El gobierno del presidente Santiago Peña está llevando a cabo la más ambiciosa reforma en el sector rural que se conozca en la historia del país. Desde el Instituto Nacional de Desarrollo Rural y de la Tierra (Indert) ya se han otorgado hasta el año pasado más 11 mil títulos de tierra, beneficiando a miles de familias campesinas.
De los nuevos propietarios, casi el ochenta (80 %) por ciento corresponden a mujeres del campo. Por cierto, si alguien todavía tenía dudas de que el Gobierno realiza una correcta política de género de apoyo a las mujeres, pues ahora puede darse por enterado.
El método denominado Barrido Predial Masivo ha agilizado este notable proceso que bien puede ser calificado con un récord histórico en el país. Pero el presidente Peña quiere avanzar todavía más. Días atrás, afirmó que que remitirá al Congreso Nacional un proyecto de ley para facilitar la titulación de tierras. El Gobierno está decidido a implementar aquella nueva legislación para alcanzar los cincuenta mil títulos.
Tiene razón el primer mandatario cuando dice que pese a los avances que se vienen dando en el tema que nos ocupa, todavía es preciso derribar barreras como las altas tasas de interés para la titulación y otros entuertos jurídicos y administrativos perjudiciales para los sectores más vulnerables.
Esta situación debe corregirse. Y la iniciativa legislativa del Ejecutivo está para eso. Derribar las barreras innecesarias e injustas por las que tienen que pasar los hombres y mujeres del campo junto con sus familias. Por consiguiente, es de estricta justicia eliminar de raíz el vil requisito del pago previo del 3 por ciento del valor del inmueble para la titulación.
Resulta igualmente significativo manifestar que nunca se hizo lo que se está haciendo en la actual administración del presidente Peña. La deuda social que recae injustamente sobre los campesinos está siendo saldada por la correcta y firme decisión de política pública. Esto no solo habrá de crear nuevos y buenos incentivos para la producción, la productividad en el campo, sino que también el empoderamiento del campesino-agricultor que desea ser parte de la nueva economía de extrema competitividad reduciendo el peso de tantos años de ignominia de los que menos tienen en nuestro país.
El acceso a la tierra no puede supeditarse a la sola tenencia de la misma, dado que ello significaría mantener el statu quo debido a la vigencia del derecho precario que permite el uso de la tierra sin contar con su plena disposición como propiedad privada.
Romper con esa larga agonía de nuestros compatriotas del campo implica pasar a otro estadio de relación con la tierra, donde vive, planta, extrae los alimentos y se educan las familias. Significa colocar las cosas en su lugar o lo que es lo mismo decir, establecer el orden de la libertad y la propiedad porque la titulación crea el derecho para todos sin excepción de clases socioeconómicos, repercutiendo favorablemente sobre la seguridad jurídica y el arraigo.
Esta medida no solo tiene consecuencias jurídicas y de arraigo como decíamos, sino también promueven la inclusión financiera, económica y la productividad, por cuanto que el propietario cuenta con un activo que le permite realizar las mejoras en su predio por medio del acceso a créditos impactando sobre el mejor uso productivo del suelo.
El campesino que labra la tierra sabe que cuando tiene su título en mano, él mismo decide por sí mismo y su familia por el presente y su futuro; le otorga autonomía especialmente ante cualquier político o burócrata que intente de algún modo engañarle a cambio de canonjías y promesas vacías realizadas especialmente en épocas electorales.
Esto último no puede ser despreciado por ninguna persona de bien. Apoyar a nuestro prójimo dotándole de incentivos que antes no contaba no solo vuelve a la persona productiva para enfrentar sus desafíos, sino que también le proporciona lo que alguna vez le fue arrebatado por equivocas ideas y prácticas: la autoestima.
Celebramos y apoyamos, por ende, la titulación de tierras que se lleva a cabo y la nueva legislación anunciada en estos días por el presidente Peña. Se está terminando así la larga angustia de nuestros compatriotas del campo que por mucho tiempo tuvieron que soportar que la tierra sea solo para los amigos del poder; ahora, la propiedad es accesible y sin privilegios para nadie.