Por: Javier Barbero

Amamos. Y cuando amamos necesitamos donar lo mejor que somos y tenemos. Aunque no siempre del otro lado estén disponibles para recibirlo.

Nos pasa en todos los vínculos. De pronto sentimos amor y necesitamos ser "verbo" para que ese sentimiento sea tangible. Sin el acto de dar, de hacer ofrenda, no hay sentido. Aunque a veces el dar se convierta en una espera, un silencio, un estar ahí, o en algo más concreto como palabras de amor, un regalo o un abrazo.

A veces nos ocurre que sentimos amor en el corazón y que ese amor —desde nosotros— vale quilates. Sin embargo "eso" tan valioso que entregamos es tratado con indiferencia, con menosprecio o sencillamente no desean tomarlo.

Y es aquí cuando suele acontecer que podemos llegar a pensar que lo nuestro no vale nada porque del otro lado no se valora.

A veces, sencillamente la otra persona no está en condiciones de tomar amor, o de tomar nuestra forma de amor. No porque “eso” que entregamos no sea valioso. Sencillamente porque a los fines y necesidades ajenas lo que damos no es suficiente o no es lo que se espera. Hay personas atrapadas —también— en el mandato de “no recibas amor porque no lo mereces”.

Podemos llenarnos de juicios sobre lo que hace la otra persona con nuestra ofrenda de amor. Podemos sentirnos poco valorados, "ninguneados", subestimados y hasta poca cosa ante la indiferencia ajena. Más no es nuestra responsabilidad valorar qué tan pertinente es nuestro amor a los ojos de quien queremos que se lo merezca. Más bien es nuestra responsabilidad aceptar que esa persona nos inspira amor y que ese hecho hasta es independiente de lo que haga o deje de hacer la contraparte.

Por eso es incluso inexplicable que a veces sintamos necesidad de amar sin reciprocidad. Y por eso nuestro acto de amor jamás estará supeditado a la valoración de quien lo reciba. Si lo hacemos depender de la valoración ajena entonces tal vez no podamos ver que lo poderoso es que estamos vivos, que aunque nos pasó de todo, nunca nos secamos por dentro.

Amarte es recordar que estás conmigo. Mientras estés conmigo sabré que sigo siendo fértil. El corazón siempre tiene sus razones para sentir como siente.