Qué hacer durante las vacaciones es una pregunta a la que nos enfrentamos todos los años. Antes de escoger, veamos cuáles son los puntos fuertes del mar y qué tienen de bueno las zonas urbanas.
Por: Jazmín Gómez Fleitas
Las vacaciones son ese momento anhelado en la vida de las personas. Y una parte por demás importante en estos tiempos de excesiva estimulación y conectividad. Constituyen ese periodo en el cual podemos escapar del calendario normal de la vida para vivir libres y sin preocupaciones, durante al menos, dos semanas.

Y, justamente por eso, se convierte en una materia de gran importancia en nuestras vidas. Es la única vez en el año, al menos para la gran mayoría, en que podemos planificar ir a un destino que realmente nos ayude a liberarnos del estrés, dormir lo necesario y reponernos para iniciar otro año de trabajo.

También es el momento de tildar ese destino que hace rato teníamos anotado. Ahí es donde se vuelve complicado. ¿Cómo fusionar lo que nuestro cuerpo necesita al final del año con los destinos pendientes por conocer? Y como todo esto lo planeamos con anticipación -para ahorrar y no pasar por alto ningún detalle- es definitivamente un gran momento, más aún si hay hijos de por medio.

¿Por dónde empezar? Por una lista de las cosas que te gustaría hacer, que le gustaría hacer a tu pareja, a los niños o adolescentes -cada etapa importa para la decisión-. ¿Tuviste un año más pesado que los anteriores? ¿Tenés que incluir actividades divertidas también para los chicos? ¿Hace rato tenés ganas de visitar un lugar en especial? Hay que poner todas las cartas sobre la mesa para decidirlo. Sin olvidar claro, el presupuesto disponible para ello.

La playa
El destino más relajante por excelencia. El simple sonido de las olas del mar, la brisa fresca en el rostro y su jugueteo en el cabello; la arena acariciándonos los pies, el sol que no se siente abrasador. Y podría seguir. Por eso es que tanta personas tienen en sus smartphones el sonido de las olas para relajarse o como una manera de ir preparándose para el modo vacaciones a medida que se acerca la fecha.

Este destino no necesita mucho. La única preocupación aquí es tirarse en la arena y comer. Con este sencillo plan ya la pasamos en sobremanera genial. Si querés un poco más de actividad para alternar con los días de me-levanto-cuando-me-despierte-y-me-tiro-en-la-playa-con-una-bebida-refrescante-en-la-mano, siempre hay alguna aventura acuática para apuntarte. Buceo, paseos en bote, visitas a acuarios, snorkel, ir una isla cercana, adentrarte al océano, pescar, etc.

Con la ropa tampoco hay demasiadas complicaciones. El equipaje es ligero en verdad, lo infaltable es el traje de baño y las zapatillas. A la noche, basta con algún vestidito cómodo o algo más arreglado si se sale a cenar a algún restaurante. Pero seamos sinceros, el punto de ir a la playa es justamente esa despreocupación en todo sentido, que hasta alcanza a la ropa. La máxima preocupación sería traer algún recuerdito y no olvidarse del bloqueador solar. Si se habla de los chicos, cualquiera de las actividades mencionadas arribas también son válidas para ellos.

Ni hablar de la comida. Si te gustan los mariscos, la comida de mar y esa sensación refrescante en el paladar, no habrá lugar más fresco que este para disfrutarlos. Pero así mismo, el hecho de que esté en la costa alberga una variedad de culturas en cualquier parte del mundo, lo cual también amplía el menú.

La ciudad
Su ritmo frenético y sus miles de oportunidades que nunca parecen acabar y que garantizan acción, seducen a muchos. Las ciudades tienen lugares increíbles por conocer, ya sea que te gusten los museos, los lugares históricos de importancia, los teatros, la capital, entre tantas otras cosas. Son centros de cultura, ollas de fusión que brindan una gran diversidad de opciones para comer, por ejemplo. Comida italiana, alemana, japonesa, etc., lo que sea que desees probar, en ella seguramente lo encontrarás.

Dependiendo de la temporada del año en que la visites, deberás cargar con más o menos ropa. Además, necesitarás zapatos cómodos para largas caminatas, porque de lo contrario, no sacarás el jugo de tu estadía.

Como hay tanto por ver, deberás hacer con anticipación una lista de los lugares a los cuales ir sí o sí. Es importante que elijas según tus gustos o intereses, y no solamente considerando los sitios que se conocen como más turísticos.

Las hay grandes y caóticas, o más pequeñas y románticas. Las ciudades ofrecen importantes actividades para conocer su historia, parques, callejones, bibliotecas, tiendas antiguas, mercados, cafeterías, panaderías, etc. Además ofrecen un sinfín de actividades como conciertos, fiestas tradicionales, parques de diversiones y una nutrida vida nocturna.

Una tercera opción
Si te resulta difícil escoger entre unas vacaciones de relax frente al mar y salir a aplanar las calles todos los días, podrías armar tu propio itinerario. ¿Qué tal una fusión de playa y ciudad? O, unas vacaciones en las afueras de la ciudad pero con un enfoque en la naturaleza o el turismo de aventura. Tal vez algún destino con paisajes naturales para admirar y disfrutar, que ofrezca senderismo, espeleología, tirolesa, contacto con animales, observación de cielo nocturno y cosas por ele estilo.
Muchos de estos lugares están dotados de piscinas (si buscás un eventual chapuzón) o bien con actividades especiales como enoturismo (cata de vinos), cata de quesos, etc.
Y si pensás huir del calor, los destinos fríos como Bariloche son una buena alternativa. Tienen muchísimos lugares bellos para admirar y alojamientos que incluyen piscinas templadas. Es cuestión de investigar.

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