COMENTARIO

Por Santiago Peña, analista

En los últimos días, y ante numerosos cuestionamientos, el presidente Mario Abdo se definió como piloto de tormenta y describió a su gobierno como aquella carreta que llega en silencio y trae prosperidad a su pueblo. En esta oportunidad no me voy a referir sobre sus condiciones de piloto de tormenta o sobre su larga lucha contra los poderosos, pero sí me gustaría hacer referencia a la importancia de construir un relato sobre la base de una visión y que la misma pueda ser interpretada por sus colaboradores y la ciudadanía en general.

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La administración pública es una burocracia compleja, compuesta por un entramado de normas y procedimientos que, muchas veces, ata de pies y manos al administrador de turno, y que requieren de un gran esfuerzo para que puedan trabajar de manera coordinada y generar los resultados deseados. Se necesita de mucha gestión.

Creo que la analogía de la carreta es muy apropiada para comprender la dificultad que ha encontrado esta administración desde que asumiera el 15 de agosto. En el gobierno que lidera el presidente Abdo existen unos pocos colaboradores que están empujando para adelante, intentando que la carreta progrese en el sentido correcto. En mi opinión, el ministro de Hacienda Benigno López y el presidente del Banco Central del Paraguay, José Cantero, han hecho un esfuerzo enorme en generar las condiciones apropiadas, tanto desde la política monetaria como la política fiscal, honrando a dos instituciones que se han caracterizado por su fortaleza institucional a lo largo de los últimos años y en diferentes gobiernos.

Sin embargo, estos esfuerzos no han sido suficientes para evitar una desaceleración pronunciada en la actividad económica, principalmente porque al mismo tiempo que ellos empujan para adelante, otros colaboradores empujan la carreta para atrás. El presidente Mario Abdo decidió dar una nueva oportunidad a personas que habían estado en la administración publica en el pasado, con pésimos resultados en su gestión y con numerosos cuestionamientos sobre su honestidad e integridad.

Como si esto no fuera suficiente, también encontramos dentro de la actual administración, colaboradores que desconocen la gestión pública y ante la ausencia de rumbo han decidido empujar la carreta en el sentido que mejor les parezca, en algunos casos intentando moverla de lado, sin darse cuenta de que estos son esfuerzos sin resultado alguno.

En el 2014, el Paraguay pudo construir una visión colectiva sobre el país que queremos para los próximos años, pasando de los planes de gobierno a políticas de Estado. Esta visión está plasmada en el Plan Nacional de Desarrollo Paraguay 2030. La construcción de esta visión requirió de un esfuerzo colectivo impulsado desde el gobierno, pero que involucró a más de dos mil líderes de la sociedad civil, representando a todos los sectores de la sociedad y que durante 14 meses debatieron y reflexionaron sobre los desafíos y oportunidades para nuestro país.

Este plan sirvió de guía para que el gobierno pueda implementar acciones coordinadas entre las diferentes instituciones con un único objetivo, permitir que el Paraguay pueda progresar generando oportunidades para los sectores más vulnerables por medio de políticas públicas que reduzcan la pobreza, generen crecimiento económico inclusivo e inserten al país en el mundo.

El presidente de la República necesita de manera urgente construir un relato con medidas y acciones concretas que puedan ser interpretadas e implementadas por sus colaboradores de manera que todos empujen la carreta en el mismo sentido. Del mismo modo, debe sumar a todos los sectores de la sociedad para trabajar todos juntos en alcanzar esos objetivos. La carreta es el país y necesita que todos la empujemos para adelante.

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