Una foto de la próxima película Spencer, en la que Kristen Stewart interpreta a Lady Di, se dio a conocer esta semana, donde el parecido de la actriz con la princesa de Gales es cada vez más notorio. Se espera que el filme, que será dirigido por el chileno Pablo Larraín, se estrene en el otoño boreal del 2021, o sea hacia fin de año.
La película, escrita por Steven Knight - creador de Peaky Blinders -, gira en torno a un fin de semana en la vida de la princesa Diana, durante el que pasa unas vacaciones con la familia real británica y decide poner fin a su turbulento matrimonio con el príncipe Carlos.
“Diciembre de 1991: el matrimonio del príncipe y la princesa de Gales hace tiempo se enfrió”, adelanta un comunicado de prensa de la película. Y continúa: “Aunque abundan los rumores de amoríos y divorcios, la paz está ordenada para las festividades navideñas en Sandringham Estate. Hay comida y bebida, tiro y caza. Diana conoce el juego. Este año, las cosas serán muy diferentes”.
Spencer empezó a filmarse hace unas pocas semanas, y el rodaje se llevará a cabo en Alemania y Reino Unido. Además de Stewart, actuarán Timothy Spall, Sally Hawkins y Sean Harris.
La actriz de Crepúsculo declaró que “Spencer imagina el mundo emocional de Diana y explora su identidad durante un punto de quiebre en su vida. Cuando decide afirmarse en el mundo con todo lo que ella es y eso empieza por su apellido de nacimiento: Spencer. Se trata del desgarrador esfuerzo para volver a ser ella misma”.
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Lady Di y su “vestido de la venganza” en cera, mientras preparan una muestra sobre el legado de moda de Isabel II
El museo de cera de París presentó la estatua de Lady Di, luciendo el llamado “vestido de la venganza”, famoso porque lo llevaba cuando su entonces marido el príncipe Carlos reveló sus infidelidades. Siguiendo con la monarquía británica, para el próximo año se prepara una exposición sobre el legado de moda de Isabel II en sus 70 años de reinado; a su vez, la princesa de Gales, Kate Middleton, está preocupada por los efectos nocivos de los smartphones en las relaciones humanas. Pasando a España, la reina Letizia fue objeto de muchas críticas en las redes por haber lucido un outfit del mismo color que su suegra, la reina Sofía, el día en que esta era homenajeada.
DIANA Y SU VESTIDO MÁS EMBLEMÁTICO, EN CERA
El Museo de Cera Grevin, situado en el centro de París, presentó en estos días el doble en cera de Lady Di que lleva una copia del famoso vestido negro con escote palabra de honor, de Christina Stambolian, que la entonces princesa lució cuando su marido confesó públicamente en la televisión sus infidelidades, en junio de 1994. “Este atrevido look, que rompía con los códigos de la realeza británica, fue rápidamente apodado el ‘vestido de la venganza’ e interpretado como un acto de reconquista, una poderosa imagen de feminidad afirmada, de confianza recuperada y símbolo de resiliencia”, señala el museo que ya contaba con los dobles en cera de Carlos III, ahora en el trono, y de su difunta madre, la reina Isabel II. Pero, sorprendentemente, la princesa Diana no estaba en el establecimiento, a pesar del destino trágico que une a Lady Di con la capital francesa, donde murió a los 36 años en un accidente de coche en agosto de 1997. La inauguración coincidió con los 30 años de una entrevista explosiva de Lady Di a la BBC el 20 de noviembre de 1995. “Éramos tres en ese matrimonio”, declaró entonces, en referencia a la amante de Carlos, Camila, que se convertiría en su segunda esposa. Diana, por su parte, reconoció haber tenido una aventura. “Diana sigue siendo una figura importante de la cultura pop mundial, admirada por su estilo, su humanidad y su independencia. Ella encarna esa mezcla única de tradición, modernidad e influencia cultural”, añade. La estatua de cera de la conocida como “princesa del pueblo” está expuesta bajo la cúpula del famoso museo, junto a otras conocidas figuras, como la del diseñador francés Jean-Paul Gaultier y la reina María Antonieta. Los dobles de Carlos III y de Isabel II están en otra galería, la de los jefes de Estado.
EXPONDRÁN EL GUARDARROPA DE ISABEL II
El Palacio de Buckingham acogerá, entre abril y octubre de 2026, una exposición sin precedentes que destacará el legado de moda dejado por la difunta monarca Isabel II en sus 70 años de reinado. Las entradas, que ya están a la venta, permitirán admirar unas 200 piezas del guardarropa de la soberana, fallecida en 2022 a los 96 años. La muestra incluirá desde sus suntuosos vestidos de ceremonia hasta sus célebres pañuelos, el estilo tan característico de la difunta reina. “El guardarropa de Isabel II era una lección magistral de simbolismo, costura y artesanía británica”, subrayó la comisaria de la exhibición, Caroline de Guitaut, citada en el comunicado. Los diseñadores Erdem Moralıoğlu, Richard Quinn y Christopher Kane contribuirán a esta exposición, llamada “Queen Elizabeth II: Her Life in Style” (Reina Isabel II: Su vida con estilo). Según Christopher Kane, “las prendas de la difunta reina cuentan la historia de Reino Unido y de la identidad cambiante del país a través de la moda”. Aproximadamente la mitad de las piezas se presentarán por primera vez al público, indicó en un comunicado el Royal Collection Trust, organismo encargado de la conservación del patrimonio de la monarquía. La muestra, presentada como la más grande dedicada al guardarropa de la soberana, también incluirá piezas más informales, como atuendos de equitación, un deporte que le apasionaba.
LA PREOCUPACIÓN DE KATE MIDDLETON
La princesa de Gales afirmó preocupada por los efectos nocivos de los teléfonos inteligentes en las relaciones humanas, en particular en los más jóvenes, según un texto publicado en el sitio web de su fundación para la infancia. En el sitio de la Royal Foundation Centre of Early Childhood, la organización que creó Kate Middleton en 2021 y que se ocupa de la primera infancia, la esposa del príncipe Guillermo firma un texto en colaboración con un psiquiatra estadounidense, Robert Waldinger, director de un estudio sobre el desarrollo adulto llamado “The Harvard Study of Adult Development”, para señalar los peligros de la “interferencia tecnológica”. “Aunque los dispositivos digitales prometen mantenernos conectados unos con otros, frecuentemente hacen lo contrario”, escriben la princesa y profesional. “Nuestros teléfonos móviles, tabletas y ordenadores se han convertido en fuentes de distracción permanente, que fragmentan nuestra atención y nos impiden prestar a los demás la consideración que las relaciones humanas exigen”, añaden. “Consultamos nuestros teléfonos durante las conversaciones, navegamos por las redes sociales en cenas familiares o respondemos correos electrónicos mientras jugamos con nuestros hijos. No solo estamos distraídos, sino que estamos retirando la forma de amor más elemental que requiere la conexión humana”, señala Kate en el texto escrito en colaboración con el psiquiatra.
¿GUIÑO O GANAS DE ROBAR LA ATENCIÓN?
Hace unos días, España celebraba los 50 años de la restauración de la monarquía, tras el fallecimiento del dictador Francisco Franco. En este contexto, se realizaron varios actos especiales, entre ellos un homenaje a la reina emérita Sofía quien recibió un Toisón de Oro de parte de su propio hijo, el rey Felipe VI.
Todo era dicha y emoción en el salón principal del Palacio Real, sede de la ceremonia, hasta que hizo su aparición en el lugar la reina Letizia luciendo un look del mismo color del traje de su suegra. Ambas vestían de rosa bebé, un color nada habitual en ceremonias institucionales, y el detalle no pasó desapercibido. La legendaria periodista Pilar Eyre, experta en realeza española, opinó en su columna de la revista Lecturas de que no se trataba de una casualidad, ni de un guiño, ni de un gesto cariñoso y cómplice de Letizia hacia la madre de su esposo, sino que de una trama premeditada para robarse el protagonismo en la ceremonia.
Las críticas en redes sociales no se hicieron esperar y muchos coincidieron en que fue una actitud irrespetuosa de Letizia que, teniendo un guardarropas enorme, justo optó por un diseño parecido al que iba a lucir su suegra quien llevó un atuendo hecho especialmente para ella, y con mucha antelación, por el modisto Alejandro de Miguel. “¿Cómo se puede llamar ‘gesto cariñoso’ vestirse exactamente igual que la persona a la que se homenajea?”, se preguntaba la columnista.
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Otra biopic: la vida de Raphael llegará a Netflix
Ya está en marcha el rodaje de Aquel, la serie biográfica basada en la vida del cantante Raphael. La producción, de ocho capítulos y aún sin fecha de estreno, estará protagonizada por Javier Morgade (Disco, Ibiza, Locomía, Alma) y Carlos Santos (1992, El hombre de las mil caras) en el papel de Raphael y promete, según el artista “un relato honesto y sin adornos” de su trayectoria.
"Estoy profundamente entusiasmado con este proyecto, fruto de más de tres años de trabajo. Han sido meses intensos de escritura de guión, elección de elenco, diseño de producción y colaboración estrecha con los directores, junto a tres aliados excepcionales: Caracol, Dlo y Netflix. Las grabaciones comenzaron por fin en junio y no puedo estar más contento con los primeros resultados", señala Raphael en un comunicado distribuido por la plataforma.
El artista asegura que este biopic “no solo cuenta mi historia; también refleja una historia compartida: más de seis décadas de carrera marcadas por momentos inolvidables -unos muy conocidos, otros más íntimos; algunos luminosos, otros más duros-, pero todos profundamente significativos”.
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“He contado mi vida sin filtros, y los guionistas la han interpretado con total libertad. Este no es un biopic que idealiza mi trayectoria, sino un retrato honesto, sin adornos, que no rehúye ningún aspecto, por complicado que haya sido. Por todo ello, creo que Aquel tiene un valor especial”, asegura Rapahel que dice estar “deseando ver el resultado final”.
Junto a Morgade y Santos, completan el reparto Francesco Carril (Los años nuevos, La virgen de agosto), Natalia Varela (Ella es tu padre, No te puedes esconder), Pepa Aniorte (Sueños de libertad, La caza. Guadiana) y Manolo Caro (Entrevías, Feria: la luz más oscura), entre otros.
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Madrid, Las Vegas, Moscú o Acapulco
La serie, según afirma Netflix, retrata el ascenso imparable de un artista irrepetible, desde sus humildes orígenes en la España de posguerra hasta la conquista de los grandes escenarios internacionales, repasando también sus pasiones más íntimas, sus grandes éxitos, sus conflictos personales y los fantasmas que le han acompañado a lo largo de toda su vida.
Desde Madrid hasta Las Vegas, pasando por Moscú, París o Acapulco, Aquel promete ser un viaje emocional a través de cinco décadas llenas de luces y sombras para mostrar al hombre detrás del mito.
La serie es una producción de Dlo Producciones (El jardinero, Ni una más) en asociación con Caracol Televisión. Está siendo dirigida por Tito López Amado, Javier Pulido y Beatriz Sanchís, y cuenta con José Manuel Lorenzo como productor y con Jacobo Martos como productor asociado. El guion ha sido escrito por Ignacio del Moral, Paloma Rando y Adrià P. Xancó. Como productores ejecutivos participan Nacho Bolonio, Dago García, Lisette Osorio y José Manuel Lorenzo.
Fuente: Europa Press.
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Fans de Oasis vibraron en su esperado regreso a los escenarios
Ante 74.000 personas entregadas a sus himnos generacionales, la emblemática banda de britpop Oasis comenzó este viernes en la ciudad galesa de Cardiff su esperada gira de regreso más de 15 años después de su agria separación. La banda de Mánchester, que sacudió el panorama musical a mediados de los 1990 con éxitos como “Wonderwall” o “Champagne supernova”, recorrerá cuatro continentes en esta gira que contará con paradas en Argentina, Brasil, Chile y México.
En la primera de sus dos noches en el Principality Stadium de la capital galesa, los antes enfrentados hermanos Liam y Noel Gallagher encadenaron una ristra de sus grandes temas que dejaron encandilados a los 74.000 espectadores. “Fue fantástico, todo lo que habíamos soñado”, dijo Sebastian Vyrtz, un aficionado danés de 37 años. “Canciones fantásticas, sin tonterías. Era como un festival de éxitos”, aseguró.
Ha pasado “demasiado tiempo”, reconoció el cantante Liam poco después de empezar las dos horas de espectáculo que incluyeron clásicos como “Stand by Me” o “Supersonic”. Protagonistas de numerosas riñas que llevaron a la separación de la banda, los hermanos Gallagher se agarraron las manos al subir al escenario o incluso cantaron juntos el tema “Roll with it”.
En el cierre del concierto, la banda agradeció a sus seguidores por “aguantar durante todos estos años”. “Fue más que un espectáculo. Tenía mis brazos abrazando a completos desconocidos”, explicó Frank Gonzales, un californiano de 49 años que se declaraba impactado “emocionalmente”. Grandes aficionados del fútbol, los Gallagher rindieron tributo al futbolista fallecido del Liverpool, Diogo Jota, cuya imagen apareció en las pantallas durante las últimas notas de “Live forever”.
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“Increíble”
La gira Oasis Live ’25 cuenta con 41 conciertos en ciudades como Londres, Mánchester, Los Ángeles Tokio, Sídney, Ciudad de México, Sao Paulo, Santiago o Buenos Aires. Desde la separación del grupo en 2009, tras una enésima pelea entre los hermanos en un festival en las afueras de París, muchos ya no esperaban volver a verlos juntos sobre el escenario.
Omar Llamas, de 39 años, voló desde México para el evento. “Va a ser una experiencia que cambiará mi vida”, dijo a la AFP al entrar al estadio unas tres horas antes del inicio del concierto. “Es simplemente increíble estar aquí. ¡Me cuesta encontrar las palabras!”, añadió su compatriota Cynthia Flores, de 30 años.
A pocas horas del inicio, el centro de Cardiff ya era eco de la emoción de los fans, que coreaban los éxitos del grupo en las terrazas de pubs abarrotadas, vestidos con sus camisetas de Oasis. Mark Cassidy, un estadounidense de 31 años, vino “solo por esto” desde Nueva York con un amigo. Charlotte Abisset, una francesa de 37 años, es fan “desde hace 25” pero nunca ha visto al grupo en concierto. “Estoy muy emocionada, todavía no me creo que voy a vivir este momento histórico”, dijo.
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Unas 900.000 entradas vendidas
Oasis anunció su regreso el pasado mes de agosto, pocos días antes del trigésimo aniversario del primer álbum de la banda, “Definitely Maybe”.
Tras su separación, los Gallagher continuaron su carrera por su cuenta, sin alcanzar la gloria de la época de Oasis, y mantuvieron frecuentes enfrentamientos a través de los medios de comunicación.
El anuncio sorpresa de su regreso desató una verdadera locura entre los fans, tanto antiguos como nuevos, por conseguir entradas. Alrededor de 900.000 se vendieron en pocas horas para los conciertos en Reino Unido e Irlanda.
Pero el caótico proceso de venta en línea y el aumento desmedido del coste de las entradas por un sistema de precios llamado “dinámico” provocó polémica y una investigación del regulador británico.
“¿Se lo están pasando bien? ¿Vale la pena las 40.000 libras que pagaron por la entrada?”, bromeó desde el escenario Liam Gallagher.
Al salir del estadio, Debbie Bonfield, una galesa de 65 años, dijo que “lo que cobraban a los seguidores era una estafa”, pero que “el ambiente lo compensó”. “Fue increíble, me encantó”, afirmó.
La gira se perfila como muy rentable. El banco Barclays estimó que los seguidores de Oasis podrían gastar más de 1.000 millones de libras (alrededor de 1.365 millones de dólares) en entradas y gastos relacionados como transporte y alojamiento. De acuerdo con medios británicos, la banda volvió a tocar desde hace varios meses y ensayó en directo más recientemente en Londres. Para la gira sumaron nuevos miembros como un teclista o un batería.
Fuente: AFP.
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Vida, muerte, fantasía, ilusión, deseo… pulsiones y condición humana
- Ricardo Rivas
- Periodista
- X: @RtrivasRivas
- Fotos: Gentileza
Vida, muerte, ilusión, deseo... pulsiones incrustadas en la condición humana, aunque “reyes y peones, al final de la partida, vuelven a la misma caja”.
“¿Fantasear o desear...?”. Ese era el dilema que, en frecuentes charlas de café, proponía un tan veterano como anónimo polemista que habitaba, cuando la tarde agonizaba, algunas de las selectas mesas en el mítico café La Paz, en la esquina de la avenida Corrientes 1593, cuando esa arteria cordial se cruza con la calle Rodríguez Peña, muy cerca del Obelisco, en Buenos Aires, unos 1.300 kilómetros al sur de mi querida Asunción.
Era los años 70, en el siglo pasado. Enfrente –justo en diagonal– intentaba competir el bar Ramos. En concurrentes habituales estaban cabeza a cabeza. Inolvidables, por cierto. Pero el caso es que, luego de encender la polémica con aquel interrogante, con impostado tono académico, intentaba, aquel sanatero, zamarrearnos.
¡Me parece verlo! Acomodaba prolijamente los dos o tres libros de Sigmund Freud o de Foucault que siempre llevaba con él y lentamente –como buscando las palabras más adecuadas– iba al punto. Fumaba tabaco inglés en una pipa muy gastada y sobre su prominente nariz montaba espejuelos redondos tonalizados verde oscuro.
“El tío Segismundo –ironizaba mientras revoleaba sus manos refiriéndose a Freud– cuando compartíamos algunos puros con amigos en el Café Frauenhuber, en la inolvidable Viena, nos explicaba con claridad, jóvenes amigos, palabra más, palabra menos, que solo fantasean las personas insatisfechas”.
PULSIÓN
Lo seguíamos en silencio. Algunas veces –como la ignorancia nos impedía responder y/o, mucho menos, poner alguno de sus dichos en duda, hacía una pausa que disfrutaba y, si la memoria no me falla, en aquel caso puntual remató: “Cada fantasía surge de una pulsión para cumplir con un deseo insatisfecho, muy deseado, que corrija la realidad”.
Nunca recuerdo su nombre. En verdad, no tengo claro si alguna vez lo supe. Pero sí, sus anécdotas con pretensiones académicas y que se definía como “un libre pensador, diletante”. ¡Nos maravillaba! Aunque –debo admitirlo– teníamos dudas que no confesábamos sobre su presunta sabiduría por aquello de que entre los ciegos un tuerto es rey.
“¡Déjese de joder, farfullante…!”, recuerdo que le dijo –indisimuladamente molesto y a voz en cuello– un reconocido profesional y estudioso freudiano, de quien exclusivamente consignaré sus letras iniciales (G.G.), que incontenible por lo que también escuchó abandonó su café en una mesa cercana y lo increpó sin miramientos.
Un pesado silencio cubrió todas y cada una de las mesas. El increpado no atinó a responder. Se retiró cabizbajo –con sus tres libros bajo el brazo– enmudecido y sin plantarle cara. El increpante nos miró, se disculpó “por interrumpir la conversación sin que nadie me llame” y fue al punto: “Simple y sencillo, muchachos. La fantasía tiene que ver con el imaginario. Con lo que creemos o sabemos que muy difícilmente suceda. Con aquello que suponemos imposible y que, de alcanzarlo, imaginamos sería placentero, pero sabemos que no podrá ser. Desear es converger la fantasía con la realidad más deseada en algún momento de tu vida. ¡No entender esa diferencia es grave… y, pretender explicar desde la ignorancia y la confusión, no lo puedo dejar pasar!”.
Renovó su disculpa y volvió a su mesa. “Como una escuela de todas las cosas...”, como nos enseñó Discépolo cuando escribió aquel tangazo que llamó “Cafetín de Buenos Aires”, así era el bar La Paz. Fantasías. Deseos. Ilusiones. Me atrevo a añadir que, como entonces, en estos tiempos de imágenes exacerbadas y exacerbantes que circulan y atropellan en los avasallantes ecosistemas digitales que facilitan las comunicaciones reticulares contemporáneas, aquellas –junto con la vida y la muerte– emergen como inevitables pulsiones incrustadas en el día a día de nuestros días.
OXÍMORON
Claramente, forman parte de la condición humana. Pese a que, con el correr de los tiempos y a la democratización de las monarquías (¿oxímoron?), con mucho menos frecuencia que algún tiempo atrás y, en aquel contexto, escuchar decir “vida de príncipes”, sorprende porque pareciera ser una expresión que cae en desuso.
Aun así, hay quienes insisten con ella cuando se procura producir sentido respecto de alguna persona que –a juicio de quien así se expresa– tiene allanado el acceso a poderosos y poderosas o cuando dispone de bienes materiales en abundancia o cuando no debe preocuparse por necesidades que –como tales– sí lo son para la mayoría de la humanidad.
En ese contexto, tampoco el futuro debiera ser preocupante para quienes tienen –siempre a la vista de las otredades– tránsitos principescos o, acaso, propios de las realezas. Hambre, desocupación, falta de salud, de educación. En aquel contexto, se suponen alejados de aquellos y aquellas minorías vistosas. Sentires y decires. Pareciera, incluso, que nada ni nadie está exento, alguna vez, de emitir esos juicios o ser depositario de ese tipo de expresiones.
Hasta la muerte –en ciertas ocasiones, por la forma en que se produce y a quien afecta– hace que no sean escasas las voces que se atreven a afirmar que Mengana o Fulano “murió como un príncipe”. En el siglo XIX y buena parte del XX era frecuente que así se significara la partida de este mundo cuando las y los finados eran considerados socialmente como “patricios” o “ricos”.
Curioso, por cierto. Y tanto lo era (y es) que vaya a saber a quién y en qué situación tuvo la lucidez para destacar que “al final de la partida, reyes y peones vuelven a la misma caja”. ¿Sabiduría popular? Tal vez.
LA BODA DEL SIGLO
Aún recuerdo cuando el 29 de julio de 1981 –la tele satelital cuando el mundo era mundial y para nada global– puso “en el aire” (vieja expresión de uso común en la radiotelefonía de entonces, hoy casi olvidada), desde la catedral de San Pablo, en Londres, la que fue llamada como la “boda real o del siglo” porque, aquel día, el príncipe Carlos (32) –hijo primogénito de Isabel Alejandra María Windsor (1926-2022), la reina Isabel II del Reino Unido y de la Commonwealth desde 1952 hasta su muerte– contrajo matrimonio con la joven aristócrata llamada Diana Spencer (20).
Cerca de 800 millones de televidentes lo vimos. “¡Parece un cuento de hadas...!”, escuché decir a dos mujeres que – como otros muchos, frente a una vidriera colmada de televisores– vimos pasar a Carlos, por entonces príncipe de Gales, y Diana recién casados, a bordo del 1902 State Landau, como se conoce al carruaje que, en aquel año, el rey Eduardo VII –tío del contrayente– ordenó construir para ceremonias relevantes.
En la Argentina, desde poco menos de tres años, teníamos tele en colores. La novia, tanto en el ingreso a San Pablo –luego de descender junto con John, su padre, VIII conde de Spencer, de un carruaje vidriado– como en el momento en que salió de esa catedral con su esposo convertida en “alteza real”, tuvo que detenerse varios minutos para que las “damas de honor” acomodaran la cola de su vestido “de casi ocho metros de largo”, relataba la transmisión oficial.
¡Hermoso para ver! Un año y 22 días después –el 21 de julio de 1982– se anunció el nacimiento del príncipe Guillermo, heredero de la corona británica. El 15 de setiembre de 1984 –setecientos ochenta y siete días después que su hermano mayor– nació el príncipe Enrique.
Sin embargo, y como sostiene el dicho popular, “no todo lo que reluce es oro”. El 28 de agosto de 1996 –cinco mil quinientos nueve días después de aquella boda principesca– Diana y Carlos se divorciaron. Con el paso del tiempo la fantasía pública trocó en públicos desatinos vinculares. La princesa descubrió y confirmó que el príncipe tenía como amante a Camilla Parker-Bowles, una amiga de la Casa Real. ¡Crisis!
MULTITUD
Carlos pasó –para muchas y muchos– a ser el “realmente odiado”. Diana, en el transcurso de 1995, decidió no ocultar la situación. Habló con la BBC, la tele pública en el Reino Unido. “¿Cree que Camilla Parker-Bowles fue el factor que desencadenó el fracaso de su matrimonio?”, preguntó el periodista Martín Bashir a “su alteza real”. La respuesta fue simple, breve y clara: “Bueno, éramos tres en mi matrimonio. Y eso es una multitud”. El 31 de agosto de 1997, Diana, Dodi Al-Fayed (1955-1997), multimillonario egipcio, y el chófer, Henri Paul, murieron en un accidente de tránsito ocurrido en el interior del túnel del Pont de l’Alma, en París.
Aquel príncipe, Charles Philip Arthur George (77), desde el 8 de setiembre de 2022, es Carlos III, rey del Reino Unido y de los otros reinos de la Mancomunidad de Naciones. Camilla Rosemary Shand, luego Parker-Bowles (78) –la tercera de aquel matrimonio principesco que “era multitud”, como lo sentenció Diana, “la princesa del pueblo”, como la categorizó para siempre el ex primer ministro Tony Blair, el 31 de agosto de 1997– es reina consorte.
Fantasías. Deseos. Ilusiones. Condición humana. Fantasías. Deseos. Ilusiones. “Cambia, todo cambia”, canta como nadie Mercedes Sosa. Los khasi –una minoría étnica originaria que habita en el estado de Meghalaya, noreste de la India desde antes de las invasiones dravídicas pobladoras del sur en ese mismo país– desconocen quiénes de sus antecesores y cuándo comenzaron a orientar las raíces de los árboles para construir con ellas “puentes vivientes”.
Lejos de aquellas selvas inigualables, recién se supo algo de los que se conocieron entonces también como “los puentes de raíces vivas de Sohra (Cherrapunji)”, cuando era avanzado el siglo XIX. Los exploradores occidentales se asombraron con aquel descubrimiento. En La Sociedad Asiática, un histórico periódico que se publicaba en Calcuta en 1844, se consignó la información. Desde aquellos tiempos, es polo de atracción hasta nuestros días.
“AMOR RECÍPROCO”
Hacia allí, unas tres semanas atrás, partieron en luna de miel el príncipe Raj Raghuvanshi (21) y la princesa Sonam Raghuvanshi (24). Eran marido y mujer porque sus madres –en esa sociedad matrilineal– así lo acordaron. Ambos pertenecían a la misma clase social y casta. Aquel enclave natural que, además, con unos 12.000 milímetros de lluvias anuales es, según Guinness, el lugar más lluvioso de cada año, era perfecto para manifestarse amor recíproco sin interferencias. La actuación crucial de la mehndi, la celebración musical previa, la ceremonia principal, la fiesta posterior quedaron atrás.
Me explican –por Whatsapp, desde Nueva Delhi, tres diplomáticos chimenteros que me pidieron anonimato– que los fastos nupciales se extendieron por cuatro días. Las dos familias en estado de tranquilidad. Espiritual, social y económico. No faltó nada. Se observaron todos los rituales. Homa (la ofrenda al fuego) se concretó. El Panigrahena, los unió como nunca antes. Las siete vueltas al fuego –el Satapadi– hizo celebrar a muchas y muchos, sonreír a las y los más refinados y desear, ilusionarse... soñar, a otros y otras.
Samskara se instaló en la flamante pareja. Luego, silencio. Los días pasaban y... más silencio. Pero irrumpió la angustia. Primero en el que fue el pueblo de ambos, luego en la provincia, la región y, finalmente, en todo el país. “¿Dónde están?” “¿Qué se sabe?”. La falta de novedades fue parte de las informaciones de la agencia de noticias nacional. Se iniciaron las búsquedas. Los supuestos ganaron el espacio público. Las ideas conspiranoides de poderosos y poderosas ingresaron en los circuitos informativos.
Nadie respondía a las incesantes llamadas a los móviles de Raj y Sonam. La policía y los servicios de inteligencia de la India los monitoreaban inútilmente. También el de uno de los hermanos de la princesa. ¡Nada! Pero, cuando nadie lo esperaba, todo cambió. El domingo pasado aquella novia obediente de los acuerdos y mandatos familiares que se mostró alegre, ilusionada, ante los unos y los otros; que fue objeto de los comentarios de sus vecinos e incluso blanco preferente a la vista de aquellas y aquellos que por ser de clases inferiores o de castas poco respetables no debieran haberla mirado, trocaron interrogantes y angustia sociales.
DIMES Y DIRETES
Desde algunos anocheceres en las sacudidas calles de aquel país con 1.400 millones de habitantes, se sabía por trascendidos –que más tarde se confirmaron– que el cadáver de Raj fue encontrado y recuperado de las profundidades de un precipicio con abundante vegetación. Fue el momento de los dimes y diretes. Se conoció el escabroso detalle de que el cuerpo lo encontraron con el cráneo partido con dos golpes duros aplicados con algún objeto contundente y cortante.
¡Horror! Rescatistas e investigadores tuvieron la convicción de que fue asesinado. Así lo dejaron trascender. No murió como un príncipe. Pero las honras fúnebres sí lo fueron para despedir a su alteza real. Sonam, esposa por un breve tiempo –geolocalizada desde el momento en que se comunicó con uno de sus hermanos– supo por quienes la hallaron que era viuda.
Gritó. Se ahogó en llanto. Insistió con el deshilachado argumento de que fueron víctimas de secuestro. Pero no tenía una coartada que generara, por lo menos, una duda. También supo que Rai Kushwaha, un chófer a su servicio, estaba preso en otra celda. Fue apresado en su pueblo natal, Madhya Pradesh. Contrastaron sus respuestas. Eran amantes desde tiempo antes de que Sonam y Raj protagonizaran una boda principesca.
Como en el caso de Carlos y Diana –con Rai– también se constituyeron en multitud. El amante capturado también confesó. Señaló a los tres criminales que asesinaron al príncipe –sus cómplices– a los que convenció para que ejecutaran al joven esposo de la mujer que también amaba.
Los sicarios fueron apresados. Abrumados, admitieron. La exprincesa viuda dejó de ser víctima para ser victimaria. La justicia la acusa de ser quien incitó a su frustrado enamorado de la necesidad de asesinar a Raj. Vida, muerte, ilusión, deseo... pulsiones incrustadas en la condición humana, aunque “reyes y peones, al final de la partida, vuelven a la misma caja”.