalaya protege la intimidad nacional, así como su cultura y tradiciones. La tele, en ese contexto, irrumpió sobre las y los butaneses en 1999.
José Carlos Ruiz Sánchez (51), filósofo español, advierte un puñado de días atrás en elconfidencial.com que “nunca se ha hablado tanto de felicidad y nunca ha habido tanta ansiedad por alcanzarla” como por estos días. En su parecer, “el ideal de una vida plena se ha desvirtuado hasta convertirse en una fuente más de presión psicológica”.
EXIGENCIA COLECTIVA
Doctorado en Filosofía por la Universidad de Córdoba, sostiene también que “la felicidad ha dejado de ser un proceso íntimo y personal para transformarse en una exigencia colectiva, visible y comparable (porque) ese mandato social no se limita a ‘estar bien’, sino a exhibirlo”. Fue en febrero de 2007, cuando se estrenó en la Argentina la película “En busca de la felicidad” (The pursuit of happyness), una creación exitosísima que dirigió Gabriele Muccino.
A través de ese relato, supe de Chris Gardner (compuesto en esa ficción por Will Smith), quien junto con su hijo –Christopher Gardner Jr. (interpretado por Jaden Smith)– fueron desempleados y, como consecuencia directa de ello, desalojados por no disponer de recursos para pagar la renta. Chris y Jr, carecientes de ingresos desde ese minuto, no solo no tienen un lugar para habitar, sino que tampoco generan recursos para alimentarse, capacitarse, curarse y vestirse. Devienen en vulnerables de toda vulnerabilidad. Procuran ayuda social en refugios.
Pero, pese a ello, en 117 minutos, aquel contenido audiovisual relata cómo superan la adversidad. La historia describe detalladamente sus azarosas vidas que, es preciso decirlo, no son para nada diferentes de millones de parados y desposeídos que involuntariamente en nuestra tan maltratada aldea global transitan agobiados la miseria, avergonzados por la misericordia y no pocas veces significados como miserables.
Curioso, por cierto. Profundo creyente en el peso específico de las palabras siempre llama mi atención la raíz latina miser. Glosbe.com, a esas cinco letras unidas las traduce y significa del latín como “desdichado”, “infeliz”. Es la raíz también de la palabra “miseria”, que millones transitan como Chris y Christopher en la peli de Muccino. En “miser” radica también el vocablo “misericordia”, que la RAE define como la “cualidad de tener el corazón puesto en la miseria”.
Esas cinco letras, además –seguidas del sufijo “able”– son imprescindibles para construir la expresión “miserable”, que, en su evolución histórica, según la misma organización, significaba en el pasado a una persona “infeliz o desdichada”, en tanto que en la actualidad –justamente por aquello– no faltan quienes las significan como susceptibles de compasión. ¡Tremendo!.
POBREZA Y RIQUEZA
Y, mucho más, porque en aquella tremenda gran historia que desde la vida real hizo que las vidas de Chris y Jr. llegaran al cine, la felicidad como tal –para muchos y muchas– es dejar atrás la pobreza para alcanzar la riqueza extrema. Tengo la convicción –y me aferro a ella– de que tanto en la dramática realidad que vivieron Chris y Jr., como en la ficción que Gabriele Muccino construyó en el cine para contar esas historias, nadie procuró ese sentido negativo ni, mucho menos, significar pobreza y/o felicidad con tan inadecuada como cruel superficialidad.
No y solo no. De hecho, el propio Chris Gardner –el de la vida real, cuya historia cuenta el cine– el 16 de diciembre de 2023, en Madrid, lo dice claramente: “La felicidad no tiene nada que ver con el dinero”. Sin embargo, alguna forma de neodarwinismo pareciera intentar abrirse paso para que felicidad se signifique –si y solo si– con tener y poseer. Nada nuevo, quizás.
“Todos los hombres, hermano Galión, quieren vivir felices”, escribe alguna vez Séneca –filósofo estoico– en una carta en la que también le dice que “al ir a descubrir lo que hace feliz la vida, (los hombres) van a tientas (porque) no es fácil conseguir la felicidad (y, en esa búsqueda) se aleja uno tanto más de ella cuanto más afanosamente se la busque, (y) si ha errado el camino, si este (lo) lleva en sentido contrario, (esa) misma velocidad aumenta la distancia” que lo separa de la felicidad que procura”.
En ese contexto recomienda a Galión “determinar primero lo que apetecemos (para) luego considerar por dónde podemos avanzar hacia (la felicidad) más rápidamente (hacia) aquello que nos impulsa un deseo natural”.
SENDEROS
Reflexivo, continúa: “Mientras erremos de acá para allá sin seguir a otro guía que los rumores y los clamores discordantes que nos llaman hacia distintos lugares, se consumirá (en la búsqueda) entre errores nuestra corta vida, aunque trabajemos día y noche”. Con sabiduría advierte que el camino de la vida “no es el mismo que en los demás viajes (porque, en aquellos) hay algún sendero (...), pero aquí el camino más frecuentado y más famoso es el que más engaña”.
Lucio Anneo Séneca (4 aNE-65 dNE) nació en Córdoba, hoy España, en tiempos del Imperio romano. Claro integrante de la élite epocal, fue cuestor, pretor, senador y cónsul. Un hombre del poder, con poder. Sirvió a Roma fielmente durante Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón, de quien también fue tutor, maestro y consejero. Hay quienes aseguran que su influencia sobre aquel fue tal que “gobernó de facto” el poderoso Imperio romano entre los años 54 y 62.
Se puede suponer –como seguramente lo creyeron mayoritariamente sus contemporáneos– que Séneca era un hombre feliz. Pese a ello y a su profunda sabiduría, la historia muestra que, desde algún lugar y aunque para su posteridad, supo sentenciar que “el hombre más feliz es aquel que depende menos de la felicidad”. Pero no le fue bien. El propio Nerón lo obligó a cometer suicidio.
MENSURA ANUAL
Como lo hace desde el 1 de abril de 2012, en pocos días más, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) hará público el “Informe mundial sobre la felicidad” (World happiness report). Seguramente será en torno del 20 de marzo. Esa mensura anual –enorme trabajo estadístico–, cuyos datos duros y conclusiones conoceremos en la brevedad, se apoyará sobre múltiples indicadores objetivos y subjetivos.
Es necesario saber que, entre otras variables, la ONU articulará valores sobre el producto bruto interno (PBI) per cápita; la expectativa y calidad de vida; la percepción de la corrupción estructural gubernamental y empresaria; la libertad individual; el respeto de los derechos humanos; confianza; redes de apoyos sociales junto con otros dominios tales como bienestar psicológico; salud física y mental; uso del tiempo para mensurar el equilibrio entre trabajo y vida; educación y diversidad cultural; buen gobierno y vitalidad comunitaria; diversidad ecológica y resiliencia para discernir con la mayor precisión posible sobre la Felicidad Nacional Bruta (FNB).
En ese contexto de análisis y dentro de dichos parámetros, entre casi 150 países, cuando el año pasado se reportó la felicidad, los Estados fundadores del Mercosur se ubicaban dentro del primer tercio. Uruguay 28; Brasil 36; Argentina 42; y Paraguay 54. Pronto sabremos dónde estamos ahora. En el mismo informe, se reportó que Finlandia, Dinamarca, Islandia, Suecia, Países Bajos, Costa Rica, Noruega, Israel, Luxemburgo y México se encuentran en los diez primeros lugares.
Estados Unidos está en el puesto 24. China, 68; y Afganistán, 147, cierra la tabla. Los datos sobre Bután, el país impulsor mundial del indicador FNB, no se conocen. Es prudente consignar que una cantidad importante de las informaciones que disponen las y los expertos en estadísticas para alcanzar sus conclusiones los producen cada uno de los Estados parte de la ONU.
DILEMA
¿Seremos más o menos felices que un año atrás? ¿Qué dirán los números de la ONU? Y, cuando los conozcamos, ¿cuál será la significación de todas y cada una de esas cifras? Dilemático, por cierto.
Recuerdo que poco más de tres lustros atrás, Umberto Eco (1932-2016) sostuvo que la estadística es una “verdad a medias”. Opinó también que con frecuencia –palabra más palabra menos– a través de la manipulación posibilitan sostener argumentos sesgados. Más aún, enorme lector, escritor, memorista y orador, con enorme simpatía recordó que Carlos Alberto Salustri (1871-1950), famoso poeta y fabulista italiano, crítico implacable de la retórica discursiva sobre la distribución de la riqueza, sentenció irónicamente que “si yo como dos pollos y tú ninguno, estadísticamente nos hemos comido uno cada uno”.
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Una carta para vivir
- Marcelo Pedroza
- Psicólogo y magíster en educación
- mpedroza20@hotmail.com
La Carta a Meneceo, también conocida como “Carta sobre la felicidad”, constituye uno de los legados más significativos del pensamiento epicúreo y, al mismo tiempo, una de las reflexiones más lúcidas de la filosofía antigua acerca del arte de vivir.
Dirigida a uno de sus discípulos, esta epístola no adopta la forma de un tratado sistemático, sino la de una enseñanza ética destinada a orientar la existencia concreta.
En ella, Epicuro (341 a.C. - 271 a.C.) no propone una felicidad abstracta ni trascendente, sino una forma de vida fundada en el ejercicio del juicio prudente, la moderación de los deseos y la armonía entre virtud y placer.
Epicuro, que nació en Samos y vivió en diversas ciudades del mundo helénico hasta su establecimiento definitivo en Atenas, concibió la filosofía como una medicina del alma. Su reflexión no se orienta a la especulación metafísica en sentido estricto, sino a la transformación de la vida.
En la Carta a Meneceo, esta orientación práctica alcanza una formulación paradigmática cuando afirma “El principio de todo esto y el bien máximo es el juicio, y por ello el juicio –de donde se originan las restantes virtudes– es más valioso que la propia filosofía, y nos enseña que no existe una vida feliz sin que sea al mismo tiempo juiciosa, bella y justa, ni es posible vivir con prudencia, belleza y justicia sin ser feliz. Pues las virtudes son connaturales a una vida feliz y el vivir felizmente se acompaña siempre de virtud”.
Además, hace hincapié en que la prudencia no solo antecede a las virtudes, sino que las engendra y las sostiene. Y que el juicio recto permite discernir qué deseos conducen a la serenidad y cuáles, por el contrario, generan perturbación.
Para Epicuro, la felicidad no puede separarse de la virtud. No se trata de un hedonismo vulgar, centrado en la acumulación de placeres inmediatos, sino de un hedonismo racional, donde el placer supremo consiste en la ausencia de dolor corporal (aponía) y de perturbación del alma (ataraxia). En este sentido, vivir felizmente implica necesariamente vivir con prudencia, belleza y justicia. Las virtudes no son un adorno moral externo, sino condiciones intrínsecas de una vida que se asume.
En la psicología humanista, la noción de congruencia –la armonía entre la experiencia vivida, la conciencia y la acción– recuerda profundamente la unidad epicúrea entre juicio, virtud y felicidad. Desde una perspectiva existencial, el énfasis de Epicuro en el juicio prudente puede vincularse con la responsabilidad personal y la libertad, ejes fundamentales para vivir.
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Feng shui de los colores: claves para proyectar profesionalismo y éxito
Los colores que utilizas en noche vieja para recibir al nuevo año representan intenciones simbólicas para un ciclo que comenzará, según el feng shui, y aquí te traemos algunas propuestas para proyectar éxito y profesionalismo.
Comienza la cuenta regresiva para despedir al 2025, y como cada año, los deseos de éxito, abundancia y prosperidad son los más anhelados.
Estos pueden decretarse con el uso de los colores, que se asocian con propósitos específicos vinculados al nuevo ciclo que comenzará.
Antes que solo proponer colores asociados a intenciones, consideramos importante entender uno de los orígenes de estas decisiones, como el feng shui.
Esta filosofía china, con relación a los colores que se usan el 31 de diciembre, se traducen en intenciones simbólicas para el nuevo ciclo.
Así que, para vestir en Fin de Año atrayendo éxito y profesionalismo, la sugerencia es combinar algo de brillo festivo con cortes clásicos y neutros (trajes, blazers).
Otra propuesta va más hacia los colores simbólicos como el dorado o amarillo que se traducen en prosperidad. El rojo atrae la pasión y/o el amor, o verde la estabilidad y salud.
Aunque no se trata solo de la elección de los colores, es importante también cuidar los detalles como ajustes impecables, accesorios de calidad y pulcritud para proyectar confianza y elegancia.
En cuanto a las claves para proyectar profesionalismo y éxito, ante todo, en estilo y corte, se recomienda prendas definidas y estructuradas al estilo power dressing.
Los cortes clásicos como blazers, faldas de corte A o pantalones de vestir, y telas elegantes como satín o gasa, proyectan autoridad, confianza y profesionalismo.
Volviendo a los colores estratégicos, para la prosperidad sin duda el dorado, amarillo, y el plateado que magnetizan el éxito y la riqueza.
Para el amor propio y la fuerza, el rojo y el borgoña. Si buscas estabilidad y salud, el verde musgo, azul marino y gris simbolizan protección, calma y armonía.
Ahora, si lo que buscas es una transformación, el violeta debe ser la elección, por la espiritualidad y el cambio que representa.
Pero, ante todo, la comodidad y confianza serán los principales atractivos, si no te sientes cómodo, no lo proyectarás.
Busca prendas que te hagan sentir seguro, incluso si es algo más casual pero chic, como un buen jean con una blusa especial.
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Gaia: “No tenemos nada que probarle a nadie”
Diego Serafini habló con La Nación del Finde respecto de la banda, la fórmula creativa para el flamante disco y del sello sonoro del proyecto que lidera.
- Por Jimmi Peralta
- Fotos: Gentileza
La agrupación paraguaya de rock Gaia presentó hace algunas semanas su más reciente material fonográfico. Se trata de “Dopamina”, el séptimo álbum del proyecto que cuenta con nueve canciones, entre las que se destacan los cortes de promoción “Ella baila”, “El salto”, “Dopamina” y “Ella es”. El material, producido por Diego Serafini en su estudio Supernova, explora la sonoridad orgánica en la sinergia de la interpretación, al ser registrado el core del disco de manera simultánea.
Con 25 años de trayectoria, la banda apuesta en su desarrollo a través del compromiso que le pone a su propia propuesta, su sonido y temática. “Dopamina” es un disco en donde el ritmo ocupa un papel importante y es producto del trabajo de la banda y la participación de amigos músicos como Paolo Serafini, Sebastián Elizeche y Abril Casco.
La formación está compuesta actualmente por Tito Bustamante (batería), Javier Ramos (guitarra y voz), Fernando Samaniego (guitarra), Jorge Chamorro (bajo) y Diego Serafini (guitarra y voz), quien habló con La Nación del Finde sobre el proyecto y el flamante disco.
TRAYECTORIA
–¿Qué buscabas al empezar Gaia? ¿Qué encontraste y cómo respondiste a eso? ¿Qué buscás ahora en el proyecto o mediante él?
–Cuando empezamos, yo creo que todos estábamos más que nada buscando una forma de sacar la música que nos salía en ese entonces, con todo el ímpetu de la juventud y, sobre todo, sin dudar de que en este país era posible lograr algo como artistas. Hoy en día, con Gaia siento que “no tenemos nada que probarle a nadie” y por lo tanto el arte que hacemos es mucho más “despreocupado”, por decir de alguna forma. Lo que sí buscamos es dejar una huella en la historia de la música en nuestro país.
–¿Podrías citarnos y comentarnos tres momentos claves de la banda en estos años?
–Voy a ir de adelante para atrás… El primero sería, justamente, la salida de nuestro séptimo álbum, “Dopamina”, que nos permitió hacer una suerte de renovación de compromisos con la banda y darnos cuenta de que aún sigue valiendo la pena hacer música como Gaia. El segundo momento podría ser el video de nuestra canción “Adicto” que, a pesar de salir casi 3 años después del álbum que incluía ese tema, nos catapultó de una manera que no esperábamos en ese momento. El tercero debe ser indefectiblemente haber abierto el Pilsen Rock 3, un show que fue histórico y que también nos hizo ver cómo estábamos como banda para el público… toda esa gente coreando nuestras canciones. En esa época, no teníamos forma de medir el impacto real de lo que estábamos haciendo…
–¿Qué cosas cambiaron en la banda, sea por miradas personales, por integrantes o propósitos?
–Además de los integrantes, que a esta altura ya fueron bastantes los que fueron rotando, una de las cosas que cambió hace un tiempo fue la dinámica del trabajo de la banda, y no precisamente el musical, sino el “administrativo”, ya que llega un momento en que es muy difícil que todo eso recaiga en una o dos personas. Entonces, eso le da a la banda más responsabilidad compartida y mejor entendimiento de cómo funcionan ciertas cosas. También la visión en cuanto a “cuál va a ser la música que vamos a hacer en el siguiente material” va cambiando constantemente, porque eso hace eliminar la monotonía y nos hace desafiarnos a nosotros mismos para no repetirnos.
EL ÁLBUM
–¿Cuál es la intención, concepto, búsqueda o necesidad que lleva al surgimiento de este álbum?
–Este álbum empezó a gestarse en la pandemia, pero en ese entonces tuvimos el último cambio de integrantes que sufrimos, y eso paró todo. Veníamos arrastrando ese trabajo. Menciono esto porque fue el disparador en cierta forma de que sacar el álbum sea una necesidad imperiosa que teníamos que concretar inmediatamente. Eso le dio inmediatez, crudeza y espontaneidad. También por eso en un momento decidimos hacerlo todo nosotros, sin depender de nadie, además de grabarlo en vivo. Es decir, toda la parte instrumental se hizo con los 4 instrumentos tocando al mismo tiempo en el estudio, incluso hay errores que quedaron en las tomas elegidas.
En cuanto al título del álbum, fue la última canción a la que le pusimos letra, y ahí hizo “click”, porque es un concepto muy de lo que estamos pasando hoy en día como seres humanos… todo inmediato, y luego a lo siguiente, sin disfrutar del presente, todo muy vertiginoso, como una droga.
–Se puede decir que en “Dopamina” hay algo de crítica social. ¿Qué preocupaciones despiertan ese tipo de contenido en las letras?
–La crítica social siempre es algo que nos inspira, tal vez no escribiendo literalmente, pero sí desde una posición de expresar lo que sentimos respecto a las problemáticas que nos rodean hoy en día, sean relacionadas con experiencias más personales, o hechos que vivimos no tan de cerca, pero que son realidades de las que nos pareció pertinente hablar en las canciones.
DE TIPS Y YEITES
–¿Cuál es tu relación con los tips y yeites a la hora de componer y producir? ¿Los buscás, tratás de evadirlos, creás nuevos y consolidás los tuyos?
–Como punto de partida, siempre trato de no repetir nada. Y si lo hago, es involuntario, porque me parece mucho más interesante que siempre tengamos un “lienzo en blanco” para ponerle colores nuevos o, al menos, nuevas combinaciones de esos colores. Tal vez lo que sí hago es que trato de encontrar nuevas maneras de usarlos, sin que parezcan gastados o repetidos. Es algo que detecto en mucha de la música de hoy… la mayoría es poco original o repetida…
–¿Cómo te relacionás con toda la data que proveen las plataformas respecto al consumo de la música a la hora de componer y de producir tu propio proyecto?
–Es difícil no ver esos números, pero tampoco es una obsesión o una regla. Ya estamos en un momento de nuestra carrera donde hacemos la música que nos sale, que nos gusta, lo mejor posible y con todas las ganas. Como había mencionado, a esta altura no necesitamos probar nada, se trata solo de expresarnos como músicos… y creo que cuando lo encarás así, el resto viene solo, tarde o temprano.
PRODUCCIÓN
–¿Cuál fue el flujo de trabajo para la producción de este disco?
–En un principio íbamos a trabajar con un par de productores locales, pero después eso frenó un poco el avance, entonces propuse aprovechar nuestros propios recursos, y ver si la banda estaba cómoda con la idea de que yo produzca este álbum, ya que tenía un concepto de sonido muy claro desde que las canciones comenzaron a aparecer en los ensayos. Todos estuvieron de acuerdo y logramos concretar algo que nos gusta mucho.
–¿Cómo integraste el equipo y las colaboraciones en ese marco?
–En todo momento y, como en todos los materiales anteriores, salvo una o dos excepciones, siempre busco la colaboración en la composición con los demás integrantes… “Dopamina” no es excepción. Hay por lo menos una o dos canciones que tuvieron su puntapié inicial en uno de los cinco integrantes que después fuimos trabajando para darle forma entre todos y llevarlas hacia un concepto unificado.
–¿Qué relevancia tiene lo rítmico en este disco, en particular desde las guitarras? ¿Cómo se da ese casi sello que suelen tener con la armonía que en algún momento siempre rompe lo diatónico y después vuelve?
–Lo rítmico, para mí, siempre tiene un peso gigante en las producciones en las que participo, ya que es lo que marca el pulso o el “groove” de una canción, sea desde el instrumento que sea. Es lo que te hace mover la cabeza, o los pies, o el trasero… dependiendo de cómo esté conceptualizado. Y en el caso de las guitarras, efectivamente, este álbum es más “marcado” rítmicamente que los anteriores. El sello de las armonías que van y vienen es como el ADN de Gaia, es lo que nos permitió conseguir un sonido bastante reconocible y es algo que no hacemos conscientemente, pero que siempre aparece en alguna forma en las canciones, es decir, se da naturalmente, no es algo estudiado.