La polémica por la tala de árboles nativos en el paseo central de la avenida Von Poleski terminó convirtiéndose en algo mucho más profundo que un reclamo ambiental. Lo que comenzó como la denuncia de un grupo de vecinos indignados por la desaparición de tajy y samu’u, terminó exponiendo una creciente tensión política entre la Junta Municipal de Villa Elisa y el intendente Sergio Estigarribia.
UN DETONANTE LLAMADO “ÁRBOLES”
Los vecinos creyeron inicialmente que los funcionarios municipales estaban realizando una simple poda. Pero al confirmarse que se trataba de una tala completa de al menos seis árboles nativos, la indignación rápidamente se volvió ruido político.
La denuncia presentada por Isabel Portillo Mereles y replicada en redes encendió la chispa; pero fue la Junta Municipal –especialmente la bancada colorada– la que transformó el episodio en un tema de debate político.
Apenas los trabajos se hicieron visibles, los ediles colorados presentaron una nota exigiendo explicaciones al intendente Estigarribia y manifestaron su repudio en público. Ese movimiento cambió el rumbo: la municipalidad detuvo la tala inmediatamente después de la presión de los concejales.
LA GRIETA INSTITUCIONAL
La polémica dejó al descubierto un problema que en Villa Elisa se viene comentando en los pasillos: la relación cada vez más tensa entre la Junta y el Ejecutivo municipal.
Mientras la intendencia asegura que la tala fue necesaria para mejorar la iluminación y reforzar la seguridad ciudadana, los concejales sostienen que esa justificación llegó tarde, recién después de las críticas, y sin ninguna consulta previa a la Junta ni a la ciudadanía. La molestia de los ediles no pasa solo por los árboles. Pasa por un estilo de gestión que, según ellos, ignora los espacios de diálogo y actúa sin dar explicaciones. Por eso el episodio se transformó en un símbolo de algo mayor: la percepción de que la Junta es mantenida al margen de decisiones significativas.

