El presidente de la República tiene dos grandes enemigos: él mismo y su entorno. Todos los demás son productos de su paranoia. La manía de persecución, cuyos sínto­mas suelen manifestarse en el aislamiento y en el enfren­tamiento (alternativamente), en etapas sucesivas y recu­rrentes. Amable lector (el lector siempre es amable), ¿tiene a alguien en mente que se ajuste a estas caracterís­ticas? Esos signos revelado­res suelen agravarse por un narcisismo (exagerado amor y admiración a sí mismo) que arrastra a otro tipo de deli­rio: la arrogancia de creerse el mejor y que por eso es víctima de las más furibundas críti­cas de parte de sus detrac­tores.

Que no valoran su esfuerzo y su total entrega a la patria. Prócer nacional que debería ser elevado a la categoría de santo patrono de la Repú­blica. Injustos detractores que no saben justipreciar su tenacidad para enfrentar y derrotar a los días aciagos y darnos una vida mejor. Los que padecen las mismas pato­logías se sienten decepciona­dos e infelices –según los tra­tados de sicología– cuando no reciben la ovación que dicen merecer. “¡Habrase visto tamaña ingratitud!”, dijo el avestruz y metió la cabeza bajo la tierra.

Sería de malagradecidos insinuar siquiera que miles de compatriotas pasaron a mejor vida por su inoperan­cia. La corona de laurel de los emperadores se ciñe en su frente: ¡Ave, Caesar, mori­turi te salutant! Y se murie­ron 19.000 mil (en su edición de ayer, Abc redujo la cifra a 16.000). Nimiedades para alguien que no tiene sensi­bilidad porque nunca pasó necesidades, pero sí resen­timiento, puesto que hasta hoy no puede aceptar que el hombre que hizo millonario a su familia es un dictador sanguinario que sacrificó a miles de paraguayos para sos­tenerse en el poder.

Que todo lo que toca Mario Abdo Benítez exuda sudor y sangre de obreros, campesi­nos, universitarios y políti­cos, muchos de ellos del Par­tido Colorado al que dice pertenecer. Eso sí, debería darle vergüenza. Saber que todo lo que tiene familiar­mente se construyó sobre el dolor, el luto y el hambre de nuestro pueblo. Eso debería darle vergüenza, repetimos. Y si tiene un mínimo de coraje y dignidad, pedir perdón. Pero no, él se preocupa por la vergüenza que supuesta­mente deberían sentir aque­llas personas nombradas en un mamotreto preparado por la Secretaría de Prevención de Lavado de Dinero o Bienes (Seprelad). Dijo, además, que para transformar una nación se precisan “de carácter y de principios”. He ahí la razón del porqué el país marcha hacia atrás.

Pero la mayor de todas las enfermedades del jefe de Estado es su escasa forma­ción intelectual. Indomable, salvaje, arisco. No se deja domesticar por la cultura. Corcovea ante la presencia de un libro. Leer es una pér­dida de tiempo. Lo único que importa es facturar, antes con el Estado y ahora desde las entrañas del Estado. Pero para él es natural que así sea. Se acostumbró desde niño a esos procedimientos. Y hoy le resultan absolutamente normales. Su conciencia encallecida no percibe nin­gún aguijón moral. Además, en el poder está rodeado de gente con su mismo gen de empedernidos salteadores de los bienes públicos. Hombres éticamente petrificados, de discursos caducos y emocio­nalmente alterados de tanto repetirse a sí mismos de que están en el camino correcto. Hay que aumentar la dosis de Risperidona.

Solo una persona que no puede conectar con la rea­lidad, porque vive en otra galaxia, o adolece de galo­pante soberbia, puede afir­mar que estamos ante el “mejor presidente que manejó la pandemia en Sud­américa”. Es un insulto a nuestra inteligencia, al sen­tido común, al sufrimiento de miles de familias que perdie­ron a uno o más de sus inte­grantes por la inutilidad de un gobierno que dejó morir a los pacientes de covid-19 en los pasillos de los hospi­tales por falta de oxígeno. Mientras el círculo cercano al Presidente –y suponemos que él mismo– se llenaba los bolsillos con fondos destina­dos a luchar contra la pande­mia. ¿No tiene ningún ase­sor o asesora que le susurre al oído que baje de las nubes y que toque tierra?

No son sus adversarios polí­ticos, como aseguró en uno de sus desvariados discur­sos, los que utilizan “el dolor de nuestro pueblo para tra­tar de construir un itinerario electoral y criticar al Presi­dente”. Son los de su entorno, su segundo enemigo, los que se aprovecharon de la crisis sanitaria para exteriorizar el rostro más execrable del latrocinio, dejando al pueblo sin medicamentos, sin insu­mos, y sin terapia intensiva. Son ellos los que hoy están despilfarrando ese dinero malhabido para financiar sus campañas proselitistas.

El mandatario es correspon­sable de estos crímenes con­tra la ciudadanía. ¿Dónde están los 1.600 millones de dólares que ingresaron en concepto de préstamo al Estado para la lucha contra el covid-19? ¿Y las sucesivas ventas de bonos? ¿O cree que tenemos memoria corta? El gobierno que asuma el 15 de agosto del año próximo debe rastrear ese dinero y casti­gar ejemplarmente a los res­ponsables y cómplices de su desvío para ganancia de un puñado de particulares, fun­cionarios y proveedores.

Nos preocupa el Presidente. Sinceramente. Aunque ya falta poco para que se vaya, no podemos tener un gobierno totalmente acéfalo. Aunque sea como imagen, porque hace rato que todos andan por su cabeza. Y eso de que “yo soy el más mejor” puede agravarse aún más. Es razo­nable pensar que el tras­torno de personalidad para­noica (PPD por sus siglas en inglés) –no confundir con el Partido Democrático Progre­sista (PDP)– se volvió normal en el círculo áulico. Todos se creen santos inocentes y per­seguidos. La única que podría haberlos perseguido hubiera sido la conciencia, pero no la tienen. A la dosis de Risperi­dona habría que añadir Olan­zapina para la bipolaridad. Marche una farmacia.

Nos preocupa el Presidente. Sinceramente. Aunque ya falta poco para que se vaya, no podemos tener un gobierno totalmente acéfalo.

Solo una persona que no puede conectar con la realidad, porque vive en otra galaxia, o adolece de galopante soberbia, puede afirmar que estamos ante el “mejor presidente que manejó la pandemia en Sudamérica”.

Dejanos tu comentario