El director de La Redención, la película nacional que se estrena el 31 de mayo, nos cuenta acerca de su curiosidad histórica para indagar en la vida de los soldados de la Guerra del Chaco, la recreación de las trincheras de Nanawa y su amor por el cine.

Por: Jazmín Gómez Fleitas

jazmin.gomez@gruponacion.com.py

Fotos:

Estilismo: Matías Irala

Producción: Juan Ángel Monzón

Hérib (32) nació en Coronel Oviedo, donde de chico veía películas de vaqueros junto a su papá, en especial las mexicanas con Pedro Infante o Jorge Negrete. Su ciudad no tuvo salas de cine hasta el 2016, por lo que todas las historias las veían en la tevé. El hecho de tener televisión por cable le ayudó a conocer películas independientes, a descubrir cortometrajes en el canal I-Sat y a encontrar en la pantalla grande, personajes o situaciones con los cuales se podía identificar a sí mismo o a su misma ciudad.

Recuerdo que una vez encontré una película brasilera que me atrapó porque el personaje era un aprendiz de carnicero que se parecía muchísimo al que estaba cerca de casa. Eran esas cosas las que llamaban mi atención. Como cuando fue la época en la que salió Ciudad de Dios y fue como descubrir que se podían contar historias que hablen de otras realidades”, expresa.

Además de leer mucho, por aquella época Hérib también dibujaba y creaba historietas. De hecho, señala que una de sus grandes inspiraciones fue la literatura y su historia favorita es Hijo de Hombre. “Creo que los libros nos ayudan a imaginarnos películas, las creamos en nuestra mente y son la primera fuente para desarrollar la creatividad y explorar historias. Creo que entre la literatura y el dibujo también ayudaron a nutrir el deseo de querer filmar”, señala.

A partir del 2003, mientras se encontraba en el penúltimo año de la secundaria, empezó a realizar cortos con sus amigos, justamente, uno de los que se hallaba en el grupo en ese entonces es Néstor Amarilla, el actual guionista de La Redención. “Todos los cortos eran malísimos, súper caseros, pero por algo hay que comenzar a practicar”, menciona entre risas.

En el 2004 organizaron un concurso de cortos a nivel nacional con apoyo de la Municipalidad de Coronel Oviedo, y para el año siguiente, con el soporte de la Gobernación de Caaguazú. Esto posibilitó que se crease el Concurso de Cortometrajes Sociedad Cultural de Coronel Oviedo, y se realicen un total de 10 ediciones, empezando desde el 2005.

Ese año, Hérib se mudó a Asunción para estudiar una carrera universitaria y resultó que la más cercana a su pasión era Diseño Gráfico: “Aprendí técnicas, conceptos, síntesis de historias, porque para hacer cortos necesitás resumir la historia, al igual que cuando hacés un diseño. De todos esos años recuerdo a la profesora Natalia Cálcena, porque aproveché muchísimo sus clases del área audiovisual”. Al obtener el título en el 2009, regresó a Coronel Oviedo.

El camino audiovisual

A su retorno, empezó a enseñar en la Facultad de Economía de la UNCA (Universidad Nacional de Caaguazú) y posterior a ello, ingresó como Director de Cultura en la Gobernación de Caaguazú (de 2013 a 2017). Aprovechó la oportunidad para potenciar la Feria del Libro en Oviedo y la proyección de películas con los realizadores y talleres.

Sin embargo, antes de ingresar a la Gobernación grabó varios cortos, entre los cuales se encuentra Kamiseta Pyta’i, el cual fue a antesala de su primer largometraje Latas vacías (2014) y un atisbo de su curiosidad sobre la vida del soldado paraguayo. “Habíamos presentado el proyecto del concurso de cortos al Fondec, lo aceptaron, y con parte del presupuesto se pudo comprar una cámara para el área de Cultura. Nos ayudó a hacer trabajos de mejor calidad y fue con esa que hicimos Kamiseta Pyta’i. Trataba de un soldado de la Guerra de la Triple Alianza, desde que salía de allí hasta que llegaba a su casa”, resume.

Posterior a eso, se realizó el estreno nacional de 7 Cajas y Hérib vino a Asunción para verla. “Me motivó tanto ver que era posible hacer eso en Paraguay, que fue mi inspiración para hacer Latas Vacías. Averiguamos qué cámara habían usado y como no teníamos presupuesto, pero sí podíamos conseguir la cámara, nos aventuramos. Eso era todo lo que cubría nuestro presupuesto, nada más”, recuerda.

Latas Vacías sigue la historia de Alfonso (Aníbal Ortiz), un hombre en busca de plata yvyguy (tesoros enterrados durante la época de la Triple Alianza), a quien la codicia golpea. Se refugia a la ciudad de Coronel Oviedo, donde sobrevive como reciclador de un vertedero, pero donde una vez más la fortuna se cruza en su camino junto con el amor y una segunda oportunidad en la vida. La película está hablada enteramente en Guaraní, lo cual también le valió varios reconocimientos.

Gracias a Latas Vacías Hérib fue a los Estados Unidos para proyectarla ante la comunidad paraguaya de Nueva York, Nueva Jersey y Washington. Y de esta experiencia es que regresa con la inspiración para La Redención. “Me impresionaron mucho dos cosas. La primera, que desde que bajé del avión vi en todas partes banderas y monumentos que hacían alusión a diferentes momentos de la historia de su nación. Algo que nosotros vemos muy poco, más allá de bustos en plazas. Y lo segundo, que todas las salas se llenaron a tope de paraguayos que al finalizar la función venían y me abrazaban porque hacía años no escuchaban una conversación en Guaraní, o porque hacía años que no venían a Paraguay. Recuerdo a un señor en especial, que con lágrimas en los ojos me dijo que hace 25 años no venía a Paraguay, y casi lloro yo también con él”.

En Hérib caló profundo la reflexión acerca de cómo abordamos nuestra historia, algo que a los compatriotas en otros países emocionaba, ya que se encontraban físicamente lejos de su país. Además, le intrigaba saber como reaccionarían las nuevas generaciones frente a algo histórico, ¿les daría curiosidad investigar al respecto?

Dar vida a La Redención

Con esas premisas, Hérib contactó a Néstor y dieron de baja a un guion en el cual estaban trabajando para desarrollar una nueva historia, una que tratara sobre un ex combatiente de la Guerra del Chaco. “Él estaba viviendo en Buenos Aires en ese momento. Nos comunicábamos por mensaje o mails y así estuvimos un año completo. Creo que necesitás tiempo para escribir un guion porque o sino te saturás, o si te apurás demasiado puede que estés restringiéndote de ideas que puedan aportar más a la historia”, considera.

Para el guion trabajaron en base a anécdotas de familiares de excombatientes en su mayoría; también a partir de un libro escrito por un excombatiente y otro más hallado por Hérib en una Feria del Libro en Asunción, el cual incluía entrevistas a excombatientes. “Hay muy poco material escrito sobre la vida de los soldados paraguayos. La mayoría cuenta las generalidades de la guerra, pero no su día a día. Nos ayudaron mucho los grupos en Facebook, donde subían fotos de sus familiares en diferentes y curiosas situaciones en esa época”, destaca.

Parte del equipo de producción viajó a Nanawa para ver las trincheras que aún se conservan: “Me impresionaron muchísimo. Uno cuando lee se imagina de una manera, pero al ver, es impactante. Ingresamos a una parte que es propiedad de una estancia, la mayoría lo es, y estaba conservada intacta porque el abuelo de la familia había sido excombatiente. Era secretario, lo enviaban a todo lo largo de la trinchera; se cree que el Fortín de Nanawa tenía aproximadamente 12 kilómetros”.

La trinchera era un laberinto gigantesco que se iba tapando debido a las inclemencias del tiempo. Hérib se adentró allí y lo recorrió. “Uno incluso puede ver los huecos de las balas en los árboles, con metal adentro incluso. Ahí me di cuenta de lo que debió haber implicado movilizar a tanta gente hasta las trincheras. Dejar todo e irse ahí. Y de igual manera al término de la guerra. Allí también encontramos un pedazo de vidrio anchísimo y luego un logo que decía cervecería del Paraguay, pero ¡de la época!”.

No grabaron en Nanawa porque se encuentra a 80 kilómetros de Pozo Colorado por camino de tierra, y llevar a 60 personas aproximadamente hasta allá sería muy costoso. “Tuvimos la suerte de encontrar un paisaje similar a lado de Coronel Oviedo, en Nueva Londres. Es impresionante como el paisaje cambia al cruzar ahí, todo es verde y luego en Nueva Londres la arena es blanca y con los mismos árboles (espinillos) que en el Chaco y los cactus”, describe.

Sí realizaron planos generales en Nanawa, pero la grabación referente a dos momentos de la historia (1991 y 1933) fueron hechas en Oviedo y en Nueva Londres, respectivamente. La Redención trata sobre un excombatiente que padece una enfermedad terminal y que el mismo día que se entera de ello, recibe la visita de Marlene (Lali González), la nieta de Díaz, un ex camarada suyo que desapareció hace muchos años. Juntos emprenden un viaje que los lleva a recuerdos de las trincheras, de la guerra, con dolores y sueños.

La película tiene como foco principal la parte humana, la vida de los soldados, la Guerra del Chaco es su contexto. Fue realizada con una gran parte del equipo de producción y actores ovetenses. Hacer cine en el interior del país es llenarse de sorpresas porque la gente te recibe con los brazos abiertos. Es darle la posibilidad de descubrir que hay profesiones que encajan perfecto con el cine, como ser electricista. Es ver la satisfacción de la gente que hace cine por primera vez y la sorpresa de quienes son los técnicos que van de Asunción. Por mi parte, voy a seguir tratando de hacer películas que impulsen este trabajo colectivo entre los que tienen experiencia y quienes lo quieren descubrir”, reflexiona.

Una escena que atesora: el actor Ramón del Río sentado en medio del trajín de la producción, esperando su escena. “Le miré y pensé que me encantaría llegar a su edad y poder seguir disfrutando y trabajando en el cine. Así cómo se veía él, tranquilo y feliz. Fue muy emocionante ver cómo dos generaciones trabajaban juntas. Por ejemplo, Lali que se vino sabiendo todo su guion de memoria, con tanto profesionalismo, y por el otro, del Río, Notari y Barreto, con tanta experiencia”, resalta.

Hérib anhela volver a grabar sobre este tema. “Aún está pendiente filmar algo más complejo sobre la Guerra del Chaco, claro que con más presupuesto. Aquí tratamos de captar un poco de la esencia de la vida en las trincheras y me da mucha ansiedad saber qué dirá el público”.

+INFO

El guion de La Redención está a cargo de Néstor Amarilla, la dirección de producción es de Aline Moscato y el director de fotografía es Oscar Ayala Paciello. La historia es una producción de Tuyupucú y Amamos Cine, con la co-producción de Anima Films. El reparto está compuesto por: Juan Carlos Notari con 65 años de carrera, dramaturgo, director de teatro y cómico que debuta en un rol protagónico con 80 años, como José Villalba. Lali Gónzalez, que después del éxito en 7 Cajas, ha trabajado en teatro y películas dentro y fuera del país, da vida a Marlene. Emilio Barreto, que trabajó en teatro, televisión y cine, y sufrió los dolores de la dictadura defendiendo el Guaraní, es Sanabria, ex camarada de José. Y Ramón del Río, actor de teatro desde 1959 con distintos papeles principales en el cine, encarna a González, también ex camarada de José.