Este género musical nacido en Corea está transformando la industria cultural en el mundo. ¿Por qué este fenómeno tiene tantos seguidores? En la voz de algunas fans, la respuesta.

Por: Micaela Cattáneo

Cuando en el 2012, el video del artista coreano PSY, Gangnam Style, se hacía viral, nadie imaginaba que superaría —en ese momento— la cifra límite de visualizaciones en YouTube, que popularizaría una coreografía denominada “baile del caballo” y que pondría a figuras importantes como Obama, a imitar los pasos, aunque sea a puertas cerradas, en su residencia presidencial.

Lo que nadie imaginaba, en verdad, es que esa fiebre por la canción surcoreana, se convertiría en la carta de presentación de un género que hoy está revolucionando la industria musical: el K-pop. Se trata del pop coreano originalmente llamado Korean popular music, un estilo que fusiona rock, hip hop, dance, electro pop y otros ritmos superbailables.

Lo de “revolucionando la industria musical” no es verso. En las últimas dos entregas de los Premios Billboard, la banda coreana BTS le ganó al gigante Justin Bieber, en las categorías Mejor artista en redes y Top Artista Social. Y es que el canadiense venía ganando, ininterrumpidamente, en ambas ternas; por lo que significó un “golpe bajo” para las believers y un triunfo para las army (nombre que reciben las fans de BTS).

La historia del K-pop empezó mucho antes de que el Gangman Style hiciera de las suyas. Hacia finales de los 90, se hizo muy popular el término Hallyu u (ola coreanal), que hacía referencia a una tendencia que expandía contenidos culturales coreanos a todo el mundo. En ese momento, con la serie Winter Sonata (Sonata de invierno) —disponible en Netflix— y, años más tarde, con Stairway to Heaven (Escalera al cielo) o Boys Over Flowers (Los chicos son mejores que las flores).

Estos dramas coreanos, de alguna forma, funcionaron como un disparador para que la cultura surcoreana llegara en todas sus formas, a distintos rincones del mundo. Es decir, los miles de seguidores asiáticos, latinos y norteamericanos, a partir de estos programas, comenzaron a interesarse, además, por la gastronomía coreana, por el idioma, por las artes y por la música. Especialmente por esta última, ya que muchos de los actores, que formaban parte del elenco de las novelas, eran cantantes de K-pop.

Música conceptual

Para los fanáticos del K-pop, los idolsnombre que reciben los artistas— son modelos a seguir, personas “perfectas” a quienes imitar. En esto, mucho tiene que ver la estética, la sincronización y los elementos visuales que se ven en los videos de las canciones. Lo reafirma Silvia Gowoon Jung, quien empezó a escuchar BTS hace, aproximadamente, cuatro meses: “El K-pop tiene una identidad única. Yo soy de la época de los Backstreet Boys, y uno puede decir “me gustaba su música”, pero ellos no bailaban ni se vestían bien. En el K-pop, es todo lo contrario, porque además de música, hay moda y performance”.

En la escena, hay varios grupos, además de BTS, como EXO, Big Bang, SHINee, Black Pink, 2NE1, Super Junior, Girls’ Generation, etc. Todas ellos boybands o girlbands. Pero para entender mejor la relación música-moda-estética visual, sigamos tomando de ejemplo a BTS, que según la BBC, “es el primer grupo surcoreano de K-pop que lidera la lista de discos más populares en Estados Unidos”.

Sobre esa relación música-moda-estética visual, Silvia tiene algo para decir: “El grupo trata de representar la historia de la canción con su moda. Por ejemplo, en el tema que los hizo conocidos, DNA, ellos usan Gucci. En el video se pueden ver colores extravagantes en sus looks, característico de la marca, porque quieren transmitir lo que dice la letra, que habla sobre la energía que los unió y sobre cómo el universo ayudó a que se encuentren”.

Asimismo, menciona que en uno de sus últimos discos visten de negro, con la marca Saint Laurent, ya que en sus canciones escriben sobre lo oscuro, la tristeza y la soledad. Toda esa mirada, esa exactitud con la que se mueven en la industria, tiene una explicación: “Creo que le dan mucha importancia a lo visual porque a los coreanos les gusta ver algo lindo. En Corea, hay una obsesión por la belleza, por la perfección. Y el idol es un claro ejemplo de esa aspiración hacia la belleza: es alto, flaco, canta bien, cuida su cuerpo y su cutis, etc.”, reflexiona la seguidora.

Pero Silvia no llegó por casualidad a ellos. Ella es coreana, pero vive en Paraguay hace muchos años. El diciembre pasado, vio un cartel sobre la Avenida San Martín, que incluía la foto de un coreano y una frase de “feliz cumpleaños”. Aquella intervención hizo que se preguntara por qué la imagen de un coreano estaba sobre una calle tan importante de Asunción. En sus búsquedas descubrió que se trataba de uno de los vocalistas de BTS. Hoy, es una fanática más de su música.

Pero, ¿cómo había llegado ese cartel hasta ahí? Resulta que por los cumpleaños de cada miembro de la banda, los integrantes de los clubs de fans realizan alguna reunión, proyecto o intervención en general. Y eso sucede acá, en Corea y cualquier parte del mundo. Déborah Fiorio, una de las fundadoras del fandom de BTS en Paraguay, cuenta que en las encuentros oficiales por los cumpleaños de los idols o el aniversario del fandom, asisten entre 200 a 500 personas. Y en las redes sociales, ese número se triplica: en Twitter son más de 22.000; en Instagram, más de 4.500 y en Facebook, más de 12.700.

El fandom: una “superpotencia” en la música

En el K-pop, es costumbre que el grupo o solista coreano elija el nombre que llevará su club de fans. Así, por ejemplo, las A.r.m.y. (Adorable Representative M.C for Youth) son las fanáticas de BTS. “M.C.” en el rap significa “maestro de ceremonia”, y es un término especial para los raperos. Por eso tal denominación por parte de BTS, porque las fans son especiales para ellos. Además, army en inglés es ejército, por lo que para la banda, sus fans son como un ejército fiel que nunca se cansa de luchar. En este caso, por ellos.

Otra de las bandas superfamosas de K-pop, es Super Junior. Su fandom recibe el nombre ELF. ¿Por qué? Nora Moríngo, una fan del grupo, que viajó dos veces hasta Argentina para verlos en vivo, lo explica: “En inglés, significa Ever Lasting Friends (Amigos para siempre)”. Así, las fans de SHINee son las Shawols (SHINee + World); las de Big Band, son las VIP (porque son importantes para ellos y porque uno de sus temas se titula así) y las de Girls’ Generations, son las Sone.

Para Nora, el K-pop es un estilo que no muestra “más de lo mismo”, por el contrario, trata de innovar y ser diferente, incluso, sobre el escenario. “En vivo, los Super Junior suenan igual. No hacen playback y son supercoordinados a la hora de bailar”. Esa sincronización también es imitada por las fans, a la hora de hacer la coreografía. Las seguidoras del K-pop no sólo deben copiar los pasos, sino también los gestos faciales que hace el idol. Una prueba de que, con el K-pop, el fanatismo es de otro level.

Pero ojo, no sólo por cómo las fans convierten al K-pop en un estilo de vida, sino por cómo, con sus acciones, plantean un concepto distinto sobre lo que es “ser fan”. Hoy en día, los fandoms “se pelean” por donar. Sí, juntan dinero y lo ofrecen a ONGs o fundaciones, pero en nombre del artista. “En una ocasión, las ELF de todo el mundo enviamos dinero a una escuela de África que pertenece a uno de los integrantes de Super Junior”, relata Morínigo. La iniciativa se replica en los fandoms de todos los grupos de K-pop. Ahora es más sencillo entender por qué el premio a Top Artista Social de los Billboard lo llevó BTS.

Modelo de economía naranja

El K-pop no solo promociona idols que hacen música. Hoy, con seguridad, se puede hablar de una industria que favorece a la economía coreana, que promueve el turismo del país y que fomenta el consumo de la cultura asiática. El merchandising de las bandas es tan amplio, que las compañías no se limitan a fabricar objetos que impriman solamente “la cara del artista”. Cada producto es pensado para el público general, tanto fan como no fan.

El K-pop es una potencia económica, no sólo por las millones de ventas de discos o las giras con entradas agotadas, sino por las líneas de cosméticos o las colecciones de prendas que lanzan. De hecho, cada artista tiene su propia web, que funciona como un shopping mall. Y todo el stock se acaba en un segundo”, cometa Silvia Gowoon Jung, quien por su trabajo, investiga las cifras que rodean a las industrias de Corea.

Pero no todo es color de rosa en Corea, un país con alta tasa de suicidio adolescente. En sus letras, el K-pop también aborda cuestiones sociales.“La canción Magic Shop de BTS es un ejemplo de la fuerza que representa el K-pop, a nivel emocional. Ellos le cantan a sus seguidores: ‘cuando te sientas triste, vení junto a nosotros, al lugar mágico’. En Corea hay mucha exigencia”, agrega.

El K-pop influye de manera tal que ha llenado estadios enormes en Brasil y Chile, ha logrado captar la atención del mercado estadounidense, ha hecho gastar más de 100.000 dólares a un fan chino (sólo en merchandising), ha hecho que varios seguidores del mundo visiten museos de Corea sólo porque un idol lo recomendó y ha logrado que una promoción turística de la ciudad de Seúl sea la más vista en la historia de la web de la municipalidad. ¿Que otro género musical podrá superar todo esto?