Desde que María Chiuri sacara su colección con las icónicas remeras"We should all be femenists", vaticinando un futuro feminista, las camisetas con frases ideológicas han colmados las vidrieras. Pero, ¿cuál es la línea que divide la identidad y el mensaje político de la simple tendencia?

Por: Matías Irala

Año 1972, la primera librería de mujeres Labyris Books abre sus puertas fundada por Jane Lurie y Marizel Ríos. Se observa por primera vez el manifiesto “The future is female” impreso en una remera, la misma que pasaría a quedar inmortalizada tres años después por la fotógrafa Liza Cowan, quien retrata a su novia Alix Dobkin utilizándola.
Cuarenta y cinco años después, la emblemática modelo Bella Hadid recorre la pasarela de Prabal Gurung con el mismo logo, invitando nuevamente al ejercicio de plantearnos sobre nuestro rol en una era en que las mujeres aún sufren debido a las limitaciones impuestas a su género.
Que la moda saque a colación un tema que ha sido objeto de debate por años abre dos aristas. Por un lado lleva a un escenario macroeconómico un hecho que aún después de tantos años, sigue generando debate en la sociedad. Por otro lado, pone en duda si el mensaje no pierde su contenido inicial al pasar a ser un canal netamente de consumo.
En su momento, el movimiento punk amparado por la maquinaria estética de Malcom Mclaren y Viviene Westwood— creó su laboratorio cultural en una pequeña tienda en el centro de Londres. Los ingleses lanzaron una serie de remeras críticas a La Corona, que a su vez fueron popularizadas por Johnny Rotten, vocalista de la mítica banda Sex Pistols.
Es justamente dentro de la subcultura de estos movimientos donde la identidad se formula a través del cuerpo para enaltecer ciertos códigos, que mediante la indumentaria, adquieren una carga diferencial para sostener un discurso. Las remeras de los punks en contra de la monarquía o las camisetas con frases feministas del movimiento de los 70, llevan al ojo público un compromiso con la manera de pensar o interpretar su individualidad, a la vez de generar una afiliación con otras personas afines a su causa.
¿Tiene la moda un compromiso social al quitar mensajes de otros escenarios? Las subculturas, con su particular estilo se han convertido en una fuente de moda, hasta el punto que dichos estilos ahora emergen desde la calle hasta los diseñadores, en lugar de ser a la inversa.
Al respecto, la periodista Olivia Muenter, lanzó una punzante crítica el año pasado después de ser testigo de la Semana de la moda en New York: “El feminismo ha sido la gran tendencia en la semana de la moda, pero yo no he comprado nada todavía”, señaló. Las palabras de Muenter elevan la preocupación sobre sí realmente existe responsabilidad intelectual al portar elementos de tinte social o si responde meramente al estilo del momento.
¿Deberíamos ser todos feministas?
Cuando el entretenimiento o la moda toma postura sobre cuestiones sociales, ¿cómo saber si existe contenido o es solo marketing? Y es que la conocida frase popularizada por Dior “We should all be feminists” (Todos deberíamos ser feministas) hablaba de una totalidad política necesaria que molestó a los más ortodoxos, en un desfile que no mostraba pluralidad de cuerpos y razas.
La escritora Jessi Crispin ha sido contundente al mostrar su rechazo a la fiebre de marcas que apuestan por crear consciencia social femenina, señalando que: “Las empresas están usando estos puntos de vistas sociales para vender productos y el feminismo ha caído dentro de ese terreno, para terminar convirtiéndose en marketing institucional”.
Un problema dentro del terreno fashion es que la transgresión tiene fecha de caducidad. De ahí que el consumidor no sienta la obligación de profundizar en el mensaje de lo que porta, pero, ¿debemos esperar la trascendencia de una ideología en una camiseta?
La moda es experta en absorber cualquier movimiento subcultural para convertirlo en objeto de deseo, por lo que quizás, debamos plantearnos más nuestra capacidad de interpretación como consumidores.