La inversión social pasó de ser un enunciado para convertirse en una herramienta concreta de transformación: hoy, su impacto se mide en cifras que reflejan un descenso sostenido de la pobreza y, sobre todo, en la contención de los sectores más vulnerables.

Programas como Hambre Cero, Tekoporã y la pensión para adultos mayores (que fue una promesa de campaña del presidente Peña) señalan el núcleo de una política que apuesta a sostener ingresos, garantizar alimentación y evitar caídas abruptas en contextos económicos complejos.

El ministro Tadeo Rojas subrayó que estos programas son fundamentales para reducir la pobreza, pero también implican una gran responsabilidad que obliga a redoblar esfuerzos.

“Es una gran responsabilidad porque esto nos obliga a tener que doblegar los esfuerzos de manera que sea primero la sostenibilidad y segundo seguir en el mismo sendero, de ir reduciendo la pobreza del Paraguay”, señaló el ministro Rojas a Universo 970 AM.

Los datos respaldan esa afirmación. Un informe del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) del viernes pasado revela que la pobreza monetaria total se redujo del 19 % al 16 %, una baja significativa que no puede explicarse sin el peso de la inversión social focalizada.

Más aún, estos programas evitaron que más del 2 % de la población cayera en situación de pobreza, actuando como un verdadero dique de contención frente a la vulnerabilidad.

Hambre Cero, la gran apuesta del gobierno Peña, alimenta diariamente a más de un millón de estudiantes, asegurando no solo nutrición, sino también condiciones mínimas para el aprendizaje y la permanencia escolar. La inversión anual se halla en torno a los USD 360 millones.

PROGRAMAS CON IMPACTO

Tekoporã, por su parte, sostiene a miles de familias en situación de pobreza mediante transferencias condicionadas que apuntan a cortar ciclos de exclusión. A esto se suma el programa de adultos mayores, que alcanza a más de 360 mil beneficiarios, garantizando un ingreso básico para quienes ya no forman parte del mercado laboral. Rojas explicó que el subsidio a los adultos mayores representa unos 40 millones de dólares mensuales, lo que supone unos 490 millones de dólares.

En conjunto, estas políticas representan una inversión anual cercana a los mil millones de dólares, una cifra que evidencia la magnitud del esfuerzo estatal y su prioridad dentro de la agenda pública. No se trata únicamente de asistencia, sino de una estrategia que combina protección social con estabilidad económica para amplios sectores de la población.

El desafío, sin embargo, no se agota en los resultados actuales. La reducción de la pobreza plantea una nueva etapa: sostener y profundizar estos logros sin perder eficiencia ni alcance. En ese equilibrio entre cobertura y calidad, la inversión social seguirá siendo el principal instrumento para consolidar una mejora estructural y evitar retrocesos.

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