Pettita ya logró enemistarse por su soberbia, arrogancia y metidas de pata con todos los gremios docentes, con el sector estudiantil, con la clase política, con la Unión Europea y con la ciudadanía. Al parecer, el único que lo banca, por ahora, es el number one.

Lindo ambiente en el MEC para el inicio de clases. Una institución sin rumbo y con un sin fin de problemas que a juzgar por el comportamiento de quien la comanda, todo tiende a empeorarse.

Desde el primer día de la designación del saltimban­qui de la política al frente de esa cartera, en esta columna señalamos que el encarnaceno no reunía el perfil para el cargo. Pero, la prensa amiga, junto a algunos opositores y el gremio de Silvio Piris pusieron todas sus fichas en el elegido y miren las consecuencias.

Ahora resulta que el propio Petta y el entorno del number one le bajaron el pulgar a Piris, quien trabajó a full para la campaña de Añetete en el 2018. Es que el sindicalista se plegó esta semana a otros sindicatos para exigir al MEC la reimpresión de libros con errores. Así es la política, va y viene.

Hablando de prensa amiga... los de la calle Yegros descubrieron que Petta no está preparado para el cargo, recién lo hicieron cuando la familia comenzó a perder algunos privilegios para sus oenegés y cayeron las licitaciones para la impresión de libros desde la imprenta manejada por el “braguetero veloz”. ¡Viva la prensa independiente!

“Pitín” Estigarribia, el ñembo constitucionalista “lápi mbyky”, pero de “mbyky” estamos hablando, dicen que manda mensajes a los conductores de radios opinando sobre los temas desarrollados y así forzar para que lo llamen y opine al aire.

Así de desesperado anda el muñequito que no logra votos ni para cebar una ronda de tereré. Pero el “ñoqui” de la facultad de Derecho se la da de gran intelectual y analista político. ¡Andaaa!

Tuvieron que pasar dos años para que las autoridades reaccionen y le den seguimiento al ambicioso proyecto del barrio San Francisco. La falta de acompa­ñamiento a estas familias para satisfacer la demanda de empleo y seguridad podrían poner el riesgo todo lo que se ha invertido en sacar a estas personas de la pobreza y otorgarles una vivienda digna.