El matcha es un té verde pero en polvo, de origen chino, que empezó a consumirse durante la dinastía Song (960 - 1279). En ese período, muchos inmigrantes japoneses viajaban a China para aprender una nueva forma de budismo, el Chan, conocido actualmente como Zen. Los monjes budistas descubrieron que el té ayudaba a mantener la mente alerta y a relajar el cuerpo, condiciones que consideraban ideales para meditar.
De regreso a su país, los japoneses introdujeron todo lo aprendido sobre esta costumbre a su tradicional ceremonia del té, y desde entonces esta se ha popularizado en muchos rincones del mundo. El matcha no viene en forma de hebras, sino de hojas molidas como un polvo muy fino. Y para su preparación hay que batirlo con agua, así como lo explica este video:
Consumir matcha trae muchos beneficios para la salud: fortalece el sistema inmunitario y ayuda a reducir el estrés; estimula la mente y relaja el cuerpo; ayuda a prevenir el cáncer, infecciones y las caries; controla la hipertensión; ayuda a mantener sanas las arterias y bajar los niveles de azúcar en la sangre; previene la fibrosis hepática y los signos de Alzheimer.
Asimismo, debido a su gran contenido de antioxidantes, ayuda a eliminar los radicales libres, a mejorar el aspecto de la piel y las uñas; a quemar las grasas y bajar de peso, a saciar el hambre y a apagar la sed de forma natural. Hoy en día, este té verde en polvo también es muy utilizado en la pastelería y la coctelería. ¿Ya lo probaste?
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El “té de la inmortalidad” que volvió como un negocio global
¿Cómo una bebida con más de 2.000 años de historia logra volver al centro de la conversación en plena era de la inteligencia artificial, la comida ultraprocesada y el consumo acelerado? La respuesta no está solo en la nostalgia por lo natural, sino en algo más profundo: la kombucha encontró un nuevo lenguaje para una necesidad antigua.
Conocida en sus orígenes como el “té de la inmortalidad”, esta bebida fermentada nació en Asia como una preparación artesanal a base de té, azúcar y un cultivo vivo de bacterias y levaduras. Durante siglos circuló en distintos territorios, mutando en silencio, sobreviviendo más como práctica tradicional que como industria. Hoy, ese mismo líquido ligeramente ácido y burbujeante reaparece en góndolas, cafeterías y supermercados como una de las apuestas más fuertes dentro del universo de las bebidas funcionales.
Y es que en un mercado saturado de gaseosas azucaradas y bebidas artificiales, la kombucha se posiciona como una alternativa “viva”, un producto que no solo hidrata, sino que incorpora fermentación, probióticos y ácidos orgánicos asociados al bienestar digestivo. Su atractivo no está únicamente en el sabor, sino en la promesa de equilibrio entre salud y consumo cotidiano.
En ese contexto surge Kombuchacha, un emprendimiento que tomó esta tradición milenaria y la convirtió en una marca industrial con lógica de expansión internacional. Nacida en Chile, la empresa transformó un proceso casero en una operación escalable, certificada y con presencia regional, apostando por un concepto que combina ciencia, alimentación consciente y branding de bienestar.
La historia, sin embargo, no empieza en un laboratorio ni en una planta industrial, sino en un problema doméstico. Su fundadora, María Prieto, relató que la kombucha apareció primero como una solución cotidiana para mejorar la alimentación de sus hijas. Lo que comenzó como una preparación casera evolucionó, casi sin planearlo, hacia un modelo de negocio que hoy se posiciona como referente en el mercado latinoamericano de bebidas funcionales.
El crecimiento de Kombuchacha se apoya en la premisa de que el consumidor moderno ya no busca solo sabor o precio, sino propósito. En ese sentido, la marca se instaló en una tendencia global que cruza bienestar, sostenibilidad y transparencia en los ingredientes. Sus productos, elaborados con fermentación controlada y sin aditivos artificiales, apuntan a ese segmento que reemplaza progresivamente las gaseosas tradicionales por alternativas más naturales.
El resultado es una bebida que conecta dos mundos que rara vez conviven: la tradición ancestral y la lógica industrial contemporánea. Desde su planta de producción en el sur de Chile, Kombuchacha escaló su modelo hacia mercados internacionales, incluyendo Estados Unidos, y ahora avanza en su expansión regional.
Pero más allá del caso empresarial, la kombucha plantea una pregunta más amplia sobre el consumo actual: ¿por qué una bebida con 2.000 años de historia vuelve a ser relevante ahora? La respuesta parece estar en la convergencia entre tres factores: la búsqueda de salud preventiva, el auge de los alimentos funcionales y la creciente desconfianza hacia los productos ultraprocesados.
Así lo que alguna vez fue un “té de la inmortalidad” hoy es, más bien, un síntoma del presente: la necesidad de volver a lo simple para responder a un mundo cada vez más complejo.
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El negocio del agua
Por: Adelaida Alcaraz
Hace tiempo este líquido vital dejó de ser un recurso transparente. Hoy es una industria de percepción en la que colores, etiquetas y promesas influyen en decisiones cotidianas más de lo que imaginamos.
¿Sabías que el color de la tapa de una botella de agua puede estar diciendo más de lo que imaginás sobre lo que estás ingiriendo? En una góndola iluminada de supermercado, el agua parece el producto más noble del sistema alimentario.
Pero esa aparente neutralidad es, en realidad, una construcción cuidadosamente diseñada, hoy día, basada en colores de etiquetas, tipografías minimalistas, palabras como “pure”, “detox” o “energy” que activan una promesa antes de cualquier lectura nutricional.
“Actualmente, la industria no solo vende hidratación, sino sensaciones, identidad, bienestar, energía, ligereza, belleza y salud”, advirtió la Dra. Rossmary Acuña Insfrán, nutricionista clínica y funcional.
El agua ya no compite por saciar la sed. Actualmente, la disputa se da por la atención, la percepción y por el estilo de vida de las personas. Y en ese cambio silencioso, el embotellado pasó a ser un lenguaje que el consumidor interpreta sin saber que existe. “El envase comunica emoción, pero la etiqueta nutricional comunica verdad metabólica”, señaló la especialista.
Aunque el agua se percibe como un producto único, la industria la segmenta con un código visual que organiza el mercado global: azul para aguas minerales naturales, blanco para purificadas, rojo para saborizadas o con electrolitos, verde para gasificadas y negro para alcalinas. Pero esa codificación rara vez decodifica el consumidor.
En su lugar, todo sigue siendo “agua”. Esa simplificación es el punto crítico. Porque no todas las aguas son iguales. Algunas cumplen una función esencial de hidratación, mientras otras incorporan azúcar, sodio, edulcorantes o saborizantes que modifican su impacto metabólico.
“Cuando a esa ‘agua’ se le agregan azúcar, saborizantes o aditivos, ya no estamos hablando del mismo producto desde el punto de vista nutricional”, explicó la especialista.
La ciencia es clara en una distinción que suele pasar desapercibida. Y es que hidratar no siempre significa nutrir. Sin embargo, el consumo crece bajo una narrativa distinta. El agua se transformó en un objeto de lifestyle: detox, energía, inmunidad, equilibrio. Conceptos que construyen deseo más que evidencia.
En paralelo, aparece una dimensión menos visible pero cada vez más relevante: la sostenibilidad. Cada botella implica extracción, procesamiento, transporte, refrigeración, marketing y residuos. El agua deja de ser naturaleza para convertirse en industria.
Un sistema en el que lo “saludable” también puede ser ambientalmente costoso. “El agua pasó de ser un recurso básico a convertirse en símbolo de bienestar y objeto de lifestyle”, afirmó la Dra. Rossmary.
El resultado es una paradoja contemporánea, pues cuanto más “premium” se vuelve el agua, más compleja es su huella ecológica y más difusa su lectura nutricional.
Incluso el cerebro juega su propio rol. La palabra “agua” reduce la percepción de riesgo, habilitando consumos que no se analizarían en otros productos. Frente a ese escenario, la recomendación no es sofisticada, sino incómodamente simple.
“La verdadera hidratación no necesita marketing complejo”, concluyó la nutricionista, dejando entrever que hoy, la decisión más avanzada no sea elegir la botella más llamativa, sino la más transparente.
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Las ganancias de la IA deben beneficiar a los trabajadores, dice jefe de la OIT
Las ganancias generadas por la inteligencia artificial (IA) deben beneficiar a los trabajadores y hacerlo de manera justa, defendió este lunes el director general de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
Durante la Conferencia Internacional del Trabajo, en Ginebra, Gilbert Houngbo dijo que la IA está transformando el mercado laboral, al cambiar la forma en que se crea valor y cómo se toman decisiones.
“Los trabajadores deben poder compartir las ganancias de productividad generadas por la IA. Esas ganancias deben distribuirse de manera justa mediante mejores salarios, una mayor protección laboral y un crecimiento más inclusivo”, afirmó.
La mayoría de las instituciones económicas, incluido el Banco Central Europeo, sostienen que la IA ha tenido hasta ahora únicamente efectos menores sobre el empleo.
Si bien la tecnología de IA está en pleno auge, Houngbo señaló que “el futuro del trabajo no estará determinado únicamente por la tecnología, sino por las políticas, las instituciones y el diálogo social que la orienten”.
Por eso, acotó, “las decisiones que tomemos hoy determinarán si la IA amplía las oportunidades y la prosperidad compartida o si profundiza la desigualdad y la inseguridad”.
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Entre las opciones disponibles figuran invertir en competencias, reforzar la protección laboral y social, apoyar a las micro, pequeñas y medianas empresas, y respetar los principios y derechos fundamentales en el trabajo, indicó.
“En última instancia, se trata de una elección social y política sobre el futuro que queremos”, afirmó Houngbo.
La OIT es única en el sistema de las Naciones Unidas, ya que sus 187 Estados miembros están representados de manera equitativa por gobiernos, trabajadores y trabajadores.
Esos representantes se reúnen en la sede de la ONU en Ginebra del 1 al 12 de junio para debatir cuestiones relacionadas con el mundo del trabajo.
Los miembros de la OIT esperan concluir las negociaciones sobre un nuevo tratado internacional para los trabajadores de plataformas digitales.
Se trata de “un paso importante para responder a las nuevas formas de trabajo y cerrar las brechas en materia de protección e innovación”, dijo Houngbo.
Aunque controlan en gran medida las tareas y la remuneración, las plataformas clasifican a estos trabajadores como contratistas independientes y no como empleados.
Esa calificación les permite eludir las obligaciones relacionadas con el salario mínimo, la seguridad en el lugar de trabajo y el acceso a la seguridad social, según la ONG Human Rights Watch.
- Fuente: AFP
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El Pisco peruano apunta a conquistar Paraguay con una apuesta premium
La bodega peruana Finca 314 W&V llega al país con una propuesta basada en tradición, exclusividad y oportunidades comerciales para posicionar el pisco en nuevos segmentos gastronómicos y de consumo.
La bodega peruana Finca 314 W&V busca desembarcar en el mercado paraguayo con su producto bandera: el pisco, una denominación de origen reconocida y respaldada por más de 400 años de legado vitivinícola.
La firma, liderada por la quinta generación de mujeres dedicadas a la elaboración de esta bebida emblemática, llega con una propuesta que combina identidad cultural, exclusividad y versatilidad gastronómica.
Desde la empresa destacan que el pisco es “una joya líquida”, obtenida mediante la destilación de mostos frescos recientemente fermentados, elaborados a partir de uvas pisqueras cultivadas en sus propios campos en la región peruana de Ica.
“Buscamos posicionar la categoría pisco a través de la docencia, mostrando su versatilidad, mixología y potencial de maridaje, para abrir nuevas oportunidades comerciales entre Perú y Paraguay”, explicó propietaria Carmen Robatty de Moquillaza.
La estrategia apunta no solo a introducir el destilado en el mercado local, sino también a generar intercambio comercial y fortalecer vínculos bilaterales entre ambos países. Según la ejecutiva, la cadena de producción del pisco moviliza una importante estructura económica que involucra agricultores, técnicos de campo, enólogos y trabajadores vinculados a la industria vitivinícola.
En ese contexto, abrir mercado en Paraguay representa una oportunidad para posicionar un producto premium con identidad propia y, al mismo tiempo, incentivar el dinamismo comercial interno.
Finca 314 W&V es una bodega vitivinícola familiar bicentenaria especializada en la producción de pisco, vinos de uvas patrimoniales, mistelas, brandy, crema de mango y licor de fresa.
La empresa controla toda la trazabilidad de sus productos, desde los cultivos de uvas pisqueras hasta los procesos de elaboración en su antigua bodega ubicada dentro de la región de denominación de origen pisco.
Uno de los diferenciales de la marca es que trabaja con ediciones limitadas y de colección familiar, apostando a productos de alta calidad y valor agregado. Además, impulsa programas de empoderamiento femenino en actividades agrícolas, principalmente durante las etapas de poda y cosecha.