El intercambio de memes se ha convertido en un hábito cotidiano y hasta convencional dentro de las redes sociales. ¿Puede una imagen tener injerencia en la opinión pública? Analizamos el uso y el impacto de este elemento dentro del discurso político.

Texto: Matías Irala

En los últimos años, Internet ha dado una nueva dimensión a las manifestaciones políticas. Estas han dejado los canales convencionales para pasar a una esfera virtual, dando paso a diferentes espacios de información que a su vez permiten la construcción y el posicionamiento de las opiniones personales de miles de usuarios en la web.

Y es dentro de esa transición “democrática” de la información, que ha aparecido también el lado b de la web con la expansión de la posverdad, los fakes news y los memes como detonantes de cismas virtuales, que terminan influyendo en nuestra cotidianidad.

Centrándonos en el fenómeno del meme, para entender su procedencia etimológica debemos trasladarnos 40 años atrás cuando Richard Dawkins, publicó un ensayo donde explora ideas, prácticas o estilos trasmitidos de forma viral dentro de una cultura, mediante una unidad de asimilación y repetición a lo que bautiza como meme, elemento que conocemos todos hoy en día gracias a ser un producto nativo de Internet.

El meme como discurso funciona por su capacidad de sintetizar una idea, situación o expresión. Su traspaso al ámbito político como herramienta permite condensar un hecho complejo en un contenido breve, poderoso, efectivo que no resulta indiferente y a la vez genera empatía con los usuarios afines a la idea que expresa.

“El meme, como sabemos, es una imagen de difusión masiva, generalmente cómica. Si hablamos de un punto de partida del meme como herramienta política, podemos hablar de la campaña de Barack Obama, con el slogan Hope. No era un meme per se, pero su injerencia en la opinión pública sirvió como disparador para instalar las bases que utilizarían los republicanos en materia de propaganda virtual para la elección de Trump”, explica Karina Rodríguez, miembro de Gaming Girls Paraguay.

Durante las elecciones presidenciales de los Estados Unidos en 2016, un curioso meme abanderó la disertación de Trump bajo la figura de la rana Pepe. La imagen del anfibio con el famoso tupé amarillo del actual presidente norteamericano se viralizó en las redes sociales y abrió el debate en foros como Reddit y 4chan, sobre la adopción de la imagen de Pepe, como símbolo del movimiento Alt-Right (Derecha Alternativa), considerados herederos de las viejas políticas conservadoras.

La rana Pepe, nació como un personaje de Boy`s Club, un cómic creado por Matt Furie, que comenzó a circular en la red social Myspace por el 2005. El ilustrador comentó a varios medios que si bien su jocosa criatura ya habitaba los anales de la red, el hecho de que Trump —en plena carrera política— compartiera en sus redes sociales la imagen de Pepe, hizo que el dibujo del anfibio abandonará su costado inocente. La rana Pepe terminó por convertirse en avatar de movimientos de extrema derecha y de seguidores afines a las ideas del presidente americano.

“Los memes están instalando un discurso solapado detrás de la sátira. Es justamente su naturaleza aparentemente inofensiva, que al compartirse sin un análisis previo, instala una formación de opinión indirecta, permeando ideas que a veces llegan a la radicalización”, comenta Cristina Crossa, docente de lengua inglesa.

Si miramos la historia, la expansión ideológica creada por el nacionalsocialismo para esparcir su discurso y difundir ideas contra sus oponentes, se respaldó en el afiche propagandístico. ¿Hay relación entre este tipo de propaganda y los memes en la actualidad? La propaganda trasmite mensajes de carácter exclusivamente político, siendo esto una restricción creada por la tradición. En cambio el meme tiene un enorme potencial en esta área dando también cabida a contenidos muchos más variados de manera casi instantánea y utilizando gráficas que comuniquen una idea compleja de manera simple, a fin de atraer la atención del espectador. Estas características del meme demuestran su evolución con respecto a la propaganda de antaño, sustentada en su fácil acceso al público.

“El problema a nivel local, es la falta de apertura y desarrollo de estos temas para el dominio público. Por ejemplo, la relación de nuestros padres con internet se resume a algo meramente utilitario y de ocio, sin ser conscientes que hoy en día incluso a través de sus redes sociales pueden estar entregando sus datos”, reflexiona Cristina.

El periodista Henry Jenkins, menciona su libro Cultura convergente, que la cultura popular influye en el modo de cortejar a los votantes en las campañas. Pero, lo que es más importante, determina como el público procesa el discurso político y como actúa sobre este, ampliando la validez de los memes que ya son parte del escenario cultural actual.

“Los memes también pueden crear una realidad. La relación de Trump con la rana Pepe demuestra como es factible enarbolar un discurso que inicialmente no tenía validez, pero su viralización y la aceptación masiva finalmente terminó por perpetuar su legitimidad, al punto de ser símbolo de una corriente ideológica extrema”, explica Rodríguez.

Entonces, ¿Cómo distinguir lo real de lo falso? Karina ensaya una respuesta: “ La preocupación más grande que debemos tener hoy en día con internet es justamente su avance álgido. Mientras nosotros sigamos en un contexto de educación precaria y la tecnología avance, ampliando su lenguaje, nos enfrentaremos a la posibilidad de carecer de los procesos cognitivos correctos para englobar su avance”