A sus 27 años, esta ilustradora paraguaya encontró en la pintura y en la música una nueva forma de hacer arte: dibujar rostros de artistas del género a partir de una mancha.
Por: Micaela Cattáneo
Fotos: Gentileza
La encontré escribiendo sobre las hojas vacías de un libro que ocupaba parte de la mesa donde estaba sentada, en un clásico bar del centro de Asunción. "Es un cuaderno de Joan Cornellà, un ilustrador español súperbizzarro que me gusta mucho", me aclaró, dispuesta a continuar con la taza de café que había pedido.
Vero (27) es una ilustradora paraguaya que hace retratos de músicos de jazz a partir de una mancha de pintura. Su primer encuentro con el género fue en Buenos Aires, Argentina, a los 17 años, cuando fue a estudiar dibujo y pintura en el Instituto Universitario Nacional de Arte (IUNA).
"En Argentina hay jazz por todos lados. Por primera vez, vi músicos del género tocando en vivo y fue increíble porque eso modificó la manera de encarar mis dibujos", recuerda la artista, en medio de la charla.
Su historia con el trazado, los pinceles y la pintura inició en plena etapa de dibujos animados y juegos al aire libre. "A los ocho años", recuerda. "Hacía paisajismo. A esa edad empecé a estudiar pintura con Porfirio Bustos. Pero el dibujo siempre lo hice de forma autodidacta hasta los 17 años, cuando fui a tomar cursos a Buenos Aires".
En su infancia, de alguna u otra forma, el arte estuvo presente, y eso gracias al talento que veía en su padre. "Papá siempre dibujó. Y el interés por la música, en parte, también viene de la influencia que recibí de él; de lo que escuchaba, porque se dedicaba a la danza contemporánea", rememora.
A la par que tomaba clases de dibujo y pintura en el vecino país, iba a las prácticas de bajo en el conservatorio de la universidad. "Ahí escuchaba mucho jazz, pero tocaba tango todo el tiempo porque me encantaba", comenta.
Si bien nunca se presentó de manera profesional como músico de jazz, asegura que lo improvisado del estilo la ayudó a definir un sello propio en sus obras de arte. "Estoy tratando de que al dibujar rostros de artistas de jazz pueda ser tan libre como lo que ellos tocan", destaca.
Entre tintas y papeles
Es la primera vez que Vero se encuentra en la búsqueda de un taller propio. "Como viví en muchas partes, nunca tuve un lugar fijo donde dibujar y pintar. Si bien trabajé mis obras en espacios donde se hace arte, nunca fui la dueña de esos lugares. Pero me acostumbré y creo que es parte de la esencia de lo que hago", indica.
Al momento de crear, no hay técnicas establecidas, porque al igual que en el jazz, deja fluir sus ideas con plena libertad. "Las ilustraciones nacen de una mancha. ¿Cómo es eso? Agarro varias cartulinas, las coloco en el piso, tomo un pincel y, directamente, desde el tarro voy salpicándolas con pintura. Cuando se secan, elijo las manchas que más me gustan y las uno con los rostros que venía pensando", explica sobre su método.
La relación entre sus hábitos artísticos y la escena del jazz es tan fuerte, que se percibe hasta en las comparaciones más sencillas. "Existe un ciclo de jazz donde se presenta un músico durante todo el mes. Yo puedo ir a todos sus conciertos, pero ninguno va a ser igual al otro. En cada improvisación hay una nueva expresión o idea", resalta. Y prosigue: "Me pasa lo mismo con los retratos. Si bien puedo estar dibujando el mismo rostro siempre, nunca va a ser igual. Y es ahí donde la libertad artística es sagrada. Creo que el arte debe vestirse de distintas formas, siempre y cuando sea real".
Inspiración de calle
Vero fue la artista que dio vida a los rostros de algunos referentes de jazz ubicados en los murales de bares como Mburucujazz y Drácena, sitios que promueven conciertos vinculados al género, en Asunción. "Es como un aporte que hice a la escena del jazz local. Más de una vez me dijeron: 'Qué bien se siente tocar acá y mirar la imagen de Herbie Hancock, Esperanza Spalding o John Coltrane'", cuenta.
Su desafío con el jazz, además de que la siga inspirando a la hora de crear, es el de poder improvisar como los grandes músicos con su bajo. Mientras tanto, se prepara con el instrumento para presentarse como parte del Ensamble Pu Rory, que está bajo la dirección de Berta Rojas. "Audicioné este año y quedé", agrega.
Su voz tímida no le saca fuerza a su discurso: "El jazz te vuela la cabeza", sostiene y, paradójicamente, es la expresión que la mantiene con los pies firmes sobre la tierra. "Conocí el jazz caminando por Buenos Aires, y es desde ese lado humilde del género o desde esa cultura de calle con la que siempre me quiero identificar".
“La música es una herramienta para transformar comunidades”
Compartir en redes
Fotos: Pánfilo Leguizamón
En este “Expresso” musical, Augusto dos Santos charla con Mariela Cuevas, directora de Sonidos de la Tierra, y con los músicos e integrantes de este proyecto Thiago Guiotto, coordinador artístico y violinista, y Carlos Vera, en guitarra. Más allá del aspecto puramente musical, los responsables afirman que esta iniciativa mejora la vida de las personas mediante la organización comunitaria y la colaboración en pos de objetivos comunes.
–Sonidos de la Tierra. Quién no ha incorporado esta expresión a todo aquello que simboliza lo entrañable en términos de construir una cultura de relación con la música no solamente aquí en Asunción, sino en los polvorientos caminos de todo el país. Muchos años ya en este camino, ¿no?
–MC: Una alegría inmensa poder estar hoy al frente de la asociación Sonidos de la Tierra, una asociación que ya es un legado hoy para todo el país. Estamos hablando de 24 años en que no solamente hacemos música. Desde Sonidos de la Tierra la música es una herramienta para transformar las comunidades y eso es lo que buscamos.
–La música es una invitación para construir culturas, para afirmar muchos aspectos y para descubrir otros. ¿Ese es un poco el rumbo de Sonidos de la Tierra?
–MC: Tal cual. Desde Sonidos la gran metodología que utilizamos, que fue impulsada por el equipo y por la visión misma del maestro Luis Szarán, es la metodología orquestas de vida, que busca que a través de la música las comunidades se organicen. En este sentido es muy lindo ver cómo la familia, todo el contexto se impulsa a partir de esto que es la música y es enorme el movimiento que hay. Entonces, en este sentido buscamos el desarrollo local con la participación de los chicos y las chicas. Hay 74 escuelas comunitarias de música. Felizmente, estamos en todos los departamentos del país y eso es una gran noticia en términos de que 3.500 niños, niñas, adolescentes y jóvenes pasan por la red de Sonidos de la Tierra.
ACOMPAÑAMIENTO FAMILIAR
–Supongo que hay una etapa en que uno dice “yo quiero que mi hijo sea violinista” y que dibujaron diferentes momentos en este proceso.
–MC: Hay un crisol que tiene demasiadas maneras de mirar esto. Por una parte, hay una institucionalidad, pero por el otro lado tenemos lo que ocurre en las casas, en las familias. Para que un niño o niña pueda tocar implica una cantidad de práctica importante. Repetir una nota hasta que le salga. Entonces eso implica también que la familia está acompañando hasta finalmente ver en un megaescenario, que es lo que solemos hacer cada año. Convocar megafestivales donde los chicos puedan expresarse y sonar con la mejor de las notas combinadas o con esa nota que logró porque recordamos que lo que buscamos desde Sonidos de la Tierra es el desarrollo de los chicos en términos de vencer barreras, vencer miedos, poder subirse a un escenario y a partir de esto hablamos del desarrollo de la autoestima mismo.
–Thiago, ¿cómo fue tu división infantil en esta materia?
–TG: Estaba en la escuela todavía cuando Sonidos de la Tierra se presentó con dos representantes en el aula invitando a ser parte de un estudio musical. Yo soy de la ciudad de Villa Hayes, Bajo Chaco, y con dos compañeros nosotros ya teníamos la idea de jugar con la guitarra, de cantar en frente a los compañeros. Juntamos las dos cosas y como ya veníamos de la guitarra, el violín se hizo fácil, aunque era todo nuevo. Imaginate un violín en el Chaco, es una cosa que no se ve todos los días.
–¿Aparte de tu tiempo en Sonidos de la Tierra hacés música en otros espacios?
–TG: Sí, yo soy integrante de la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Asunción (OSCA). También soy licenciado en música por el Instituto de Bellas Artes y hago música de cámara, soy profesor de música también. Enseño teoría, solfeo, armonía, contrapunto, aparte de violín y viola, que son dos instrumentos muy similares. Entonces, me dedico cien por ciento a la música. Aparte mi principal orgullo es ser coordinador artístico del proyecto Sonidos de la Tierra.
–¿Y en tu caso, Carlos?
–CV: Mi caso es un poco particular. Yo creo que soy uno de los más antiguos acá en la institución. Estuve ya en el momento cuando con Sonidos de la Tierra integrábamos la música con otros programas. Hacíamos educación ambiental, proyectos vinculados a desarrollo comunitario y ahí es donde yo estaba en una pequeña comunidad de Caazapá, San Juan Nepomuceno, liderando una comisión juvenil con la que embellecíamos una avenida de 1.200 metros. Y en ese momento llegó el equipo que hacía talleres ambientales con gestión de proyectos y nos invitaron a participar.
–¿Y por el lado de la música cómo se dio?
–CV: Siempre tuve mi inclinación hacia la música. Mi papá fue requintista y ya siendo parte de la institución tuvimos la oportunidad de acompañar el proyecto de Kamba’i Echeverría. Fui a una de las clases para hacer mi trabajo administrativo de verificar, llevar la lista, sacar fotos y conocí a uno de los instructores y me acerqué y por mi curiosidad le pregunté y para la siguiente vez me dice “traé tu guitarra también”. Entonces ahí un poquito aprendí la técnica con el programa y actualmente yo soy contador público. Estoy acompañando dentro del área de administración y finanzas, pero eventualmente acompaño también musicalmente como hoy al equipo.
ALIANZAS
–No me digas que hasta el contador es músico en Sonidos de la Tierra (risas). ¿Cómo es el aterrizaje del proyecto en una comunidad?
–MC: Es un aterrizaje que siempre va acompañado de voluntades. Por lo general para que nosotros empecemos a activar una escuela en un espacio, la comunidad es la que nos llama y nos dice “queremos que en nuestro territorio contemos con una escuela de música”. A partir de eso vemos las alianzas posibles, sean locales o nacionales. Desde Sonidos de la Tierra tenemos un equipo de sostenibilidad muy sólido, articulado, que busca por supuesto a través de las rendiciones y un trabajo de transparencia muy fuerte poder mostrar lo que hacemos y sumar más voluntades para poder seguir sumando escuelas.
–¿Qué queda con un proyecto como este en las comunidades?
–MC: Suceden muchas cosas. Hablamos de que con Sonidos desarrollamos todo un componente ambiental en las comunidades donde tenemos varias líneas: economía circular, forestación, reciclaje, limpieza de arroyos. Eso es maravilloso porque tenemos una escuela de liderazgo con varias promociones. Acompañamos muy de cerca a los jóvenes líderes y lideresas en la presentación de sus proyectos comunitarios.
–¿Cómo llevan ese proceso en las comunidades al respecto de estos preconceptos que existen o que existían fundamentalmente, pero ya no tanto, al respecto de ser músico en esta sociedad?
–MC: A lo que apuntamos es a que las personas puedan desarrollarse como lo que son, como personas. En el sentido de ser músico o música algunas personas siguen el camino de la profesionalización, otras no. Sin embargo, el gran valor que vemos es el aporte que da al desarrollo de la autoestima, al desarrollo de la empatía. Creemos que estos valores y habilidades posibilitan hablar de la construcción de un nuevo ciudadano o ciudadana de su sociedad.
–TG: La palabra clave creo que son los valores que quedan una vez que uno se introduce en el mundo del estudio musical. Esto trae muchos beneficios independientemente de que si uno va a ser o no un músico profesional, de si uno va a entretener a su familia, va a entretener a la comunidad entera o ser una estrella internacional de música. Hablamos claramente de una elevación del rendimiento escolar, disciplina, concentración, autosuperación, pensamiento crítico. Un montón de cosas que vienen atrás del estudio de un instrumento musical que ayudan a que la sociedad mejore.
–CV: Para los niños principalmente, desde lo básico como el empleo útil del tiempo libre, que ayuda muchísimo y obviamente en la mejora del rendimiento escolar. Hoy por hoy si uno decide ser profesional ya tenemos más espacio. Obviamente que falta mucho todavía, pero un chico que va desarrollando su talento y encuentra en eso su potencial ya hay medios e instituciones donde se puede desarrollar. Como siempre decimos, no somos una academia como un conservatorio de música, pero a través de nuestro programa también nosotros encaminamos y damos oportunidad para que un chico que tenga ese talento pueda ir más a lo profesional.
–Supongo que tiene su valor especial en comunidades más relegadas, ¿no?
–MC: Hay miles de historias individuales, hay historias más duras, historias de superación que realmente nos motivan. Hablamos desde comunidades que están en situación de vulnerabilidad, en territorios más alejados a veces como también cuestiones que limitan el desarrollo musical o la inclusión de personas en espacios de formación, de compartir entretenimiento. A veces ni siquiera es lograr tocar un instrumento, sino que se lo incluya en una sala compartida con otras personas. Felizmente tenemos personas que con alguna discapacidad quizás están incorporadas también dentro de nuestras clases. Hablamos de historias que tenemos en el Chaco, en comunidades indígenas del sur también, en Caaguazú, donde se da lo maravilloso que ocurre a partir de tocar un pedazo de madera y esto nos conecta con la belleza. Eso realmente es lindo de contar porque a veces la realidad le supera a uno absolutamente.
CELEBRAR CADA PASO
–Vivimos unos tiempos de la instantaneidad en los que necesitamos resolver todo en los próximos diez segundos. Supongo que eso es una especie de problema al respecto de llevar un camino con mucha disciplina, que a veces va a ser silencioso.
–TG: La formación musical supone un proceso que no siempre es tan agónico y no siempre es tan largo. Realmente nosotros tenemos como meta que desde el primer paso, desde el primer mes en que un chico de cinco, seis años o cualquier edad que tenga ya pueda participar del escenario, pueda compartir con gente de multinivel. Entonces, ese es un estímulo. Sonidos de la Tierra es totalmente inclusivo y nuestros conciertos tanto comunitarios como a nivel regional o a nivel país incluyen todos los instrumentos de todos los niveles. Tenemos coro de tercera edad, tenemos educación musical temprana de los cuatro años. Entonces, digamos que es ese pensamiento que se tiene de que tocar el piano me va a llevar diez años es un poco relativo, porque desde el primer mes si uno valora los pequeños avances y sabe ver cuánto cuesta cada avance realmente nosotros ya le sacamos alegría, ya le sacamos felicidad, ya le sacamos aplausos.
–¿Cuál es un tiempo típico de aplicación de un chico que se incluye dentro de vuestro programa?
–TG: Yo calculo que lo saludable sería tener primero el instrumento. En nuestro caso nosotros otorgamos instrumentos a todas las escuelas comunitarias. Después se firma un acuerdo de responsabilidad y el chico puede llevar el instrumento a su casa una vez que pasamos ese nivel. Lo saludable sería tocar un poco cada día. Es como la lectura o la tarea de matemática. Un poquito cada día y avanzando. Leer partituras también.
–¿Qué ves cuando mirás al mañana respecto a este proyecto?
–MC: Muchos desafíos. Por un lado, alegría por lo ya andado. Hablamos de más de dos décadas de construcción en lo que tiene que ver con la música como una herramienta de desarrollo. Así que eso es un paso de alegría. Ahora, lo que viene en términos inmediatos creo que es el desafío de proyectar esto, a que siga creciendo, pero también cuidar y consolidar lo que ya tenemos. Necesitamos de un desarrollo mayor de nuestro país también y que este desarrollo considere y acompañe la necesidad de invertir en cultura.
La Feria Ore abrirá sus puertas con dos días dedicados al arte y la cultura indígena
Compartir en redes
El arte, la tradición y la identidad de los pueblos originarios volverán a reunirse en una nueva edición de la Feria ORE de Arte y Artesanía Indígena, que se desarrollará los días 8 y 9 de agosto, de 09:00 a 20:00, en el Espacio Cultural Staudt (Iturbe 333 casi Mariscal Estigarribia), con acceso libre y gratuito para todo público. La propuesta busca acercar a la ciudadanía al patrimonio cultural indígena y apoyar el comercio justo mediante la venta directa de artesanías.
La feria reunirá a artesanas y artesanos de distintas comunidades indígenas del país, quienes ofrecerán piezas elaboradas con técnicas ancestrales, como cestería, arte plumario, textiles en fibra de caraguatá y algodón, además de tallados en madera de palo santo, entre otras creaciones que reflejan la riqueza cultural del Paraguay.
Además de la exposición y comercialización de artesanías, la programación incluirá presentaciones artísticas y actividades culturales que permitirán a los visitantes conocer de cerca las expresiones, saberes y tradiciones de los pueblos indígenas. La iniciativa constituye un espacio de encuentro entre productores y público, al tiempo de fortalecer la economía de las comunidades participantes y promover la valoración de su patrimonio cultural.
La organización invita a las familias y a la ciudadanía en general a participar de esta experiencia cultural en el Espacio Cultural Staudt, un punto de referencia para actividades artísticas en el Centro Histórico de Asunción, donde durante dos jornadas el talento y la creatividad de los pueblos originarios serán los principales protagonistas.
Taller “Petei aravo’i verde” impulsa la educación ambiental con arte y guaraní
Compartir en redes
El taller “Petei aravo’i verde” se realizó con estudiantes de la Escuela Básica n.° 19 República Oriental del Uruguay en una experiencia educativa orientada a promover la conciencia ambiental, fortalecer el idioma guaraní y fomentar el intercambio sobre la cultural asiática, a través del arte, el teatro y la narración colectiva
Alrededor de 30 niñas, niños y jóvenes participaron el pasado sábado 25 de julio de una iniciativa impulsada por CGTN Español que busca acercar la educación ambiental a las nuevas generaciones mediante actividades creativas y participativas. Guiados por los facilitadores Christian Olmedo y Patricia Galeano, fortalecieron la creatividad, el trabajo en equipo y el uso del guaraní como herramienta de expresión, aprendizaje e identidad.
Durante la jornada, los participantes realizaron actividades basadas en el arte, el teatro, la narración colectiva y distintas dinámicas colaborativas que los invitaron a reflexionar sobre el cuidado del medioambiente, la cooperación y el papel que cada persona puede desempeñar en la construcción de comunidades más sostenibles.
Una treintena de alumnos de la escuela República Oriental del Uruguay participaron del proyecto, el sábado 25 de julio de 2026. Foto: Gentileza
Como resultado del proceso, elaboraron y representaron pequeñas obras teatrales con mensajes orientados a sensibilizar sobre la importancia del cuidado del medioambiente y el compromiso ciudadano. Además, identificaron acciones concretas para contribuir al cuidado del entorno y asumieron el compromiso de compartir estos aprendizajes con sus familias, compañeros y comunidad, promoviendo prácticas responsables y sostenibles.
El taller también ofreció a las familias una alternativa gratuita de aprendizaje y recreación durante las vacaciones de invierno, fortaleciendo los vínculos entre la escuela, la comunidad y los participantes a través del intercambio, la creatividad y la participación activa.
“La educación ambiental es más significativa cuando nace de las experiencias cotidianas de las niñas y los niños. A través del arte, el teatro y el guaraní buscamos que puedan reconocer el valor de su entorno, fortalecer el trabajo en equipo y descubrir que cada persona tiene un papel importante en la construcción de comunidades más sostenibles”, expresó Patricia Galeano, facilitadora del taller. La propuesta forma parte de un proyecto educativo y cultural impulsado por CGTN Español, orientado a generar espacios de aprendizaje que integren la sostenibilidad, la diversidad cultural y la valorización de la lengua guaraní.
Como parte de esta iniciativa, CGTN Español continuará impulsando en Paraguay nuevas propuestas educativas, artísticas y culturales dirigidas a niñas, niños y jóvenes, con el propósito de promover el intercambio entre naciones, fortalecer los vínculos de amistad y cooperación entre China y América Latina, y seguir difundiendo el guaraní como un puente para el diálogo intercultural y el entendimiento mutuo.
Una treintena de alumnos de la escuela República Oriental del Uruguay participaron del proyecto, el sábado 25 de julio de 2026. Foto: Gentileza
Sobre el taller
“Petei aravo’i verde: Mitãrusu, mitãkuña ha mitãrusu kakuaa China ha América Latinagua, ñande tenonderã sostenible rehehápe” (Un Minuto Verde: Jóvenes de China y América Latina por un futuro sostenible) es una iniciativa que promueve la educación ambiental a través del arte y la participación, fortaleciendo el intercambio cultural entre China y América Latina y el guaraní como herramienta de aprendizaje, expresión e identidad.
CGTN Español impulsa iniciativas educativas y culturales que fortalecen el intercambio entre China y América Latina, promoviendo la sostenibilidad, la diversidad cultural y el idioma guaraní como vehículo de aprendizaje, identidad y participación ciudadana. Como parte de este compromiso, desarrolla desde hace varios años CGTN Avañe’?, una plataforma informativa en guaraní que acerca diariamente contenidos internacionales a la población guaraní hablante.
En Paraguay también ha impulsado iniciativas como la exposición de arte infantil “Guarani pu, arapy ñe’?”, que reunió obras de niñas y niños de China y América Latina, además de actividades artísticas con referentes nacionales para promover el valor del idioma guaraní como expresión cultural.
Lata Parará Fest celebra segunda edición con nueve bandas de rock y metal
Compartir en redes
Este sábado 1 de agosto, desde las 17:00 horas, el Galpón Municipal de Fernando de la Mora, ubicado en el predio de la Municipalidad (avda. Mariscal Estigarribia esq. Capitán Montiel), será escenario de la segunda edición del Lata Parará Fest, una gran celebración del rock y el metal paraguayo que reunirá a destacadas bandas nacionales, feria de emprendedores y merchandising, área de cantina y toda la energía de una comunidad que sigue creciendo alrededor de la música pesada.
Organizado por Radio Online Lata Parará, con el apoyo de la Municipalidad de Fernando de la Mora y la Dirección de Arte y Cultura, el festival se consolida como uno de los encuentros independientes más importantes de la escena nacional, ofreciendo una propuesta que combina música en vivo, cultura y un espacio de encuentro para artistas y fanáticos de todo el país.
Un cartel de primer nivel
La segunda edición del festival reunirá sobre un mismo escenario a Batallón, Steel Rose, Mythika, Wisdom, Abbadon, Khyron, Hikuai, Sadistic Art y Black Fire, ofreciendo un recorrido por distintos estilos del metal, desde el heavy y el power hasta el thrash, death y black metal. Entre los principales atractivos se encuentra Batallón, una de las bandas pioneras del thrash metal paraguayo, fundada en 1987 y recientemente reincorporada a los escenarios con nuevo material.
También formará parte del festival Steel Rose, referente del heavy metal paraguayo desde finales de los años 80, con una trayectoria de más de tres décadas y una discografía que la posiciona como una de las agrupaciones más emblemáticas del género en el país. El black metal estará representado por Wisdom, banda de reconocimiento internacional y una de las mayores exponentes del metal extremo paraguayo, actualmente presentando su más reciente producción discográfica.
Batallón será una de las agrupaciones nacionales que subirá hoy en el escenario del Galpón Municipal de Fernando de la Mora. Foto: Gentileza
Por su parte, Mythika llegará con su propuesta de heavy y power metal inspirada en la historia, la cultura y la mitología paraguaya, una identidad que le ha permitido compartir escenario con importantes artistas internacionales y representar al país en diferentes escenarios del exterior.
La potencia del metal extremo estará presente con Abbadon, histórica agrupación de death/thrash metal con una extensa trayectoria dentro de la escena nacional; mientras que Khyron, otra de las bandas emblemáticas del heavy metal paraguayo, aportará toda la experiencia de más de tres décadas sobre los escenarios. El cartel se completa con Hikuai, Sadistic Art y Black Fire, tres propuestas que representan la fuerza y diversidad de la nueva y consolidada generación del metal paraguayo.
Black Fire será una de las agrupaciones nacionales que subirá hoy en el escenario del Galpón Municipal de Fernando de la Mora. Foto: Gentileza
Mucho más que un festival
Además de los conciertos, el público podrá recorrer una feria de emprendedores y merchandising, donde encontrará discos, remeras, accesorios, artículos coleccionables y productos relacionados con la cultura rock. Durante toda la jornada también estará habilitada una completa área de cantina, ofreciendo comidas y bebidas para que los asistentes puedan disfrutar cómodamente de una extensa noche de música.
Las entradas anticipadas tienen un costo de G. 40.000 hasta el 31 de julio, mientras que el día del evento el precio será de G. 60.000. Puntos de venta: Asunción Underground (Gral. Díaz 389 c/ Alberdi); Morri Rock Store (Oliva 919 c/ Montevideo); La Cueva Rock/Metal Bar (Mcal. López 1070 c/ Brasil). Venta por transferencias al alias: 0981 506 972 (enviar comprobante al mismo número).
Khyron será una de las agrupaciones nacionales que subirá hoy en el escenario del Galpón Municipal de Fernando de la Mora. Foto: Gentileza