Desde setiembre, la periodista y actriz Dallys Ferreira conduce junto con Pedro Guggiari y equipo, La mañana de Unicanal. A más de un año de su regreso al país, cuenta cómo vive este cambio profesional en el año de la pandemia y qué desafíos implicó, tanto para ella como para su pareja (Nico Sporleder) y su hija India, mudarse a Paraguay.

Texto: Micaela Cattáneo / @micaelactt

Fotos: Nadia Monges / @nadiamonges.m

Vestido: Matty López / @mattylopez01

Se cumple una semana de tu incorporación a La mañana de Unicanal, ¿cómo la viviste?

El primer día yo dije: “No estoy nerviosa”. Sin embargo, todo el mundo me dijo que se me vio nerviosa. Entonces, capaz toda mi ansiedad y mi energía extrema se tradujo a nerviosismo. Yo estoy muy contenta de trabajar en JBB porque es un grupo que sabe lo que quiere, y yo soy así, por eso apuesto a este proyecto.

Por supuesto, el primer día al aire una se va encontrando con sus compañeros, va entendiendo hacia dónde quiere ir el otro y así poder acompañarlo. Es increíble como día a día este programa va adquiriendo una dinámica y empieza a tener una identidad. Además, tiene una gran aceptación en el público y eso no se logra fácilmente.

¿Cómo es Pedro como compañero?

Lo conozco muy poco todavía, pero me encanta poder trabajar con él porque es un hombre con mucha trayectoria; muy querido y respetado por la gente. Si bien ambos somos los conductores, para mí él es el líder de La mañana de Unicanal. Ya lo voy entendiendo y él también a mí; estamos encontrando la química. Yo voy lento porque quiero hacer las cosas bien, pero mi deseo es acompañarlo y así juntos llevar adelante el programa.

Foto: Nadia Monges.

¿Cómo llegó la propuesta de la conducción? ¿Tenías otros planes para este 2020?

Ya había un interés de Unicanal en que trabajara con ellos este año con otra propuesta. Finalmente, prosperó la renovación que querían hacer con La mañana de Unicanal, y me convocaron. Me emocioné mucho con la propuesta porque era muy sólida. La idea era agregar más segmentos de interés familiar al programa, teniendo en cuenta el contexto de la pandemia. Me jugué por este cambio, di este gran salto a otro medio porque creo en el proyecto y en el equipo.

Sí este año tenía contratos cerrados con marcas que se cancelaron por la pandemia, pero por suerte aparecieron otras y me siento muy bendecida por ello.

¿Cómo vivís toda esta situación que atraviesa el mundo? ¿Qué te preocupa?

En lo personal, con mi familia tratamos siempre de sacar lo mejor de nosotros en una situación crítica; recalcular si el contexto así lo requiere. Durante el encierro, afianzamos mucho nuestro vínculo con la gente a través de las redes sociales. La gente le ama más a India que a mí (ríe). En tiempos de crisis, nunca hay que perder la fe.

Sin embargo, no deja de ser un momento duro para todos y pienso en las consecuencias que traerá. A mí me duele principalmente por aquellos que menos tienen, me parte el alma ver cómo muchos jóvenes tienen muchas ganas de trabajar y no hay oportunidades para ellos. De hecho, antes tampoco las había, porque este es un país que tiene mucha desigualdad y, ahora, con la pandemia, se evidencia más.

En el último año, te hemos visto conduciendo programas periodísticos de gran audiencia, ¿qué es el periodismo para vos?

Yo conocí el periodismo en el camino de mi vida, pero mi gran primer amor es todavía la actuación. Sin embargo, en el periodismo descubrí algo satisfactorio que va más allá de contar noticias y es poder darle voz a muchas personas. A mí me matan las injusticias y como periodista puedo narrar la realidad de mucha gente. En la universidad nos enseñan que el periodismo tiene que ser objetivo e imparcial, pero es imposible porque el ser humano es subjetivo. Cualquier mirada o análisis de un hecho está cargada de una historia de vida, un concepto o una valoración.

Con el periodismo hay que mostrar la vida que tiene el gran porcentaje de nuestra población, que es una que no tiene acceso a los derechos básicos; que tiene que elegir trabajar antes que estudiar porque debe llevar el sustento a su hogar; que tiene que renunciar a sus sueños y lidiar con injusticias. Entonces, desde el amor, trato de darle voces a esas personas, porque también me topé con muchas piedras en el camino.

En ese sentido, ¿cómo fue vivir en Argentina?

Argentina me dio la oportunidad de cambiar mi vida que no me dio al comienzo Paraguay. O sea, mi país siempre me dio mucho amor y me acompañó en mi carrera, pero se rompieron los prejuicios que la sociedad tenía de mí. De ser catalogada o etiquetada por algo pasé a ser un ser humano capaz. Allá aprendí mucho a hacer televisión. Allá es como el fútbol, porque cada uno sabe en qué posición juega. Pueden haber diferencias, pero a la hora de jugar somos todos un equipo.

Al comienzo, Argentina me chocó mucho porque ellos tienen una forma muy directa (que no es la del paraguayo). Lloré mucho hasta que aprendí y me adapté. Me costó al principio, pero ahora soy como un pez en el agua, me sé defender. La gente lo sabe porque me habrá visto alguna que otra vez poniendo a alguien en su lugar en televisión.

¿Qué enseñanza de esos años hoy ponés en práctica?

La televisión no se trata de nosotros, porque si bien nos lucimos y tenemos el privilegio de que la gente nos vea, finalmente se trata de ofrecer un servicio a la gente. Y eso es lo que pongo en práctica hoy, y no me quedo en el “yoísmo” o en el “mirá qué linda que soy”. Me gustan los estilos de Pamela David, Mariana Fabbiani, Maju y Vero Lozano, porque son mujeres distintas, frescas y auténticas que se muestran reales, con virtudes y defectos, a otras mujeres.

Durante mi primer año acá en Paraguay no vi televisión argentina, porque conozco a mucha gente de ahí y me daba añoranza. Siento que su tevé está demasiado agresiva, pese a que la consideren como parte del show.

Me imagino que fue difícil volver luego de mucho tiempo...

No me costó tanto, pero sí fue una gran apuesta. Y una cosa llevó a la otra. Yo regresé porque tenía que filmar una película y unas semanas antes de la filmación, nos enteramos de que se canceló por motivos de fuerza mayor. Eso me enseñó a que las cosas no siempre salen como uno las quiere. Como ya estábamos acá, decidimos quedarnos. Presenté un programa piloto a un medio, les encantó, pero finalmente recibí otra propuesta.

Lo que sí hice es apagar mi celular de Argentina, no lo prendo hace un año y, como te decía, no vi durante un tiempo sus programas. La verdad que estoy muy a gusto en mi país, extraño y quiero mucho a la Argentina, pero disfruto vivir acá y que India pueda compartir con mi familia.

¿Cómo vivieron este cambio India y Nico?

Nosotros somos un equipo y nos acompañamos en todas. Si estuviéramos en Buenos Aires, India no estaría tanto con nosotros, porque allá es como que no parás, vas de un lado a otro y no llegás a tu casa hasta la noche. Acá, en cambio, la disfruto mucho, más allá de los compromisos que tengo.

¿Te quedó algo pendiente allá?

Terminar la facultad. Estudio periodismo en la Universidad de Palermo, una de las referentes en comunicación, pero sólo me faltan un par de materias finales. Yo no pierdo la fe, en algún momento quiero volver para hacerla de forma presencial. No la hago virtual porque quiero estar ahí, escuchar a mis profesores y aprender de ellos, porque que son grandes periodistas. Quiero empaparme de eso porque el periodismo tiene mucho de práctica.

Y algún sueño o meta…

Ya he cumplido muchos sueños, pero lo que me falta concretar tiene que ver con mi gran amor: la actuación. Desde los 5 años, cuando mi tío me llamaba a preguntar qué quería ser de grande, yo decía: “yo soy actriz”. Si bien tuve la oportunidad de trabajar en once obras teatrales y participar en series y películas, tengo muchas ganas de hacer un filme sobre nuestra historia y poder trabajar mi costado dramático. Me recibí en la Escuela de Teatro de Buenos Aires, pero aún así la actuación sigue siendo mi materia pendiente. Hoy disfruto al periodismo y lo vivo con mucha satisfacción, por eso dejaré que me lleve a dónde tenga que ser.

Foto: Nadia Monges.

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