Parece que el gabinete de Marito se declaró so’o. Cuando venía más o menos derrapando con lo de la Senavitat y otras perlitas más, el electo ¡redobló la apuesta! Puso al frente del MOPC a un teólogo (no sabemos bien ni si de dónde porque solo aparece en su CV un seminario en Buenos Aires y ninguna universidad importante).
El teólogo va a manejar nada más y nada menos que un ministerio clave y estratégico, como lo es Obras Públicas. Es por el simple mérito de “ser de confianza” y sin ninguna idoneidad ni conocimiento técnico en ingeniería o finanzas. El pastor Arnoldo simplemente le fue fiel a Marito. Al parecer, considera que esa cartera es como un garaje donde puede poner a un sereno de confianza.
Pero si lo del fiel Arnoldo es lamentable, lo del chico Salomón es sencillamente patético. Un seudodirigente de base cuya única base es la chequera de su “apa” Cachito. Pasaremos de una ministra brillante a un oscuro compadrito sin más conocimiento que el de la hotelería por horas básicas.
Marito al parecer cree que llegar al Gobierno era el fin y no parte del proceso, porque se dedica a la repartija entre los leales y los aliados coyunturales como quien reparte un pollo entre comensales.
Lugaucho sigue escondido. Generó una tremenda crisis institucional, desacató una disposición judicial, usurpó funciones que no le corresponden, ignoró la voluntad popular y ahora se pega el lujo de no asistir a las sesiones para no dar la cara. ¿Alguien sigue creyendo que este alguna vez fue la esperanza del pueblo?

