Esta es la historia de una familia francesa que decidió vender todas sus pertenencias para recorrer en motorhome los lugares más lindos de América del Sur.

Por: Micaela Cattáneo

Fotos: Fernando Riveros

El domingo pasado, luego de 20 años, Francia volvió a ser campeón del Mundial de Fútbol. Las calles de París se vistieron de rojo, blanco y azul por tal motivo. El festejo por el regreso de la Copa del Mundo al país se sintió con mucha efervescencia en la Ville Lumière, así como en los pequeños rincones del planeta donde la bandera tricolor se hacía visible. Ese día, más que cualquier otro.

Aurél (37), Yvette (32), Titouane (9), Liloane (7) y Kynan (5) no se perdieron de ningún partido de su equipo, pese a estar lejos de casa. Ellos son de Jougne, un pequeño pueblo de Francia próximo a la frontera con Suiza, el lugar donde los paisajes frecuentes son montañas y el esquí es uno de los deportes favoritos de invierno.

FOTOGRAFIA - REVISTA VOS - FERNANDO RIVEROS
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La ciudad de Cnel. Oviedo (Caaguazú, Paraguay) los vio llegar el 18 de junio, cuatro días después de haberse iniciado el torneo internacional de fútbol más importante. Pero, ¿por qué esta familia francesa pasaba por nuestro país en pleno Mundial de Rusia 2018?

La historia comienza en 2017. O quizás, incluso antes. Aurél e Yvette son pareja desde hace 15 años. Durante este tiempo, formaron una hermosa familia con sus tres hijos, los aventureros Titouane, Kynan y Liloane. En Francia, ambos ejercían sus profesiones de día y de noche, incluso los fines de semana. Él como farmacéutico y ella como enfermera. Eran cincuenta horas que, de lunes a lunes, se convertían en menos tiempo con los niños, fechas festivas sin la familia y sábados y domingos con batas blancas en vez de pijamas.

Tanto Aurél como Yvette venían acumulando mucho estrés y sentían una preocupación particular por el ritmo de vida que estaban llevando. A las 50 horas laborales de la semana había que sumarles las dos o tres horas diarias de recorrido que les tomaba la ida al trabajo y la vuelta a casa. Con los días, esas distancias se hacían cada vez más largas y el cansancio los hacía vivir al límite; situación en la que, claramente, no querían seguir.

“Nos vamos a Sudamérica”, dijeron una tarde de marzo del 2017. Y automáticamente, sus vidas empezaron a cambiar. Vendieron todo lo que tenían: casa, muebles, etc. En ocho meses organizaron el viaje que, al día de hoy, los llevó a recorrer Uruguay, Argentina, Chile y Paraguay. En medio de esa planificación estaban los niños y, con ellos, sus juguetes, la escuela y sus amigos. Y también una boda, que sellaría el fin de una etapa y el comienzo de otra.

Aurél e Yvette se casaron el 9 de septiembre del año pasado. El matrimonio, así como el bautismo de Liloane y Kynan, los dos más pequeños, eran las primeras aventuras de un viaje que estaba a punto de empezar. Y los juguetes de los niños eran parte importante de esos momentos; testigos de emociones atemporales. “Dejamos sus juguetes a cargo de una empresa que se dedica a guardar cosas por 100 euros al mes. Ninguno de los tres quería venderlos. Fue parte de la negociación con los chicos para venir a Sudamérica”, recuerdan entre risas.

Para octubre, la motorhome que habían comprado para el viaje estaba casi lista. La cuenta regresiva era un hecho. Las ganas de partir, también. A inicios del mes once del año, el vehículo se mostraba con más color de lo habitual: equipajes de un lado y otro, herramientas a ser utilizadas en caso de averías, mapas de Sudamérica a la vista y la necesaria tecnología.

Finalmente, es 15 de noviembre y un “hasta la vista” los despide de su antigua vida. La nueva los espera en Bélgica, a bordo del Grande África, el barco que los traerá a los pueblos conquistados por Colón; a la región que vio crecer a Maradona y Pelé; al pedazo de tierra que vale la pena, de Calle 13.

Bajo el sol del Atlántico

El Grande África navegó por el Océano Atlántico durante 44 días. Hizo paradas obligatorias en Inglaterra, Alemania, Senegal; Santos, Vitória, Río de Janeiro y Paranagua (Brasil); Zárate (Argentina), y finalmente, Montevideo (Uruguay). Durante ese mes y medio, el mar fue escenario de su más hermosa distracción: los animales marinos.

Vieron delfines, ballenas, tortugas y, por primera vez, peces voladores.

Mientras sucedía todo esto, la motorhome descansaba —junto a otros 4000 vehículos— en la parte inferior del navío. Y es que este barco es, principalmente, de carga, por eso transporta solamente a 12 pasajeros adicionales a la tripulación base, en cada viaje. Los tripulantes duermen en cabinas, en el área superior de la embarcación. Y más allá del gimnasio y la televisión, no hay muchas actividades por hacer dentro de él. La verdadera hazaña se descubre afuera, frente a los paisajes que regala el altamar.

FOTOGRAFIA - REVISTA VOS - FERNANDO RIVEROS
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En principio, la familia quería aprender español durante la travesía en barco. De hecho, llevaban un diccionario francés-español/español-francés a mano. Pero se encontraron con que toda la tripulación hablaba inglés, por lo tanto, fue el idioma protagonista del primer tramo de la aventura.

El sol de diciembre acompañó la recta final de la ruta marítima. Aurél, Yvette, Titouane, Liloane y Kynan pasaron Nochebuena y Navidad rodeados de un azul infinito. La costa de América del Sur se hacía cada vez más visible conforme pasaban las últimas semanas del 2017. Pisaron tierra firme antes de Año Nuevo. Y por un instante, luego de bajar del barco, todo fue confusión y desorden, imprevistos y vueltas a empezar. Nada que no se pudiera solucionar.

Viaje en marcha

En el interior de la camioneta aún permanecían intactos algunos detalles de su vida en Francia: el mural de fotos de sus familiares y amigos; el dibujo de Margot (sobrina de la pareja) que emulaba el viaje en barco hasta Sudamérica en un mapamundi que compartía papel con unos cuantos corazones rojos y un bon voyage!!! escrito en rosa; las imágenes de los jugadores de fútbol favoritos de Titovame y Kynan; y las postales de caballos que revelaban el amor por los animales de Liloame.

Cuando llegaron a la ciudad charrúa, un contratiempo les impidió descansar de inmediato: tardaron alrededor de dos horas buscando el camping donde pasar la noche. En medio de idas y vueltas, Aurél descubría un nuevo mundo frente al volante: los semáforos estaban después del cruce, los lomos de burro no estaban señalizados y a cada tanto experimentaban un salto. Entonces, pensó: “Bienvenido a Sudamérica”.

En Uruguay se quedaron solamente dos semanas. Fue la parada obligatoria para organizar a Banana —nombre de la motorhome— y emprender, sin rodeos, la aventura que tanto habían esperado. Acamparon en Santa Lucía, junto a otros compatriotas que conocieron en el barco (y que manejaban mejor el español). Era pleno enero, temporada veraniega. En el camping de esta ciudad, los turistas preparaban asado y escuchaban música a todo volumen. “Hasta ahora nos preguntamos por qué la carne se empieza a cocinar desde las 8 am, cuando aún faltan cuatro horas para el mediodía”, comentan con humor, sobre aquel día.

Argentina fue su segundo destino. Querían ir a la Península Valdés para ver las ballenas. Pero antes hicieron un alto en Buenos Aires. La capital porteña no estaba en los planes, pero unos amigos viajeros los invitaron a conocer la ciudad y a quedarse con ellos por un tiempo. Es 15 de enero y la familia francesa está ansiosa por explorar paisajes nunca antes vistos.

Desde entonces, una serie de fotografías naturales han sido parte de su día a día. De Buenos Aires partieron para la Península Valdés y de este lugar, hacia Ushuaia y Tierra del Fuego. El viaje siguió su curso por Chile, en el Puerto Natales. Desde aquí fueron moviéndose por la frontera de ambos países, de un lado y otro, como si se tratara de un ping pong. Visitaron Calafate, el Parque Nacional Torres del Paine y Puerto Tranquilo, hasta llegar al norte argentino, donde conocieron Salta, San Juan y el Chaco.

De este recorrido recuerdan una anécdota que los marcó: “Una vez, viajando por la Ruta 3 (la que nos llevaba a Ushuaia), bajamos a una playa donde sabíamos que había una colonia de pingüinos. Caminos casi 3 kilómetros y no veíamos nada. Hasta que de repente sale un pingüino de un árbol y, automáticamente, aparecen otros 500 o 1000 pingüinos de su escondite. Fue único. Nosotros en Europa vemos a los animales detrás de una reja, en los zoológicos, pero ahí pudimos verlos a menos de un metro de distancia”.

El relato los entusiasmó y las historias emergieron de sus memorias. “En la Patagonia, el clima fue complicado. Una noche fue imposible dormir. El viento era muy fuerte y hacía que la camioneta se mueva de un lado a otro, como si fuera a volcarse. Pero sus paisajes son hermosos, al igual que en Chile, donde tuvimos la oportunidad de ver, por primera vez, un iceberg. Fue en el Parque Torres del Paine”, detalla Yvette.

Aurél no quería dejar pasar dos experiencias que para él fueron sorprendentes. “En Tierra del Fuego, pescamos durante 3 días en medio de la nada; pescamos 30 truchas, la más grande de 50 centímetros. Al lado nuestro había guanacos, corderos y aves. Fue hermoso. Asimismo, entendimos otra realidad de Sudamérica cuando visitamos las Minas del Chiflón, en Chile, donde un antiguo minero nos sumergió a la mina, sin luz, para que podamos vivir la experiencia de su trabajo. Fue muy fuerte para nosotros, porque el señor nos comentó que ahora viven del turismo, ya que el rubro ya no funciona como antes”.

De aquellos días por la Carretera Austral, tienen mucho por contar. En los niños, el entusiasmo de ese recorrido quedó registrado, de alguna forma, en la colección de caracoles, piedras y pieles sueltas de animales marinos que llevan consigo desde entonces. Desde aquel 15 de noviembre del 2017, esta familia viajera no tiene una ruta marcada. Ellos deciden qué harán mientras conocen la cultura, la gente y los paisajes de alguna ciudad. Y a eso, llaman vida.

Donde el viento los lleve

Cuando imaginaron su viaje en Francia, jamás pensaron que llegarían a Paraguay. Fue uno de esos destinos que eligieron por el camino. Conocían la historia de unos viajeros franceses que se habían instalado en La Colmena. Tranquilo era el nombre del lugar donde los encontrarían. Sus compatriotas crearon este camping para quedarse a vivir en tierra guaraní. Es junio del 2018 y la naturaleza del interior del país los deja asombrados.

De la primera colonia japonesa del país, pasaron a Cnel. Oviedo, Caaguazú. Ahí fueron recibidos por la familia Bernal Rivadeneira. Un tío de la dueña de casa —que vive en Francia y es amigo de Aurél e Yvette— los había puesto en contacto. Ambas familias emprendieron excursiones por el Salto del Monday, Ciudad del Este, Itaipú, Colonia Independencia y Puerto Rosario.

En Coronel Oviedo, Titouane y Kynan pudieron ingresar a una escuela de fútbol del Club Guaraní y jugar con otros chicos de su edad, luego de tantos meses de viaje intenso. En ese tiempo, el colegio no pasó desapercibido. Aurél e Yvette buscaban intervalos en el día a día para enseñarles algunas materias. Aunque en jornadas de largas caminatas, se tomaban un descanso, por ellos, y sobre todo, por los chicos. “Nos gusta que aprendan a través de la experiencia con la naturaleza, los animales y el hábitat en el que viven”, comentan.

Cada aventura es registrada en tiliky-trip.com, título del blog —compuesto por las dos primeras letras de los nombres de sus hijos— donde Yvette escribe los detalles del viaje, en francés. Luego de Paraguay, el plan es bajar hasta las Cataratas del Iguazú, subir al Pantanal del Matto Grosso, continuar por el Lago Titicaca en Bolivia (“el sueño de Kynan”, dice ella), el Machu Picchu en Perú, Ecuador y, posiblemente, Colombia.

Hoy, la casa de la familia está en Sudamérica. Dentro de un año, cuando completen gran parte del viaje, ellos decidirán si quedarse o volver a su país. Mientras tanto, a bordo de una motorhome, ven a este recorrido como una oportunidad de vivir con menos, pero de disfrutar más; de descubrirse como familia en escenarios diferentes al de su pueblo en Francia y de hacer que cada día de la vida, valga.