Vaya paradoja la de quiénes son los más interesados en investigar supuestos casos de lavado de dinero y otros delitos de corrupción.

Por un lado, Renolfito, senador “mau”, manoteador de recursos para almuerzos escolares en Guairá y, por otro lado, Celeste, conocida como la “reina de los almuerzos escolares”.

Si bien todo hecho de corrupción es repudiable y debe ser investigado, escamotear recursos destinados para la alimentación de los niños más pobres merece el repudio y la indignación ciudadana.

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Sin embargo, ambos, hoy se las dan de grandes paladi­nes de la justicia señalando con el dedo a quien se les antoja.

Ellos groseramente operaron para hacer negociados con recursos públicos destinados a la alimentación de niños. ¡Qué vergüenza!

Hablando de paladines, en Abecelandia siguen con el monotema del caso Messer, cuyo caso ya está en manos de la Justicia.

Sin embargo, todos allí fingen demencia acerca de cómo un alto ex dirigente deportivo lavó dinero utilizando el banco y la inmobiliaria de ese mismo grupo. ¡Ampliare­mos!

Furioso dice que está Portillín, el mismo que fue rajado de un banco porque le descubrieron sus andanzas misteriosas de prestador de dinero y que ahora funge de ñembo analista económico.

Pasa que en esta columna le recordamos a Portillín sus historias y está que chispea el hombre.

Dios los cría y ellos se juntan. Portillín aterrizó en el diario que sale de lunes a viernes, de los hermanos pinky y cerebro, también metidos en lindos líos con un banco extranjero y que ahora están juntos no para pretender conquistar el mundo, sino para embaucar a algún incauto sponsor.

Una calificadora internacional mejoró su calificación sobre nuestro país y nos posiciona al grado de inversión. Suponemos que esta noticia será amplificada por todos medios. ¿Será?

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