- POR AUGUSTO DOS SANTOS
- PERIODISTA
- Enviado especial
- SANTIAGO – CHILE
Muchos no entienden cómo es posible que el país ejemplo en gestión económica amaneció a octubre del 2019 siendo un ejemplo de desigualdad social. El sábado último, todavía en Asunción, un famoso abogado –en la mesa contigua de un café– me expresaba, preso de un sincero agobio, “yo que soy de derecha siento cierta desilusión, porque Chile era nuestra mejor muestra”.
El vuelo hacia Santiago y la inmensidad inescrutable de la cordillera me devolvió el razonamiento del abogado, lo cual, a su vez, me entregó una clave sobre lo que nos está pasando al analizar no solo ya el fenómeno de Chile, sino el de Argentina, Brasil, Bolivia, Venezuela, Ecuador: Probablemente estamos sostenidos en el error de mirar estos sucesos únicamente desde el lugar del “hincha” de izquierda-derecha, lo cual siempre nos arrojará un resultado distorsionado.
¿POR QUÉ?
Ubiquémonos nuevamente en esta ciudad tan bella como compleja: Santiago. Mientras –en el camino del aeropuerto al hotel– valoro las obras viales inmensas que facilitan desde hace unos años el trayecto hacia el centro, Diego, el Uber de 32 años, me hace un gesto desde el retrovisor que en todos los idiomas significa “tiene razón, pero...”, tras lo cual me comenta las altas tasas que deben abonar para usufructuar ciertas obras públicas. “Estrangulan”, dice, lacónico.
Inspirado en mi intención de cerrar la ecuación de mi amigo abogado decepcionado, pasé a continuación a preguntarle al conductor si pertenecía a algún partido político. “Todos los extranjeros preguntan lo mismo. No. Somos ciudadanos. Y le digo más, si descubriéramos a un político en la marcha, lo botaríamos, con b larga”, remarca.
Seguimos en el Uber. Una serie de imponentes edificios hace pensar por un momento que te encuentras en alguno de los tigres asiáticos. “Este es el edificio más alto de Latinoamérica”, alcanza a apuntar Diego de paso.
LA POLÍTICA ESTÁ
¿Es posible pensar en una movilización despolitizada? Me problematizo. En verdad es imposible figurarse un discurso tan químicamente puro de ciudadanos sin banderas. En el fondo es una torpeza cuestionar la politización de las movilizaciones, siendo que es lógico que ellas se politicen. Es lógico que la derecha forme parte de la movilización contra Evo Morales, es lógico que la izquierda forme parte de la protesta contra Piñera.
PIÑERA ES UNO MÁS
Donde sí se distorsiona todo lo que ocurre es cuando basamos la observación del fenómeno chileno desde las trincheras de izquierda o derecha. Ello no hará otra cosa que ubicarnos en el peor de los sitios analíticos: la miopía militante. Finalmente, el acumulado de postergación social no es un legado de Piñera sino una corresponsabilidad de gobiernos de una y otra vereda que en todos estos años produjeron las políticas sociales de Chile, o en rigor, no las produjeron.
SIN EMBARGO, CHILE
Pese a todo, este país tiene mejor línea de base para superar sus problemas de inequidad que cualquier otra experiencia en la región. Competitividad financiera, institucionalidad, niveles de corrupción bastante más deprimidos que en las vecindades, buena imagen internacional y una performance macroeconómica importante.
EL DICHOSO “DERRAME”
Lo mejor que se puede hacer para que ocurra el mentado efecto derrame es confiar en que ello no ocurrirá por razones de gravedad. El viejo y estúpido ejemplo sobre que si se carga arriba termina derramando abajo. Chile es un ejemplo que eso no funciona y para que ello ocurra, este país deberá invertir esfuerzos en inteligentes medidas sociales, planes de equidad, oportunidades para el fortalecimiento de los jóvenes que se incorporan al mundo laboral.
Concomitantemente deberá reformular sus planes de uso de los recursos naturales evitando que el “desarrollo” confisque el agua y las tierras tal como ha ocurrido en vastas regiones.
EMPIEZA UNA SEMANA
Resta esperar que el humo de las movilizaciones se disperse en meses más para apreciar si las autoridades han aprendido la lección. Mientras tanto, Santiago inicia este lunes una nueva semana de tensión. Hace meses que el parte diario que el gobierno emite advirtiendo de los niveles de smog en esta encajonada ciudad pasó a ser menos importante que las previsiones sobre la atmósfera social de cada día, dato que se suele tener solo en horas de la tarde y muchas veces huele a humo y gas.

