La diputada Kattya González criticó al nuevo proyecto de la ley “De Emergencia Sanitaria” promovido por el Poder Ejecutivo, que principalmente hace referencia sobre los controles en el marco de la pandemia y la creación de nuevas figuras del tipo penal.
En este sentido, la parlamentaria calificó esta iniciativa de estronista, argumentando que con esta normativa se busca cortar la libertad de la ciudadanía, y la libre circulación.
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“El año pasado lo adelantamos y hoy los nuevos hechos nos dan la razón. Presentaron un proyecto de ley estronista que busca cortar libertades. Ya saben mi posición. Es hora que ustedes también se planten para evitar que pase esta ley. La libertad no se negocia”, dijo la diputada a través de sus redes sociales.
Igualmente, la parlamentaria también se refirió al tema durante la sesión de la Cámara de Diputados del pasado miércoles, donde manifestó su preocupación sobre esta iniciativa por parte del presidente de la República, Mario Abdo Benítez. Así mismo, González pidió debatir a profundidad el documento ya que, “dar más poder a la Fiscalía y a la Policía Nacional, es ponernos una soga al cuello”.
La parlamentaria aseguró además que “no se puede introducir por la ventana una serie de normas que azotarán nuevamente a la ciudadanía, atendiendo que, la normativa pretende dar facultades a las fuerzas del orden para el cumplimiento de las medidas sanitarias impuestas”.
La nueva Ley de Emergencia
Este proyecto, establece procedimientos de control de las medidas sanitarias, que estará a cargo del Ministerio de Salud y comprende el incumplimiento de los protocolos sanitarios vigentes. Este tipo de sanciones serán de carácter administrativo y cuentan con multas de 2 a 300 jornales mínimos, dependiendo de la gravedad del hecho y su reincidencia.
Las nuevas figuras introducidas en este proyecto, corresponden a la aplicación irregular de dosis contra el COVID-19 a las personas que no se ajustan a los requisitos y lo establecido por el Plan Nacional de Vacunación. La segunda figura del tipo penal es el hurto de vacunas e insumos requeridos por la pandemia.
Ambas figuras se aplican a los funcionarios públicos responsables, quienes se enfrentan a una pena de 2 a 10 años para los casos de hurtos y de hasta 5 años para los casos de inmunización irregular.
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Estados Unidos da muestras de apoyo efectivo al Gobierno nacional
El Poder Ejecutivo acaba de poner en marcha el ambicioso programa Cielo Guaraní Soberano para combatir desde las alturas de la atmósfera al crimen organizado internacional y fortalecer la seguridad en todo el territorio paraguayo. El blindaje del espacio aéreo y la lucha contra los criminales tiene el apoyo del Gobierno de los Estados Unidos de América que colaborará con datos de inteligencia y la asistencia técnica requerida.
La cooperación norteamericana será de fundamental importancia porque mediante su ayuda el Paraguay podrá dejar de lado la actual vulnerabilidad de sus fronteras aéreas y se podrá ir consolidando como un elemento importante en la seguridad de esta parte de la región sudamericana.
Hay que destacar que la asistencia técnica es parte del respaldo político demostrado por el Gobierno del país del norte hacia la administración del presidente Santiago Peña. Y, por encima de las declaraciones positivas y las buenas intenciones, primarán los hechos prácticos y medidas concretas de extraordinaria importancia para nuestra nación. La colaboración efectiva que ejercerá el país del norte se desprende del compromiso que ha realizado para intensificar el intercambio de información y la asistencia técnica que brindará al Gobierno paraguayo. Con respecto al tema, el encargado de negocios de EE. UU. en Asunción, Robert Alter, resaltó que “Paraguay mantiene una estrategia sólida para fortalecer el monitoreo de su espacio aéreo”.
La cooperación norteamericana se centrará en tres capítulos: Tecnología de vanguardia, inteligencia operativa y capacitación de élite. Esta capacitación consistirá en programas de formación para las fuerzas de nuestro país en la tarea del combate a delitos considerados complejos. Por otro lado, se considera tecnología de vanguardia la ayuda que realizarán las fuerzas estadounidenses en sistema de radares y monitoreo aéreo en tiempo real. En tanto que la inteligencia operativa se concretará en el intercambio de datos críticos de gran importancia para la detección y respuesta inmediata frente a los vuelos que están fuera de la legalidad, como los que desarrollan los narcotraficantes para sus fines delictivos.
Para la realización de los operativos contra la delincuencia se utilizarán los aviones Super Tucano que se tienen, lo mismo que el equipo de radares con sus respectivos sistemas de mando y control.
Las medidas adoptadas por el Gobierno se tienen que entender en medio del contexto histórico de la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado, que ha tenido varias etapas. Algunas caracterizadas con importantes medidas y trabajos realizados por los organismos especializados y otras con extrañas posturas de dejadez de algunas administraciones anteriores que con su pasividad colaboraron con el delito.
No hay que olvidar que durante el gobierno de Mario Abdo se retiró el control fiscal de los puertos, se sacaron los escáneres para detectar drogas de los puertos privados que quedaron sin control, no se compraron radares para detectar vuelos irregulares ni se adquirieron aeronaves para la vigilancia aérea. Eso convirtió al Paraguay en un lugar propicio para el delito, por lo que se han dado numerosos casos de contrabando de toda suerte de sustancias prohibidas hacia países de Europa principalmente.
Con las nuevas normas de este gobierno, la Fuerza Aérea desarrolla operativos para detectar aeronaves sospechosas a las que obligan a su aterrizaje. Ya en tierra, realizan su tarea la Senad, la Fiscalía, la Policía y el Ejército, según los casos.
Además del control nacional, para hacer más efectivo el trabajo, se hace el cruzamiento de datos de inteligencia con las autoridades de Argentina, Bolivia y Brasil, países con los que se tiene convenios de cooperación para el efecto.
Mediante el acuerdo con los Estados Unidos, el Gobierno paraguayo podrá ejercer una mejor tarea en la persecución de los narcotraficantes a fin de eliminar el crimen internacional, lo que ayudará a un combate más efectivo contra el delito que no tiene fronteras.
El respaldo del país del norte es uno de los principales logros alcanzados por la administración del presidente Santiago Peña. Y constituye uno de los mejores beneficios que está obteniendo el Paraguay para la seguridad de sus fronteras y la persecución de los delincuentes que han contaminado seriamente estas tierras. Por ello la ciudadanía tiene que valorarlo y prestar su apoyo teniendo en cuenta que el país aprovechará las ventajas que vienen de parte de una nación amiga, que es una las más grandes potencias del mundo.
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Ande obtiene la calificación más alta en Nivel de Madurez Optimizado, entre 400 empresas públicas
La Administración Nacional de Electricidad (Ande) obtuvo la calificación más alta en el Nivel de Madurez Optimizado, destacándose entre más de 400 empresas públicas evaluadas.
Este importante reconocimiento refleja el compromiso institucional con la eficiencia, la transparencia y la mejora continua en sus procesos de gestión.
La excelente calificación alcanzada posiciona a la estatal como una de las entidades líderes, obteniendo 4,01 puntos en la evaluación del sistema de control interno realizada por la Contraloría General de la República y la Auditoría General del Poder Ejecutivo.
Este histórico resultado constituye un motivo de orgullo institucional y refleja el firme compromiso de la Ande con la transparencia, la mejora continua, la eficiencia en la gestión y el fortalecimiento permanente de su Sistema de Control Interno, señalaron autoridades del ente.
Con este importante reconocimiento, la Ande se posiciona como referente de excelencia en la administración pública paraguaya, consolidando una gestión moderna, responsable y orientada a brindar servicios cada vez más eficientes y de mayor calidad a toda la ciudadanía.
Destacaron que este logro sin precedentes en el país fue posible gracias al trabajo en equipo, al compromiso y a la dedicación de los funcionarios administrativos y operarios técnicos, quienes, con profesionalismo y vocación de servicio, contribuyen diariamente al fortalecimiento y crecimiento de la institución.
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Cannes 2026: crítica de “Siempre soy tu animal materno” de Valentina Maurel
- Por David Sánchez, desde Toulouse (Francia), X: @tegustamuchoelc (*).
La nueva película de Valentina Maurel llega a la sección Festival de Cannes dentro de Un Certain Regard, un espacio históricamente asociado a cineastas emergentes, propuestas de autor y obras que priorizan la sensibilidad estética por encima de la narración convencional. Lo llamativo aquí es que Maurel, tras años orbitando el ecosistema del cine de festivales y las instituciones francesas de formación y financiación, consigue dar el salto directo a la selección oficial de Cannes. No es un detalle menor. En una industria donde muchos directores pasan años acumulando presencia en secciones menores, residencias o festivales intermedios antes de alcanzar esta plataforma, el recorrido de Maurel evidencia hasta qué punto la película ha sido concebida y moldeada para dialogar con el lenguaje específico del gran circuito festivalero europeo.
La historia sigue a Elsa, una joven de 28 años que regresa a Costa Rica después de años en Europa y se reencuentra con su hermana menor Amalia, absorbida por un universo entre el esoterismo, la deriva emocional y el vacío existencial. Paralelamente, el padre, Nahuel, intenta escapar de la decadencia afectiva a través de conquistas románticas pasajeras, mientras la madre, Isabel, revive su pasado republicando poemas eróticos escritos durante su juventud. Sobre el papel, la película plantea un retrato fragmentado de una familia en crisis, donde cada personaje parece buscar desesperadamente una forma distinta de escapar de sí mismo.
Sin embargo, el problema central aparece muy pronto: la película nunca consigue convertir esas líneas narrativas en una experiencia dramática verdaderamente sólida. Maurel intenta construir tres relatos simultáneos —el de Elsa, el de Amalia y el de Isabel—, pero ninguno termina de adquirir la densidad suficiente. Elsa, pese a ser la aparente protagonista, queda constantemente desplazada por la puesta en escena. Su conflicto interno está sugerido, pero rara vez se siente vivo. Falta fricción, falta una dinámica emocional que haga que el personaje se adhiera realmente a la historia. Se percibe como una figura observadora, casi externa al caos familiar que debería atravesarla.
La hermana menor, Amalia, funciona mejor precisamente porque su dimensión esotérica y errática introduce cierta tensión imprevisible. Aunque el guion nunca profundiza del todo en sus motivaciones, su presencia posee algo incómodo y descontrolado que mantiene el interés durante varios momentos. Hay escenas donde la relación entre ambas hermanas parece encontrar por fin una verdad emocional, especialmente cuando la distancia afectiva entre ellas emerge sin necesidad de explicaciones verbales. Pero incluso ahí la película se retrae antes de profundizar realmente en el conflicto.
El gran problema es que Maurel parece confiar más en la atmósfera que en la construcción dramática. La película está llena de imágenes calculadas para el impacto contemplativo: planos lejanos de la ciudad, patrullas avanzando lentamente por calles vacías, sombras proyectadas desde terrazas o interiores donde los personajes aparecen aislados dentro del encuadre. Son imágenes elegantes, indudablemente pensadas con sensibilidad visual, y en muchos casos logran una belleza melancólica genuina. Pero también terminan revelando una cierta dependencia del lenguaje que tradicionalmente seduce a los festivales internacionales: silencios prolongados, cuerpos fragmentados, conversaciones interrumpidas y conflictos insinuados más que desarrollados.
El problema es que toda esa sofisticación formal no alcanza para sostener las casi dos horas de metraje. La película se vuelve progresivamente tediosa, incluso agotadora. Hay secuencias que parecen diseñadas más para transmitir una sensación abstracta de incomodidad que para avanzar narrativamente. Cuando la cámara separa constantemente a las hermanas, cuando la tensión esotérica de Amalia deriva en explosiones de rabia apenas explicadas o cuando escenas aparentemente importantes desaparecen sin consecuencia dramática, el relato pierde cohesión y el espectador empieza a desconectarse emocionalmente.
Esa es quizás la gran contradicción de la película: está claramente diseñada para satisfacer ciertos códigos del cine de autor contemporáneo, pero olvida construir una experiencia verdaderamente absorbente. Se percibe la influencia de un entorno cinematográfico muy ligado a escuelas e instituciones europeas —particularmente francesas— donde el dispositivo visual y la ambigüedad emocional son tratados casi como valores absolutos. Y aunque Maurel demuestra talento visual y capacidad para generar atmósferas densas, todavía parece faltar una mirada más madura sobre los personajes y sobre el peso dramático de sus decisiones.
Eso no significa que la película carezca de interés. Al contrario: hay intuiciones potentes, momentos visuales muy logrados y una sensibilidad real para retratar la alienación contemporánea. Pero entre la ambición estética y la necesidad de construir un relato coherente aparece un desequilibrio constante. La película quiere ser íntima, política, existencial y poética al mismo tiempo, y en ese intento termina dispersándose.
Su presencia en Un Certain Regard tiene sentido precisamente por eso: es el tipo de obra que Cannes suele abrazar por su riesgo formal, por su ambición autoral y por su capacidad para insertarse en el discurso del cine contemporáneo de festivales. Pero fuera de ese ecosistema, donde la experiencia emocional y narrativa pesa tanto como la propuesta estética, la película corre el riesgo de resultar distante, fría y excesivamente ensimismada.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
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Cannes 2026: crítica de “Titanic Ocean” de Konstantina Kotzamani
- Por David Sánchez, desde Toulouse (Francia), X: @tegustamuchoelc (*).
Konstantina Kotzamani presenta con “Titanic Ocean” una película que parece concebida para dividir radicalmente al público: algunos verán una experiencia hipnótica y poética sobre el deseo de escapar del mundo moderno; otros, una obra excesivamente pretenciosa y desesperadamente lenta que confunde profundidad con solemnidad. Probablemente ambas lecturas sean correctas al mismo tiempo. Presentada en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes 2026, la directora griega construye un relato que mezcla drama adolescente, fantasía acuática y reflexión existencial, aunque muchas veces el resultado termina ahogado en su propia ambición simbólica.
La historia sigue a una adolescente japonesa aislada emocionalmente que se entrena para convertirse en una “sirena profesional”. La idea ya contiene algo extraño y fascinante desde el inicio: jóvenes que encuentran refugio psicológico y social en la fantasía acuática, sumergiéndose literalmente en piscinas para escapar de una realidad que perciben hostil o vacía. El problema es que Kotzamani filma este universo con una gravedad casi religiosa, como si cada gesto dentro del agua escondiera una gran revelación filosófica. Lo que al principio despierta curiosidad termina derivando en una experiencia agotadora por su insistencia y su lentitud extrema.
La película desarrolla además un aspecto cultural particularmente curioso: dentro de este microcosmos, la identidad de “sirena” parece requerir validación familiar y reconocimiento social. Hay escenas donde los padres opinan seriamente sobre esta forma de vida y otras donde acudir vestida de sirena a ciertos acuarios japoneses aparece tratado como un ritual de respeto o pertenencia. Kotzamani observa todo esto con una mezcla de fascinación antropológica y romanticismo visual. Sin embargo, nunca queda del todo claro si la directora está explorando genuinamente un fenómeno social japonés o simplemente proyectando sobre Japón una fantasía exótica muy occidental.
Y ahí aparece uno de los elementos más interesantes de Titanic Ocean: el hecho de que la película esté dirigida por una cineasta griega filmando en Japón. Esa distancia cultural produce momentos extraños pero atractivos, como si el film existiera en una zona intermedia entre el documental sensorial y el sueño artificial. Kotzamani parece conectar la tradición mitológica mediterránea de las sirenas con ciertas obsesiones contemporáneas japonesas relacionadas con la performance, la identidad y la evasión social. En ocasiones esa mezcla funciona muy bien, generando imágenes perturbadoras y bellas; en otras, el resultado se siente forzado y excesivamente consciente de su propia “importancia artística”.
Narrativamente, la película avanza poco. Las escenas se prolongan hasta el límite, los silencios dominan la puesta en escena y muchas secuencias parecen repetirse emocionalmente. Hay una clara voluntad de crear una experiencia contemplativa, casi flotante, pero el film confunde demasiadas veces el minimalismo con la ausencia de tensión dramática. La sensación es la de estar observando una instalación de museo contemporáneo extendida durante más de dos horas. El espectador termina atrapado en una especie de hipnosis visual que puede resultar seductora o profundamente aburrida dependiendo de su tolerancia al cine más abstracto.
Las interpretaciones de Arisa Sasaki, Melina Mardini y Haruna Matsui acompañan bien ese tono distante y espectral que busca la directora. Ninguna trabaja desde el realismo tradicional; más bien parecen cuerpos desplazándose dentro de un sueño acuático permanente. Hay poca expresividad verbal y mucha construcción física: respiraciones, miradas perdidas, movimientos lentos bajo el agua. Funciona dentro de la lógica estética de la película, aunque también contribuye a esa sensación de frialdad emocional que impide conectar plenamente con los personajes.
Donde Titanic Ocean sí consigue imponerse claramente es en el apartado visual. Incluso en sus momentos más tediosos, Kotzamani demuestra una enorme capacidad para capturar la belleza plástica de las figuras de sirena. La fotografía convierte las piscinas, acuarios y espacios acuáticos en paisajes casi uterinos, iluminados con tonos azulados y reflejos líquidos que terminan absorbiendo por completo a los personajes. Hay imágenes realmente memorables: cuerpos suspendidos en el agua como criaturas mitológicas contemporáneas, colas brillantes moviéndose lentamente bajo luces artificiales, rostros difuminados detrás del cristal de un acuario. La directora entiende perfectamente el potencial estético de ese universo y sabe explotarlo visualmente.
El problema es que la película depende demasiado de esa belleza. Cada plano parece pedir admiración constante, como si el film estuviera enamorado de sí mismo. Y aunque hay secuencias visualmente fascinantes, el conjunto termina resultando repetitivo y pesado. La sensación final es ambigua: por un lado, queda el recuerdo de imágenes muy potentes; por otro, el agotamiento producido por una obra que insiste una y otra vez en subrayar su trascendencia.
Titanic Ocean es, en definitiva, una película visualmente cautivadora pero narrativamente asfixiante. Una experiencia estética más que emocional, tan obsesionada con la idea de escapar del mundo que acaba desconectándose también del espectador.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.