El 19 de mayo del 2018 quedó registrado en la historia de la realeza británica: el príncipe Harry se casó con la actriz estadounidense Meghan Markle. Algunos protocolos de la boda quedaron intactos, otros no tanto. Descubrí cuáles.

Por: Micaela Cattáneo

En los cuentos de hadas que nos contaron de pequeñas, los castillos, los carruajes, los trajes y los vestidos de gala ambientaban una gran historia de amor entre un príncipe y una princesa. Con la boda real del Príncipe Harry y la actriz Meghan Markle, de alguna forma, revivimos toda esa magia de los relatos fantásticos de nuestra infancia. Pero, con algún que otro detalle cambiado.

Como en toda boda real, se tuvieron en cuenta los protocolos. Aunque, esta vez, no con tanta rigidez. Y en parte, por decisión de los novios. ¿Cuáles son las reglas que la realeza debe cumplir para dar el sí? Los enlaces matrimoniales de los herederos y herederas al trono inglés, hablan por sí solos.

El 29 de julio de 1981 se unieron en matrimonio Carlos de Inglaterra y Lady Diana. El Príncipe William, su primer hijo, y Catherine Middleton lo hacían también un 29, pero de un abril del 2011. Y, finalmente, su segundo hijo, el Príncipe Harry, y Meghan Markle, sellaban su amor el pasado 19 de mayo. ¿Por qué en estas fechas?

Sucede que, por protocolo, la elección de la fecha de la boda real no debe coincidir con ninguna celebración importante nacional o internacional, sea esta una fecha patria o un evento que recuerde un hecho mundial (ej: el atentado del 11 de septiembre, Navidad, etc.). Asimismo, se deben respetar los horarios marcados para el desarrollo de la ceremonia.

En ese sentido, la puntualidad es clave. Los invitados deben llegar entre las 09:30 y las 11:00, ni un minuto más ni un minuto menos. A partir de las 11:00 en adelante, ingresan los miembros de la familia real, por orden de rango; a las 11:45, el novio y, a las 11:55, la persona que lleve el título mayor en la jerarquía: el rey o la reina. Luego, se espera la entrada de la novia. La boda real debe comenzar siempre a las 12:00 del mediodía.

Por tradición, el ramo de la novia debe incluir la flor de mirto y debe, además, usarse como ofrenda, una vez terminada la boda, en la tumba del soldado desconocido que está en la Abadía de Westminster, la iglesia anglicana. Este acto, hecho costumbre, fue iniciativa de la reina Isabel I, quien dejó su ramo en homenaje a su hermano Fergus, asesinado en la Primera Guerra Mundial.

En cuanto a la vestimenta, hay normas a seguir. El novio debe vestir un traje militar; la novia, un vestido blanco y una tiara. Las mujeres que asisten a la boda, deben usar vestidos de día, sombreros y calzados cerrados. ¿Guantes? Sólo en caso de que el look tenga mangas cortas. Y lo más importante: deben evitar los colores blanco, negro o beige. Los hombres, en cambio, tiene una opción clásica: el chaqué.

Otro curioso detalle, que se sigue al pie de la letra en una boda real británica, es el pastel de frutas en el menú. En la boda de William y Kate, el pastel pesaba más de 100 kilos, tenía ocho pisos y más de un metro de alto e incluía 17 flores distintas. En cambio, la torta de Harry y Meghan, no estaba tan cargada, era más liviana; de un sabor tan especial como su amor: limón con jarabe de flor de saúco. Fue una de las tradiciones reales que adaptaron a su gusto.

¿Cuáles fueron las otras? Antes de llegar al altar, la actual duquesa de Sussex, rompió la regla de entrar acompañada por un familiar a la capilla. Fue sólo un tramo, ya que luego caminó junto a su suegro, el Príncipe Carlos. Asimismo, suprimió el término "obedeceré" de los votos matrimoniales, acción también llevada acabo por Diana de Gales, en su boda.

No pasó desapercibido el día elegido para la boda. Y es que generalmente, las ceremonias reales se realizan entre semana, pero Meghan y Harry decidieron hacerla un sábado, saltándose así una costumbre de la familia real. La intervención de los novios no acabó ahí. Ambos pidieron al arzobispo de Canterbury, Justin Welby, que los llame por sus nombres originales: Meghan y Harry.

Desde el primer momento, ningún detalle fue en vano: el coro de gospel, la lectura de la Canción de Salomón por la hermana de Lady Di, la actuación del joven violonchelista Sheku Kanneh-Mason y la homilía sobre "el poder del amor", del obispo Curry. Toda esta revolución en la tradiciones de la boda real se pudo hacer debido a que "el príncipe Harry no tiene ventajas en la línea de sucesión al trono", según lo vienen explicando los expertos.

Aún así, como Duque de Sussex, deberá trabajar aún más por las causas sociales y, en compañía de su esposa, Su Alteza Real, la Duquesa de Sussex, declarada feminista. Si algo quedó en evidencia, el pasado sábado, en su boda real, es que a ambos les gusta romper esquemas. ¿Lo aplicarán en su gobierno?

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