Diego Marconatto
Profesor de la FDC
Cuando se analiza el desarrollo económico en mercados emergentes, un tema recurrente domina las conversaciones empresariales y académicas: el fenómeno de las empresas de alto crecimiento. Estas organizaciones, que representan apenas entre el 5% y el 20% del universo empresarial, son responsables de hasta el 80% de la creación de nuevos empleos y del incremento de ingresos en sus economías. Sin embargo, investigaciones recientes revelan una realidad mucho más compleja de lo que sugieren las narrativas optimistas.
Datos del Banco Mundial demuestran que el impacto de estas empresas trasciende fronteras geográficas. Ya sea en economías como Brasil, México, India o Turquía, el patrón se repite: un pequeño grupo impulsa la creación neta de empleo, mientras la mayoría de las demás organizaciones experimenta retracción. Esto plantea cuestiones fundamentales: ¿cuáles son los verdaderos determinantes del alto crecimiento en contextos emergentes? ¿Cómo distinguir el crecimiento sostenible de expansiones efímeras?
Desmitificando el alto crecimiento
La imagen popular de una empresa de alto crecimiento suele evocar startups tecnológicas y jóvenes emprendedores. Esta representación, aunque seductora, distorsiona la realidad de los países emergentes. Análisis longitudinales revelan tres hallazgos contraintuitivos.
En primer lugar, la edad importa, pero no de la manera esperada. Aunque estas empresas tienden a ser más jóvenes, la mayoría ya opera al menos dos años antes de iniciar una expansión acelerada. En Brasil, las empresas de alto crecimiento ingresan en el mercado con un tamaño aproximadamente igual al de sus pares, pero su rápida expansión las diferencia con el tiempo.
En segundo lugar, el tamaño desafía las convenciones. Los datos muestran que muchas ya eran medianas o grandes al inicio de su expansión acelerada. En Indonesia, por ejemplo, las empresas con más de 200 empleados representan una parte significativa del grupo. Este patrón indica que, en contextos de recursos escasos, son las empresas con cierta masa crítica las que logran acceder con la intensidad necesaria al financiamiento y a los mercados para sustentar su crecimiento.
En tercer lugar, el mito de la primacía total de la alta tecnología no se sostiene. Las empresas de alto crecimiento emergen tanto en sectores tradicionales como tecnológicos. En Hungría, por ejemplo, predominan los sectores intensivos en conocimiento; pero en Etiopía y México, la manufactura textil, los alimentos y la construcción también presentan ejemplos significativos. En estos casos, el denominador común es la capacidad de gestión y ejecución, no necesariamente la sofisticación tecnológica.
Implicaciones estratégicas
Los países emergentes enfrentan una ventana histórica de oportunidades y desafíos. Transformaciones tecnológicas y reconfiguraciones globales crean posibilidades inéditas, pero la volatilidad y la incertidumbre siguen siendo significativas. La tentación de buscar atajos apostando por “empresas ganadoras” es comprensible, pero equivocada. El alto crecimiento resulta de la interacción compleja entre capacidades internas, condiciones de mercado y contexto institucional.
Economías emergentes que inviertan en eficiencia asignativa, facilitación de spillovers y fortalecimiento de capacidades construirán ventajas sostenibles. Para los líderes empresariales, el crecimiento sostenible requiere la construcción sistemática de capacidades organizacionales, inversión en personas, innovación constante e integración estratégica en redes de valor. Empresas que combinen ambición con disciplina operativa y orientación emprendedora con madurez de gestión construirán ventajas competitivas que trascienden ciclos económicos.
Para los países emergentes que aspiran a converger hacia economías avanzadas, aplicar estos aprendizajes no es opcional: es un imperativo estratégico.