El diputado Rodrigo Gamarra, en su condición de presidente del Parlamento del Mercosur (Parlasur), sostuvo que la diplomacia parlamentaria dejó de ser un simple auxiliar de la diplomacia ejecutiva y que hoy tiene “identidad, legitimidad y responsabilidades propias”. Lo planteó en una entrevista publicada bajo el título “Repensar la Diplomacia Parlamentaria”, un artículo de la autora Ivana Patané.
En la nota repasa la evolución de la diplomacia parlamentaria, desde la fundación de la Unión Interparlamentaria en 1889 y la incorporación de asambleas parlamentarias a los organismos internacionales tras 1945, hasta el caso latinoamericano, con el Parlatino (1964), el Parlacen (1987) y, en el Mercosur, el paso de la Comisión Parlamentaria Conjunta al Parlasur, que funciona desde 2007.
Complementaria, no sustitutiva
Consultado sobre si la diplomacia parlamentaria es una auxiliar de la ejecutiva o ya tiene un rol propio, Gamarra respondió que es “complementaria”, pero con personería distinta. Explicó que, mientras la diplomacia tradicional representa a los estados y a sus gobiernos, la parlamentaria “representa también la pluralidad política” y a través de ella, a las sociedades.
Aclaró que no se pretende reemplazar al Poder Ejecutivo, a quien corresponde constitucionalmente conducir la política exterior. Dijo que los parlamentos pueden acompañar, ampliar los espacios de diálogo y acercar la política exterior al ciudadano. “La integración verdadera tiene que sentirse en la frontera, en el comercio, en las rutas, en el empleo y en la vida cotidiana de nuestra gente”, afirmó.
Mirada de la doble función
Como legislador nacional y presidente del Parlasur, Gamarra describió dos responsabilidades “diferentes, pero absolutamente complementarias”. Desde la Cámara de Diputados, dijo que se viven a diario los problemas concretos de los paraguayos: productores, trabajadores, fronteras, infraestructura y atracción de inversiones. En el Parlasur, la perspectiva se amplía hacia los puntos de encuentro con Argentina, Brasil, Uruguay, Bolivia y el resto de la región.
Esa doble experiencia, según explicó, evita que la integración “se vuelva abstracta”. Mientras la diplomacia tradicional trabaja con acuerdos, tratados y declaraciones, el parlamentario aporta “la dimensión política y territorial”: escucha al ciudadano y lleva sus preocupaciones a los foros regionales.
En ese marco, propuso un criterio para evaluar al bloque: el Mercosur no debe medirse “por la cantidad de documentos que firma”, sino “por la cantidad de oportunidades que genera”. Indicó que si una decisión regional produce más comercio, mejores rutas, conectividad, inversión o empleo “la integración dejó de ser un concepto diplomático y comenzó a transformar la vida de la gente”, acotó.
Una diplomacia que anticipe
Sobre los desafíos de la próxima década, el parlamentario anticipó una diplomacia parlamentaria “mucho más rápida, más tecnológica y, paradójicamente, mucho más humana”. Señaló que la inteligencia artificial, la desinformación, la ciberseguridad y el cambio climático comparten que “ninguno reconoce fronteras nacionales”, por lo que las respuestas tampoco pueden quedar encerradas en ellas.
Reconoció que la IA es una herramienta potente para el desarrollo, la educación, la salud y la productividad, pero advirtió sobre sus riesgos en materia de empleo, privacidad, seguridad y desinformación. “Ningún país del Mercosur debería enfrentar solo esa discusión”, sostuvo.
Agregó además, que desde el Parlasur se planteó un rol de espacio donde se puedan anticipar los grandes debates, intercambiar legislación, compartir experiencias y construir principios comunes, siempre respetando la soberanía y las particularidades de cada Estado. Frente a la desinformación, consideró necesario recuperar la confianza mediante más transparencia, participación y mejores instituciones.
El legislador también destacó que la región cuenta con agua, energía, alimentos, biodiversidad y minerales estratégicos, y que América del Sur “tiene condiciones para ser protagonista” y no mera espectadora de las transformaciones globales.
Su conclusión fue que la diplomacia parlamentaria del futuro “tiene que anticiparlas” en lugar de limitarse a reaccionar ante las crisis. “Si la tecnología avanza más rápido que nuestras instituciones, si la desinformación avanza más rápido que la verdad y si los desafíos globales avanzan más rápido que nuestra capacidad de integrarnos, llegaremos siempre tarde”, advirtió. El desafío del Parlasur es “lograr que nuestra región llegue preparada al futuro”, concluyó.