Las neuronas son las principales células de sistema nervioso, ya que son las encargadas de procesar y transmitir información a las demás células del organismo. Para que puedan cumplir con su rol en el cuerpo, hay que evitar incorporar a la rutina hábitos poco saludables que provoquen la alteración de la actividad cerebral. Entre ellos:
No desayunar bien
El desayuno es la primera y más importante comida del día, la que nos permite estar activos. Si no desayunamos, se produce una falta de proteínas, vitaminas y nutrientes en el organismo, lo que ocasiona la muerte de las neuronas del cerebro. Es importante también no exagerar en las cantidades en el desayuno y mucho menos consumir alimentos ricos en grasas saturadas, porque aumentan los niveles de colesterol e inflaman los principales tejidos del cuerpo.
El insomnio
Los problemas de sueño son uno de los más comunes en las sociedades actuales. Dormir poco o no dormir lo suficiente causa pérdida de las células cerebrales y produce efectos dañinos a corto, mediano y largo plazo.
El estrés y la falta de actividad física
El estrés, además de matar neuronas, evita que se formen nuevas en el hipocampo. Por eso, es importante estimularlas con ciertas prácticas que impliquen pensar, como leer un libro, practicar juegos mentales, entre otras, para evitar el desarrollo de enfermedades graves. Asimismo, es clave realizar actividad física para estimular la neurogénesis.
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El estrés crónico: un enemigo silencioso que deteriora la salud física y mental
En una sociedad que suele romantizar el exceso de trabajo y la falta de descanso, el estrés se ha consolidado como una condición cotidiana peligrosamente normalizada. Personas comprometidas y altamente exigidas postergan el autocuidado y viven en piloto automático, ignorando que el organismo requiere un equilibrio indispensable para funcionar de manera óptima. La licenciada Liz Aguiar, psicóloga del Hospital IPS Ingavi, advierte cómo hábitos como el uso desmedido del teléfono celular o patrones inadecuados de alimentación repercuten directamente sobre el sistema nervioso.
Cuando el individuo permanece expuesto a tensiones continuas, el cuerpo entra en un estado de alerta permanente que desencadena una liberación sostenida de cortisol. Si bien esta hormona cumple una función protectora inicial, su presencia desmedida y prolongada genera un impacto profundamente dañino a nivel biológico. La especialista señala que el estrés crónico debilita el sistema inmunológico, incrementa la inflamación sistémica y altera el ciclo del sueño, proceso fundamental e insustituible para la reparación celular y el equilibrio orgánico.
Las consecuencias de mantener este ritmo de sobreexigencia trascienden el plano emocional para manifestarse en trastornos físicos concretos. La desregulación hormonal generada por el estrés crónico favorece la aparición de ansiedad, depresión y problemas digestivos, al tiempo que eleva el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. Además, al debilitar la capacidad de respuesta del organismo, crea un entorno favorable para el desarrollo o el agravamiento de diversas patologías.
El cuerpo emite señales claras antes de sufrir un colapso, aunque en muchos casos estas alertas suelen ser pasadas por alto por imperativos laborales o sociales. Síntomas como el cansancio persistente, la irritabilidad, las dificultades para conciliar el sueño, los dolores musculares y la falta de concentración son indicadores de que el sistema nervioso se encuentra al límite. La acumulación de esta tensión demuestra que el trabajo sin pausas no constituye un signo de compromiso, sino una dinámica acelerada de desgaste físico y mental.
Frente a este escenario, recuperar la salud requiere comprender que el bienestar no es un lujo, sino una necesidad biológica prioritaria. Establecer límites, aprender a decir “no” y moderar la autoexigencia resultan pasos fundamentales para interrumpir el ciclo del agotamiento. Dormir entre 7 y 8 horas diarias, mantener una alimentación consciente y realizar actividad física de forma regular son medidas concretas para devolverle al organismo su capacidad de autorregulación.
Finalmente, la profesional del IPS Ingavi enfatiza la importancia de la prevención y el autocuidado como prácticas continuas y no como recursos de emergencia. “La salud no es solo ausencia de enfermedad, sino equilibrio físico, emocional y mental”, concluyó Aguiar, al recordar que la búsqueda de metas personales o profesionales no debe concretarse a costa del deterioro de la propia calidad de vida.
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Estos son los mejores alimentos para el cerebro, según una experta de Harvard
La ciencia confirma que todo aquello que comemos tiene importantes consecuencias para el organismo, de hecho están vinculados a nuestra salud mental. Incluso hay ciertos alimentos que pueden mejorar el estado de ánimo, fortalecer la memoria y ayudar a que el cerebro funcione de manera más eficiente.
El cerebro y el intestino están estrechamente relacionados desde el desarrollo embrionario, comunicándose a través de mensajes químicos. Gran parte de la serotonina, un neurotransmisor clave en la regulación del apetito y el estado de ánimo, se produce en el intestino, por lo que las dietas poco saludables pueden inflamar el intestino y afectar en nuestra salud mental.
De hecho, los alimentos que carecen de nutrientes pueden aumentar el riesgo de ansiedad, falta de atención y depresión. Es por eso que cuidar lo que comemos es fundamental para mantener nuestro bienestar general, ya que existe una conexión directa entre los alimentos y nuestro estado de ánimo, según Uma Naidoo, psiquiatra y profesora de la Universidad de Harvard, Estados Unidos.
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Especias
Son conocidas por sus propiedades antioxidantes. Por ejemplo la cúrcuma, que reduce la ansiedad, ya que su ingrediente activo que es la curcumina puede disminuirla al cambiar la química cerebral y proteger el hipocampo. Otra especia recomendada es el azafrán, dado que investigaciones avalan sus efectos en el trastorno depresivo, aliviando significativamente los síntomas del paciente afectado.
Alimentos fermentados
Los alimentos fermentados se elaboran combinando leche, verduras u otros ingredientes crudos con microorganismos como levaduras y bacterias. Un análisis demostró que estos alimentos pueden proteger al cerebro, mejorando la memoria y disminuyendo la velocidad del deterioro cognitivo. Por ejemplo, el yogur rico en probióticos puede ser una parte poderosa de la dieta, pero no aquel que es sometido a un tratamiento con calor.
Nueces
Los efectos antiinflamatorios y antioxidantes de los ácidos grasos omega 3 en las nueces son muy prometedores para mejorar el pensamiento y la memoria. Este alimento tiene grasas y aceites saludables que el cerebro necesita para funcionar mejor, junto con vitaminas y minerales esenciales.
Chocolate amargo
El chocolate amargo posee muchos antioxidantes y es altamente beneficioso. Es considerado una excelente fuente de hierro que ayuda a formar la cubierta que protege las neuronas y ayuda a controlar la síntesis de los químicos que influyen en el estado de ánimo. Una encuesta realizada entre más de 13.000 adultos demostró que las personas que comen chocolate amargo con regularidad tienen un 70 % menos de riesgo de síntomas depresivos.
Aguacates
También se los llama paltas y según varios estudios, los pacientes con una dosis de entre 125 a 300 miligramos de magnesio mostraron una recuperación más rápida del trastorno depresivo. Esta fruta es importante para el funcionamiento del cerebro y genera bienestar, es más, existen innumerables análisis que sugieren consumirla debido a sus efectos ante la depresión.
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Lo que comés también influye en cómo te sentís
¿Cuál es la conexión entre la comida y el estado de ánimo? Para responder a esta pregunta, La Nación/Nación Media conversó con la psicóloga Laura Cáceres, quien reveló la intrínseca relación entre ambos y adelantó que está ligada a varios factores.
“Los alimentos que resultan más apetecibles, a causa de su sabor, dan mayor sensación de felicidad. El aspecto hormonal también cobra protagonismo, ya que la serotonina y noradrenalina, llamadas “hormonas de la felicidad”, pueden verse aumentadas a través de la alimentación”, explicó la profesional.
Cáceres aclaró que no hay problemas cuando se tratan de alimentos sanos, que contienen nutrientes como las vitaminas, minerales, antioxidantes, proteínas, grasas saludables y carbohidratos de bajo índice glucémico, ya que estos ayudan a mantener un buen estado de las funciones vitales, favoreciendo el bienestar físico y emocional.
Sin embargo, cuando se tratan de alimentos industrializados, hay que tener cuidado, ya que estos elevan la glucosa en la sangre, disparando la insulina, que cuando está elevada se relaciona con la diabetes y el sobrepeso.
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“Esto produce una sensación de placer momentánea, que dura poco tiempo, ya que cesa cuando la insulina baja. Después se necesita volver a ingerir este tipo de alimentos para obtener la misma sensación, que hace que se pase a tener un estado de culpa y malestar emocional”, detalló.
En este escenario entra a jugar un papel protagónico “el cortisol, la hormona del estrés, que en situaciones de angustia suprime el apetito a corto plazo, pero puede tener un efecto contrario si permanece elevado de manera crónica”.
Para la psicóloga es esencial que cada persona aprenda a identificar cuándo tiene hambre emocional y cuándo el hambre es físico, conociendo los detonantes y teniendo un plan para aprender a controlar los momentos de ansiedad.
“Cuando uno se da cuenta de que no puede solo u sola, debe acudir a psicoterapia para obtener estrategias que le ayuden a tener una alimentación más sana”, recomendó Cáceres.
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5 hábitos a evitar para mantener la salud digestiva
Cuidar la salud digestiva no solo depende de lo que se come, sino también de los hábitos cotidianos. La gastroenteróloga Juliana Suárez compartió una serie de prácticas que, desde su experiencia clínica, prefiere evitar para mantener el buen funcionamiento del sistema gastrointestinal.
La especialista enfatiza que muchas molestias digestivas pueden prevenirse con conductas simples y advierte sobre errores frecuentes que, a largo plazo, pueden generar complicaciones.
1. Saltarse el desayuno
Según Suárez, la primera comida del día activa el reflejo gastrocólico, un mecanismo que pone en movimiento el sistema digestivo, especialmente el colon. Permanecer demasiadas horas con el estómago vacío puede agravar cuadros de dispepsia y dificultar el tránsito intestinal.
2. Automedicarse por períodos prolongados
El uso sostenido de fármacos para la acidez, la diarrea, el estreñimiento o el dolor abdominal sin supervisión médica puede ocultar la causa real del problema. “Los síntomas digestivos siempre tienen un origen y taparlos con medicamentos sin un diagnóstico puede significar perder tiempo valioso”, advierte.
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3. Reducir el consumo de frutas y verduras
Eliminar estos alimentos —muchas veces por seguir dietas de moda— puede generar un déficit de fibra y alterar la microbiota intestinal. La especialista recomienda priorizar alimentos frescos y disminuir el consumo de ultraprocesados y grasas saturadas para favorecer el equilibrio digestivo.
4. Permanecer demasiado tiempo en el inodoro
Forzar la evacuación durante largos períodos no es recomendable. Suárez aconseja no permanecer más de cinco minutos, ya que pujar en exceso puede dañar los músculos del piso pélvico y aumentar el riesgo de hemorroides, desgarros o prolapsos.
5. Realizar “limpiezas” de colon
Las prácticas como enemas de café o preparados caseros carecen de sustento médico y pueden provocar complicaciones. “El colon y el hígado no necesitan limpiezas, se depuran solos”, subraya la profesional. En caso de estreñimiento, lo indicado es tratar la causa y no recurrir a soluciones extremas.
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Prevención antes que corrección
Para la gastroenteróloga, el enfoque debe centrarse en la prevención. Mantener una alimentación rica en fibra, hidratarse adecuadamente y consultar ante síntomas persistentes son pilares para preservar la salud digestiva.
Pequeños cambios en la rutina pueden marcar una gran diferencia, especialmente en un contexto donde los trastornos gastrointestinales son cada vez más frecuentes.