Este domingo en La Nación Habla, el invitado es el padre Aldo Trento, que con su Fundación San Rafael trabaja incansablemente a favor de los más pobres, con un hospital modelo, hogares para ancianos, niños, escuelas y talleres de oficios y abrirá un hogar para chicos con capacidades. Tuvo una vida de novela: militó en el marxismo, se enamoró de una viuda con tres hijos y vino a Paraguay en medio de una terrible crisis depresiva. Hoy vive rodeado de sus queridos “pordioseros”. Esta es una síntesis de la entrevista imperdible, que se verá esta noche a las 21:00 por GEN Tv.

Usted es una persona muy conocida y también reconocida en el país ¿Desde cuándo está en Paraguay?

– Yo llegué un 7 de setiembre, hace 29 años atrás... Me ordené sacerdote en Italia, de donde soy, a los 25 años y cuando vine acá tenía 42 años... Y sí. Hace poco me entregaron un bello reconocimiento honorífico en el Senado, que agradezco...

¿Recuerda cómo fue que decidió ser sacerdote?

– Para decir la verdad, fue bastante raro. A los 11 años yo dejé mi casa y me fui al Seminario... Recuerdo como si fuera hoy que me bajé de la vereda alta de mi casa y esperé que pasara un tractor y le hice dedo, le dije al que manejaba si me podía llevar al Seminario de los Padres Canossianos, que era una congregación que no está en Paraguay...

¿Tan chico tenía claro lo que quería hacer? ¿Qué quería entonces, a los 11 años?

– Lo que yo tenía clarísimo era que quería vivir por Cristo y servir a los pobres... Además, recuerdo que en aquel momento vi una película sobre el padre Damiano, un sacerdote que se va de misionero a Molokai, a vivir y servir a los leprosos... allí muere él, leproso también. Me impactó tanto esa película que le dije a mi mamá que quería ser como el padre Damián y vivir con los leprosos y miserables...

¿De dónde aprendió tan pequeño esa idea de servir a los más pobres?

– De mi mamá. Ella, con otras mujeres del pueblo, tenían como una cofradía que se dedicaba a lavar la blanquería de los seminaristas, que vivían en la Casa de los Canossianos... Era un pueblo bellísimo, pero también muy pobre por que no había trabajo y los hombres se veían forzados a emigrar a Suiza, a Alemania, también a América del Sur... Prácticamente Italia, después de la Primera Guerra Mundial, se vació de hombres y jóvenes...

ABRAZAR EL MARXISMO

¿Y cómo fue que aquel sacerdote que fue usted decidió venir años después al Paraguay?

– Yo no pedí venir a Paraguay, fue el fundador de Comunión y Liberación, monseñor Luigi Giussani, quien me indicó que debía venir al Paraguay... pero ese fue el final de una larga y hasta dramática historia que me permito contar...

Por favor...

– Yo venía de una historia muy dura. Mi padre, como los demás hombres de la zona, debió emigrar, vivía en Suiza con la consecuente tragedia familiar y la pobreza. Entonces, en Europa y especialmente desde Francia, surge un movimiento de protesta muy grande, de estudiantes, el “Mayo francés, del 68” , triunfan las ideas revolucionarias... Eso también llegó a nosotros, yo era seminarista y luego, un joven sacerdote, ordenado en el 71... Era como un nuevo cristianismo, que cambiaba lo viejo, lo que hasta entonces, no daba nada de respuestas a quienes sufrían realmente, como mi padre que sufrió emigrando a Suiza, soportando el racismo...

Era una situación especial...

– Esa nueva ideología, el marxismo, prometía el paraíso en la tierra, no algo que no se podía ver ni tocar y yo me aferré a ella para encontrar sentido a la vida... Me uní al movimiento que en Italia se llamó “Potere Operario” (en español “Poder Obrero”)... Era una época singular... Una época en la que en el Seminario y en la Iglesia, nuestros superiores se preocupaban mucho porque cada vez éramos más los seminaristas y jóvenes sacerdotes que pensábamos igual, que apoyábamos la lucha de clases y eso para ellos fue un gran dolor de cabeza...

FINALMENTE, UN HOMBRE”

¿Y cómo fue el acercamiento al monseñor Giussiani y como Comunión y Liberación?

– Y uno se pregunta ¿cómo se puede quitar una ideología que se ha adueñado de ti...? Y solo se puede con la experiencia de un “grande amor” y fue ahí cuando me enamoré de una mujer, una viuda con tres hijos...

¿Se enamoró de una mujer?

– Sí. Y ella también, pero nunca puse en duda mi vocación sacerdotal... Me di cuenta que ella era libre, porque era viuda, pero yo no. Yo tenía el compromiso con el Señor, entonces entré en una crisis depresiva “de la gran siete”... Luego fui junto a Giussiani a Milán y él me abrazó y me dijo: “¡Finalmente, te volviste un hombre! es lo que Dios te ha dado, una gracia para ti, para la Iglesia y para el movimiento Comunión y Liberación, pero ahora ante esta situación, para no perderte, te envío a Paraguay”, y vine, en medio de la crisis más grande...

¿Pero usted convivió con esa mujer a la que quiso tanto...?

– No. Viví todo el sacrificio que eso conllevaba, hasta volverme casi loco... Yo estuve diez años sin dormir... Esto ocurrió en 1988 y durante diez años, cuando vine a Paraguay estaba en un sufrimiento, una depresión tremenda. Yo no quería vivir...

¿Y cómo superó esa situación?

– Bueno, me impuse tres reglas: Primera: “callos en las rodillas”, de rezar y reconocer que mi dolor tiene un propósito. Segundo: callos en la cabeza; es decir, ver la realidad, no dejarme llevar por el pensamiento porque el deprimido no ve la realidad, sino es dominado por su pensamiento... Y tercero: callos en las manos: escribir, trabajar con las manos, hacer... Yo escribí unos 20 libros con las manos y con ayuda de quienes me ayudaron a hablar español, pero también con las manos hice todo el jardín, toda la huerta... Todos los ficus, las flores, las plantas de los jardines de San Rafael, los hice con mis propias manos...

¿Y cómo logró levantar esa Fundación que todos elogian?

– Con fe. La fe es la voluntad. Y con la conciencia de que Dios se sirvió de mí, de alguien sin valor como yo, de un trapo, pero es Él el que hace... Yo me considero un “milagro” porque sobreviví a todo y porque sigo aquí a pesar de todo... Paso a paso fuimos logrando todo, pero solo por Dios. No hay otra explicación... Yo soy un trapo, una nada... Cuando la gente ve por ejemplo, el castillo o el diseño de algo, se asombra, pero yo en lugar de vanagloriarme, digo que nada de lo que hago lo hago por mi propia capacidad, sino porque son un instrumento, un humilde trapo que Dios usa...

UN POQUITO LOCO”

Hasta fue el primero que contó que el papa Francisco vendría a Paraguay... Hubo quienes dijeron que no era cierto.

– ¡Si! Fue una casualidad y una sorpresa, porque yo estaba en Roma entonces y estábamos concelebrando una misa. Al terminar, le saludé al papa Francisco y le entregué uno de mis libros diciéndole que ojalá alguna vez pueda venir a Paraguay y visitar a mis pobres... Entonces él me dijo, pero padre Aldo, yo me voy a Paraguay este año, me voy en julio próximo... Yo me quedé sorprendido y entonces, luego de eso, emocionado, le llamé un periodista de ABC y le dije, mira C... el papa Francisco me dijo que va a Paraguay en julio próximo... No creyeron mucho, sobre todo los más importantes representantes de la Iglesia, porque en esos casos, de una visita papal, hay todo un protocolo que hay que seguir y peor aún cómo iban a creer que el Papa le cuente de su visita al padre Aldo. Un obispo dijo que “sabemos bien cuántos disparates dice el padre Aldo... porque siempre me consideraron un poquito loco, pero ¡Dios usa a los locos para hacer cosas grandes! Mira, por ejemplo, Van Gogh, que era loco y, sin embargo, hizo cosas maravillosas y grandes...

No todo lo que parece...

– Es que es ejemplo de que el Señor no se sirve del orgullo humano, se sirve de la pobreza humana. Por eso yo siempre digo que soy un trapo y lo digo a conciencia de serlo, pero sin embargo, conmigo Él hizo grandes cosas mirando a este trapo todos los días...

Pero usted no se siente un loco.

– No, pero podríamos decir que no soy lo que llaman alguien “políticamente correcto”, a veces digo ciertas cosas que generan en los demás molestias o críticas. A veces me han dicho: “padre Aldo, cuida un poquito tu lengua”, pero yo no digo nada que no sienta de corazón... Yo soy un servidor de los pobres y con ellos estaré hasta la muerte...

PRENSA “SADO MASOQUISTA”

Pero además de las críticas y crisis ¿Cómo siente que lo valora y quiere la gente en Paraguay?

– Yo siempre digo que nadie jamás me quiso tanto como el pueblo paraguayo. Los pobres, los humildes. Ese amor que recibo al estar entre ellos, al acercarme a los que no tienen nada, ni esperanzas, es tan grande que me conmueve profundamente...

¿Y de quienes se ocupan específicamente en la fundación, en las distintas áreas que comprende su atención?

– Principalmente de los pobres... tienen que ser personas realmente pobres, por ejemplo, para la Clínica, además de ser enfermos terminales, que sean indigentes o pobres, no tener personas que los puedan cuidar. En el caso de los Hogares de Ancianos, que tenemos 3 y hay 80 abuelitos y abuelitas también solos y pobres, que necesitan cuidados. Luego, hay niños y mayores en el comedor, además una escuelas a la que acuden 240 niños de zonas de la Chacarita, de los bañados y también de parcialidades indígenas, que pasan el día hasta la tarde. También tenemos un politécnico en el que se enseñan especialidades. Ahí también hay chicos de los bañados que están aprendiendo un oficio y a estudiar... Como mínimo, son unas seiscientas personas...

¿Y cómo las alimentan y cumplen con sus necesidades? ¿Es realmente generoso el Paraguay?

– Ahí está la providencia. Tengo que agradecer mucho a la gente. Por ejemplo, hay una empresa a la que no nombro porque tiene un nombre en guaraní que no sé pronunciar que trae a diario casi 200 kilos de pan y otros muchos que ayudan en todo lo que pueden... ¡Hay mucha gente solidaria en este país! Tenemos un gasto fijo de unos 500 millones de guaraníes al mes, porque además tenemos 200 personas que trabajan en la fundación, que ganan sueldo mínimo legal, IPS, todo...

¿Y quien administra eso, usted solo?

– No. Yo no, no estoy capacitado y tengo mucho que hacer.. Hay gente maravillosa, paraguayos y paraguayas que trabajan de verdad y ayudan a que todo esté en orden... Hay gente maravillosa y honesta en Paraguay, aunque no se muestre mucho eso. ¡Por eso es que a veces me enojo con la prensa!, por lo menos con gran parte de la prensa paraguaya que muestra solo lo malo que hay, los malos que son los paraguayos, pero eso no es verdad porque yo conozco gente maravillosa y generosa. Yo digo que a veces la prensa paraguaya parece que es sadomasoquista...

¿Sadomasoquista?

-¡Sí! Porque parece que le gusta solo pegarse y pegar a los demás...! No ven nada bueno! Gente que viene del exterior ve lo que se hace y cómo se hace. Por ejemplo, no hay en el país y en otros países una clínica de cuidados paliativos como la nuestra, basta mirar en los hospitales para ver la diferencia... ¿Y cómo se logra? Con la providencia. ¡Es que no creemos en Dios! Y si no creemos, entonces no vemos los milagros que suceden a nuestro alrededor... Porque ahí, en la clínica nadie viene a visitar... los políticos no vienen... Tenemos aportes hermosos, como los de los clubes como Olimpia, que ayudó con los víveres y también Cerro lo hizo... Quiero recordar a Sol de América, cuando Figueredo nos trajo 30 millones luego de un campeonato...

Le molesta la falta de noticias positivas en la prensa...

– Es que a mí me rebela que no se dé a conocer la belleza del amor al prójimo... El lado bello de la vida y del ser humano... Si vieran lo que es vivir realmente en Estados como fue Italia aprisionada por la mafia, que mataba a mansalva, con Berlusconi y su corrupción... ¡Eso sí que es terrible! La Iglesia Católica paraguaya también muchas veces se ha quedado en la crítica a la corrupción... cada año en Caacupé la homilía fustiga a la corrupción... Y está bien, pero nuestra misión también es “mostrar a Cristo” a través de obras dedicadas a lo que él pedía que es cuidar y dar la vida por los pobres hasta el último aliento...

¿El presidente anterior donaba su sueldo a la Fundación?

– Sí. Porque a una semana de asumir, el presidente Cartes visitó la fundación y estuvo recorriendo cada lugar, conversando con las personas. Desde entonces prometió que cada mes iba a donar su sueldo y así lo hizo, hasta el pasado 15 de agosto cuando terminó su mandato... Pero hay que aclarar que sigue colaborando, aportando de su propio dinero. Siempre nos apoyó, como otras personas que son generosas con cada proyecto que emprendemos. Hay gente que me dice pero él tiene plata y puede hacerlo. Pero yo te digo que no es tan así. Hay gente muy pero muy rica en el mundo que no te compra una rifa de diez mil guaraníes para darle de comer a un pobre... Lo que yo dije y digo entonces es que el gesto de donar el sueldo, por poco o mucho que sea, es importante, porque repito que el ex presidente sigue aportando una suma importante cada mes para la fundación.

¿Tienen otro proyecto más ahora para la fundación?

– Hay ahora un proyecto que ya comenzamos, gracias a una generosa donación de alguien que no conocía la obra y es extranjera, que vino y vio y donó millones con los que comenzaremos a construir un Cottolengo, un hogar para chicos pobres y discapacitados, que son los más pobrecitos y olvidados de nuestras sociedades...