El domingo 31 se inauguró la exposición de cerámica El vientre de fuego, compuesta por obras recientes de Julia Isídrez y Jorge Enciso, y que podrá visitarse los jueves, viernes, sábados y domingos en Areguá.
“Resulta esencial y rotunda la forma primaria del círculo contenedor, acabada con una decoración esgrafiada. Quizás como una reinterpretación de las vasijas contenedoras, las esculturas del artista hoy devienen vientres, receptáculos cerrados o abiertos al exterior”, menciona el crítico de arte Fernando Moure sobre la obra de Jorge Enciso.
Y agrega: “La sensación rítmica que se desprende de sus volúmenes, a pesar de su fijeza, es notable, pues las líneas rellenan y completan la superficie logrando una ilusión cinética. Las incisiones realizadas sobre la pasta blanda en positivo son también una seña de identidad de esta obra, así como el acoplamiento de relieves modelados, que además de aves o vegetales pueden incluir motivos antropomorfos en situaciones, diríamos, contemporáneas”.
Por otro lado, se refiere a la abundancia de la obra de Julia Isídrez: “Es un estilo completamente asentado y fluido, las obras de esta artista son herederas de un pasado pre-moderno, amestizadas con los usos coloniales originados en Paraguay”.
“... las esculturas de Julia Isídrez tienden a un imaginario muy expresivo y a la vez, totalmente personal. El movimiento orgánico y ondulado crea un ritmo aireado y un juego de luces y sombras que recorre toda la pieza haciendo olvidar el peso de la tierra. Su hacer está liberado de funciones utilitarias. Ella es una auténtica artista contemporánea expresándose desde el corazón de la tierra roja y del bosque, envuelta en el humo con aroma a mango”, añade.
La exposición de cerámica El viente de fuego estará disponible los jueves y viernes de 09:00 a 17:00, y sábados y domingos de 10:30 a 18:30 en el Centro Cultural del Lago (Fulgencio Yegros 855 casi Mcal. López, Areguá).
Dejanos tu comentario
Arte paraguayo en São Paulo: Jorge Enciso expone “Vigilia”
La exposición individual “Vigilia” del artista paraguayo Jorge Enciso (1972, Asunción) podrá visitarse en la prestigiosa Galería Leme de São Paulo (Brasil) hasta el 18 de diciembre. Esta presencia internacional con la curaduría de Tiago Sant’ana, artista visual y doctor en Cultura y Sociedad, significa una validación institucional y un enfoque profundo en su singular propuesta artística.
La llegada de Enciso al Brasil se produce inmediatamente después de su participación en la Ceramic Art Fair de París, presentado por la galería Tekoharte, en la emblemática Maison de l’Amérique Latine en París, donde su obra fue destacada por su capacidad de fusionar la herencia latinoamericana con una sensibilidad moderna y abstracta.
El título de la exposición, “Vigilia”, es una declaración de intenciones. Como adelanta el texto curatorial, el término es polisémico y profundo: alude al acto de velar, de permanecer despierto y atento, pero también a una organización colectiva en torno a la reflexión o la protesta. “La propuesta de Enciso, por tanto, trasciende la exhibición de objetos cerámicos; se erige como una toma de postura filosófica y política materializada en el barro, una invitación a mantenernos vigilantes ante los procesos de borrado cultural y las asimetrías históricas que aún resuenan en nuestro continente”, manifiesta el texto.
La tesis central del curador es contundente: “La vigilia de Enciso apunta para un estado de mantenerse despierto para los ejercicios de la memoria y, sobre todo, para los procesos culturales que promueven asimetrías y apagamientos culturales”. La exposición se posiciona así dentro de un llamado a la resistencia contra el olvido, apunta Sant’ana, quien actualmente es curador adjunto de la 14.ª Bienal del Mercosur.
Lea más: Certificaron a las seis canciones paraguayas más exitosas del 2025
Sobre Jorge Enciso
Desde la demandante profesión de abogado, incursiona en 2014 en la cerámica, transitando de formas más representativas hacia una abstracción cada vez más depurada y conceptual. En la búsqueda de una actividad para “moderar su agitado sistema de vida”, encontró en la arcilla un “método de conectar con el interior, tanto del país como del mío”, comentaba el artista.
Su primer contacto formal con el arte fue en la bioescuela El Cántaro, en Areguá. Fue allí donde conoció a la ceramista Julia Isidrez, un encuentro que redireccionó su producción hacia la cerámica. Ella le abrió las puertas de su propio hogar y taller en Itá donde continuó su formación. Un aprendizaje que se extendió a lo largo de años, donde pudo modelar a mano utilizando el método del “colombín”, una milenaria práctica pre-hispánica desde donde parte hacia su técnica insignia: el esgrafiado y las formas abstractas que prevalecen en su obra.
Lea también: Maneco Galeano une a Ricardo Flecha & Joaju cuarteto en un tributo
Galería Leme
Fundada en noviembre de 2004, la Galería Leme es el proyecto de su fundador y propietario, Eduardo Leme, quien decidió transformar su pasión por el arte en una plataforma profesional. En este tiempo, este espacio cultural se ha consolidado por su programa innovador, representando a artistas nacionales e internacionales de diversas generaciones y perspectivas.
Su misión se centra en promover la diversidad en el arte y fomentar un intenso intercambio cultural, siendo a menudo la plataforma para las primeras exposiciones individuales de artistas extranjeros en América Latina. En sus 600 metros cuadrados de espacios expositivos independientes, en un edificio construido enteramente en hormigón armado, el espacio se ha convertido en un ícono, donde la materialidad brutalista dialoga con las obras que alberga.
Es una obra del arquitecto brasileño Paulo Mendes da Rocha, ganador del Premio Pritzker, quien lo diseñó en colaboración con Metro Arquitetos. Además de referente arquitectónico, es una plataforma que valora la multiplicidad de lenguajes artísticos, desde la pintura y la escultura, a la instalación y el videoarte.
Dejanos tu comentario
Los cantos de barro y memoria del ceramista Jorge Enciso
Sus obras sorprenden en forma y volumen, en color y textura, porque unen la antigua tradición ceramista indígena con la técnica europea, haciendo del mestizaje su núcleo esencial y expansivo. “El mundo necesita redescubrir la materia que conecta y que recuerda”, dice del barro, al que adjudica propiedades curativas. Expuso en París y, en estos días, muestra en la prestigiosa Galería Leme de São Paulo. Aquí una aproximación a sus motivaciones y búsquedas.
- Por Jorge Zárate
- jorge.zarate@nacionmedia.com
- Fotos: Gentileza
Alumno de Julia Isídrez, cuenta: “En su taller entendí que la cerámica no es solo una técnica, sino es una manera de habitar el mundo”. Honrando esa máxima, el trabajo del ceramista Jorge Enciso (Asunción, 1972) no cesa de crecer en la apreciación de público, críticos especializados, admiradores del arte en general.
“La referencia más importante fue escuchar a mi propio ser, a mi espíritu, entenderme como alguien que proviene de una mezcla de ancestros europeos, indígenas y mestizos, de antecesores con cosmovisiones muy distintas y con aproximaciones a la espiritualidad muy distintas”, relata.
Describe luego: “Si hablamos en términos de investigación, creo que la pregunta más importante sobre la que empecé y aún hoy continúo considerando como el motor de mi trabajo artístico es ¿quién soy? ¿De dónde vengo?”, apunta.
En ese camino, agradece a Isídrez: “Admiro profundamente la fuerza espiritual de Julia, una fuerza que sostiene su trabajo y que la sostiene hasta hoy en su caminar como artista”. También “a Ysanne Gayet, que me invitó a hacer mi primera exposición individual en el año 2018 en el Centro Cultural del Lago en Areguá, y a la galerista Verónica Torres, por mi primera muestra individual en Asunción en 2019. Ambas le dieron mucha visibilidad a mi obra”.
Aquí su diálogo con El Gran Domingo de La Nación:
–¿Qué significa para vos poder hacer esta exposición en la prestigiosa Galería Leme de São Paulo?
–Es un paso muy importante hacer una exposición individual y entrar en diálogo con el arte brasileño y contemporáneo latinoamericano. Es un logro que agradezco a Edu Leme, quien me abrió las puertas de su prestigiosa galería para presentar mis obras. También a nivel simbólico representa mucho para mí. Estoy trabajando en mis obras el tema del mestizaje, la identidad, la resistencia, el territorio desde hace un buen tiempo y quisiera destacar que dentro de ese marco, desde marzo de este año estoy en un grupo de estudio de fragmentos míticos de los mbyá-guaraní recopilados por León Cadogan. Entonces, tiene un significado también de reciprocidad hacia esa ciudad, casi como de ofrenda para que el público brasileño reciba un aspecto –desde la cerámica– de los cantos de barro y memoria a través de mis obras.
–¿Por qué “Vigilia”? ¿A qué remite el título y la muestra en general?
–Vigilia es un estado de espera y atención, pero también a veces es un umbral entre el sueño y la conciencia, algo que está difuso. Podría decirte que en la exposición las piezas son cuerpos en estado de vigilia espiritual, un intento de conservar nuestra memoria ancestral a través de la materia misma que es la cerámica y de los temas que inspiran las esculturas. En otro sentido, asociando el término a mi propio quehacer, el curador de la muestra, Tiago Sant’Ana, que también es artista visual y doctor en Cultura y Sociedad, dice en el texto que acompaña la muestra: “La vigilia de Enciso apunta a un estado de mantenerse despierto ante los ejercicios de la memoria y, sobre todo, ante los procesos culturales que generan asimetrías y borrados culturales”.
–Venís de exponer en París, en la Ceramic Art Fair. ¿Qué sensaciones te dejó esa estadía?
–La muestra de París fue una revelación, porque al tratarse de un espacio donde exponían otros ceramistas de todo el mundo y de todas las técnicas posibles, en los momentos previos tenía una gran incertidumbre sobre la recepción de mi propuesta. Si bien mis obras ya se habían expuesto en París anteriormente de la mano de Tekoharte Patricia Foissac y Marie Pauline de Longueville, esta ha sido la primera vez que se exhibieron en el mismo espacio físico que otras obras cerámicas de otros artistas de todo el mundo, la mayoría con acabados esmaltados, siendo casi inevitable que el público haga comparaciones y sus propias elecciones.
–¿Cómo fue la recepción del público?
–Para mi sorpresa, la recepción fue muy buena y además había mucho interés en mis relatos y en las historias detrás de cada pieza. Puedo decir, a partir de esta feria, que el lenguaje de la cerámica es universal. Las piezas que he presentado allí, si bien están cargadas de mi paisaje interior y de la tierra paraguaya, dialogaban naturalmente con públicos de otras culturas y cerámicas de los más diversos orígenes. La experiencia me reafirmó en la convicción de que el arte cerámico latinoamericano está vivo y presente y que posee una potencia simbólica que el mundo necesita redescubrir: la de la materia que conecta y que recuerda.
– Sos abogado de profesión. ¿Cómo llegaste a la cerámica?
–Llegué a la cerámica en un punto de inflexión, de crisis personal. Estaba necesitando reconducirme y expresar lo que no podía en ese momento, tal vez inconscientemente también estaba buscando el silencio. En esa búsqueda de expresarme, me inicié en la cerámica artesanal en un taller en la Escuela El Cántaro de la ciudad de Areguá, donde conocí a la gran artista Julia Isídrez, que impartía el taller y desde ese momento –hace ya 11 años– no dejé de hacer cerámica.
–¿Cómo viviste ese aprendizaje?
–El aprendizaje con Julia fue mágico, fue como entrar en otra dimensión, literalmente, porque significaba dejar Asunción y llegar los fines de semana a la compañía Ca’aguazumi de Itá y entrar en otro ritmo, más lento, en los primeros tiempos muy silencioso y delicado por los procesos personales que ambos estábamos atravesando. Creo que nos hicimos compañía en nuestros misterios y soledades.
–¿Cuáles son las cosas que más destacarías?
–Con Julia aprendí no solo la técnica del barro, sino también desarrollé intensamente el proceso de crear, ya que en su taller –como ella misma lo decía un poco en broma y un poco en serio– estaba prohibido imitar las piezas que ella hacía, hecho que forzosamente me obligó a iniciar una búsqueda de mi propio lenguaje, mi propia voz en la cerámica. Esta técnica fue transmitida desde las mujeres guaraníes a sus hijas, que resistió hasta el presente, con algunas intervenciones coloniales en la técnica y en las formas. Entonces, al trabajar en esa comunidad de ceramistas aprendí mucho, sobre todo lo que subyace a esa cultura del ñai’u (barro negro). Fue una especie de residencia artística intermitente que se extendió a lo largo de 4 años y medio.
–Hacés mención al origen indígena de nuestro arte cerámico y también al mestizaje con la técnica española. ¿Cómo describirías esa evolución y en qué momento entendés que está la cerámica paraguaya y latinoamericana en torno a estos antecedentes?
–La cerámica paraguaya es hija del mestizaje. Como dije anteriormente, viene del gesto ancestral de las mujeres guaraníes que modelaban el barro y del choque con las técnicas europeas que trajeron el torno, el esmalte, las nuevas formas. Esa tensión –entre lo ancestral y lo colonial– sigue viva en nuestras manos. En mi obra intento visibilizar ese proceso, no recurro al esmalte, sino permanezco en los engobes, y me interesa mostrar a la cerámica como una especie de archivo, agregando conceptos nuevos, pero ya a nivel de preguntas y exploraciones. Creo que hoy la cerámica paraguaya y latinoamericana está en un momento de redescubrimiento: vuelve a mirar sus raíces con mayor conciencia de su importancia como expresión identitaria de nuestros pueblos latinoamericanos.
–Se suele comentar los efectos terapéuticos de la cerámica. ¿Cuál es tu relación con ese aspecto de tu arte?
–Para mí el barro cura. No porque sane un síntoma precisamente, sino porque restablece un vínculo: el del cuerpo con la tierra. En el taller, el tiempo se suspende; el gesto repetido del modelado y del esgrafiado se vuelve meditación. Hay algo que sucede que va más allá de lo comprensible, creo que se trabaja a nivel consciente e inconsciente… y me arriesgaría a decir que sucede también algo a nivel espiritual.
Considero que sanar es restablecer un equilibrio. Desde ese punto de vista, el solo contacto con la arcilla, con la tierra ya nos devuelve la dimensión de lo humano, nos enseña a esperar, a tener paciencia y a ser humildes, porque el propio material –por su simplicidad– lo es.
Una búsqueda en las formas
La crítica cuenta que en un principio Jorge Enciso abordó obras más zoomorfas para luego iniciar una etapa actual más abstracta. “También hacía representaciones de escenas de lo cotidiano, porque mi formación partía de ese mundo de figuras, llamado cerámica popular, donde esta temática era común. A lo largo de ese proceso fui conectándome cada vez más conmigo mismo, con la arcilla, con el fuego transformador, con las emociones y vibraciones del entorno, y poco a poco fueron apareciendo obras más abstractas”, comenta.
“Esto generó por supuesto una enorme curiosidad y empecé a investigar sobre mi propio proceso y sobre conceptos del arte abstracto. Como referentes del arte ilustrado occidental recuerdo que leí sobre los primeros artistas que trabajaron lo abstracto, Vasili Kandinsky; Piet Mondrian y Kazimir Malevich, pero también me topé con un nombre: Hilma af Klint, a quien la historia del arte había tratado con ingratitud, ya que había hecho obras abstractas mucho antes que los hombres que cité, sin que se le otorgara el lugar relevante que merece y me emocionó que ella vinculara su trabajo a una gran espiritualidad”.
A partir de allí entendió encontrar “una señal muy importante para mí, en el sentido de prestar atención a aquello que estaba negado, silenciado. En ese momento, me llevó a reflexionar en el concepto de negación, primero en lo que estaba negado en mí mismo y luego la negación en mi entorno. Comprendí que el camino no era profundizar sobre lo que era evidente, lo ya escrito, sino prestar atención a lo que no se veía, no se leía, no se escuchaba”, apuntó.
Fue uniendo ese descubrimiento a la tradición que la aportaban “ya a nivel formal-técnico-estético las referencias locales de Julia Isídrez y Juana Marta Rodas (+), y de Josefina Plá (+), de origen español, que vivió prácticamente toda su vida en Paraguay, quien hizo unos trabajos muy interesantes con el esgrafiado, que es la técnica de acabado que utilizo”.
Dejanos tu comentario
La Navidad ya se siente en el Centro Cultural del Lago
Desde el día de ayer ya se puede disfrutar de la Feria Navideña 2025 del Centro Cultural del Lago de Areguá cuyas instalaciones ya lucen ornamentadas con los alegres y vívidos matices de las fiestas de fin de año.
Esta tradicional actividad trae en esta edición dos novedades, una de ellas es la exposición “Christmas Trees II” de cuadros de pequeño formato, inspirados en los árboles nativos del Paraguay con sus flores y fauna colorida, pintadas por la artista visual Ysanne Gayet, directora del espacio cultural, durante las vacaciones del CCDL, en enero de 2025.
Otro de los atractivos de este año constituyen los pesebres del acervo del Centro Cultural a los que se suman los nacimientos interpretados por Rosa Brítez (Itá), Virginia Yegros, Ediltrudis y Carolina Noguera (Tobatí), Juan Carlos Giménez y Gustavo Rolón (Areguá), Mari Román (Areguá), Rogelia Romero (Areguá), entre otros, instalados en diversos rincones del recinto, punto referencial de las artes y la cultura de la Ciudad Creativa.
EXPOSICIÓN Y VENTA
Hasta fin de año estarán en exposición y listos para la venta, pesebres y artículos navideños realizados por los artesanos Agustina Rejala, Arsacia Monges, Bienvenida Páez Monges, Carlos Echeverría, Elizabeth Rejala, Francisco Rojas Sánchez, Juan Carlos Giménez y Gustavo Rolón; Gladys y Teresa Vera, Lucy Cáceres, Marta Garcete, Mariela Hermosilla, Ofelia Fisman, Rogelia Romero y Teresa Barrientos, todos ellos de Areguá.
Desde Asunción llegan con sus trabajos: Maneno Juárez, Kyoko Shimizu, María Teresa Recalde, Martín Spinzi y Julio Insfrán. Representando a Itá, Celso Benítez; Ana Carina Aranda de Luque; de Pirayú, Jazmín Jara y Evelina Irala; de Tobatí, Carolina Noguera y María Mercedes Esquivel, y de Capiatá, Esperanza Rodríguez.
Dejanos tu comentario
Muestra pone en valor a Areguá como fuente de inspiración plástica
- Jorge Zárate
- jorge.zarate@nacionmedia.com
- Fotos: Archivo/Gentileza
Artistas de los más diversos pasaron por la ciudad concibiendo obra, eligiendo su especial atmósfera para crear y recrearse. A ese espíritu homenajea el Centro Cultural del Lago con la muestra que abre hoy 20 de setiembre y que tendrá en exposición a 34 plásticos que conectaron con la bella ciudad guardiana del lago Ypacaraí.
“Areguá, un paraíso para los artistas. Una inspiración para pintores, grabadores y dibujantes”, se llama la actividad que pensó Ysanne Gayet: “Quise hacer la muestra porque hay muchas personas que no valoran la ciudad por su belleza natural y exuberantes jardines, sus casonas antiguas, que nos encantaría que se restauraran en algún momento”, cuenta.
Gayet, que dirige el Centro Cultural del Lago, reunió entonces obras de 34 artistas que crearon en ese especial entorno y que así lo ratifican en el catálogo de la muestra que podrá verse desde hoy en su sede de Yegros 855 en Areguá.
“Hay un clima en el entorno natural, el lago de Ypacaraí, los cerros Kõi y Chororĩ, sus arroyitos, sus humedales y sus bosques. Así que esta muestra resalta la importancia de proteger la naturaleza y la historia de Areguá a través de la mirada sensible y poética de sus habitantes artistas que, por muchas razones, son atraídos por esta ciudad”, dice la artista que organiza la muestra que reúne una obra especial creada entre las calles y paisajes de la ciudad en un evento inédito.
UN LLAMADO
Ysanne hace un llamado a convertir a Areguá en una ciudad que tenga respeto por su patrimonio edilicio “como Antigua en Guatemala, que es patrimonio de la humanidad o Colonia, aquí nomás en el Uruguay”.
Entiende que la ciudad debería conservar su escala humana y apostar a la peatonalidad. “Para mí se tiene que organizar mejor la ciudad para que haya más peatonales para que no se tenga miedo a caminar para ver el arte. Areguá es un lugar para caminar, tiene que haber estacionamientos en la entrada de la ciudad y organizar mejor, tener un pequeño transporte, un minibús que traiga a la gente que no puede caminar”, propone.
“Todos queremos que vuelva el tren, que haya un tren de cercanías de aquí a Luque sería lindo. En algún momento tiene que haber una buena planificación, tiene que llegar, queremos que no se destruya la ciudad antes de que llegue ese momento”, se esperanza.
Explica que para los aregüeños se hace difícil la situación económica y eso revierte en ideas que “aceptan como progreso el parecerse a lo que son Luque y San Lorenzo, que las casonas no sirven, se quejan del empedrado y aspiran al supermercado gigante, al asfalto, a la construcción desenfrenada”.
PROTECCIÓN DEL CASCO HISTÓRICO
Ysanne recuerda que existe una ley que protege el casco histórico, “pero igual se hacen construcciones que no deberían estar. Igual creo que se pueden conservar jardines y árboles, y la zona hacia el lago Yparacaí todavía conserva un lindo paisaje”.
En esa idea recuerda que “sería bueno que entre aquí e Ypacaraí no se haga lo que hicieron con el camino Luque, que es todo edificio, departamentos y que no se pueda apreciar la naturaleza, ya no se puede ver el lago a la distancia”, expone.
Para Gayet sería importante una reflexión sobre el rol de la ciudad en el arte nacional y que a partir de allí se pongan en valor las virtudes añejas de Areguá.
Allí la motivación de esta muestra que exhibe la mirada de los artistas reflejada en obra.
Nostalgia y reflexión
En el texto curatorial de la muestra, Ysanne Gayet se explaya en cómo la ciudad impactó en la obra de los artistas residentes y el porqué de la muestra “Areguá, un paraíso para los artistas. Una inspiración para pintores, grabadores y dibujantes”.
Aquí un fragmento: “En tiempos recientes y no tan recientes, grandes artistas de otras ciudades del Paraguay y también de otros países –desde Rusia, República Checa, Hungría, Alemania e Inglaterra, por nombrar algunos– optaron por hacer de Areguá su lugar de trabajo y su hogar. Algunos ya partieron de este mundo, dejando su obra como referencia importante a los que continuamos por los caminos de las artes plásticas. Entre estos, Edith Jiménez, cuya casa en el barrio Santo Domingo fue habitada durante muchos años por el alfarero Sabino Centeno; Carlos Colombino, quien construyó el Museo del Mueble en su propiedad de Cocue Guazú, y Lucio Aquino en cerro Kõi, quien intentó construir un centro cultural, pero su sueño fue cortado por un lamentable hecho violento.
Otros artistas están temporalmente o de paso por Areguá, encantados con el paisaje y el ambiente bohemio de la ciudad. Este es el caso de Nelson Martinessi, quien se mueve entre Paraguay y Brasil (Bahía) y cada tanto pasa temporadas en Areguá produciendo su obra. Así, en 1986 este artista se hospedó en casa de la familia del escultor Gustavo Beckelmann en Costa Fleitas; en 1995 y 1996 en Areté, la casa-taller de Lucy Yegros; entre los años 2011 al 2013 dictó talleres de arte en la Casa Amarilla, un espacio que fuera un centro de arte dirigido por el escultor Sergio Buzó, y en 2023 estuvo en una residencia artística en el espacio Yakare Pirú de Daniel Milessi.
Durante un tiempo, el artista argentino Norberto Moretti estuvo también trabajando en Areté. Por otro lado, en los comienzos de la década de los 90, otro artista argentino Ariel Dawi –hoy con una exitosa carrera artística en Cuenca, Ecuador– salió desde la galería de Liliana Boccia y de Areté a pintar al aire libre los paisajes de Areguá (…).
El lago, nuestro querido lago Ypacaraí, con sus eternos canoeros que navegan por sus aguas… aguas que cambian según las inclemencias del tiempo y el comportamiento de los seres humanos: se achican con la sequía y se renuevan con las abundantes lluvias. Desde el 2013 el lago no es apto para bañarse. Sin embargo, sigue atrayendo a cientos de jóvenes, familias y visitantes por su natural belleza.
A pesar de todo, Areguá sigue manteniendo su innegable encanto y, de hecho, cada vez atrae a más artistas… No pasa un mes sin que algún artista, inclusive del extranjero, llegue a nuestro centro de arte y nos pida información sobre cómo y dónde alquilar o comprar una casa… o sin falta, que nos diga: ‘¿Saben cuál es mi sueño? ¡Mi sueño es que, algún día, pueda venir a vivir a Areguá!’.