El lazo de amistad los animó a emprender una idea juntos y compartir el vínculo en espacios donde el trabajo estaba en primer lugar. A continuación, tres historias paraguayas que inspiran a celebrar el Día del amigo desde otro lugar.

Por: Micaela Cattáneo.

Fotos: Néstor Soto/ Aníbal Gauto/ Negib Giba.

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Cómplices de un gusto

A Cecilia Talavera (32) y Joaquín Sánchez (28) no sólo los unió su pasión por las cosas dulces. Antes de que Waffle Róga se convierta en la tentación preferida de un antojo post-almuerzo (cualquier día de la semana), ya habían compartido asuntos de oficina en una agencia marítima. “Ceci era la encargada de RR.HH. de la naviera que me contrató para lo que, en ese entonces, fue mi primer trabajo serio”, recuerda Joaquín sobre cómo se conocieron.
Yo no sabía de sus ganas de emprender ni él de las mías”, continúa Talavera, quien hace una pausa para calcular hace cuánto están en el rubro gastronómico. “Son casi tres años”. Y así como su amistad, abrir la primera casa de waffles del país no fue una decisión premeditada. “En una de esas ocasiones que salimos a comer, nos preguntamos: ‘¿Por qué será que en Paraguay no existe un lugar que se dedique exclusivamente a preparar waffles’?”, cuenta sobre qué los motivó.
Desde entonces, los comentarios sobre otro posible vínculo los persiguen adonde vayan. “Sí, solían decirnos: ‘Sí o sí estuvieron o van a terminar juntos’. Pasa que hay mucho debate sobre la amistad entre el hombre y la mujer, y más cuando esta no es común al momento de empezar un negocio”, empieza Ceci.
Mientras, Joaquín la interrumpe para explicar qué respondía cuando esos prejuicios estaban a la orden del día: “Hay una etapa de la vida, entre los 23 y los 30 años, en la que todo el mundo te dice que quiere emprender un negocio, pero sólo un pequeño porcentaje lo hace con verdadera convicción. Ceci era parte de ese porcentaje”.
Hoy, en sus ratos libres aprovechan para pasar tiempo con sus familias o parejas y aseguran que perdieron algunas costumbres de amigos desde que el trabajo es prioridad. “Antes salíamos más pero porque nos veíamos menos. Entonces los encuentros eran para ponernos al día”, asegura él.
Si bien ninguno de los dos había trabajado en el sector gastronómico antes, las experiencias como clientes en el país y en otras partes del mundo los llevó a resultados tan auténticos como la amistad que los une. “La primera vez que probé un waffle fue en Estados Unidos. Él, como vivía en Pilar, lo degustó en Asunción y luego también en Norteamérica. Hay veces que entramos a la cocina y jugando, salen productos interesantes”, señala ella.
Waffle Róga aportó más confianza a la amistad. Sobre todo por el hecho de que podés cerrar los ojos y sabés que esa persona va a cuidar el local igual que vos y que tiene las habilidades para hacerlo”, agrega, a la par que su socio concluye: “Pasás a conocerle a la persona a otro nivel. Pueden haber diferencias, pero sabés que si estás jodido, esa persona va a estar para vos”.
Compañeros de una buena causa
El estudiante de medicina Eric Dijkhuis (24) y el ingeniero en electrónica Fernando Vallese (32) son un ejemplo claro de que no existen límites cuando se comparte amistad y trabajo en un mismo lugar. “Nos conocemos desde que tengo memoria. Nuestras mamás se conocen desde que eran pequeñas y es como que su amistad se heredó a nosotros”, explica Eric, fundador de Po Paraguay, sobre la relación que lo une a su co-fundador.

Ambos fueron testigos de cómo una tarde común y corriente tomó un color especial cuando reafirmaron el “sí” al proyecto que Eric tenía en mente: desarrollar prótesis de manos y brazos impresas en tecnología 3D. “A Fer lo elegí porque -además de ser grandes amigos- sabía de su innato talento con la tecnología y de su capacidad de llevar ideas al hecho; algo me decía que era la persona indicada”, asegura Dijkhuis.

Y antes de que Vallese conteste por qué aceptó el desafío de su amigo, Eric se adelanta para responder con humor: “Estoy seguro que buscaba el secreto de cómo tener una barba como la mía”. Acostumbrado a no dejar pasar una broma, Fernando redobla la frase: “¡Barba para juntar comida es esa!” respondi y, más serio, explica: “Le dije que sí porque Eric es probablemente la persona más soñadora que conozco; con una visión y motivación increíble. Sabía que, aunque somos superdistintos en muchas cosas, teníamos las fortalezas para complementarnos”.
Esas diferencias, antes que ser un obstáculo, los ayudó a saber cómo enfrentar los problemas de una forma madura, buscando una solución y dejando los egos de lado. “Fer es un excelente amigo pero es aún mejor líder, sabe exactamente dónde queda la amistad y dónde tiene que estar el trabajo. Como dice siempre: ‘La transparencia es lo más importante, que sean buenas o malas noticias ya no importa’”, comenta el creador.
Ambos recuerdan que la primera vez que viajaron juntos fue a Brasil con sus familias, cuando eran niños; pero Po los hizo coincidir en una aventura por Estados Unidos. “Estuvimos en el mismo país pero representando al proyecto en distintos programas. Igual pudimos encontrarnos para disfrutar de nachos y cervezas a la par que compartíamos nuestras experiencias”, destaca Fercho, apodo que Eric usa para llamarlo.
Aunque no coinciden en las actividades que realizan en su tiempo libre -quizás sí en ver series como Westworld o Chef’s Table-, a la hora de hablar de sueños por cumplir con Po, ambos concuerdan: “Nos encantaría que todas las personas en el mundo, que necesiten de una prótesis y sin importar el lugar donde se encuentren, puedan acceder a una. Son sueños que rápidamente se convierten en objetivos porque el increíble ‘EquiPo’ lo logra”.
Aliados en el rock
Flou es muestra viviente de que la música une a las personas. Walter Cabrera (voz y guitarra), Federico Wagener (bajo), Guillermo Cayo (batería) y Bruno Ferreiro (guitarra) estaban destinados a encontrarse en los escenarios, creando rock para gente de su país.
La formación de la banda en el 97 se asemeja al armado de un rompecabezas. “Con Bruno nos conocíamos de hacer skate en la Plaza de las Américas y también de los conciertos que habían en ese momento que, por supuesto, no eran muchos como los de hoy. Pero cuando había un show nos encontrábamos todos y nos reconocíamos (al menos de vista)”, recuerda el vocalista.
Y continúa: “Bruno conocía a Fede del colegio y lo trajo a un ensayo porque, justamente, estábamos buscando un bajista. A Guille lo conocimos en la industria, tocaba en varias bandas amigas y nos llevábamos muy bien desde antes que entre a Flou”.
Diecisiete años después, el vínculo permanece, afianzado, hasta cuando no se trata de trabajo. “Solemos juntarnos cuando tenemos tiempo libre, jugamos al fútbol, comemos asado con nuestras familias o hacemos un paseo de fin de semana”, destaca Fede. “En cuanto a la música que escuchamos, cada uno lo hace por separado, pero siempre que podemos nos juntamos a debatir sobre las bandas nuevas que vamos descubriendo”, agrega Walter.
De aquel “sueño del pibe” de querer vivir de hacer música propia pasaron a compartir escenario con bandas como Korn, Deftones o Guns n’ Roses, que sólo veían en los posters pegados en sus paredes. “Lo bueno de tocar con amigos es que siempre la pasás bien”, resume Bruno.

Los viajes en grupo, sean de placer o trabajo, tienen siempre como excusa la música. “Fuimos juntos al extranjero para ir a ver artistas que no llegaban a Paraguay. También solemos ir a escuchar a bandas nacionales en algunos bares, para saber hacia dónde están apuntando los grupos locales”, afirma el intérprete. A lo que su colega comenta: “Más que músicos somos amantes de la música”.

Antes de los ensayos, entre charla y charla, la ronda del tereré no pasa desapercibida; espacio donde aprovechan para hablar de lo que aún desean para la banda. “Una tarea pendiente es ir a tocar a Europa. Abrir las puertas a la música paraguaya en general, porque siempre que tocamos afuera, se sorprenden de la calidad del rock nacional”, finalizan los ‘perros’ de @floumusic (Como los encontrás en Twitter e Instagram).