Sobre contar historias y dejar mensajes a través de las palabras y los dibujos, Mafalda tiene todas las de ganar. Después de la inmejorable influencia que dejó la pequeña de mente inquieta, ¿sobreviven las historietas en nuestro país? Hablamos con los protagonistas.

Por: Micaela Cattáneo l Fotos: Gentileza

Admirada por varias generaciones desde hace 52 años. Mafalda fue esa lectura obligatoria de domingo en familia; ese collage que llevaste como tarea de Ciencias Sociales en primaria; esa edición más vendida en el kiosco de tu barrio y esa historia que de niña te hizo entender que al mundo un poco de rebeldía no le vendría nada mal.

Contestataria, enemiga de las sopas y fanática de The Beatles desde 1964. La historieta de Quino, seudónimo de su creador -el argentino Joaquín Salvador Lavado-, dio la vuelta al mundo en más de 80 días pero asegurando su éxito literario hasta nuestros días.

Después de más de medio siglo de inquietudes sociales y políticas, la tira cómica con más traducciones que personajes principales se suma a lo dulce y ocurrente del idioma guaraní. Pero, tras el contundente legado que dejó la pequeña de cabellos negros, ¿Hay vida historietística en nuestro país?

La hubo, incluso, antes de Mafalda. "La primera historieta de aventuras publicada en Paraguay fue Ivo, el piloto audaz, una serie escrita y dibujada por el arquitecto Aníbal Ferreira Menchaca, alias Tata, en la revista Farolito, en los años 60. Estaba inspirada en un amigo suyo, el piloto Ivo Recalde. Tenía un estilo más humorístico, con dibujos sencillos, pero que despertaron mucha pasión en los lectores de la época", recordó Andrés Colmán Gutiérrez, guionista de cómics y colaborador de Quimera, la primera revista paraguaya de historietas (1981).

A propósito de Quimera, Roberto Goiriz -precursor de la revista junto a Juan Moreno y Carlos Arguello- explicó qué significó para los dibujantes de la época dar a luz el primer material de historietas en Paraguay: "En realidad no teníamos esa conciencia de estar haciendo algo que un día sería un hecho más o menos histórico. Sentíamos, sí, la necesidad de inventarnos un espacio que no existía y quizás aún no existe en Paraguay. Como los fantasmas, que no existen pero mucha gente los ha visto".

Las historias eran tan particulares como la anécdota que dio nombre a la revista. "Surgió de una canción que escuchamos en la radio. No recuerdo el cantante, pero hablaba de una 'magnífica quimera…", indicó Goiriz. De él nació uno de los personajes más emblemáticos de los cómics nacionales: Jopo, una figura antropomorfa que comentaba con humor la realidad política de la dictadura. "Disfruté crear todas las historietas que hice, pero Jopo me acompaña hasta hoy, recordándome de vez en cuando que debo dibujarlo".

Por otro lado, su compañero Argüello trazó los primeros bocetos del querido Avaré, "un personaje con aventuras al estilo Tarzán. Sin dudas, el más recordado", describe Colmán Gutiérrez. Mientras, Juan Moreno se inclinaba hacia un personaje del mundo rural campesino: Lino Meza. "Creaba un clima entre de terror y magia con la leyenda del Luisón", agregó el periodista.

A la generación de Avaré, le continuaron bosquejos de personajes como Heyulunex, el perro Delmer y la anciana Ña Ma'erã, estos dos últimos de Nicodemus Espinoza. "Otros muy queridos, aunque menos continuados, son Onírico Martínez, un pendejo rockero, o Roque Cazaplagas, una especie de superhéroe asunceno que perseguía a los corruptos y su único poder era una remera mágica a prueba de balas", destacó el también creador -junto a Enzo Pertile-de la conocida historieta El viajero.

Historias del dos mil

Después de la efímera aparición de Roque Cazaplagas, Asunción estaba sedienta de un superhéroe paraguayo. Tras varios años de búsqueda, apareció CoquitoMAN, personaje encarnado por Lorenzo Parker, un ciudadano común paraguayo que adquirió superpoderes luego de comerse un coquito radiactivo.

Detrás de este superhéroe que combate a los villanos y toma tereré están Vidal González, ideólogo original y guionista de la historieta, y Leda Sostoa, ilustradora y diseñadora del cómic. "La gente se identifica con este tipo de personajes porque siempre es divertido reírnos de nuestras propias limitaciones", comentó González.

"La idea es convertir a CoquitoMAN es un personaje querido por chicos y grandes, porque con humor además de entretener se puede enseñar y llegar positivamente. A partir del segundo ejemplar, empezamos a incluir un mensaje central como el cuidado del medio ambiente. Los niños que nos leen se interesan en crear sus propias historias y convertirse en dibujantes", añadió Vidalístico, nombre con el que se lo conoce en el mundo audiovisual.

Acerca de enseñar a través de ilustraciones, el escritor Javier Viveros puede hablarnos por horas. Al frente de las páginas de Epopeya, el libro de historietas sobre la Guerra del Chaco y la Guerra Grande, asegura que este proyecto editorial es "un vehículo ideal para acercar nuestra rica historia, sobre todo a las nuevas generaciones".

Hojear el libro Vencer o Morir -una obra con guión y dibujos de Enzo Pertile-lo hizo descubrir hacia dónde debía dirigir su pasión por la literatura y los cómics. "Jamás había escrito un guión de historieta, pero acepté el desafío", comenta Viveros.

El desafío no tuvo fecha de vencimiento, al contrario, creció, expandiéndose hacia obras literarias de autores paraguayos. Con la colección Literatura paraguaya en historietas publicó los cuentos Carpincheros, Audiencia privada y Pirulí de El trueno entre las hojas de Augusto Roa Bastos. A la par que continúan editandose Un problema de volúmenes de Helio Vera, Elfinadorä de Tadeo Zarratea, El Crack de Roa Bastos y El doctor lluvioso de Josefina Plá, entre otros.

"Es una gran responsabilidad porque uno debe leer el cuento repetidas veces hasta encontrar el modo de narrarlo en imágenes. Es un homenaje y, al mismo tiempo, una reescritura de sus obras, porque se trata de llevar el lenguaje de un texto literario a otro con códigos diferentes", enfatizó.

Colección Mangas

Los mangas vendrían a ser historietas de estilo japonés o, más bien, las formas de dibujos utilizados en ellas. En Paraguay, la revista Mugen fue la primera en desarrollar con puño y letra los términos de esta moda oriental. "Hay historias de fantasía, aventuras, romance, drama, terror y acción. Nos inspiramos en una revista japonesa llamada Shonen Jump que, si bien es una revista apuntada a adolescentes, tiene historias muy diversas que pueden leerlas desde niños hasta adultos", señaló Julio Peralta, partícipe desde el tomo uno.

Junto a Iván Moral y Santiago Valdez, trabajan en el proyecto Manga Guaraní, para que las historietas no sólo lleguen a un público "otaku" (principal consumidor de estos materiales), sino a uno más general. "¿Cómo sobrevivir en la industria de las historietas impresas cuando hoy en día todo parece ser 2.0?", le preguntamos. A lo que el editor responde: "Adaptándose a los cambios y a los gustos de los lectores, pero probando cosas nuevas siempre".

El mundo ficticio de Muir es el creado por Norma Flores Allende y Vania Boidanich para dar vida a Caos Quest, la historia de una guerrera de la época medieval que asume la identidad de un sacerdote para poder estudiar y adquirir conocimiento (cuando este les era prohibido a las mujeres).

"Caos… abunda en heroínas, si bien por supuesto también tenemos héroes. Creo que debemos intentar comenzar a escribir personajes femeninos más activos, más humanos y, por ende, más interesantes que puedan ejercer protagonismo o roles importantes sin que por ello se sienta forzado, adrede o políticamente correcto", aclaró Allende, autora del relato.

Para Boidanich, encargada de marcar las líneas y colores de los personajes, contar una historia a través del manga resulta más interesante. "Tiene mayor expresividad e intensidad narrativa que el cómic americano tradicional, el trazo es más expresivo, dinámico y la composición de páginas y diseño de personajes también es muy diferente", remata.

El futuro de las historietas

– "Este es un momento muy interesante, en que se están dando varios fenómenos. Por un lado, a Javier Viveros y a Roberto Goiriz les debemos la fiebre que se despertó en torno a las historietas sobre temas históricos. Por otro, sumémosle la nueva generación de guionistas y dibujantes que traen la influencia de la fantasía heroica. Todo esto nos deja creer que hay cómic paraguayo para rato". Andrés Colmán Gutiérrez.

– "Su futuro es halagüeño. Y en su presente goza de buena salud, es más, vive una suerte de edad de oro. Creo que nunca hubo tanta cantidad y diversidad al mismo tiempo. Y eso es bueno. Eso es muy bueno". Javier Viveros.

– "Lo ignoro, pero yo sigo creando, al igual que varios colegas. Mientras existan autores y lectores, la cosas irá bien". Roberto Goiriz.

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