- Por Jorge Torres Romero
Recuerdo diciembre de 2014. Fuimos invitados a la grabación de un programa de debate televisivo en donde participamos 6 periodistas de diferentes medios de comunicación para analizar y debatir sobre el primer año de gobierno del entonces presidente Horacio Cartes.
En la pausa, la conductora del programa nos dijo que al volver nos preguntaría qué puntuación le pondríamos a algunos ministros, entre ellos, Ramón Jiménez Gaona, entonces al frente del MOPC. Los 6 habíamos coincidido que estaba realizando una buena gestión. En el momento de la pregunta en vivo, uno de los invitados dijo: “Yo le aplazo en su gestión”. Todos nos quedamos mirándonos la cara, porque en el corte había dicho otra cosa. Al terminar la grabación le preguntamos qué había sucedido con su postura inicial y esta fue su respuesta: “Claro que está realizando una excelente gestión, pero no puedo coincidir con ustedes porque quedaría como muy oficialista”.
Lastimosamente esta postura la tienen muchos colegas, no aman la verdad, sino que aman su imagen. Es decir, no les importa la verdad, les importa el qué dirán. Son los mismos que hacen periodismo para las graderías, buscando lo políticamente correcto, aunque quieran presumir lo contrario.
Son los mismos que hoy sin ruborizarse y sin un poco de vergüenza niegan haber avalado el gobierno corrupto de Mario Abdo Benítez, mientras solo estaban concentrados en liquidar a un sector interno de la ANR, como siempre sin importarles la verdad. Son los mismos que ignoraron los cinco años de “arco libre” que dejó Abdo para que se siga fortaleciendo el crimen organizado. Son los mismos que dieron la espalda a los dramas de inseguridad, al aumento de la pobreza, del desempleo y que miraron para otro lado mientras se instrumentaron instituciones del Estado como Seprelad, Senad, Interior, Dinac, Anticorrupción, para fraguar elementos que condenen al adversario político que no estaba en el poder. Nunca les importó la verdad.
Por eso, esa campaña furibunda en favor del candidato de la Concertación (que cínicamente siguen negando que lo hicieron) no les sirvió para que gane las elecciones. Actuaron desconectados con los dramas de la gente, acumularon desprestigio, no influyeron en los electores, aunque se jacten de tener audiencia, nadie les creyó. Fueron también los derrotados el 30 de abril, al igual que el candidato que apoyaron, por cierto, en una de las elecciones más catastróficas para la oposición.
Mientras no exista esa autocrítica, la prensa seguirá desprestigiada. Por una cuestión de honestidad intelectual, la ciudadanía se merece que se saquen la careta y dejen de pretender estafar a su audiencia. El Paraguay necesita reformas radicales urgentes, las iniciativas positivas merecen ser destacadas. Así como sonados casos de corrupción fueron destapados gracias a la prensa, también proyectos que significaban salir del atraso y avanzar como país fueron truncados por campañas mediáticas oportunistas y sesgadas. Peña debe seguir con su promesa de campaña, los paraguayos queremos estar mejor, a pesar de quienes desean el fracaso del gobierno y, por ende, el fracaso del Paraguay. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.