Además de sostener una vida marcada por el lujo y la clandestinidad, dos aspectos que representan continuos movimientos de dinero, Sebastián Marset dedicó años a una faceta que lo acompañó casi como una obsesión: su deseo de ser futbolista.
No era un simple pasatiempo, el narcotraficante uruguayo capturado este viernes en Santa Cruz, Bolivia, encontró en el fútbol una forma de proyectar otra identidad pública, maquillando su doble vida en el mundo de la mafia y, al mismo tiempo, alimentar una aspiración personal que muchos describen como la de un futbolista aficionado.
En Paraguay protagonizó uno de los episodios más comentados de esa etapa. Cuando se vinculó al Deportivo Capiatá, que por entonces disputaba la división Intermedia del fútbol paraguayo. Según diversas fuentes, Marset habría pagado US$ 10.000 para utilizar la camiseta número 10, un símbolo tradicionalmente reservado para los jugadores más talentosos o influyentes del equipo.
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Su relación con el club de la ciudad de los mitos no se limitó al campo de juego. Según datos recogidos por la Fiscalía paraguaya, el uruguayo realizó importantes aportes económicos al equipo, financiando gastos e incluso entregando obsequios de alto valor al entorno deportivo. Entre ellos se mencionan dos yates, una quinta y una vivienda aunque no se precisó a quién o quiénes fueron esos aportes.
Esa inclinación por el fútbol también formaba parte de las múltiples identidades que utilizaba para moverse sin levantar sospechas. A lo largo del tiempo, Marset se presentó con distintos perfiles: productor de espectáculos, empresario agropecuario, propietario de un taller mecánico y hasta futbolista profesional. Cada una de estas facetas contribuía a construir una imagen pública que distaba mucho del perfil de narcotraficante que investigaban las autoridades.
Durante su paso por Bolivia tampoco pudo evitar dar rienda suelta a esa misma pasión. Antes de ser detenido por primera vez en Santa Cruz de la Sierra, el narco uruguayo se movía en el ambiente futbolístico local bajo una identidad falsa. Había ingresado al país en septiembre de 2022 y participaba en competiciones regionales como integrante del club Los Leones de El Torno, equipo que disputa torneos de la Asociación Cruceña de Fútbol.
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En ese contexto utilizaba documentación falsa vinculada a la Confederación Brasileña de Fútbol y se presentaba con el nombre de Luis Amorim, según reportó el periodista uruguayo Lucas Silva. De acuerdo con los registros deportivos, quedó inscripto oficialmente como futbolista el 14 de abril, consolidando así su papel dentro del plantel.
De esta manera, el fútbol se convirtió en algo más que un simple entretenimiento para Marset. Está claro que el fútbol, además de apasionarle como todo charrúa heredero de dos títulos mundiales, le posibilitaba además mantener cierto anonimato al utilizar otros nombres, lo que a la vez le permitía estar en constante huida.

