Tremenda duda generaron ayer las declaraciones de Marito. Más de uno se preguntó si las denuncias sobre hechos de corrupción de su gobierno, que provienen de este medio de comunicación, le afectan o no. Según sus dichos, no; pero, sin embargo, designó a Arregui para realizar una auditoría a la gestión de doña Paty en Petropar. ¿En qué quedamos?

No es la primera vez que el presidente cae en profundas incohe­rencias. Habla de combate frontal a la corrupción y nombra a hombres escombros en cargos claves o a personas con frondosos antecedentes. Ahí está el caso del “exportador de costumbres paraguayas” Julián Vega. Ante el nulo rigor para designar a miembros de su equipo, gigantesco bochorno nos hizo pasar el acusado de frotar el muslo de una traductora taiwanesa.

Lo que sí se percibe es un gran divorcio entre lo que Marito dice y lo que finalmente termina haciendo, y los colorados lo sienten en carne propia. Habló de unidad partidaria para engañar a sus correligionarios en busca de votos y, después, terminó jorobando a todos.

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¿Alguien tiene alguna duda de que la designación de Arregui es un pacto entre Añetete y el PDP, partido familiar de la “miau florida”? Varios de sus retoños ya están ocupando algún carguito en la función pública como, por ejemplo, el caso de José “Cuatro de copas” Casañas Levi junto con el multicolor ministro encarnaceno.

Esperemos que Arregui haga un trabajo objetivo o quizás siga su costumbre de blanquear a sus amiwis como lo hizo con Filicóptero, cuando este estuvo al frente de la Unidad de Delitos Económicos del Ministerio Público.

Una tal López, escriba del mundo fantástico que se vive en Abecelandia, funge hoy de vocera de doña Paty, la mandamás de Petropar. La mujer, conocida entre sus colegas por ser de la escuela del lápiz corto y encima sin punta, lanza comentarios e interpreta­ciones sobre los escándalos en la petrolera sin pies ni cabeza, obviamente, haciendo gala de su escuela.

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