Después de 6 años de sistemáticas chicanas entabladas por Miguel Prieto y su séquito de leales en el proceso que afrontan por la compra fraudulenta de víveres para los más pobres de su comunidad durante la pandemia, la Justicia le está cercando en sus trapisondas y la careta de político perseguido y con arrastre comienza a diluirse.
En noviembre del año pasado, tras ser destituido por corrupción, Prieto había redoblado la apuesta eligiendo candidato sucesor al considerado cerebro de todo el desfalco en la Municipalidad de Ciudad del Este, Daniel Mujica.
Los resultados de esa elección le fueron aplastantemente favorables, era de esperarse con la cantidad de planilleros que enchufó a los contribuyentes asegurando así su victoria.
Opositores asuncenos formaron fila detrás de Prieto en el Este, tratando de ganar vidriera y postulándolo apresuradamente como posible candidato a presidente de la República. Lo vendieron como el nuevo mesías del Paraguay, recorrieron los medios afines de siempre para extender ese pensamiento de que el destituido intendente por corrupción es la gran esperanza de la oposición como del país.
Este pensamiento de que Prieto representa el enorme arrastre que la oposición busca despertar rápidamente se acabó. La máscara del exintendente está destartalada, la inocencia que en todos estos años se atribuyó planteando ser víctima de una persecución política, ya no se lo cree ni él mismo y al parecer sus aliados no quieren embarrarse con los escándalos de corrupción que lo sacuden.
Y es que Prieto ni es inocente de las denuncias que se le atribuyen ni tiene el arrastre que por años hizo creer. Lo sostuvo siempre el esquema clientelar y corrupto que operó junto con sus secuaces.
Visto está que Prieto cruzó los límites de Ciudad del Este, quiso imponer una influencia que no prosperó ni entre los pocos opositores que se prendieron de una supuesta unidad para elegir con una pobre encuesta al candidato a intendente de Asunción.
Los mismos amigos políticos del exintendente que se obnubilaron inicialmente con los resultados que obtuvo en noviembre pasado entienden que el historial de irregularidades, despilfarro, desfalco, etc., que carga por su gestión en la comuna esteña son imposibles de tapar.
Optaron por Soledad Núñez y pusieron un estate quieto a Prieto en Asunción y su fuerza se desmoronó en el mismo acto en que dejaron sin chance a la candidata de su elección. Prieto no tiene las influencias de las que se viene jactando y en las condiciones en que está se encuentra más cerca de la cárcel antes que del Palacio de López.
Pasaron 6 años, pero la gente no olvida y, de hecho, después de todos esos años ahora la Justicia tuvo la posibilidad de ir destrabando el proceso que el susodicho alarga con rosario de chicanas. Las escurridizas maniobras de Prieto se van agotando, la Justicia lo está cercando y deberá afrontar todo lo que pesa sobre sus espaldas.
Ya el Tribunal de Apelación resolvió en estos días que Prieto y su equipo deberán enfrentar juicio oral por el sonado caso de Tía Chela, la pequeña despensita que utilizaron para realizar una compra fraudulenta en pandemia por valor de G. 2.949 millones, hecho bien probado por el Ministerio Público.
En paralelo al caso Tía Chela, Prieto tiene audiencia preliminar fijada para los días 4 y 5 de marzo por el caso Tajy. Otra compra simulada en pandemia en la que hicieron figurar como proveedor de más de 50 mil kilos de harina a un humilde constructor de pozo artesiano, que ni idea tenía del contrato que se le adjudicó.
Además de los mencionados, existen otras 48 denuncias bien contundentes presentadas por la Contraloría Ciudadana de Ciudad del Este en el Ministerio Público. Y, mientras el mismo Prieto se hunde en sus mentiras, con un oscuro perfil que no tiene chances con el electorado a nivel nacional, la Justicia comenzó a dar señales más claras de avances de las causas que enfrenta el mismo.
Indefectiblemente no hay plazo que no se cumpla ni cuenta que no se pague y al parecer a Prieto le está llegando el momento de rendir cuentas como corresponde, esto, en medio de un contexto político que a todas luces le resta fuerza y preponderancia.