Ya es sabido que la Compañía Paraguaya de Telecomunicaciones (Copaco) atraviesa por una crítica situación financiera y operativa. La estatal acumula millonarias deudas y necesita de una inyección de recursos para recuperar su estabilidad. En este contexto, existen inversores interesados en apostar por la institución.
“Tenemos ya seis empresas con diferentes tipos de proyectos interesadas en invertir en Copaco. Un memorando de entendimiento estándar no significa ningún compromiso ni es vinculante para Copaco y a partir de esas propuestas veremos cuál es la más conveniente para Copaco y el Estado en general”, explicó Óscar Stark, presidente de la compañía.
De estas seis empresas, cinco son extranjeras y ven en Copaco un potencial para realizar inversiones y concretar proyectos de riesgo compartido, detalló el titular de la estatal. Stark afirmó que la institución ya tiene experiencia en este tipo de iniciativas, puesto que en la década de los 90, ya se había realizado cuando se dio el auge de la línea baja.
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“La idea es utilizar un mecanismo para que empresas privadas que estén interesadas en asociarse con Copaco hagan la inversión y compartamos los recursos que se van a producir a partir de esta inyección. Nosotros vamos a poner la infraestructura, 12.500 km de fibra óptica, los terrenos, sus licencias, la concesión de exclusividad de línea baja, etc”, manifestó a la 780 AM.
De todas formas, Copaco necesita generar recursos propios de modo a hacer los ajustes necesarios en la compañía. Stark mencionó que ya se dio una primera disminución del personal que permite un ahorro mensual de G. 1.300 millones, no obstante, se debe seguir en esta línea ya que la entidad cuenta con más funcionarios de los que necesita.
“Por un lado, vamos a hacer un proceso de retiro voluntario y por otro lado, estamos ajustando los controles de manera que a través de despidos justificados, vayamos sacando gente que no está cumpliendo con sus obligaciones”, expuso y mencionó que también se evalúa la venta de inmuebles, dado que la institución cuenta con numerosos bienes que no le producen ingresos, sino gastos.
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Cuidado con ahogarse en promedios
Christian Kennedy
Director de London Import
Según registros, la primera vez que se asienta de manera escrita este concepto, es con una historia en la India, donde un hombre evaluó la profundidad de un arroyo para ver si él y su hijo podrían cruzarlo.
El mismo, evaluandolo, encontró que en promedio, el arroyo era suficientemente seguro para que ambos lo crucen. Para no hacer el cuento largo, el resultado fue que el hijo se ahogó.
De ahí sale la frase y sus variaciones “Nunca cruces un río porque, en promedio, tiene medio metro de profundidad”.
En las empresas, los promedios nos pueden ahogar de distintas maneras. No solo porque nos arriesgamos sin entender bien las consecuencias, sino también porque abandonamos oportunidades al tomar ese promedio como una regla absoluta.
Por eso quiero compartir dos miradas: el promedio que nos da una falsa seguridad y el que esconde posibilidades.
Un promedio saludable de rentabilidad puede esconder problemas de gestión en productos, canales, clientes o inclusive equipos que generan pérdidas. Como el resultado general acompaña, quizás no profundizamos demasiado en cómo llegamos a él.
¿Qué pasa si baja la demanda de lo que “salva el resultado”? ¿Si las condiciones dejan de ser favorables en el canal que sí genera rentabilidad? ¿Si el cliente que nos hacía llegar a la meta se va a la competencia? ¿O si el proveedor de nuestra línea más rentable nos sube el costo?
Ahí nos encontramos con que estábamos cómodos sin entender cuánto dependíamos de unas pocas fuentes. Y cuando las cosas se complican, descubrimos que el río era más profundo de lo esperado y que no teníamos las herramientas ni para mantenernos a flote.
Hacer ese doble clic sobre los datos, comprenderlos y trabajar en mejorar lo que encontramos puede parecer innecesario cuando el número final cierra. Justamente ahí es cuando tenemos más espacio para hacerlo.
La segunda mirada es distinta, pero igual de importante: el promedio que esconde oportunidades.
Imaginen una campaña para una conferencia que necesita vender 300 lugares. Estamos empezando a pautar para generar expectativa, explicar de qué se trata y presentar a los expositores. Vemos que la publicidad ya llegó a más de 500.000 personas, lo cual parece alentador.
Sin embargo, al revisar las visitas a nuestra página, encontramos que la gente se queda, en promedio, solo cinco segundos. A primera impresión, un fracaso. Estamos atrayendo gente, pero nadie se queda a leer.
¿Nadie o es el promedio el que esconde algo? ¿Qué pasa si profundizamos un poco más?
Quizás hay cientos de personas que sí se tomaron varios minutos para leer el programa, conocer a los expositores y revisar cada detalle. Todavía no sabemos si van a comprar, pero tampoco podemos concluir que no hay interés porque la mayoría salió enseguida.
Si necesitamos 300 personas para que la conferencia sea un éxito, ¿no deberíamos entender mejor qué está pasando con ese grupo antes de descartar la campaña?
Los promedios nos ayudan a ordenar información. El problema aparece cuando los tomamos como una explicación suficiente y dejamos de mirar lo que hay detrás.
A veces ese detalle nos muestra qué debemos corregir. Otras veces, dónde tenemos una oportunidad. Para encontrar cualquiera de las dos cosas, siempre hay que medir la profundidad y los caminos probables en distintos puntos donde “buscamos cruzar el río” para llegar a nuestro objetivo.
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Quien comparte colchón, comparte opinión
Marcelo Codas Frontanilla
marcelo@estudiocodas.com
Linkedln: Marcelo Codas Frontanilla
En todos los talleres centrados en la empresa familiar aparece la recurrente pregunta: “¿Qué hacemos con los familiares políticos?“. Ello es así porque existe una creencia instalada de que son esos allegados quienes generan los problemas. Dicho de otra forma: si no estuvieran, la familia empresaria funcionaría mejor.
Después de muchos años acompañando a empresas familiares me asiste el convencimiento de que ello no es así. Mi experiencia me dice algo distinto: los familiares políticos, en la gran mayoría de los casos, no generan el problema. Lo que hacen es poner en palabras algo que ya existe y que su cónyuge no se anima a decir, o directamente no ve.
Hay un viejo dicho que se aplica mucho a las empresas familiares: “Quien comparte colchón, comparte opinión”. Cuando uno de los miembros de la pareja integra una empresa familiar, el otro o la otra siempre opina. Es inevitable. Comparten la cama, la mesa, las preocupaciones. ¿Cómo no va a opinar?
El tema es que esa opinión, muchas veces, es compartida. Es decir, el empresario la hace suya porque en el fondo, razón hay en ella. Porque viene de alguien que lo conoce, que lo ve sin el filtro de la empresa.
Y ahí es donde se suelen generar inconvenientes con la familia, por falta de una debida canalización de esas ideas libremente expresadas.
Vi esta película muchas veces. El marido llega a su casa y cuenta que su hermano le faltó al respeto en la reunión. Su esposa, que lo quiere y lo “defiende” le dice: “No te dejes pisotear, vos valés más”. Al día siguiente, él llega a la empresa con esa frase en la cabeza. Contesta mal. Se endurece. Y su familia, lejos de ver a un socio defendiendo su postura, ve a su esposa metida en la empresa.
Nadie tiene mala intención, pero sí está mal el canal que la realidad impuso. La familia de sangre piensa: “Ella nos quiere manejar de afuera”. Quien había expresado su opinión piensa: “No me valora, no me escucha”. Y él, que está en el medio, se va quedando solo en los dos lugares.
¿Cuál es, entonces, la solución? No es pedirle a tu pareja que no opine. Eso es imposible. Quien comparte la vida, comparte la opinión. La solución está en aprender a canalizar.
En casa, tu rol es ser pareja: escuchar, agradecer la mirada externa, esa que vos perdiste por estar tan adentro.
En la empresa, tu rol es ser socio: filtrar esa opinión, quitarle la emoción, quedarte con el dato útil y presentarlo como una preocupación propia, con argumentos de empresa, no de familia.
Desde luego que las parejas que conviven y, en especial, aquellas que lo hacen un largo tiempo, ven las cosas en un único sentido y la influencia recíproca es habitual e imposible de evitar. Luego, la cuestión no radica en procurar evitar opiniones sino en canalizarlas adecuadamente.
Las empresas familiares que crecen no son las que prohíben las opiniones de los cónyuges. Son las que crean reglas claras para que esas opiniones no destruyan la confianza.
Y aquí vale este aserto de hierro: “Si no hay reglas, todo es personal. Si hay reglas, todo es profesional”
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Paraguay responde con solidaridad
En medio de la incertidumbre que golpea a miles de familias, emprendedores y trabajadores, distintas iniciativas ciudadanas están en auge ante la crisis financiera de ueno bank. Desde alimentos y platos de comida hasta oportunidades para pequeños negocios y espacios de apoyo laboral, la empatía se transforma en acciones concretas.
Cuando la incertidumbre golpea la vida cotidiana, la solidaridad puede convertirse en uno de los recursos más valiosos de una comunidad. En Paraguay, frente a las dificultades que atraviesan ahorristas, trabajadores, emprendedores y familias por la crisis de ueno bank, comienzan a surgir iniciativas que tienen como denominador común el no quedarse de brazos cruzados y buscar la manera de ayudar.
En las redes sociales, donde también se multiplican la preocupación y los reclamos, aparecen gestos que recuperan una característica profundamente arraigada en la sociedad paraguaya: la capacidad de organizarse, compartir lo que se tiene y acompañar al que está pasando por un momento difícil.
Una de las propuestas convoca directamente a los emprendedores. Desde una iniciativa difundida en Instagram, se abrieron las redes sociales para dar visibilidad gratuita a pequeños negocios, reposteando sus promociones y productos en historias. La intención es ofrecerles una herramienta para seguir vendiendo y llegar a nuevos clientes en un momento en que disponer del capital de trabajo resulta especialmente importante.
La propuesta también mira al trabajador de a pie. Sus impulsores anunciaron que repartirán platos de comida para aliviar, aunque sea parcialmente, el gasto diario de quienes lo necesitan. Además, invitan a otras marcas y personas a sumarse a la preparación de kits de víveres.
Alimentos, higiene y una mano extendida. El Centro de Estudiantes de la Facultad de Ciencias Jurídicas, a través de CEDUC, lanzó la campaña “Entre todos”, con una convocatoria abierta a cualquier persona que quiera colaborar.
La iniciativa recibe alimentos no perecederos y productos de higiene, entre ellos arroz, fideos, harina, aceite, legumbres, conservas, leche en polvo, atún y artículos de cuidado personal.
El mensaje que acompaña la propuesta resume el espíritu de cada paraguayo y es que la solidaridad no tiene límites ni distingue a quién ayudar. La intención es acompañar a personas y familias cuyo día a día se vio afectado por la coyuntura.
En la misma línea, la experta en marketing y comunicación de Turismo, Viajes y Posicionamiento de Marca, Emilia Von Glasenapp López, impulsa una recolección de alimentos y productos de higiene personal.
La convocatoria aclara que no solicita dinero, sino donaciones en productos que puedan contribuir a aliviar las necesidades más inmediatas. También invita a compartir la iniciativa para ampliar su alcance.
Acompañar también es abrir oportunidades. La contención no se limita a la asistencia material. La incertidumbre laboral también movilizó a colegas y profesionales de la comunicación.
PRessencia, junto con integrantes de la promoción 2005 de la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de Asunción, organiza una jornada gratuita dirigida a trabajadores de medios de comunicación afectados.
La propuesta contempla un espacio de encuentro e intercambio, actualización de currículums y fotografías profesionales que puedan utilizarse en futuras postulaciones laborales. La actividad está prevista para el viernes 13 de noviembre, de 11:00 a 20:00, en PRessencia Estudio, con inscripción al 0971 550 999.
Sus organizadores reconocen que una jornada no resuelve la incertidumbre que atraviesan los trabajadores, pero puede ofrecer herramientas, contactos y, sobre todo, la oportunidad de sentirse acompañados.
La fuerza de una comunidad. La crisis tiene consecuencias que van más allá de las cuentas bancarias. Alcanza a quienes necesitan recuperar sus ahorros, a los negocios que dependen de su capital operativo y a trabajadores que enfrentan un escenario incierto. El impacto sobre las mipymes y sus operaciones cotidianas ya fue advertido por representantes del sector.
Frente a ese panorama, estas iniciativas muestran otra dimensión de la respuesta social. No reemplazan las soluciones institucionales, la devolución de los depósitos ni las garantías que deben ofrecer las autoridades, pero sí construyen una red de apoyo desde la cercanía: una publicación que ayuda a vender, una bolsa de alimentos, un plato de comida o una fotografía profesional que puede abrir una nueva oportunidad.
En tiempos en que la preocupación puede dar paso a la indiferencia o a la burla, elegir acompañar también es una forma de construir comunidad. Y si algo vuelve a quedar en evidencia es que, cuando una dificultad alcanza a tantos, la respuesta puede empezar con un gesto sencillo: mirar al otro, reconocer su situación y tenderle una mano.
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Allanaron universidad privada por aportes retenidos y deudas con el IPS
El fiscal Giovanni Grisetti encabezó este miércoles un allanamiento en la sede de la Unasur, por dos conceptos: por un lado, la falta de transferencia de aportes obrero-patronales retenidos a los trabajadores y, por otro, las deudas acumuladas por el alquiler de inmuebles pertenecientes al IPS.
“Concretamente es la falta de pagos al IPS en concepto de lo que corresponde por Ley, es el descuento que se le hace a cada trabajador conocido como el Aporte Obrero”, señaló en declaraciones a la 1020Am. En ese sentido, explicó que el local debía pagar por la patronal un monto y por el obrero otro monto, pero evadieron el pago correspondiente a la previsional, pese al descuento aplicado al personal.
“Totalizando en conjunto llegó a la cifra de G. 4.096 millones a pagar. Es decir, le descuentan al trabajador, le dan su saldito y ese monto descontado no abonaron al IPS”, precisó el agente fiscal. Mencionó que la previsional hizo el reclamo correspondiente y los mismos solicitaron refinanciación. “Se les dio la refinanciación y tampoco pagaron”, subrayó.
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Aparte de la refinanciación, a partir de la fecha de refinanciamiento se fue generando una nueva deuda. “Y por esa línea de la nueva deuda también se refinanciación que también se debió. Y no se cumplió”, indicó el representante del Ministerio Público.
Luego, siguieron las deudas normales. “No se le dio más refinanciamiento y quedaron los montos de deuda a cuenta corriente natural dentro del plazo normal que se le fue adicionando las moras, multas y otros conceptos”, apuntó Grisetti.
Eso es lo que corresponde concretamente la causa penal. “En paralelo, cuando se solicitaron ciertas informaciones vino acompañado el dato de que también se le adeuda por alquileres al IPS. Es un fuero distinto al fuero penal”, aclaró. La mora, con los datos preliminares, sería de cuatro años.
IPS, tras el sumario administrativo realiza una demanda civil y consigue las medidas cautelares correspondientes y se bloquea la cuenta oficial de Unasur. “Pese a ello, hicieron una cuenta paralela para poder generar los cobros. Esa actitud deliberada hace que la cuestión se agrave y denote una conductora dolosa de evadir a IPS”, refirió el fiscal.
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