El uruguayo Sebastián Enrique Marset Cabrera, que fue capturado hoy en Santa Cruz, Bolivia, figuraba entre los fugitivos más buscados por la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA).

La agencia norteamericana ofrecía una fuerte recompensa de hasta USD 2.000.000 por información que permitiera su captura o condena. El uruguayo estaba acusado por la Justicia estadounidense del delito de “conspiración para cometer lavado de dinero”, al haber utilizado presuntamente el sistema financiero de ese país para mover ganancias provenientes del narcotráfico internacional.

Según las autoridades estadounidenses, Marset utilizaba identidades falsas, presentándose en ocasiones como Luis Amorim Santos o Gabriel de Souza Beumer, lo que le ayudaba a movilizarse y eventualmente escapar entre distintos países y evitar su detección. De esa forma habría evadido el último operativo, en julio de 2023, que fue frustrado a última hora en Santa Cruz.

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Las investigaciones lo ubican como uno de los principales articuladores del tráfico de cocaína desde Sudamérica hacia Europa, con operaciones que se extendían por Paraguay, Bolivia, Uruguay, Brasil y otros países.

En Paraguay estaba asociado al poderoso clan de Miguel Ángel Insfrán, alias Tío Rico, y de su socio, Jaime Franco, que tenían a su cargo los envíos de cargas de cocaína hacia Europa, a través de los puertos privados en Paraguay y Uruguay.

Según los organismos de seguridad, su red criminal estuvo vinculada al envío de más de 16 toneladas de cocaína, incluyendo un cargamento de 11 toneladas incautado en 2021 en el puerto de Amberes, Bélgica, considerado uno de los mayores decomisos registrados en ese continente.

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