El 16 de diciembre de 1989, miles de personas salieron a las calles de Timisoara, en Rumania, para protestar contra la dictadura de Nicholai Ceausescu. Unos días después de la masacre de Timisoara, Ceausescu pronunció un discurso en Bucarest ante cien mil personas, que acallaron al excéntrico tirano con gritos de “¡Timisoara!” y “¡Abajo los asesinos!” Ceausescu intentó escapar del país con mil millones de dólares, pero fue capturado y ejecutado.
Con la partida de Ceausescu, los periodistas occidentales estaban invitados a ver los horrores de su régimen. Ya el día del derrocamiento de Ceausescu, los habitantes de Timisoara estaban desenterrando fosas comunes. Hubo sesenta y cinco muertos y cerca de trescientos heridos el primer día de manifestaciones, el 17 de diciembre. El 22 de diciembre de 1989, se mostraron diecinueve cadáveres encontrados en una tumba poco profunda como víctimas de la dictadura. La agencia de noticias yugoslava Tanjug citó un número de muertos de 4.630, cifra recogida más tarde por otras agencias de noticias europeas, varias de ellas con cierto prestigio. Robert Maass tomó una infame fotografía de un hombre no identificado llorando sobre los cuerpos de una madre y un bebé. Aunque en aquel momento se suponía lo contrario, más tarde se supo que el hombre que lloraba y la mujer muerta no eran los padres del bebé muerto. Un mes después, resultó que los cadáveres eran de personas que murieron antes de que se produjera la protesta: la madre murió de cirrosis y el bebé de síndrome de muerte súbita del lactante.
Se había montado el espantoso escenario principalmente para los medios de comunicación. Las cadenas de noticias de todo el mundo repitieron imágenes sin editar (y obviamente, sin verificar ni corroborar) provenientes de la televisión rumana, lo que aumentó la desinformación. Para entonces, los periodistas de la AFP constataban en privado que la cifra de 70.000 muertos registrada en toda Rumanía era probablemente muy exagerada. Menos de un año después, se cuestionaba las imágenes transmitidas por los canales de todo el mundo. Al poco tiempo, se confirmó que los muertos mostrados habían sido desenterrados en un “cementerio de pobres” para darle verosimilitud a la “noticia”. Algunos huesos eran de animales y los cadáveres maquillados y puestos sobre el suelo para que los corresponsales los fotografiaran.
Siguió la controversia y Timisoara se convirtió en sinónimo de manipulación y sensacionalismo de los medios. Es una noticia falsa que ilustra claramente y obliga a algunas preguntas, muy oportunas, por cierto: ¿Pueden los periodistas escapar de los intentos de manipularlos? ¿Puede el público entregar su confianza a los intereses corporativos, comerciales de las líneas editoriales de grupos mediáticos que abiertamente asumen posiciones políticas repletas de saña y animadversión?
Hay mentiras tan gruesas que parecen ser verdad, sobre todo si van acompañadas de “documentos”. Las espeluznantes fotos de la carnicería de Timisoara recorrieron el mundo, en una época en la que no había redes sociales, ni preocupación por la “posverdad”, ni verificadores de hechos. Entonces todo entraba, y alguno diría que esa escuela del periodismo tiene sus adoradores en Paraguay hasta hoy y goza de muy buena salud.
En fin, en aquella época estaba muy claro dónde estaba la fuente de las mentiras, quién inventaba las “noticias” sin ninguna clase de escrúpulos. Una “noticia” así tapa otras realidades, como la corrupción del gobierno de Mario Abdo Benítez sobre la cual se sigue manteniendo un silencio tan cómplice como criminal.
Tras el descubrimiento del fraude de Timisoara, se la consideró como “el primer triunfo mundial de la sociedad del espectáculo”. Ignacio Ramonet habló de “medios necrófilos”, ávidos de crímenes, matanzas y toda clase de desgracias. “La falsa fosa común de Timisoara es probablemente el mayor engaño desde la invención de la televisión”, escribió el periodista. Ahora ya estamos acostumbrados a que nos engañen, pero entonces fue una sorpresa, sobre todo para los menos avispados en este tipo de montajes.
La mentira es una industria que genera beneficios, tantos más cuanto más gruesa es y más se adorna con términos apocalípticos, como “dictadura”, “atropello”, “copamiento” y otros. Por el contrario, la verdad ni se compra ni se vende.
La frenética obsesión por obtener y difundir informaciones no verificadas o directamente falsas se conoce como el síndrome de Timisoara. El permanente ánimo de espectacularización, dramatismo y morbo de la puesta en escena de la información pueden poner en entredicho el sacrosanto deber de proveer al público información veraz y fidedigna. Es en este punto que sobreviene la cuestión deontológica de los límites de la información: ¿es posible, en nombre del legítimo derecho a informar, decirlo todo y, lo que se dice, decirlo magnificándolo y sobre todo sin haberlo chequeado porque el ánimo de ensuciar es más fuerte que la obligación de publicar la verdad?
Tras el descubrimiento del fraude de Timisoara, se la consideró como “el primer triunfo mundial de la sociedad del espectáculo”.
La frenética obsesión por obtener y difundir informaciones no verificadas o directamente falsas se conoce como el síndrome de Timisoara.
La Cámara de Diputados fijó para la próxima semana el estudio del proyecto de ley para pago de indemnización a víctimas de la dictadura. Foto: Gentileza
Diputados estudiará proyecto que autoriza pago a víctimas de la dictadura
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La Cámara de Diputados analizará en sesión de la próxima semana un proyecto de ley que autoriza al Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) a realizar el pago indemnizatorio a víctimas de violaciones de derechos humanos dura el período 1954-1989. De ser aprobado el proyecto beneficiará a quienes cuentan con resoluciones favorables de la Defensoría del Pueblo y cuyos expedientes fueron iniciados antes de la vigencia de la Ley Nº 4381/2011.
Según el documento, se busca poner fin a la revictimización que padecen ante la burocracia estatal quienes ya fueron reconocidos como víctimas de la dictadura de Alfredo Stroessner. Se aclara que se resolverá exclusivamente las solicitudes de indemnización presentadas durante la plena vigencia de la Ley Nº 838/96. En su artículo 3, esa norma establecía que la Defensoría del Pueblo era el ente encargado de recibir y evaluar los reclamos.
La ley fijaba además que el proceso no debía superar los 90 días y requería la revisión y el dictamen de la Procuraduría General de la República (PGR). Sin embargo, dejaba claramente establecido que dicho dictamen no era vinculante para la decisión final de la Defensoría.
El proyecto también aclara que esa disposición fue modificada por la Ley Nº 4381/2011, que dispone que la Defensoría debe remitir las pruebas a la PGR para que esta emita un dictamen en un plazo de 30 días. Con la reforma, el dictamen pasó a ser un requisito previo para que la Defensoría resuelva sobre la calificación y la indemnización.
La historia desconocida del “¿Cómo fue la etapa previa a la era Stroessner?” es develada en el libro que presenta Juan Bernardino Méndez Vall “1949-1954. Epifanio Méndez Fleitas, el Coloradismo antes de Stroessner” – Crónica de una Traición. Foto: Cristóbal Núñez
“1949-1954. Epifanio Méndez Fleitas, el Coloradismo antes de Stroessner”
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La historia desconocida del “¿Cómo fue la etapa previa a la era Stroessner?” es develada en el libro que presenta Juan Bernardino Méndez Vall bajo el sello de la Editorial Intercontinental, cuyo título es “1949-1954. Epifanio Méndez Fleitas, el Coloradismo antes de Stroessner” – Crónica de una Traición.
La trama relatada cronológicamente los 5 años previos al Gobierno de Stroessner, desentraña misterios, oposiciones, alianzas, apoyos y traiciones entre los hombres que detentaban liderazgo y poder en el Paraguay de mitad del siglo 20, en plena etapa de la pos - Segunda Guerra Mundial.
Un relato indispensable para conocer la génesis de lo que luego se transformó en una de las dictaduras más duras y largas del continente americano. Lo hecho en el poder durante 35 años por Alfredo Stroessner es mayormente conocido, pero no así el cómo llegó éste a ser candidato del Partido Colorado.
En “Crónica de una Traición” el lector podrá adentrarse en la estrategia del stronissmo, que llevó a un “exilio eterno” al líder democrático más relevante y determinante de la Asociación Nacional Republicana de aquellos cinco años claves pre-dictadura: Epifanio Méndez Fleitas.
La obra será un aporte indispensable para analizar las causas que luego en hechos condicionaron la vida democrática del Paraguay. Foto: CN
Acerca de la obra, el autor manifiesta que”con el ensayo documental, histórico e ideológico, creo contribuir al conocimiento de un tiempo muy poco escudriñado por nuestros historiadores. Una época de esperanzas y realizaciones que el Paraguay vivió hacia su Segunda Emancipación. Profundizo en la acción protagónica de un joven líder, que representa a los idealistas de la época, pisoteado por el advenimiento de la autocracia tiránica”.
La obra sin dudas será un aporte indispensable para analizar las causas que luego en hechos condicionaron la vida democrática del Paraguay, desde Stroessner en adelante y que alcanza al presente.
Méndez Vall agregó sobre el contenido de su obra que“el libro despejará las nieblas que aún persisten tras la larga oscuridad de más de tres décadas. Los resabios del sistema, sobrevivientes al Golpe de 1989, pretenden imponer la amnesia colectiva sobre las luces de nuestro pasado para continuar medrando a costa de la ignorancia y la desdicha del pueblo paraguayo. Espero sean las páginas de este libro un ventarrón más para despejar el mal presente hacia el futuro de la Patria Soñada”.
El libro “1949-1954. Epifanio Méndez Fleitas, el Coloradismo antes de Stroessner” – Crónica de una Traición, ocupa un espacio histórico inexplorado y abandonado a la fuerza, de la memoria colectiva de nuestra nación.
Árbol de la vida”, representación coreográfica y performática realizada en el encuentro de los “Constructores de la Sociedad” con el papa Juan Pablo II en mayo de 1988 en Asunción
Los cuerpos en movimiento como resistencia a la dictadura
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Jimmi Peralta
Fotos: Gentileza
María José Costa, Camila Cáceres y Mélani Peronja lanzaron el libro “La danza como disidencia frente al poder dictatorial”, un trabajo de investigación sobre la danza contemporánea como forma de expresión política durante las dictaduras militares de Paraguay y Argentina. Las autoras parten de la tesis de que la danza posee una doble capacidad de acción en el campo político: el movimiento bailado y el movimiento de lucha.
El registro del arte como resistencia política en la historia de la región sigue siendo rescatado de los archivos y revividos a través de las voces con los testimonios de quienes participaron o fueron testigos de acciones, obras, textos, grabaciones, etc. El ocultamiento de las resistencias muchas veces sirve para la construcción de identidades pasivas de los pueblos. Sin embargo, como en este caso, el movimiento de los cuerpos nunca dejó de decir basta y de sublevarse desde los escenarios.
“La danza como disidencia frente al poder dictatorial. Casos emblemáticos en Buenos Aires y Asunción” es el nombre de la investigación realizada por las bailarinas María José Costa Céspedes, Camila Andrea Cáceres Arza (paraguayas) y Mélani Jazmín Peronja (argentina), en el marco del cierre de su carrera de licenciatura en Composición Coreográfica, mención Danza, en la Universidad Nacional de las Artes de Buenos Aires.
El trabajo fue presentado recientemente en formato de libro y en él se aborda el tema histórico y conceptual de la danza contemporánea como expresión en contextos sociopolíticos, dando paso a lo que se conoce como “coreopolítica”, así como enfoca el estudio de casos emblemáticos en ambos países.
En cuanto a Paraguay, la obra incluye el hito de la presentación de la performance “Árbol de la vida”, que reunió a artistas en oportunidad del encuentro del papa Juan Pablo II con los “constructores de la sociedad”, en 1988. También el impacto desarrollado por la coreografía “Dónde están”, basada en la canción homónima del cantautor Alberto Rodas. En cuanto a Argentina, el libro rememora y analiza las obras que fueron parte del ciclo Danza Abierta, en plena época de la dictadura militar en el país vecino.
El Gran Domingo de La Nación conversó con las autoras María José Costa Céspedes (MC), Camila Andrea Cáceres Arza (CC) y Mélani Jazmín Peronja (MP) sobre los temas que abordaron, el marco conceptual, y la reflexión sobre la danza como disidencia política, premisa sobre la que se sostiene el material.
IMPACTO EN LOS CUERPOS Y EN EL ARTE
–¿En qué contexto nació la idea de este trabajo?
–MC: Como autoras paraguayas y argentinas, nos interesaba entender cómo las dictaduras impactaron no solo en la política y la sociedad, sino también en los cuerpos y en las formas de expresión artística. Nos llamó la atención que la relación entre danza y dictadura latinoamericana había sido muy poco investigada, especialmente desde la danza contemporánea. A partir de ahí comenzamos a preguntarnos cómo el arte podía convertirse en una forma de resistencia en contextos de censura y control. Tuvimos mucha inspiración y acompañamiento de nuestros tutores Rodolfo Prantte y Sonia Sasiain.
–¿Cómo fue el proceso de investigación?
–El trabajo se construyó a partir de entrevistas a referentes y protagonistas de la danza de aquella época, tanto en Paraguay como en Argentina, además de una investigación en archivos, periódicos y bibliografía histórica. En Asunción trabajamos con materiales del Archivo del Terror en el Museo de la Justicia, la Biblioteca Nacional y otros espacios vinculados a la memoria histórica. La memoria oral fue fundamental para reconstruir estas experiencias desde quienes las vivieron. Hicimos muchas entrevistas, y en el libro se publican fragmentos de varias de ellas, como las mantenidas con Teresa Capurro, Alejandra Díaz Lanz, Susana Tambutti y Anahí Zlotnik, y gracias al apoyo de Fondec (Fondo Nacional de la Cultura y las Artes) pudimos adaptar y ampliar la investigación para publicar finalmente el libro que hoy está disponible tanto en Paraguay como en Argentina.
–¿Cuál fue el marco teórico que utilizaron para interpretar y/o valorar las puestas investigadas y su contexto?
–MC: El marco teórico del trabajo se centró en pensar la relación entre cuerpo, poder y disidencia durante las dictaduras. Nos interesaba entender cómo los regímenes autoritarios buscaron disciplinar los cuerpos y controlar las formas de movimiento y expresión, y cómo la danza contemporánea apareció también como una práctica política y de resistencia. Trabajamos principalmente con autores como Michel Foucault para analizar las lógicas de control y disciplinamiento social, y André Lepecki, quien desarrolla conceptos como la coreopolítica y la capacidad política del movimiento. También incorporamos aportes sobre memoria y sobre la dimensión política de la danza contemporánea en América Latina. Más que estudiar solamente obras coreográficas, nos interesaba pensar cómo ciertos cuerpos y ciertos modos de moverse podían convertirse en una forma de disidencia frente a contextos represivos.
“CON POCA ROPA”
–¿Podrían hablarnos sobre la puesta de 1988 frente al papa?
–MC: La puesta de “Árbol de la vida” se realizó en 1988, durante la visita del papa Juan Pablo II a Paraguay, en un contexto en el que la dictadura de Alfredo Stroessner ya comenzaba a mostrar signos de desgaste. Fue una performance colectiva que reunió danza, música, teatro y poesía, y que se presentó dentro de un encuentro entre el papa y representantes de distintos sectores sociales y culturales, los denominados “constructores de la sociedad”. Lo interesante es que, aunque oficialmente era un acto vinculado a la visita papal, terminó convirtiéndose en una expresión simbólica de crítica y deseo de cambio frente al régimen. La obra utilizaba la imagen de un árbol seco que, hacia el final, florecía colectivamente como metáfora de esperanza, libertad y recuperación de lo vital.
–¿Qué repercusiones provocó la obra en su momento?
–MC: La repercusión fue muy grande. El Gobierno intentó suspender el encuentro por considerarlo demasiado crítico, hubo tensión política y mediática. Estando ya en gira el papa en la región, el Vaticano hizo saber que podría suspender la llegada a Paraguay si el Gobierno sacaba el acto de la agenda. El episcopado paraguayo también reclamó preservar el acto y finalmente se realizó. Según los testimonios que recogimos, muchas personas sintieron que era una forma de decir públicamente cosas que durante años habían sido silenciadas. Incluso algunas de las artistas participantes sufrieron consecuencias posteriores por haber formado parte de la puesta. El libro aporta la visión de algunos de los responsables, pero sobre todo documentos inéditos del Archivo del Terror como uno en el que Pastor Coronel informa a Stroessner sobre los “entretelones” del evento, “comentados” en una visita que recibiera de un obispo “amigo”, quien incluso decía que entre los religiosos hubo quienes cuestionaron que “las bailarinas vestían poca ropa” y eso no era “adecuado”.
La dictadura stronista vigilaba y controlaba tanto a políticos como a artistas. Aquí, uno de los informes de vigilancia sobre la maestra Teresa Capurro, cuando recibió en su casa a bailarines de Argentina
COREOPOLÍTICA
–La relación entre las dictaduras y el cuerpo suele expresarse en formas de control, disciplinamiento y unificación. En ese contexto, ¿qué mensajes o estímulos podían producir las propuestas de danza contemporánea como para incomodar al poder?
–MP: Aprendimos que la danza posee una doble capacidad de acción en el campo político: el movimiento bailado y el movimiento de lucha. El movimiento bailado son esas obras o prácticas dancísticas que buscan influenciar la opinión pública o consolidar un discurso político. Ejemplo de esto sería la obra coreográfica “Dónde están”. Y el movimiento de lucha es esa capacidad contestataria de la danza de generar un movimiento colectivo de protesta como lo fue Danza Abierta en Buenos Aires.
–El video de “Dónde están” es un ícono de aquella generación. ¿Ese fue su material de estudio o también existió una puesta en escena inspirada en la canción de Rodas?
–CC: “Dónde están” es una obra que se basó en la canción “Donde están los desaparecidos” de Alberto Rodas. Esta obra se estrenó en el Bosque de los Artistas de Hermann Guggiari a finales de la dictadura y tomó más valor para la memoria al ser representada en varias ocasiones en escuelas y teatros por la compañía del Ballet Nacional. Nuestro material de estudio fue un video que se encuentra a disposición en Youtube en Memorias de Danza, pero también nos basamos en entrevistas realizadas a los coreógrafos e intérpretes Alejandra Díaz y Francisco Carvallo.
–¿Cómo comparten o disputan protagonismo la estética, la técnica y la política dentro de la danza?
–CC: No hay una disputa, hay una simbiosis entre estas. Hay una armonía entre lo que el artista quiere decir, lo que se puede mostrar y lo que el público interpreta. La danza es movimiento constante, es un todo orgánico.
Durante los talleres hubo muy buena recepción entre las estudiantes, que manifestaron interés en los aportes documentales del Archivo del Terror vinculados al arte y la danza
RECEPCIÓN EN EL PÚBLICO
–¿Qué receptividad tuvo el trabajo cuando lo presentaron en Asunción y Buenos Aires?
–CC: Tanto la presentación del trabajo final de graduación ante la mesa examinadora de la Universidad Nacional de las Artes, Buenos Aires, como las presentaciones del libro que realizamos en Asunción fueron muy bien recibidas por varios aspectos, pero lo principal es que todavía no somos una generación muy distante a lo que pasó. Todavía tenemos docentes y familiares que participaron en estos eventos o que sufrieron de alguna manera las violaciones de los derechos humanos en esa época. Desde la universidad siempre nos incentivaron a investigar y así poder registrar el aporte que tuvo la danza en ese periodo. Coincidentemente, el concepto de coreopolitica de Andre Lepeki que exponemos en el libro se articula con lo que la universidad estuvo haciendo en Buenos Aires en el último año, defendiendo sus derechos y demostrando que a través de la danza también podemos hacer política.
–¿Cómo vivieron la recepción de los participantes y el público en los talleres?
–En los talleres y conversatorios que pudimos hacer en Asunción, en el Instituto Superior de Bellas Artes, en el Archivo del Terror y en la academia Núcleo de Arte y Danza hubo muy buena receptividad por lo novedoso del tema y el enfoque. La performance que preparamos como parte de los eventos, que es un homenaje a quienes protagonizaron esos tiempos, creo que gustó y aportó el momento artístico especial. El libro estuvo también en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires gracias al apoyo de los encargados culturales de la Embajada paraguaya. Y en la Feria Internacional del Libro de Asunción lo presentaremos el 31 de mayo, con presencia también internacional. Así también, estamos gestionando presentaciones con la Universidad Nacional de las Artes de Buenos Aires.
AUTORAS DEL LIBRO
María José Costa Céspedes: licenciada en Composición Coreográfica con Mención en Danza por la UNA de Buenos Aires. Profesora superior de danza clásica, Academia Núcleo de Arte y Danza, Asunción.
Camila Andrea Arza: técnica en danza y licenciada en Composición con Mención en Danza por la UNA de Buenos Aires. Profesora superior en danza clásica por el Instituto Superior de Bellas Artes (ISBA) de Asunción.
Mélani Jazmín Peronja: técnica en danza y licenciada en Composición Coreográfica con Mención en Danza por la UNA de Buenos Aires.
Mélani Peronja, Camila Cáceres, María José Costa, autoras de la investigación
Esta vista aérea muestra a la gente reunida en la Plaza de Mayo con motivo del 50 aniversario del inicio de la última dictadura militar (1976-1983) en Buenos Aires. Foto: AFP
Decenas de miles marchan contra del olvido a 50 años del golpe en Argentina
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Decenas de miles de personas marchan este martes en Buenos Aires en una jornada de memoria a 50 años del golpe de Estado que instauró una sangrienta dictadura en Argentina, en medio de tensiones por un legado que el presidente Javier Milei busca revisar.
Bajo la consigna “Nunca más” que marcó a generaciones, la masiva movilización se extiende a lo largo del kilómetro que separa la Plaza de Mayo de la avenida 9 de Julio y desborda en las calles aledañas, completamente colmadas de manifestantes.
Organismos de derechos humanos, sindicatos y organizaciones sociales llamaron a manifestarse en todo el país portando fotos de los desaparecidos, que cifran en 30.000 y el gobierno estima en menos de 9.000.