¿Ya tenés planes para el fin de semana? Si aún no, te compartimos una lista de actividades que incluye cine, teatro y música.
Cine: El callejón de las almas perdidas
Un buscavidas (Bradley Cooper) se compincha con una pitonisa (Cate Blanchett) para estafar a millonarios; remake del filme El callejón de las almas perdidas (Nightmare Alley) de 1947.
Cuándo: Disponible actualmente.
Dónde: En los principales cines del país.
Teatro: Tres mujeres audaces
Nora Helmers (Jazmín Romero), la heroína de Casa de muñecas; la “Señorita Julia” (Mafe Mieres), personaje de la obra de Strinberg, y Elena (Maco Cacavelos), una de las Tres hermanas de Chejov, comentan, discuten y analizan las distintas situaciones que, como mujeres, les tocó vivir. Pero las cosas se ponen tensas cuando el cantor que anima las cenas en el barco (Dani Willigs) hace su aparición y despliega sus dotes de seducción.
Cuándo: Hoy y mañana, a las 20:30, y el domingo, a las 19:30.
Dónde: Arlequín Teatro (Antequera 1061 entre Rca de Colombia y Tte. Fariña).
Entrada: G. 60.000, anticipadas, y G. 80.000 en boletería. Las reservas podrán hacerse al 0992 442 152.
Concierto: a-ha ¡por primera vez en Paraguay!
La gira mundial celebra los 35 años de uno de los álbumes más influyentes en la música pop, el álbum debut de a-ha, Hunting High And Low, lanzado en 1985, el cual presentó al mundo éxitos atemporales, entre ellos Take On Me.
Cuándo: Domingo 27, a las 21:00.
Dónde: SND Arena.
Entrada: Desde G. 300.000 hasta G. 900.000, en venta en Ticketea.
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Los jueves son de “Jazz Jam Session” junto al baterista Víctor Morel
El espacio cultural El Granel (Juan de Salazar 372 casi Artigas, Asunción) se convertirá en el punto de encuentro semanal para los amantes del jazz en Asunción con el inicio del ciclo “Jazz Jam Session”, liderado por el destacado baterista Víctor Morel. El ciclo se presentará todos los jueves de setiembre, desde las 21:00 horas, con entradas a 20.000 guaraníes.
La iniciativa busca ofrecer una experiencia musical basada en la improvisación y el intercambio espontáneo entre artistas. La dinámica de cada jornada estará dividida en dos bloques: un primer set a cargo del trío compuesto por Víctor Morel (batería), Jair Galeano (bajo) y Víctor Scura (piano), seguido de una jam session abierta a la participación de los músicos presentes en la sala.
“La jam session es un espacio fundamental de encuentro entre la audiencia y los intérpretes. Para los músicos representa una oportunidad de conectarse y experimentar dentro de la tradición del jazz, mientras que el público puede presenciar eventos que serán únicos en cada fecha”, destacó Morel sobre el proyecto.
Hijo del legendario baterista paraguayo Toti Morel, Víctor Sebastián Morel es un referente contemporáneo de la escena del jazz y la música instrumental, con emblemáticas agrupaciones locales como Joaju Cuarteto y Ensamble Palito Miranda, así como los proyectos musicales Víctor Morel y los Amibops, Guerrilla Soul Experimento y del Ensamble Fusión de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN). Además de su faceta como intérprete, se destaca por su labor en la autogestión y dinamización de la agenda cultural a través de Síncopa Producciones.
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La guitarrista brasileña Gabriele Leite ofrece un recital sinfónico gratuito
Por primera vez en Paraguay, la guitarrista brasileña Gabriele Leite ofrecerá un recital gratuito junto a la Orquesta Sinfónica Nacional, este jueves 10 de setiembre, a partir de las 20:00, en el Teatro Municipal de Asunción “Ignacio A. Pane” (Presidente Franco entre Chile y Alberdi). Tras actuar en la primera noche del festival Jazz Sudaca, en el Teatro Tom Jobim, la virtuosa artista será parte del séptimo concierto de Temporada Internacional 2026 de la OSN, bajo la dirección del maestro Heinz Fast.
El programa abrirá con “Ka’aguy ryakuã”, del compositor paraguayo Remberto Giménez; seguirá con el célebre “Concierto para guitarra y pequeña orquesta” (W501) de Heitor Villa-Lobos, una de las cumbres del repertorio guitarrístico, que tendrá a Gabriele como solista; y culminará con la Sinfonía n.º 6 en Fa mayor “Pastoral”, Op. 68, de Ludwig van Beethoven. Será la ocasión de escuchar su lado más sinfónico y virtuoso, en un encuentro que celebra el diálogo entre la tradición erudita y el talento de una nueva generación de intérpretes.
Nacida en el interior del estado de São Paulo, hija de una costurera y un mecánico, Gabriele Leite comenzó a estudiar guitarra a los seis años a través de programas sociales como el Proyecto Guri. Esa trayectoria singular la llevó, en 2021, a convertirse en la primera guitarrista clásica en integrar la prestigiosa lista Forbes Under 30.
En 2025, a ser elegida por la revista Rolling Stone Brasil como uno de los 25 nombres que representan el futuro de la música. En 2026 conquistó el Premio da Música Brasileira con su álbum Gunûncho, consolidándose como una de las voces más originales del panorama musical brasileño actual.
Maestra en performance musical con honores por la Manhattan School of Music y actualmente doctoranda en la Stony Brook University de Nueva York —ciudad donde reside—, Gabriele ha construido una carrera internacional que dialoga con universos muy distintos. Ha compartido escenario y abierto conciertos de figuras como el legendario Hermeto Pascoal, en Ámsterdam, y el contrabajista de jazz Dave Holland, en Portugal; se presentó en el Classical:NEXT de Berlín y en festivales de Europa, los Estados Unidos y América Latina.
Formada en la tradición de la guitarra erudita, Gabriele Leite se distingue justamente por no dejarse encasillar: “Soy una artista que piensa en las colaboraciones y no me limito a lo que me trajo hasta aquí, que es mi historia con la guitarra erudita”. Esa libertad es, precisamente, lo que hará de su paso por Asunción una experiencia irrepetible: dos rostros de una misma artista.
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Venecia 2026: crítica de “Diane in the Loop”, incómoda y sorprendente
- Por David Sánchez, desde Venecia (Italia), X: @tegustamuchoelc (*).
Hay películas que parecen pequeñas hasta que uno empieza a tirar de los hilos y descubre que debajo de una historia aparentemente sencilla hay una cantidad de temas considerable. “Diane in the Loop”, de Ann Sirot y Raphaël Balboni, pertenece a esa categoría. Una película incómoda, divertida, extraña y, sobre todo, sorprendentemente inteligente, que utiliza el humor y el absurdo para hablar de feminismo, trauma, maternidad, deseo, memoria y de una generación que parece haberse especializado en encontrar motivos para sentirse ofendida.
Entre recordar y olvidar
Diane desprecia a los hombres tanto como los desea. Su madre fue violada tres años antes de que ella naciera y, cuando Diane descubre esta circunstancia, convierte su vida en una especie de misión vengadora. Su madre, sin embargo, tiene otras preocupaciones: quiere recuperar el tiempo perdido y convertirse, por fin, en la mujer que siempre quiso ser. Entre una hija obsesionada con recordar y una madre que necesita olvidar, la película construye una relación familiar llena de contradicciones. Y ahí está precisamente una de sus mayores virtudes: nunca parece tener una única lectura.
Las muchas capas de Diane
Uno de los grandes aciertos de la película es la construcción de su protagonista. Diane parece tener, en principio, una personalidad perfectamente definida: sabemos qué piensa, qué detesta, qué le indigna y cuál es su posición frente a los hombres. Pero cuanto más avanza la película, más evidente resulta que debajo de esa aparente seguridad hay muchas capas.
No es la misma Diane cuando está frente a su madre que cuando se relaciona con su padre, ni cuando habla de los hombres, ni cuando se enfrenta a sus propios deseos. Hay una Diane hija, una Diane mujer, una Diane marcada por la historia de su madre y otra que intenta construir su propia identidad a partir de ella. Y todas conviven en el mismo personaje, a veces de manera armónica y otras en abierta contradicción.
Lo interesante es que los directores no necesitan explicarlo constantemente. Lo hacen aparecer en las situaciones, en las conversaciones, en los silencios y, sobre todo, en la evolución del personaje. Diane comienza aferrada a unas certezas que parecen inamovibles y termina descubriendo que quizá no todo pueda organizarse según el esquema de buenos y malos con el que había construido su visión del mundo.
Cuando las palabras cambian de sentido
Hay momentos particularmente brillantes en los que los diálogos adquieren un significado completamente distinto dependiendo de cómo se presenten. Por ejemplo, ese encuentro con el ciclista que tiene problemas con la bicicleta o las conversaciones mientras toman algo que ni siquiera parece realmente una copa, sino más bien un zumo. De repente, un gesto cotidiano se vuelve extraño. Lo que escuchamos parece tener un sentido y, cuando las imágenes aportan el contexto, descubrimos otro. Es como si los directores estuvieran jugando constantemente con nuestra percepción.
Ese mecanismo resulta especialmente interesante porque obliga al espectador a pensar. Los comentarios, sacados de contexto, pueden parecer ofensivos, absurdos o incluso terribles; colocados después junto a las imágenes, adquieren otra dimensión. La película juega con esa distancia entre lo que se dice y lo que realmente está ocurriendo, y lo hace con una ligereza que evita que todo se convierta en una tesis doctoral sobre la sociedad contemporánea.
El foco también cuenta
También hay una utilización del lenguaje cinematográfico especialmente elegante. En la escena de la playa, cuando el chico y la chica están hablando, el juego de enfoque y desenfoque resulta casi hipnótico: cuando habla él, el plano dirige nuestra atención hacia él; cuando habla ella, cambia el foco y pasa a ser ella quien domina visualmente la escena. Es un recurso sencillo, pero muy inteligente, porque convierte una conversación aparentemente normal en una pequeña coreografía visual.
La generación de cristal entra en escena
Y entonces aparece uno de los aspectos más divertidos —y también más incómodos— de la película: su retrato de determinadas sensibilidades contemporáneas.
“Diane in the Loop” parece disfrutar provocando a esa parte de la sociedad que analiza cada comentario, cada palabra y cada gesto como si estuviera ante un tribunal permanente. Las protagonistas pueden convertir prácticamente cualquier situación en un motivo de indignación. Y la película se permite una ironía bastante evidente sobre ese progresismo llevado al extremo, sobre esa necesidad de encontrar siempre algo que señalar, corregir o denunciar.
La gracia está en que los directores no parecen interesados en decirnos simplemente quién tiene razón. Más bien colocan a sus personajes en situaciones incómodas y dejan que sean ellos mismos quienes se contradigan. Es una generación con mandíbula de cristal y, paradójicamente, puño de hierro: extremadamente sensible cuando recibe una ofensa, pero perfectamente capaz de ser brutal cuando considera que la razón está de su lado. La película encuentra ahí un filón cómico considerable.
El trauma de una generación a otra
Pero sería quedarse en la superficie reducir “Diane in the Loop” a una sátira sobre feminismo o sobre la llamada “generación de cristal”. Lo realmente interesante es cómo conecta esa actitud de la hija con la experiencia de la madre. Cuando Diane se queja por cuestiones que su madre considera pequeñas, aparece ese contraste demoledor entre dos generaciones de mujeres. La madre parece pensar: “Lo que yo viví sí fue grave”. Y ahí la película introduce una pregunta mucho más interesante: ¿qué ocurre cuando una generación hereda un trauma, pero vive en un mundo completamente diferente al de quien lo sufrió originalmente?
Nunca es demasiado tarde
La madre, además, no quiere quedarse atrapada en el pasado. Que vuelva a estudiar es un detalle precioso porque introduce una idea muy sencilla y muy poderosa: nunca es demasiado tarde para recuperar la propia vida. Después de todo lo ocurrido, todavía existe la posibilidad de empezar de nuevo. Frente a la obsesión de Diane por lo que sucedió, su madre mira hacia lo que todavía puede suceder.
Caen las caretas
Y es precisamente en la evolución de Diane donde la película adquiere una dimensión todavía más interesante. Porque su transformación no consiste simplemente en cambiar de opinión: consiste en descubrir que sus propias certezas también pueden ser una prisión.
La gran contradicción que plantea la parte final es especialmente estimulante. Algo que, en principio, debería caernos mal termina cayéndonos bien. Un personaje, una situación o una relación que habíamos aprendido a mirar desde un determinado prejuicio empieza a adquirir otra dimensión. Y entonces la película hace algo que parece sencillo, pero que no lo es: nos obliga a revisar nuestro propio juicio.
Aquí empiezan a caer los mitos, las caretas y, sobre todo, los prejuicios. Lo que parecía blanco o negro adquiere una gama de grises mucho más humana. Y Diane, que durante buena parte del metraje parece querer imponer al mundo una determinada manera de entender las cosas, acaba aprendiendo algo bastante más difícil: que buscar el bienestar y la felicidad personal también puede significar apartar determinadas ideas preconcebidas.
No se trata de traicionar sus convicciones, sino de aceptar que la vida es mucho más contradictoria que cualquier discurso. Que podemos desear aquello que creíamos que no debíamos desear. Que podemos sentir simpatía por quien pensábamos que debíamos rechazar. Y que quizá madurar consiste precisamente en aprender a convivir con esas contradicciones.
Humor para hablar de cosas serias
Y entre todo esto, el humor está siempre presente. Incluso cuando la película se acerca a asuntos dolorosos, nunca pierde esa capacidad para introducir una situación absurda, una conversación incómoda o una pequeña ironía que rompe la solemnidad. Los directores parecen tener muy claro que hablar de temas importantes no obliga necesariamente a ponerse trascendentales.
Poesía en imágenes
Visualmente, además, vuelven a demostrar una sensibilidad extraordinaria. Hay imágenes que parecen salidas directamente de un sueño, como ese momento en que las dos mujeres están en la cama mientras caen plumas desde el cielo. Es poesía cinematográfica, pero sin necesidad de subrayarla. La imagen es bella, extraña y ligeramente absurda, exactamente como buena parte de la película.
Una película que podría con todo
Lo más sorprendente es precisamente el equilibrio. Hay muchísimos temas: maternidad, deseo, violencia, memoria, feminismo, generaciones, identidad, trauma, humor, segundas oportunidades… En manos de otros directores, semejante cantidad de ingredientes podría convertirse fácilmente en un batiburrillo. Aquí, en cambio, todo está razonablemente bien entrelazado. La película sabe cuándo profundizar y cuándo quitar hierro a lo que está contando.
Dos directores a seguir
Ann Sirot y Raphaël Balboni ya habían demostrado su talento con “Le Syndrome des amours passées”, otra película maravillosa que pasó por Cannes. Con “Diane in the Loop” confirman que aquello no era casualidad.
Y también vuelve a poner en valor algo que el cine belga francófono lleva años haciendo especialmente bien: encontrar pequeñas historias, aparentemente modestas, y convertirlas en auténticas pepitas de oro. Películas que quizá no llegan con el ruido de las grandes producciones, pero que consiguen algo mucho más difícil: sorprenderte, incomodarte y hacerte pensar mientras te estás riendo.
Una pepita de oro en Venecia
Presentada en la sección Orizzonti de Venecia, “Diane in the Loop” podría haber encajado perfectamente en la competición oficial. Porque tiene personalidad, ideas, humor y una mirada cinematográfica propia. Es una película maravillosa, de esas que recuerdan por qué los festivales siguen teniendo sentido: para descubrir pequeñas obras capaces de dejarte sentado en la butaca preguntándote qué demonios acabas de ver… y, sobre todo, por qué no puedes dejar de pensar en ello.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
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Primavera Teatral: “Heroicos” sube en el Teatro Municipal con funciones gratuitas
En el marco del Ciclo Primavera Teatral 2026, la reconocida Compañía Teatral Roque Sánchez–Graciela Pastor subirá a las tablas del Teatro Municipal de Asunción “Ignacio A. Pane” (Presidente Franco entre Chile y Alberdi) con la obra “Heroicos” (215 años de una patriótica historia). Las funciones se llevarán a cabo con acceso gratuito los martes 15 y 22 de septiembre en doble turno.
Escrita y dirigida por Alberto Sánchez Pastor, la puesta propone un recorrido por hitos fundamentales de la historia nacional, al tiempo de rendir tributo a creadores y referentes que marcaron el acervo cultural del país. Entre los homenajeados figuran ilustres exponentes como Manuel Ortiz Guerrero, Julio Correa, Agustín Pío Barrios, José Asunción Flores, Herminio Giménez, Félix Fernández, Emiliano R. Fernández y Luis Alberto del Paraná, entre otros.
El espectáculo se ofrecerá con acceso totalmente gratuito en dos fechas programadas para el martes 15 de septiembre, con funciones a las 9:00 y a las 14:00, y el martes 22 de septiembre: a las 9:00 y a las 14:00. La actividad cuenta con la presentación de la Fundación Itaú Paraguay y la Sociedad Filarmónica de Asunción (SFA), junto con el apoyo de Flow Personal y el Ministerio de Educación y Ciencias (MEC).