El realizador estadounidense Spike Lee hará un muevo montaje del último episodio de un documental sobre los atentados del 11 de septiembre de 2001 que incluirá entrevistas con adeptos de la teoría del complot, anunció HBO.
El último episodio de esta serie de ocho horas, enfocada en las consecuencias del ataque de Al Qaeda y la pandemia del Covid-19 en la ciudad de Nueva York, comprende charlas con un grupo que promueve una teoría falsa según la cual las Torres Gemelas fueron destruidas por medio de una demolición controlada y no por aviones.
El realizador fue fuertemente criticado por haber incluido esas entrevistas en el documental luego de que la cadena HBO permitiera a algunos periodistas ver la serie por adelantado.
El último episodio debe ser difundido en la televisión estadounidense el 11 de septiembre: el día del vigésimo aniversario de los atentados.
“Estoy de vuelta a la sala de montaje y examino el octavo y último capítulo de NYC Epicenters 9/11➔2021½. Les pido respetuosamente guardarse cualquier juicio hasta ver la versión final”, escribió Spike Lee en una nota en el sitio de HBO.
El episodio incluye también entrevistas de científicos que refutan estas afirmaciones, pero los críticos afirman que Spike Lee ofreció tiempo inmerecido a los complotistas. “El director dedica 30 minutos al final de la serie para volver a poner en escena argumentos que fueron demostrados como falsos miles de veces”, comentó el periodista Jeremy Stahl en la revista Slate.
Stahl entrevistó anteriormente a Richard Gage, el principal miembro del grupo conspiracionista que aparece en el documental de Lee. “Gage es responsable de haber difundido algunas de las mentiras más perniciosas y persistentes acerca de los atentados del 11 de septiembre”, escribió el periodista.
“El último episodio fue un poco como presentar escépticos de la vacuna anticovid al lado del epidemiólogo Anthony Fauci, o negacionistas del holocausto al lado del centro Simon Wiesenthal, o personas que niegan el calentamiento global al lado de los autores del informe de la ONU sobre cambio climático”, añadió Stahl.
Fuente: AFP.
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25 años del 11-S: el atentado que también cobró la vida de dos paraguayos
Emiliano Cáceres
Este 11 de septiembre se cumplen exactamente 25 años de los atentados de terroristas más mortíferos en la historia de los Estados Unidos. Cuatro aviones comerciales fueron secuestrados por miembros de la organización terrorista Al Qaeda y utilizados como proyectiles.
Los dos primeros vuelos fueron estrellados contra la Torres Gemelas del World Trade Center en Nueva York, el tercero fue estrellado contra el edificio del Pentágono y el cuarto se estrelló en Pensilvania. Aquel día más de 2.700 personas perdieron la vida, entre ellas, dos paraguayos. A continuación, repasamos parte de lo que ocurrió en aquella trágica jornada de septiembre y sus consecuencias.
Los objetivos
Los terroristas tenían cuatro objetivos específicos aquel 11 de septiembre. Los dos primeros eran las Torres Gemelas del World Trade Center (WTC), dos de los edificios más emblemáticos de Manhattan, Nueva York. El World Trade Center (en español, Centro de Comercio Mundial) era el corazón financiero de Estados Unidos. El complejo constaba de 7 edificios: las mencionadas torres gemelas, el WTC 1 (Torre Norte) y el WTC 2 (Torre Sur). Los otros eran el WTC 3 (Hotel Marriot), el WTC 4 (donde funcionaban bolsas de valores), el WTC 5, el WTC 6 (con Oficinas de Aduanas y Protección Frontetiza) y el WTC 7.
Cabe mencionar que al momento de culminar su construcción en 1973, las Torres Gemelas eran los dos edificios más altos del mundo. Para 2001, seguían siendo los dos edificios más altos de Nueva York. La Torre Norte contaba con 417 metros, mientras que la Torre Sur. Con 415 metros. Ambas tenían 110 pisos.
El tercer objetivo era El Pentágono, sede del Departamento de Defensa de los Estados Unidos, ubicado en el Condado de Arlington, Virginia, cerca de Washington DC. Curiosamente, esa misma fecha, 11 de septiembre, se cumplían exactamente 60 años del inicio de la construcción de este edificio, la cual se había dado el 11 de septiembre de 1941, poco antes del ingreso de Estados Unidos a la Segunda Guerra Mundial. Durante décadas, el Pentágono fue el edificio de oficinas más grande del mundo, hasta 2010, cuando fue superado por Bolsa de Diamantes de Surat, en la India.
En cuanto al cuarto y último objetivo, algunas investigaciones señalan que era el Capitolio de los Estados Unidos, sede del Congreso del país norteamericano, donde funcionan la Cámara de Senadores y la Cámara de Representantes. Pero otros señalan que en realidad, era la Casa Blanca. Sin embargo, el cuarto vuelo secuestrado nunca llegó a su objetivo.
Antecedente y motivaciones
Contrariamente a lo que muchos piensan, el 11-S no fue el primer atentado terrorista sufrido por las Torres Gemelas del WTC. El 26 de febrero de 1993, se produjo un primer atentado que demostró que aquel complejo ya era un objetivo para el terrorismo, muchos años antes e incluso muchos consideran que sirvió como un “ensayo general”.
Un coche bomba estalló en el estacionamiento subterráneo de la Torre Norte. Esto provocó un enorme cráter de varios pisos de profundidad en subsuelo. Se utilizaron alrededor de 600 kg de nitrato de urea reforzado con gas hidrógeno. El saldo fue de 6 fallecidos (entre ellos una mujer embarazada) y más de 1.000 heridos.
El objetivo era derrumbar la Torre Norte sobre la Torre Sur. Sin embargo, la estructura estaba diseñada para soportar impactos en su base. El cerebro detrás de este primer ataque fue Ramzi Youseft, un terrorista vinculado con Al Qaeda y sobrino de Khalid Sheikh Mohammed quien años después, bajo las ordenes de Bin Laden, sería el principal arquitecto del 11-S.
Tras el fracaso de este plan, la organización terrorista no abandonó su objetivo. Como no pudieron derribar los edificios desde abajo, decidieron atacarlos por arriba, utilizando aviones comerciales como misiles.
Las motivaciones de Al Qaeda para llevar a cabo estos ataques fueron detalladas en la “Carta a Estados Unidos” de 2002. Se detallan tres motivos básicos: El apoyo de EE.UU. a Israel. Para Al Qaeda, el respaldo político, económico y militar de Washington hacia Israel significaba opresión al pueblo palestino y una afrenta directa al mundo islámico.
El segundo fue la presencia militar en tierras sagradas. Luego de la Guerra del Golfo en 1991, EE.UU. sentó tropas y bases militares en Arabia Saudita, país que alberga las dos ciudades más sagradas del Islam: La Meca y Medina. Para la organización terrorista, la presencia de soldados occidentales “infieles” en suelo sagrado era una profanación, una ocupación militar intolerable y un insulto a su soberanía.
El tercer punto fueron las sanciones contra Irak. Durante la década de los 90, la ONU y el gobierno de EE.UU. mantuvieron un embargo estricto y sanciones económicas contra el gobierno iraquí. Al Qaeda explotó propagandísticamente el tremendo impacto humanitario de estas sanciones, acusando a la Casa Blanca de provocar la muerte por desnutrición y falta de medicamentos de cientos de miles de niños y civiles musulmanes.
Los vuelos secuestrados y los ataques
La Comisión del 11 de septiembre, con datos recolectados de cajas negras y grabadores de datos de vuelo, elaboró un informe teniendo en cuenta la Hora Local del Este de EE.UU. (EDT). Fueron cuatro vuelos domésticos de las aerolíneas American Airlines y de United Airlines.
El vuelo 11 de American despegó del Aeropuerto Logan de Boston con destino a Los Ángeles. A las 07:59 AM (EDT). La aeronave era un Boeing 767-223ER. A bordo iban 2 pilotos, 9 auxiliares de vuelo y 81 pasajeros, incluyendo a los 5 secuestradores, totalizando 92 personas en el avión. Los terroristas iniciaron el ataque a las 08:14 horas. Luego, a las 08:21, el transpondedor de la aeronave, un aparato que envía datos de vuelo a Control de Tráfico Aéreo (ATC) fue apagado de forma manual. A las 08:46:40 EDT, el 767 impactó entre los pisos 93 y 99 de la Torre Norte del WTC.
El segundo vuelo, el United 175, despegó del Aeropuerto Logan a las 08:14 horas. El avión era un Boeing 767-222. La tripulación estaba conformada por 2 pilotos y 7 auxiliares de vuelo. Llevaban un total de 56 pasajeros, incluyendo a los 5 terroristas, para un total 65 personas a bordo. Despegaron de la misma pista que el American 11 y también iban con destino a Los Ángeles.
Los secuestradores irrumpieron en la cabina de pilotaje entre las 08:42 y las 08:46 (prácticamente al mismo tiempo que el primer impacto). Su transpondedor fue apagado aproximadamente a las 08:47. A las 09:03, la aeronave impactó contra la Torre Sur.
En cuanto al American 77, a las 08:20 despegó del Aeropuerto Internacional de Washington-Dulles con destino a Los Ángeles, operado por un Boeing 757-223. Llevaba a 64 personas a bordo: 2 pilotos, 4 auxiliares de vuelo y 58 pasajeros, incluyendo a los 5 secuestradores. Su última comunicación fue a las 08:51. Luego, hacia las 08:54, fue tomado por los terroristas. Su transpondedor fue apagado a las 08:56. A las 09:37, tras un giro de 330° para perder altura, la aeronave fue estrellada en la fachada Oeste del Pentágono.
Finalmente, el United 93, que debía hacer la ruta Netwark-San Francisco y que era operado por un Boeing 757-222. Llevaba 2 pilotos, 5 auxiliares y 37 pasajeros, incluidos los 4 secuestradores, para un total de 44 personas a bordo. La aeronave despegó a las 08:42, con 42 minutos de retraso. Esto fue crucial para que, ya en el aire, los pasajeros se enteraran de los ataques en Nueva York.
Alrededor de las 09:28, cuando sobrevolaban el Estado de Ohio, los terroristas asaltaron la cabina. Los controladores aéreos alcanzaron a escuchar gritos de “¡Mayday!” y sonidos de lucha física. El transpondedor se apagó a las 09:41. En este vuelo hubo una revuelta de pasajeros y tripulantes de cabina. Intentaron derribar la puerta de la cabina de mando con el carrito de servicio. Ante este panorama, el secuestrador al mando terminó estrellando la aeronave de forma invertida (boca abajo) en un descampado en Shanksville, Pensilvania.
Sobre cuál era el objetivo original de los terroristas al secuestrar este vuelo, la comisión investigadora afirma que el más probable era el Capitolio en Washington DC, sede del Congreso estadounidense. Sin embargo, algunas fuentes sugieren que el objetivo era la Casa Blanca, sede del Poder Ejecutivo, residencia oficial del Presidente de los Estados Unidos.
El caos y el derrumbe de las torres
En todas las zonas de impacto se desató el caos. Canales de televisión de todo el mundo interrumpieron sus programaciones habituales y comenzaron a transmitir imágenes que pronto recorrieron el mundo. Todo el planeta quedó en shock ante lo que estaba ocurriendo: Estados Unidos sufriendo un ataque terrorista en su propio territorio.
Las sirenas, carros de bomberos, patrullas, ambulancias, vehículos militares, todo sistema de emergencia comenzó a movilizarse. El país entero entró en alerta máxima. El entonces presidente estadounidense, George W. Bush, se encontraba en un aula de niños en la Escuela Primaria Emma E. Booker, en Sarasota, Florida. Tras el segundo impacto, su jefe de gabinete se le acercó y le dijo al oído una frase que quedó para la posteridad: “Un segundo avión chocó contra la otra torre. Estados Unidos está bajo ataque”
El cielo norteamericano se cerró por complete y el mandatario fue evacuado con el Air Force One, un Boeing 747-200B modificado, con matrícula militar VC-25A. Despegaron el Aeropuerto Internacional de Sarasota-Bradenton a toda potencia. El avión presidencial actuó como bunker aéreo y fue escoltado por dos aviones de combate F16.
Como el Pentágono ya había sido atacado, se temía que los próximos objetivos pudieran ser la Casa Blanca, el Capitolio o alguna otra importante sede gubernamental. Es por eso que el Servicio Secreto se negó rotundamente a llevar a Bush a Washington. El Air Force One ascendió a 45.000 pies de altitud para evadir los radares. Posteriormente realizaron dos paradas estratégicas en dos bases militares con búnkeres.
Mientras trasladaban al presidente, a las 09:58 EDT, la Torre Sur colapsó y se derrumbó en Nueva York tras el impacto que provocó un incendio que duró aproximadamente 55 minutos. Poco después, a las 10:28, la Torre Norte corrió el mismo destino, una hora y cuarenta y dos minutos después del impacto.
Las emblemáticas Torres Gemelas, que por décadas habían sido un símbolo del poderío económico de Estados Unidos, una postal obligatoria de Nueva York y el corazón financiero de la nación norteamericana, habían quedado reducidas a escombros y con ellas se fueron miles de vidas.
Entre tanto, el Air Force One aterrizó en la Base de la Fuerza Aérea Barksdale (Luisiana) a las 11.45. Allí el avión presidencial pudo repostar y se pudo dar un espacio seguro al mandatario para que brinde un breve mensaje a la nación. La segunda escala fue en Base de la Fuerza Aérea Offutt (Nebraska) donde llegaron a las 14:50 EDT. Allí se encontraba la sede del Comando Estratégico de los EE. UU. (STRATCOM).
Desde un búnker subterráneo de máxima seguridad, con tecnología de comunicaciones avanzada, Bush pudo encabezar una videoconferencia con el Consejo de Seguridad Nacional y los servicios de inteligencia para evaluar la magnitud de los ataques.
No fue hasta las 18:34 EDT que el mandatario pudo aterrizar en Washington, cuando se descartaron más amenazas inmediatas y el espacio aéreo estuvo bajo control militar. El Air Force One llegó a la Base Aérea de Andrews y luego George Bush dio un mensaje al país desde el despacho oval a las 20:30 EDT.
Miles de pérdidas humanas
Cuando el humo se disipó, se pudo dimensionar la magnitud del desastre. De acuerdo a las cifras oficiales, la cantidad total de fallecidos en todos los ataques fue de 2.977. En los ataques a las Torres Gemelas en Nueva York se registraron 2.753 muertes, incluyendo a los ocupantes de las aeronaves que impactaron contra los edificios, y a 343 bomberos y 71 policías que dieron sus vidas en actos heroicos tratando de salvar a más personas.
En el Pentágono fallecieron 184 personas, entre los 64 ocupantes del vuelo más 120 trabajadores militares y civiles que trabajaban en la sede del Departamento de Defensa. Mientras que en el vuelo 93 de United, el único que no llegó a su objetivo y acabó estrellado en Pensilvania, murieron 44 personas, los 33 pasajeros, los 7 tripulantes y los 4 secuestradores.
De acuerdo a las cifras oficiales, cantidad total de fallecidos en todos los ataques fue de 2.977. Si se cuentan a los 19 terroristas, el número asciende a 2.796.
Consecuencias geopolíticas
Estos acontecimientos tuvieron una fuerte repercusión política, tanto dentro como fuera de los Estados Unidos. El presidente norteamericano de ese entonces, el republicano George W. Bush, apenas llevaba 8 meses en el cargo. Había asumido el 20 de enero de ese mismo año. Fue electo en unas reñidas elecciones a finales de 2000, cuando competió contra el candidato demócrata Al Gore, quien había sido el vicepresidente del Bill Clinton.
En ese momento, el mandatario tenía un margen de aprobación de 51%. Pero, tras los atentados, ese margen se disparó al 90%, el índice más alto jamás registrado por la encuestadora Gallup hasta ese momento. La ciudadanía se unió en torno a la figura presidencial ante la emergencia nacional.
En un intento por capitalizar ese apoyo, el presidente formuló la conocida como “Doctrina Bush”: EEUU no haría distinciones entre grupos terroristas y los países que los albergaran. Esto dio lugar a la invasión a Afganistán en 2001 y a la controvertida invasión a Irak en 2003, bajo la premisa de que Saddam Hussein, presidente de Irak desde 1979, supuestamente poseía armas de destrucción masiva.
Sectores de la oposición estadounidense acusaron a Bush de querer “sacar provecho” del trauma colectivo dejado por el 11-S, instrumentando el dolor nacional para avanzar en una agenda de control petrolero e influencia militar en Medio Oriente.
Un golpe a la industria aeronáutica
En lo que respecta a la aviación comercial, los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 representaron un antes y un después. El historiador aeronáutico Antonio Luis “Tony” Sapienza aseguró a La Nación/Nación Media que “antes del 11 de septiembre no había mucho control en los vuelos internos en EE.UU. Lo que controlaban eran más que nada armas. Después de los atentados, los controles en vuelos aumentaron muchísimo, tanto dentro de EE.UU. como a nivel mundial. Aumentó la lista de elementos que no se pueden llevar en el equipaje de mano, como líquidos y navajas”.
El historiador relató que estuvo dos veces en Estados Unidos, en el 81 y en el 87, realizando en ambas ocasiones vuelos internos. Y, al menos en los 80, el control era muy poco. ”No recuerdo que te revisaran los bolsones de mano, no se pensaba que pudiera haber un secuestro o un atentado dentro de Estados Unidos. En el 81 volé desde Nueva York a Nueva Orleans y de Nueva Orleans a Miami. Entré al avión sin que me revisen el bolsón de mano. En el 87 hice un vuelo entre Miami y San Diego y de San Diego a Houston tampoco nos revisaron nada. Entramos en la fila, hice el checkin y nada, ni siquiera pasamos por un detector. Obviamente todo eso cambió después de los atentados del 11 de septiembre”, precisó.
En la misma línea se expresó Fabián Martínez, periodista y creador de contenido, quien realizó un entrenamiento como piloto aviador civil. “Hubo un antes y un después en la industria de la aviación. Los atentados del 11 de septiembre de 2001 desnudaron las falencias de seguridad en la aviación, tanto en Estados Unidos como a nivel mundial. Dejaron al descubierto las debilidades no solo de las aerolíneas, sino también de los aeropuertos y de los gobiernos”, contó.
Dos paraguayos perdieron la vida
El luto por las muertes del 11-S también alcanzó a nuestro país. Una familia de Asunción y otra familia de Misiones lloraron a dos de nuestros compatriotas. Se trata de Carlos Alberto Samaniego López, de 29 años, oriundo de Asunción, y Obdulio Amias Ruiz Díaz Shug, de 44 años, oriundo de San Ignacio, Misiones.
Samaniego era un profesional del sector financiero e hincha fanático de Olimpia. Buscando consolidar su carrera profesional, se fue a vivir a Estados Unidos, donde llevaba pocos años residiendo. Trabajaba en la firma de inversiones Cantor Fitzgerald, cuyas oficinas funcionaban entre los pisos 101 a 105 de la Torre Norte. El impacto ocurrió por debajo de dicha zona, dejando a todos los que se encontraban allí atrapados. Ningún empleado de esa firma que se hallaba en esas oficinas logró sobrevivir. El cuerpo de Carlos Alberto fue identificado semanas después, mediante pruebas de ADN.
Obdulio residía desde hacía más de una década en Nueva York, con su esposa e hijos. Laboraba en el área de mantenimiento y servicios técnicos del World Trade Center. Se encontraba realizando sus labores rutinarias cuando se desató el infierno. Fue de las tantas personas que quedaron atrapadas bajos los escombros y no pudo sobrevivir.
Surgimiento de teorías conspirativas
Inmediatamente después de los atentados, comenzaron a surgir un sinfín de teorías sobre lo ocurrido. De hecho, el 11-S está considerado como el acontecimiento que dio inicio a la era de las teorías conspirativas modernas. En aquel entonces, internet aún estaba en pañales, las redes sociales no existían y los videos y posteos virales no estaban prácticamente en los planes de nadie. Fueron los primeros y rudimentarios foros web y correos electrónicos los que se convirtieron en el nido de especulaciones por parte de los primeros internautas.
Una de las teorías más famosas y difundidas a nivel mundial es que la causa del derrumbe de las Torres Gemelas no fueron los choques de aviones, sino que se trató de una demolición controlada. A diferencia de la versión oficial, que concluyó que el colapso de las torres se debió a que los incendios provocados por los impactos debilitaron los soportes de acero de los pisos afectados, esta teoría sugiere que en realidad explosivos fueron colocados previamente a los ataques, en puntos estratégicos, y que esa fue la verdadera causa del derrumbe.
La teoría sostiene que la temperatura de los incendios no era suficiente para debilitar la estructura de las torres y que el desplome vertical y simétrico de los edificios, sumado a los destellos y columnas de humo divisadas en los pisos inferiores durante la caída, son pruebas de que se utilizaron cargas de demolición tradicionales. Para los defensores de esta teoría, la velocidad casi de caída libre con la que colapsaron las estructuras sigue siendo el principal cabo suelto que la narrativa oficial no logra esclarecer.
Entre tanto, el consenso científico internacional, liderado por el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST), descarta firmemente el supuesto uso de explosivos. Las investigaciones oficiales sostienen que el combustible de los aviones actuó como queroseno que despojó al acero de su aislamiento térmico, provocando que los soportes perdieran el 50% de su capacidad de resistencia a 600 ° C.
El Memorial: el National September 11 Memorial & Museum
Actualmente en la Zona Cero se erige un nuevo complejo con un memorial que homenajea a las víctimas de los atentados de aquella trágica jornada septembrina. Las “Piscinas Gemelas”, un monumento denominado “Reflecting Absence” (en español, Reflejando Ausencias) consisten en dos piscinas cuadradas ubicadas cada una exactamente donde se erigían las Torres Gemelas.
Se trata de las dos fuentes de agua artificiale más grandes de norteámerica, diseñadas por los arquitectos Michael Arad y Peter Walker. El concepto central es el monumento al vacío. El agua cae en cascada por paredes de granito de 9 metros hacia un foso central que parece no tener fin. Esto simboliza la pérdida irreparable y el vacío dejado por los ataques. Alrededor de los parapetos de bronce que bordean las fuentes están grabados con láser los nombres de las 2.977 víctimas, incluidos los paraguayos Carlos Samaniego y Obdulio Ruiz Díaz.
En el nuevo complejo del World Trade Center, el edificio principal es el One Wolrd Trade Center, anteriormente conocido como Freedom Tower (en español, Torre de la Libertad). Con una altura de 541 metros (1.776 pies, en alusión al año de declaración de independencia de los Estados Unidos) y 104 plantas, es el edificio más alto del hemisferio occidental.
En la cultura popular
El 11-S ha tenido un impacto significativo en la cultura popular, siendo retratado en numerosas películas, series y hasta libros. En el cine, entre las obras más conocidas que representaron los atentados están la película United 93, dirigida por Paul Greengrass y estrenada en 2006, que retrata los acontecimientos del secuestro del cuarto avión; y la película World Trade Center, conocida en Hispanoamérica como Las Torres Gemelas, dirigida por por Oliver Stone y protagonizada por Nicolas Cage, que retrata la supervivencia de oficiales de la Policía del Puerto que quedaron atrapados entre los escombros.
En lo que respecta a series y documentales, podemos destacar las siguientes; Punto de inflexión: El 11-S y la guerra contra el terrorismo, una miniserie documental de Netflix que trata sobre el auge de Al Qaeda y las decisiones de la era Bush; 9/11: Así se vivió en América, una docuserie de National Geopgraphic que también se puede encontrar en Disney+, construida enteramente con archivos de video e imágenes cronológicas de aquella jornada; 9/11: Inside the President’s War Room, una serie de testimonios inéditos del propio George W. Bush y su gabinete sobre las decisiones tomadas a bordo del Air Force One.
En cuanto a libros y ensayos, las obras más conocidas son las siguientes: El informe de la Comisión del 11-S, documento oficial de acceso público que funciona como la radiografía completa de los acontecimientos de ese día; Lo que vi aquel día (The Looming Tower), autoría de Lawrence Wright, un libro de investigación periodística ganador del Premio Pulitzer que explica minuciosamente cómo se gestó el ataque desde los años 90.
El 11-S incluso tuvo un impacto en el mundo de la animación. Se teoriza que fue uno de los tantos acontecimientos supuestamente predichos por la famosa serie animada Los Simpson. En el primer episodio de la temporada 9, Homero Contra la Ciudad de Nueva York, la escena donde se muestra la portada de una revista que alinea el precio 9 dólares justo al lado de la silueta de las Torres Gemelas, hace que se forme visualmente la cifra “9/11”, es decir, septiembre 11.
Por otro lado, en la película original de Disney, Lilo y Stitch, representa la repercusión de los atentados. En la secuencia final, Sitich robaba un avión comercial Boeing 747 para rescatar a Lilo de la nave del personaje de Gantu. Sitich utilizaba la aeronave para esquivar los edificios de la ciudad. Sin embargo, tras los acontecimientos del 11 de septiembre, Disney temió herir la sensibilidad colectiva tras la tragedia, de modo que ordenó a los animadores modificar la secuencia final, donde vemos que, en lugar del avión comercial utilizan la nave espacial roja de Jumba y Pleakley.
Si bien los escombros fueron removidos y la humareda se disipó hace tiempo, un cuarto de siglo después, las consecuencias geopolíticas de los atentados del 11 de septiembre de 2001 aún persisten. Los acontecimientos de aquella jornada siguen alimentando debates sobre lo ocurrido y sobre cómo el país más poderoso del mundo pudo ser golpeado de esa manera en su propio territorio.
A ello se suman las profundas huellas que dejó en la industria de la aviación y en los sistemas de seguridad a nivel mundial. Veinticinco años después, el 11-S continúa siendo un acontecimiento que marcó un antes y un después en la historia contemporánea y cuya memoria permanece intacta.
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Paraguay busca ser un hub de producción cinematográfica mediante un plan de incentivos
- Por Lourdes Torres, lourdes.torres@nacionmedia.com
Los diputados Rodrigo Gamarra y Rocío Abed presentaron un proyecto de ley que busca promover la industria audiovisual paraguaya, atraer inversiones nacionales e internacionales vinculadas a la producción cinematográfica y audiovisual, fomentar la generación de empleo y posicionar al Paraguay como destino competitivo.
La iniciativa legislativa “de promoción de la industria audiovisual, atracción de inversiones cinematográficas y fortalecimiento del contenido audiovisual paraguayo” declara de interés nacional estratégico a la industria audiovisual y cinematográfica, atendiendo su impacto económico, cultural, tecnológico, turístico y de promoción internacional del país.
En conversación con La Nación/Nación Media, el parlamentario Rodrigo Gamarra explicó que esta propuesta busca fomentar la inversión en la producción cinematográfica en el Paraguay, especialmente incentivar a plataformas de streaming como Netflix, Disney, Amazon, HBO y otras grandes compañías de producción de audiovisual a que vean a Paraguay como un destino interesante para inversiones.
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Explicó que, si bien ya existe la ley n.° 6.106/2018 de Fomento al Audiovisual Paraguayo, con esta propuesta se busca que el países sea mucho más competitivo otorgándole las herramientas necesarias para que grandes productoras internacionales puedan venir a realizar sus producciones cinematográficas o de series televisivas.
“Estas grandes industrias cinematográficas hoy eligen aquellos países que les ofrecen incentivos económicos, trámites rápidos, seguridad jurídica. Pero, además, nuestro país tiene mucho más que ofrecer con paisajes espectaculares, tenemos nuestros idiomas, tenemos costos competitivos, mano de obra. Contamos con estabilidad macroeconómica que es reconocida por el mundo. Pero tal vez aún nos faltan algunas herramientas que son estándares en materia de la industria del cine”, comentó Gamarra.
Incentivos para la inversión
El diputado indicó que el proyecto plantea la creación del Régimen Nacional de Incentivos Audiovisuales del Paraguay (RENIAP), que permitirá a producciones nacionales e internacionales acceder a un sistema de devolución parcial de gastos realizados en el país, denominado “Cash Rebate Audiovisual”.
Señaló que estuvo realizando un estudio de legislación comparada y encontró que si una productora cinematográfica invierte unos 10 millones de dólares, usando locaciones de la filmación en el territorio paraguayo, el Estado podría devolver un porcentaje de esa inversión, siempre y cuando se cumplan con las disposiciones establecidas, como ser contratar mano de obra paraguaya, filmar en el interior del país, promocionar la cultura, el idioma, sus tradiciones.
“No se trata de un regalo, sino de una inversión, que lo que se busca justamente es atraer mayores inversiones, más dinero de lo que se puede llegar a devolver. Estas inversiones tiene a su vez un efecto derrame, porque no se trata solo de traer grandes equipos, sino que mueve toda la economía local, al contratar mano de obra local, actores, hoteles, consume en restaurantes, contrata transporte, vehículos, compra materiales, utiliza servicio de seguridad, construcciones, logística. Es decir, genera un número importante de trabajo para cientos y miles de personas”, destacó.
Ventanilla única audiovisual
El legislador resaltó que se estima que entre un 60 a 70 % de toda la inversión termina beneficiando a diferentes sectores de la economía local. Indicó que este proyecto, que presentó junto con la diputada Rocío Abed, plantea crear una ventanilla única audiovisual.
“Hoy, una productora puede perder semanas, gestionando permisos en diferentes instituciones, sean éstos municipios, Hacienda, y todo estamento que corresponda. Entonces, lo que planteamos es que en un solo punto de contacto esa productora pueda contar con todos los permisos y todos los procesos de una sola vez”, explicó.
Resaltó que con esta propuesta se busca fortalecer al Instituto Nacional de Audiovisual con una “film commission especializada”, que será la encargada de promocionar al Paraguay en los principales mercados internacionales y con ello atraer las inversiones y acompañar a las distintas productoras en los diferentes procesos.
Gamarra comentó que apuntan a la formalización profesional con la contratación de mano de obra local, capacitación de técnicos, actores, camarógrafos, sonidista y todo trabajador que involucre la producción audiovisual. Señaló los trabajadores paraguayos podrán adquirir experiencias, que a su vez servirán el día de mañana para trabajar con otras inversiones. De esa forma se desarrollará el talento local y se fortalecerá la propia industria audiovisual nacional.
“No se trata de una ley pensada simplemente en el cine, sino que promueve el desarrollo económico a nivel local, y que el Paraguay no sea simplemente un consumidor de contenido extranjero, sino que pase a ser productor y exportar nuestras historias, nuestras costumbres. Historias como ‘7 cajas’ o ‘Los buscadores’, que fueron producciones nacionales impresionantes, y que historias similares puedan llegar a las plataformas sería espectacular”, concluyó Gamarra para La Nación.
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Un punto de encuentro entre dos espiritualidades sonoras
- Jimmi Peralta
- Fotos: Gentileza
Envueltos de espiritualidad, admiración mutua y prestigio, la guitarrista paraguaya Berta Rojas y el músico argentino Gustavo Santaolalla grabaron una versión de “The Last of Us”, la música del popular videojuego y serie televisiva. Rojas habló con El Gran Domingo de La Nación sobre esta nueva colaboración, su búsqueda compartida con el argentino, su experiencia con el trabajo en equipo y más.
Los caminos que se trazan en las búsquedas de la identidad son finitos, como finito es el número que da cifra a la especie. El decir lo que se es, el nombrarse es una parada más de un viaje sin final. Estos caminos y estos decires no dibujan en el suelo líneas paralelas de un ejército guiado por su estrella polar, sino que, por su condición de esquivos, se trazan con garabatos, que al tiempo de buscar el destino lo crean andando para heredar nuevos surcos para los que vendrán, no sin antes cruzarse en el hacer.
La guitarrista paraguaya Berta Rojas, y el músico y productor argentino Gustavo Santaolalla lanzaron recientemente su último trabajo, “The last of us”, interpretado a dúo de guitarra y ronroco, que fue grabado en Los Ángeles, Estados Unidos.
Dos ávidos buscadores de la identidad de la música y el sonido de Latinoamérica a través de la creación y la interpretación se encontraron por primera vez para versionar la popular obra Santaolalla, con arreglos y producción de Sebastián Henriquez y Popi Spatocco.
El ronroco es el instrumento de cuerdas que Santaolalla rescató de la tradición del sur del continente y al cual hizo familiar al mundo a través de obras que llegaron al cine y al mundo de los videojuegos.
IDENTIDAD
Gustavo y Berta se interceptan en una búsqueda de ambos: tratar de nombrar a través de su sonido la identidad y, al mismo tiempo, recrearla en procura de nombrarse y de conectar con el continente.
Santaolalla es una figura fundacional del rock en Argentina y durante décadas fue productor de las bandas y los solistas más importantes de la música en habla hispana, persiguiendo el acento latinoamericano en cada proyecto.
Por su parte, Rojas, quien viene de presentar “Legado” en 2022 y de ganar con él su primer Latin Grammy para Paraguay, es emblema de la guitarra clásica paraguaya.
Aunque su travesía profesional en un primer momento la tuvo embanderada con la puesta en valor de la obra de Agustín Barrios, su obra es transversal al sonido del continente, con discos que rescatan obras guitarrísticas con ritmos del Brasil, Perú, Argentina, Centroamérica y el Paraguay. En este derrotero trabajó en colaboraciones inolvidables junto a grandes como Paquito D’Rivera, Juan Cancio Barreto y la Camerata Bariloche.
La grabación “The last of us” es el punto de encuentro entre dos espiritualidades que trazan una búsqueda en la metáfora del sonido, en el diálogo entre pueblos hermanos y vinculados por un mundo cultural como hogar común.
–¿Cuál fue el flujo de trabajo que abordaron con Gustavo respecto a los arreglos, ensayos, el tiempo de interacción para la grabación y qué sensibilidades los conectaron en el estudio, ya sea desde lo humano, lo profesional y sonoro?
–Trabajar con Gustavo fue un placer, ya que cuenta con una calidad humana notable. Nada más verlo llegar al estudio con flores acompañado de su esposa fue un gesto tan cariñoso como inesperado. Trabajamos en una jornada de grabación en Westlake Studios en Los Ángeles el pasado diciembre. Popi Spatocco y Sebas Henriquez estuvieron a cargo de los arreglos, nosotros teníamos un plan de acción muy bien trazado para optimizar nuestro tiempo en la sesión de grabación.
BÚSQUEDA
–¿Qué preguntas, inquietudes o certezas te deambulan actualmente?, ¿qué provocan, inspiran y/o acompañan estos nuevos trabajos?
–Este es un momento de mucha búsqueda en la bajada a tierra de un nuevo disco que vengo soñando desde hace tiempo y que cuenta muchas historias nuevas. En este momento estoy en plena tarea de estudio y descubrimiento, de muchas y extenuantes jornadas y de ese cansancio feliz que te da la satisfacción del trabajo bien hecho.
–Cuando hablamos de identidad muchas veces intentamos rastrear en el pasado un origen “puro”, que finalmente se diluye en mezclas anteriores.
–Somos los nativos americanos mezclados con los africanos esclavizados y los europeos que vinieron a hacerse también de un sueño en nuestras tierras. Somos todas esas mezclas y a su vez los europeos también cuentan con sus propios orígenes y ascendencias tan variadas que es imposible distinguirlas con precisión. Los latinoamericanos somos fusión de tantas culturas e identidades que han forjado lo que somos. La pureza no existe y es con el tiempo que estas fusiones van formando nuestra propia identidad.
–¿Qué tan conciente sos de que tu producción también forma parte de la identidad de la guitarra paraguaya y que sos un espejo para otros guitarristas de nuestro país?
–Nuestros orígenes son difusos y está bueno recordarlo, porque es así que podemos abrazar al hermano que llega buscando el amparo que como nación podamos ofrecerle, como también nuestros compatriotas van por el mundo buscando ser cobijados por otras culturas. Bien lo dice Jorge Drexler en una de sus canciones: “De ningún lado del todo y de todos lados un poco”. Y así vamos en un constante migrar hasta que finalmente en algún lugar nuestras almas quizá encuentren un hogar y un descanso. Si estas preguntas que me hago sirven para que otros jóvenes también se las hagan, siento que sí está bueno invitar a la reflexión. Hasta ahí el aporte que puedo hacer. Las respuestas que lleguen después son personales, como el arte mismo que hacemos. Ojalá, como decía el gran Agustín Barrios, “esté preñado de sinceridad”.
CONEXIÓN
–El trabajo de una instrumentista solista es un repetido ejercicio de esfuerzo individual. A contramano de eso, tu hacer lo venís desarrollando en equipo, pensando con otros y tocando con otros… ¿Qué relevancia tiene para vos esa interacción?
–Ese es el aprendizaje más lindo; el hacer música con otros, conectar con el otro a través del lenguaje de la música. Se abre un espacio de resonancia con el otro que de alguna manera te permite poner en ejercicio la empatía, tan necesaria en el mundo que vivimos hoy.
–La guitarra de Berta dialoga desde hace años con la música del continente. ¿Qué trascendencia tiene para vos que se “hermanen” las músicas y los sonidos de nuestro pueblo?
–Los latinoamericanos tenemos que transitar orgullosamente la música de nuestras tierras, porque allí es donde radica el sentido de pertenencia, ese algo tan fresco y estimulante intrínsecamente relacionado con lo que hablábamos antes sobre nuestra esencia, nuestras raíces (todas ellas), nuestras identidades. Hay una suerte de certeza cuando dialogamos con la música tan cargada de la identidad que hemos ido forjando con el tiempo. En ese espacio de encuentro con Gustavo a través de esa chacarera hay un 6/8 y un 3/4, compases que son afines a nuestra música paraguaya, pese a las diferencias en cuanto a las articulaciones que son muy particulares de esa forma. El 3 contra 2 resultante es la matriz de mucha música producida en nuestro continente. Gustavo dice con mucha sabiduría que “tenemos que tocar con nuestro acento”. La chacarera y la polca se encuentran con esa raíz común y así con tantas otras músicas de nuestra América Latina.
–Sé que del nuevo disco no se puede decir mucho aún, pero igual pregunto si se puede tener algún adelanto, ¿fecha?, ¿nombre?
–Muero de ganas de contarte sobre el disco, pero iremos de a poco, como quien va abriendo sin apuro un presente. Fue hermoso para mí compartir la grabación con Santaolalla, un moño hermoso de un paquete que poquito a poco lo iremos mostrando con el cariño que merece el oyente, que es el primer y gran receptor de lo que ya empezamos a soltar al viento.
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“The Last of Us” ya tiene un toque paraguayo
La guitarrista paraguaya Berta Rojas grabó una nueva versión del tema “The Last of Us”, nada menos acompañada por su propio autor, el reconocido músico argentino Gustavo Santaolalla. Este viernes se publicó el video de la sesión grabada en los estudios Westlake de Los Ángeles (Estados Unidos), el 14 de diciembre de 2024, en que la canción principal del videojuego y ahora la serie de HBO adquiere el toque paraguayo clásico de la concertista.
Pionero del rock argentino con la banda de rock folklórico Arco Iris (1969-1988) y ganador de dos Óscar a la banda sonora original por “Secreto en la montaña” (2006) y “Babel” (2007), Santaolalla comparte el audiovisual con la artista paraguaya ejecutando su composición instrumental en el ronroco, un instrumento de cuerda andino (similar a un charango), en momentos en que la segunda temporada de “The Last of Us” transita sus últimos capítulos.
“Es como entrar a un universo muy mágico, muy místico. Creo que es una persona que está como en otra dimensión, y desde ahí se comunica con nosotros, así que ha sido una experiencia realmente hermosa, de crecimiento musical y humano muy importante para mí”, afirmó Berta Rojas sobre esta colaboración, que es un adelanto de su próximo proyecto discográfico. La guitarrista obtuvo el Grammy Latino en 2022 por “Legado”, y nominaciones por “Día y medio” (2012), “Salsa roja” (2014) e “Historia del Tango” (2015).
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Por su parte, el compositor argentino declaró: “Conocer a alguien con esa capacidad de expresión y de virtuosismo, y que quiera tocar un tema mío y que quiera que toquemos juntos, me parece increíble. La combinación del ronroco y la guitarra es maravillosa”. Santaolalla creó la música para la franquicia de videojuegos, y compartió créditos con David Fleming para la adaptación como serie en 2023, siendo nominado a un Emmy por este trabajo.
“La música sintetiza de manera mágica lo que somos. A través de ella habla nuestra geografía, nuestras costumbres, nuestro hacer, nuestro universo. Así como la música nos permite ese viaje imaginario por América, estos instrumentos hacen esa síntesis y se convierten en un canal de comunicación. Toda nuestra identidad latinoamericana viaja a través de estas cuerdas”, afirmó Rojas sobre este nuevo hito en su gran trayectoria. En marzo pasado, la paraguaya fue elegida para integrar el Consejo Directivo de la Academia Latina de la Grabación, entidad que entrega los premios Grammy.
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