La supermodelo que en los 90 convirtió su nombre en una marca registrada tras ser musa de diseñadores como Versace, Armani o Valentino, y protagonizar revistas emblemáticas como Vogue, Elle y Sport Illustrated, nos cuenta sobre su faceta actual de madre y empresaria.

Entrevista, estilismo y producción: Matías Irala
Fotografía: Daiana Aquije
Asistente de producción: Katerina Vara

"Comencé a estudiar terapia ocupacional a los 17 años. Tuve una vida convencional que lidiaba con el trabajo y los estudios, ser modelo internacional me tomó por sorpresa", empieza contando entre risas la top model argentina Valeria Mazza.

A los 14 años fue descubierta por Roberto Giordano, lo cual le permitió migrar de su natal Paraná a la ciudad de Buenos Aires, donde acompañada por su madre dio sus primeros pasos en el rubro. "Tengo buenos recuerdos de mi infancia en Paraná, una ciudad bastante apacible, donde lidiaba con actividades deportivas y escolares a lado de mi hermana Carolina. Recuerdo que era bastante aventurera, algo que siguió gestándose a medida que iba creciendo", reflexiona.

Y es justamente su carácter intrépido lo que le permitió escalar a otro nivel. "Recibí una propuesta de una agencia en Milán. En ese momento me daba lo mismo vivir en Baires o el exterior porqué finalmente no conocía a nadie, así que me arriesgue", comenta.

Valeria fue parte de un selecto grupo de mujeres en el que destacaban Linda Evangelista, Naomi Campbell, Claudia Schiffer, Elle Mcpherson y Cindy Crawford bajo el calificativo de supermodelos, término popularizado en los 90 como apelativo a las modelos que más allá de destacar en el rubro, eran consideradas un fenómeno global por sus apariciones en distintos escenarios de la cultura pop.

"En los 90 las modelos estábamos de moda. Los diseñadores y las marcas tenían un trato específico, a la par que los mecanismos de comunicación eran distintos. La gente tenía más empatía con las modelos porque su conexión más directa era a través de la publicidades y las revistas. El ritmo de digerir una campaña o lo último en tendencia en los noventa era mucho más gradual a comparación de lo que es hoy en día", explica.

Valeria Mazza ostenta el título de ser la primera modelo de Latinoamérica en protagonizar campañas internacionales. "La campaña de Guess en el 93 fue un antes y después en mi carrera. Tener el calificativo de Guess girl fue lo que me permitió dar una identidad global a mi nombre. Recuerdo anécdotas de viajar con la marca por Estados Unidos, firmas de autógrafos además de visitar programas de televisión de conductores de la talla de David Letterman y Jay Leno", rememora.

Los estremecimientos por la Guerra del Golfo Pérsico, la caída de la URSS y la muerte de Freddie Mercury fueron solo una parte de la cortina de los 90, una década en que la moda se aleja del carácter pomposo de los ochenta y se inclina por lo minimalista y las tipologías simples, pero sin descuidar una de sus cualidades: el hedonismo.

"Los desfiles eran un verdadera celebración de intenciones, que iban acompañadas de fiestas exclusivas. En el 94 hice mi primer desfile con Versace. Eventualmente se fueron sumando a mi curriculum diseñadores y marcas como Dior, Thierry Mugler, Karl Lagerfeld, Armani e Issey Miyake, por mencionar algunos", recuerda.

En ese atril internacional, destaca su relación con dos diseñadores. "Versace fue el primer gran diseñador que me seleccionó para su desfiles. Compartí íntimamente con Gianni en su casa, en Miami, era muy atento conmigo. Armani también fue alguien con quién trabaje y compartí a un nivel más personal, de hecho una anécdota que recuerdo es que no le gustaba usar supermodelos para sus desfiles por lo que la prensa siempre le reprochó que yo era la única excepción a su regla", menciona entre risas.

Valeria Mazza pasó a la historia al ser la primera mujer latina junto a una mujer de color en la portada de la mítica revista Sport Illustrated: "Recuerdo estar muy emocionada cuando apareció el adelanto de la portada en pleno Time Square; junto a Tyra Banks hicimos una infinidad de giras para promocionar esa edición".

¿Cómo es posar frente a la lente de fotógrafos de la talla de Gene Bensimon, Patrick Demachelier o Mario Testino? "Gene Bensimon fue quizás el fotógrafo con quién más trabajé a lo largo de mi carrera. Admiro mucho el trabajo de Patrick Demachelier, de hecho fue el quién hizo las fotos de mi primera línea de perfumes. Mario Testino apareció casi al final de mi carrera, pero también fue grato trabajar con el", explica.

Una nueva etapa

Actualmente Valeria destaca como empresaria y madre, además de estar involucrada en diversas causas benéficas. "Al principio comencé a trabajar con un poco de culpa, porque no podía estar netamente con mis hijos. Hoy en día tengo claro que mi prioridad es la familia, pero sin descuidar mis intereses laborales", asegura.

“Soy muy nostálgica. Miro el presente consciente de que el resultado actual de mi vida es fruto del pacto con el pasado”

Respecto a su línea de anteojos Valeria Mazza Eyewear, señala: "No me considero empresaria, creo que en los grupos de trabajo. Prefiero el titulo de gestora, acompañada de un grupo de personas que me ayudan a trasladar mis ideas. Tengo una línea de anteojos en Argentina con más de diez años en el mercado, también trabajo con Starlite en una línea de accesorios".

Más allá de estas actividades, no deja de estar a la vanguardia en materia de desfiles y tendencias. "Me encanta Elie Saab, sus propuestas para la noche me parecen alucinantes. Con mi pequeña hija Taína fuimos a ver el último desfile de Gucci, me parece que el trabajo de Alessandro Michele es fresco, interesante", menciona.

Al ser consultada sobre lo que más le atrae de la moda, libera un dato personal: "Algo que me fascina de la moda es su carácter transitorio, esa posibilidad de poder ir tomando una variedad de estilos de acuerdo a la impronta que cada una quiere conferir a su guardarropa".

¿Se considera nostálgica? "Soy muy nostálgica. Miro el presente consciente de que el resultado actual de mi vida es fruto del pacto con el pasado", finaliza.