El año pasado recorrió 370 kilómetros en bicicleta, desde Asunción a Encarnación, siguiendo las antiguas vías del ferrocarril. Ahora regresa con un programa televisivo que mostrará esa aventura completa: sus paisajes, sus historias y su gente, por el sueño de la bicisenda más larga de Sudamérica.

Por: Jazmín Gómez Fleitas

jazmin.gomez@gruponacion.com.py

Fotos: Javier Valdez

Producción: Juan Ángel Monzón

Jerónimo Buman, más conocido como Jero (45), es un realizador de audiovisuales que empezó en el rubro a los 16 años. En el 2000 tuvo la oportunidad de vivir en Estados Unidos, y fue allí, en Washington DC, que inicia su aventura ciclística. Una que sin duda, le cambiaría la vida.

Un amigo me invitó a hacer un recorrido en bici por una bicisenda que conectaba puentes, túneles y paisajes naturales muy lindos. Lo que no me había dado cuenta es que se había construido sobre antiguas vías, porque estaba tan bien hecho. Poco después me compré una bici, porque las bicisendas allá conectaban el subte, las paradas de los buses, los parques, todo. Y me gustó por la facilidad del transporte”, describe.

Esa idea había echado raíces en él y cuando vuelve al país, decide utilizar la bici como su medio de transporte: “Hacía 15 km de ida al trabajo y de regreso a casa. Vivía entonces en Luque y trabajaba en Asunción. Y siempre pensaba lo genial que sería hacer un viaje así por las vías del tren que tenemos aquí”.

Ese anhelo se materializó el 2 de enero de 2017 cuando empezó el viajé y lo documentó en las redes sociales. “Quería mostrarle a la gente la sensación que a mí me da subirme a la bici. Con esta aventura nació la locura de soñar con una bicisenda, la más larga de Sudamérica con 370 km, que parta de Asunción siguiendo las vías y las paradas del tren hasta Encarnación, conectando 5 departamentos y 37 ciudades”, explica.

No fue sencillo. El trayecto, en muchas partes está cuidado por los vecinos que tienen a las vías cerca, pero en otras está descuidado, inundado o con puentes a punto de sucumbir. “En el tramo hay momentos que son muy complicados, sobre todo hubo un puente inseguro y cuando me encontré con él no tenía a nadie para preguntarle si se podía pasar o no. Pensé que tenía dos opciones: dar la vuelta y terminar mi viaje o animarme y pasar. Y pasé. Eso fue muy fuerte para mí porque sentí que me animé a romper una barrera. Por ese puente sí se podía pasar, pero yo no sabía eso entonces. Si te vas a poner a pensar en todo lo que no podés hacer, no vas a hacer nada”, reflexiona.

Su hazaña lo hizo conocido a través de las redes sociales y también sacó a la luz todos los beneficios que significaría contar con tamaña bicisenda en nuestro país. “Revitalizaría el espacio público, conectaría a las comunidades y personas que perdieron eso cuando el tren dejó de funcionar, impulsaría la economía, tanto turística (atrayendo a viajeros internacionales) como local (impulsando pymes o mini-pymes); habilitaría espacios públicos como parques, desarrollaría el sector inmobiliario. Por sobre todo, esta idea quiere acompañar la idea de un futuro tren, no suplantarlo”, señala.

Buman detalla que la bicisenda se podría ir realizando por tramos o etapas, para mostrar a la ciudadanía lo que podría ser sin mucha inversión, manteniéndola lo más natural posible. Incluso se anima a imaginar cómo sería la calidad de vida si a eso se le añade el tren.

Imaginate que, por ejemplo, sos una persona a la que le gusta la bici, pero no hacés 20 o 30 km, sin embargo, tenés la opción de irte hasta la estación de tren en Luque y de ahí hasta Areguá, en bici. Te vas con amigos o la familia, comen algo, y después ya cansados, se suben al tren y regresan. En la semana el tren serviría más para moverse entre las ciudades aledañas, y los fines de semana para el turismo. Yo creo que esto sería viable. La bicisenda se podría potenciar con la sinergía estatal y de la sociedad civil”, relata entusiamado.

En otras partes del mundo esto no es nada nuevo. “La bicisenda más larga del mundo tiene 24.000 km y se encuentra en Canadá. Se llama Great Trail y conecta a comunidades de todo el país, ya que recorre de este a oeste. También en Bogotá, Colombia, hay otra bicisenda, pero más corta y urbana, ya que sólo recorre la ciudad”, comenta Jero.

En octubre llega 37 rayos

Un tiempo estuve decaído porque el sueño se me estaba desvaneciendo. Puedo impulsar hasta un punto, pero más no puedo. Incluso invertí (de ahorros de trabajos) en la reparación de seis puentes en Luque. Le contraté a un carpintero y lo hizo. De esto hace ya un año. Sin embargo, cuando surgió la oportunidad del programa significó impulsar de vuelta este sueño loco”, señala sobre 37 rayos, su nuevo proyecto televisivo.

El programa recorrerá los 370 km desde Asunción hasta Encarnación, más 60 km extras en un desvío de la zona del Guairá, que en palabras de Jero “están más olvidados aún”. Serán 13 capítulos en total, que se emitirán por GEN todos los martes a partir de las 21 horas, arrancando el 23 de octubre.

Cada episodio contará con 30 minutos de duración en los que se mostrarán los distintos lugares, las historias y la experiencia en vivo, desde la bici. “Grabamos a dos cámaras, más dos o tres GoPros y un dron. Tratamos de ser lo más fieles posible al viaje en bici, pero hay momentos en que por cuestiones de producción tenemos que ir más rápido y nos subimos a la camioneta para adelantar el tramo que necesitamos”, revela.

El equipo que acompaña a Jero está integrado por: Ralfi Zotti con las historias (además de fotografía), y Luis Miguel (Aguis) y “Chuli” Gómez, también fotógrafos. En pos-producción están Arapy Yegros, Marcelo Tolces con los textos y el equipo de Gen. “Hice varias veces este viaje, en tramos largos y cortos, y me impresiona como sigo encontrando cosas nuevas. Es como si lo hicieras todo de vuelta. Te acordás de los lugares, pero te encontrás con personas distintas, situaciones e inclusive paisajes. Si te agarra con lluvia es de una manera y si es con sol, de otra. Es como un ser viviente”, agrega.

Y entre tantas historias de vida, adelanta una que saldrá en los primeros capítulos, la de Carlitos. “Es un nene al que lo conocí pedaleando en las vías. Él viaja una vez a la semana desde San Salvador, la estación que está después de Villarrica, a una despensa de familiares situada a 15 km, donde le proveen el avío para su familia. Llueva o haga sol, él pedalea. Es una historia de vida que quizás algunos recuerden, porque había mencionado en mis redes en el primer viaje, pero que también nos ayuda a dimensionar las distancias que muchos deben sortear”.

¿Qué representa para Jero la bici? “Cuando decidí hacer ese viaje, fue un viaje al sur para encontrar mi norte. Me cambió la vida. Interiormente me impulsó a moverme, me ayudó en mi autoestima. La bicicleta es mucho más que una herramienta de diversión o transporte, es una de cambio. Hay veces que la pedaleada es cuesta arriba y otras en bajada, pero todos pasamos por esto en la vida no importa donde nos toque vivir. Solo espero que los que tienen el poder de hacer estos cambios, de ayudar con la bicisenda, se animen a hacerlo”.