El domingo 31 se inauguró la exposición de cerámica El vientre de fuego, compuesta por obras recientes de Julia Isídrez y Jorge Enciso, y que podrá visitarse los jueves, viernes, sábados y domingos en Areguá.
“Resulta esencial y rotunda la forma primaria del círculo contenedor, acabada con una decoración esgrafiada. Quizás como una reinterpretación de las vasijas contenedoras, las esculturas del artista hoy devienen vientres, receptáculos cerrados o abiertos al exterior”, menciona el crítico de arte Fernando Moure sobre la obra de Jorge Enciso.
Y agrega: “La sensación rítmica que se desprende de sus volúmenes, a pesar de su fijeza, es notable, pues las líneas rellenan y completan la superficie logrando una ilusión cinética. Las incisiones realizadas sobre la pasta blanda en positivo son también una seña de identidad de esta obra, así como el acoplamiento de relieves modelados, que además de aves o vegetales pueden incluir motivos antropomorfos en situaciones, diríamos, contemporáneas”.
Por otro lado, se refiere a la abundancia de la obra de Julia Isídrez: “Es un estilo completamente asentado y fluido, las obras de esta artista son herederas de un pasado pre-moderno, amestizadas con los usos coloniales originados en Paraguay”.
“... las esculturas de Julia Isídrez tienden a un imaginario muy expresivo y a la vez, totalmente personal. El movimiento orgánico y ondulado crea un ritmo aireado y un juego de luces y sombras que recorre toda la pieza haciendo olvidar el peso de la tierra. Su hacer está liberado de funciones utilitarias. Ella es una auténtica artista contemporánea expresándose desde el corazón de la tierra roja y del bosque, envuelta en el humo con aroma a mango”, añade.
La exposición de cerámica El viente de fuego estará disponible los jueves y viernes de 09:00 a 17:00, y sábados y domingos de 10:30 a 18:30 en el Centro Cultural del Lago (Fulgencio Yegros 855 casi Mcal. López, Areguá).
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El Centro Cultural del Lago exhibe accesorios artesanales
Bajo el nombre “El cuerpo habitado”, varias artistas enseñan sus creaciones de ornamentos diversos como collares, anillos y aros de cerámica y vidrio.
En la mañana de este domingo 24 quedará habilitada una nueva exposición en el Centro Cultural del Lago de Areguá. En esta ocasión, el recinto propone apreciar las creaciones de accesorios diversos de un grupo de artistas que se dedican al diseño y la confección de ornamentos como collares, anillos y aros de cerámica, vidrio y otros materiales. Se trata de piezas realizadas por Alejandra Corvalán, Fátima Acosta, Laura Giucich, Leila Buffa, María Paz González, Noelia Buttice y Satina Chamorro.
La muestra se denomina “El cuerpo habitado” y será inaugurada mañana, a las 11:00, a iniciativas de la directora del CCDL, la artista visual y promotora cultural Ysanne Gayet, quien menciona que esta propuesta se enmarca dentro del Mes de la Ceramista, “una fecha muy importante dentro del calendario de la Ciudad Creativa de Areguá, ciudad de la cerámica, donde alrededor de 400 familias se dedican a la alfarería”.
ANCESTRAL
El texto curatorial de la exposición señala que “la necesidad de adornar el cuerpo es ancestral, multicultural, tanto entre hombres como entre mujeres. Cada cultura tiene su estética y las estéticas definen sensibilidades, formas de ser y percibir el mundo”. Refiere que “adornar nuestros cuerpos podría ser una forma de adorar nuestro ser, de darle protección, de estimular las miradas con el otro o la otra, ya que, así como se comunica con la palabra, nos comunicamos con la mirada, con los sonidos, con la postura, con el silencio”.
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El Centro Cultural del Lago invita a la exposición “El cuerpo habitado”
En el “Mes de la Ceramista”, fecha muy importante dentro del calendario de la Ciudad Creativa de Areguá, ciudad de la cerámica, donde alrededor de 400 familias se dedican a la alfarería, el CCDL presenta “El cuerpo habitado”, exposición de collares, anillos y aros de cerámica y vidrio, el domingo 24 de mayo, a las 11:00. Participan: Alejandra Corvalán, Fátima Acosta, Laura Giucich, Leila Buffa, María Paz González, Noelia Buttice, Satina Chamorro.
La necesidad de adornar el cuerpo es ancestral, multicultural, tanto entre hombres como entre mujeres. Cada cultura tiene su estética y las estéticas definen sensibilidades, formas de ser y percibir el mundo. Adornar nuestros cuerpos podría ser una forma de adorar nuestro ser, de darle protección, de estimular las miradas con el otro o la otra, ya que, así como se comunica con la palabra, nos comunicamos con la mirada, con los sonidos, con la postura, con el silencio.
Hacer pequeños objetos, con nuestras propias manos, inspirados en la naturaleza, en nuestros amores oscuros -oscuros porque provienen de las profundidades de nuestra alma- de conexiones tan racionales como irracionales.
Luego, transformarlos con el fuego en un acto alquímico que transmuta la intención de que sean más que ornamentos; que sean amuletos, talismanes, joyas, pensados para ofrendar al cuerpo, al nuestro o al del otro o al de la otra que sienta esa conexión al ponerse en contacto con el objeto y lo invite a habitarlo. Ofrendas que nos permiten disfrutar del rito de crear pequeños tesoros, tesoros que embellezcan nuestros cuerpos y, así, el mundo.
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Arte paraguayo en São Paulo: Jorge Enciso expone “Vigilia”
La exposición individual “Vigilia” del artista paraguayo Jorge Enciso (1972, Asunción) podrá visitarse en la prestigiosa Galería Leme de São Paulo (Brasil) hasta el 18 de diciembre. Esta presencia internacional con la curaduría de Tiago Sant’ana, artista visual y doctor en Cultura y Sociedad, significa una validación institucional y un enfoque profundo en su singular propuesta artística.
La llegada de Enciso al Brasil se produce inmediatamente después de su participación en la Ceramic Art Fair de París, presentado por la galería Tekoharte, en la emblemática Maison de l’Amérique Latine en París, donde su obra fue destacada por su capacidad de fusionar la herencia latinoamericana con una sensibilidad moderna y abstracta.
El título de la exposición, “Vigilia”, es una declaración de intenciones. Como adelanta el texto curatorial, el término es polisémico y profundo: alude al acto de velar, de permanecer despierto y atento, pero también a una organización colectiva en torno a la reflexión o la protesta. “La propuesta de Enciso, por tanto, trasciende la exhibición de objetos cerámicos; se erige como una toma de postura filosófica y política materializada en el barro, una invitación a mantenernos vigilantes ante los procesos de borrado cultural y las asimetrías históricas que aún resuenan en nuestro continente”, manifiesta el texto.
La tesis central del curador es contundente: “La vigilia de Enciso apunta para un estado de mantenerse despierto para los ejercicios de la memoria y, sobre todo, para los procesos culturales que promueven asimetrías y apagamientos culturales”. La exposición se posiciona así dentro de un llamado a la resistencia contra el olvido, apunta Sant’ana, quien actualmente es curador adjunto de la 14.ª Bienal del Mercosur.
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Sobre Jorge Enciso
Desde la demandante profesión de abogado, incursiona en 2014 en la cerámica, transitando de formas más representativas hacia una abstracción cada vez más depurada y conceptual. En la búsqueda de una actividad para “moderar su agitado sistema de vida”, encontró en la arcilla un “método de conectar con el interior, tanto del país como del mío”, comentaba el artista.
Su primer contacto formal con el arte fue en la bioescuela El Cántaro, en Areguá. Fue allí donde conoció a la ceramista Julia Isidrez, un encuentro que redireccionó su producción hacia la cerámica. Ella le abrió las puertas de su propio hogar y taller en Itá donde continuó su formación. Un aprendizaje que se extendió a lo largo de años, donde pudo modelar a mano utilizando el método del “colombín”, una milenaria práctica pre-hispánica desde donde parte hacia su técnica insignia: el esgrafiado y las formas abstractas que prevalecen en su obra.
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Galería Leme
Fundada en noviembre de 2004, la Galería Leme es el proyecto de su fundador y propietario, Eduardo Leme, quien decidió transformar su pasión por el arte en una plataforma profesional. En este tiempo, este espacio cultural se ha consolidado por su programa innovador, representando a artistas nacionales e internacionales de diversas generaciones y perspectivas.
Su misión se centra en promover la diversidad en el arte y fomentar un intenso intercambio cultural, siendo a menudo la plataforma para las primeras exposiciones individuales de artistas extranjeros en América Latina. En sus 600 metros cuadrados de espacios expositivos independientes, en un edificio construido enteramente en hormigón armado, el espacio se ha convertido en un ícono, donde la materialidad brutalista dialoga con las obras que alberga.
Es una obra del arquitecto brasileño Paulo Mendes da Rocha, ganador del Premio Pritzker, quien lo diseñó en colaboración con Metro Arquitetos. Además de referente arquitectónico, es una plataforma que valora la multiplicidad de lenguajes artísticos, desde la pintura y la escultura, a la instalación y el videoarte.
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Los cantos de barro y memoria del ceramista Jorge Enciso
Sus obras sorprenden en forma y volumen, en color y textura, porque unen la antigua tradición ceramista indígena con la técnica europea, haciendo del mestizaje su núcleo esencial y expansivo. “El mundo necesita redescubrir la materia que conecta y que recuerda”, dice del barro, al que adjudica propiedades curativas. Expuso en París y, en estos días, muestra en la prestigiosa Galería Leme de São Paulo. Aquí una aproximación a sus motivaciones y búsquedas.
- Por Jorge Zárate
- jorge.zarate@nacionmedia.com
- Fotos: Gentileza
Alumno de Julia Isídrez, cuenta: “En su taller entendí que la cerámica no es solo una técnica, sino es una manera de habitar el mundo”. Honrando esa máxima, el trabajo del ceramista Jorge Enciso (Asunción, 1972) no cesa de crecer en la apreciación de público, críticos especializados, admiradores del arte en general.
“La referencia más importante fue escuchar a mi propio ser, a mi espíritu, entenderme como alguien que proviene de una mezcla de ancestros europeos, indígenas y mestizos, de antecesores con cosmovisiones muy distintas y con aproximaciones a la espiritualidad muy distintas”, relata.
Describe luego: “Si hablamos en términos de investigación, creo que la pregunta más importante sobre la que empecé y aún hoy continúo considerando como el motor de mi trabajo artístico es ¿quién soy? ¿De dónde vengo?”, apunta.
En ese camino, agradece a Isídrez: “Admiro profundamente la fuerza espiritual de Julia, una fuerza que sostiene su trabajo y que la sostiene hasta hoy en su caminar como artista”. También “a Ysanne Gayet, que me invitó a hacer mi primera exposición individual en el año 2018 en el Centro Cultural del Lago en Areguá, y a la galerista Verónica Torres, por mi primera muestra individual en Asunción en 2019. Ambas le dieron mucha visibilidad a mi obra”.
Aquí su diálogo con El Gran Domingo de La Nación:
–¿Qué significa para vos poder hacer esta exposición en la prestigiosa Galería Leme de São Paulo?
–Es un paso muy importante hacer una exposición individual y entrar en diálogo con el arte brasileño y contemporáneo latinoamericano. Es un logro que agradezco a Edu Leme, quien me abrió las puertas de su prestigiosa galería para presentar mis obras. También a nivel simbólico representa mucho para mí. Estoy trabajando en mis obras el tema del mestizaje, la identidad, la resistencia, el territorio desde hace un buen tiempo y quisiera destacar que dentro de ese marco, desde marzo de este año estoy en un grupo de estudio de fragmentos míticos de los mbyá-guaraní recopilados por León Cadogan. Entonces, tiene un significado también de reciprocidad hacia esa ciudad, casi como de ofrenda para que el público brasileño reciba un aspecto –desde la cerámica– de los cantos de barro y memoria a través de mis obras.
–¿Por qué “Vigilia”? ¿A qué remite el título y la muestra en general?
–Vigilia es un estado de espera y atención, pero también a veces es un umbral entre el sueño y la conciencia, algo que está difuso. Podría decirte que en la exposición las piezas son cuerpos en estado de vigilia espiritual, un intento de conservar nuestra memoria ancestral a través de la materia misma que es la cerámica y de los temas que inspiran las esculturas. En otro sentido, asociando el término a mi propio quehacer, el curador de la muestra, Tiago Sant’Ana, que también es artista visual y doctor en Cultura y Sociedad, dice en el texto que acompaña la muestra: “La vigilia de Enciso apunta a un estado de mantenerse despierto ante los ejercicios de la memoria y, sobre todo, ante los procesos culturales que generan asimetrías y borrados culturales”.
–Venís de exponer en París, en la Ceramic Art Fair. ¿Qué sensaciones te dejó esa estadía?
–La muestra de París fue una revelación, porque al tratarse de un espacio donde exponían otros ceramistas de todo el mundo y de todas las técnicas posibles, en los momentos previos tenía una gran incertidumbre sobre la recepción de mi propuesta. Si bien mis obras ya se habían expuesto en París anteriormente de la mano de Tekoharte Patricia Foissac y Marie Pauline de Longueville, esta ha sido la primera vez que se exhibieron en el mismo espacio físico que otras obras cerámicas de otros artistas de todo el mundo, la mayoría con acabados esmaltados, siendo casi inevitable que el público haga comparaciones y sus propias elecciones.
–¿Cómo fue la recepción del público?
–Para mi sorpresa, la recepción fue muy buena y además había mucho interés en mis relatos y en las historias detrás de cada pieza. Puedo decir, a partir de esta feria, que el lenguaje de la cerámica es universal. Las piezas que he presentado allí, si bien están cargadas de mi paisaje interior y de la tierra paraguaya, dialogaban naturalmente con públicos de otras culturas y cerámicas de los más diversos orígenes. La experiencia me reafirmó en la convicción de que el arte cerámico latinoamericano está vivo y presente y que posee una potencia simbólica que el mundo necesita redescubrir: la de la materia que conecta y que recuerda.
– Sos abogado de profesión. ¿Cómo llegaste a la cerámica?
–Llegué a la cerámica en un punto de inflexión, de crisis personal. Estaba necesitando reconducirme y expresar lo que no podía en ese momento, tal vez inconscientemente también estaba buscando el silencio. En esa búsqueda de expresarme, me inicié en la cerámica artesanal en un taller en la Escuela El Cántaro de la ciudad de Areguá, donde conocí a la gran artista Julia Isídrez, que impartía el taller y desde ese momento –hace ya 11 años– no dejé de hacer cerámica.
–¿Cómo viviste ese aprendizaje?
–El aprendizaje con Julia fue mágico, fue como entrar en otra dimensión, literalmente, porque significaba dejar Asunción y llegar los fines de semana a la compañía Ca’aguazumi de Itá y entrar en otro ritmo, más lento, en los primeros tiempos muy silencioso y delicado por los procesos personales que ambos estábamos atravesando. Creo que nos hicimos compañía en nuestros misterios y soledades.
–¿Cuáles son las cosas que más destacarías?
–Con Julia aprendí no solo la técnica del barro, sino también desarrollé intensamente el proceso de crear, ya que en su taller –como ella misma lo decía un poco en broma y un poco en serio– estaba prohibido imitar las piezas que ella hacía, hecho que forzosamente me obligó a iniciar una búsqueda de mi propio lenguaje, mi propia voz en la cerámica. Esta técnica fue transmitida desde las mujeres guaraníes a sus hijas, que resistió hasta el presente, con algunas intervenciones coloniales en la técnica y en las formas. Entonces, al trabajar en esa comunidad de ceramistas aprendí mucho, sobre todo lo que subyace a esa cultura del ñai’u (barro negro). Fue una especie de residencia artística intermitente que se extendió a lo largo de 4 años y medio.
–Hacés mención al origen indígena de nuestro arte cerámico y también al mestizaje con la técnica española. ¿Cómo describirías esa evolución y en qué momento entendés que está la cerámica paraguaya y latinoamericana en torno a estos antecedentes?
–La cerámica paraguaya es hija del mestizaje. Como dije anteriormente, viene del gesto ancestral de las mujeres guaraníes que modelaban el barro y del choque con las técnicas europeas que trajeron el torno, el esmalte, las nuevas formas. Esa tensión –entre lo ancestral y lo colonial– sigue viva en nuestras manos. En mi obra intento visibilizar ese proceso, no recurro al esmalte, sino permanezco en los engobes, y me interesa mostrar a la cerámica como una especie de archivo, agregando conceptos nuevos, pero ya a nivel de preguntas y exploraciones. Creo que hoy la cerámica paraguaya y latinoamericana está en un momento de redescubrimiento: vuelve a mirar sus raíces con mayor conciencia de su importancia como expresión identitaria de nuestros pueblos latinoamericanos.
–Se suele comentar los efectos terapéuticos de la cerámica. ¿Cuál es tu relación con ese aspecto de tu arte?
–Para mí el barro cura. No porque sane un síntoma precisamente, sino porque restablece un vínculo: el del cuerpo con la tierra. En el taller, el tiempo se suspende; el gesto repetido del modelado y del esgrafiado se vuelve meditación. Hay algo que sucede que va más allá de lo comprensible, creo que se trabaja a nivel consciente e inconsciente… y me arriesgaría a decir que sucede también algo a nivel espiritual.
Considero que sanar es restablecer un equilibrio. Desde ese punto de vista, el solo contacto con la arcilla, con la tierra ya nos devuelve la dimensión de lo humano, nos enseña a esperar, a tener paciencia y a ser humildes, porque el propio material –por su simplicidad– lo es.
Una búsqueda en las formas
La crítica cuenta que en un principio Jorge Enciso abordó obras más zoomorfas para luego iniciar una etapa actual más abstracta. “También hacía representaciones de escenas de lo cotidiano, porque mi formación partía de ese mundo de figuras, llamado cerámica popular, donde esta temática era común. A lo largo de ese proceso fui conectándome cada vez más conmigo mismo, con la arcilla, con el fuego transformador, con las emociones y vibraciones del entorno, y poco a poco fueron apareciendo obras más abstractas”, comenta.
“Esto generó por supuesto una enorme curiosidad y empecé a investigar sobre mi propio proceso y sobre conceptos del arte abstracto. Como referentes del arte ilustrado occidental recuerdo que leí sobre los primeros artistas que trabajaron lo abstracto, Vasili Kandinsky; Piet Mondrian y Kazimir Malevich, pero también me topé con un nombre: Hilma af Klint, a quien la historia del arte había tratado con ingratitud, ya que había hecho obras abstractas mucho antes que los hombres que cité, sin que se le otorgara el lugar relevante que merece y me emocionó que ella vinculara su trabajo a una gran espiritualidad”.
A partir de allí entendió encontrar “una señal muy importante para mí, en el sentido de prestar atención a aquello que estaba negado, silenciado. En ese momento, me llevó a reflexionar en el concepto de negación, primero en lo que estaba negado en mí mismo y luego la negación en mi entorno. Comprendí que el camino no era profundizar sobre lo que era evidente, lo ya escrito, sino prestar atención a lo que no se veía, no se leía, no se escuchaba”, apuntó.
Fue uniendo ese descubrimiento a la tradición que la aportaban “ya a nivel formal-técnico-estético las referencias locales de Julia Isídrez y Juana Marta Rodas (+), y de Josefina Plá (+), de origen español, que vivió prácticamente toda su vida en Paraguay, quien hizo unos trabajos muy interesantes con el esgrafiado, que es la técnica de acabado que utilizo”.