El embajador de la República de Azerbaiyán en Argentina y concurrente ante el gobierno paraguayo, Rashad Aslanov, en entrevista con La Nación expone su visión sobre las disputas fronterizas en la región del Cáucaso. El diplomático asevera que la soberanía de su nación debe ser restaurada y que Armenia debe entender el llamado de paz hecho por el papa Francisco.

-¿Cuál es su versión sobre lo acontecido en la frontera armenio-azerí?

Me gustaría más responder a la pregunta sobre ¿cuál es la realidad verdadera?. Las últimas provocaciones de Armenia contra Azerbaiyán son una continuación de la ocupación militar de Armenia de nuestro territorio, incluso la tierra histórica de Azerbaiyán, la región de Nagorno-Karabaj y siete distritos circundantes. Por cierto, la región de Nagorno-Karabaj de la República de Azerbaiyán es parte del área geográfica llamada Karabaj (Qarabağ). Su nombre se compone de dos palabras en azerbaiyano: “qara” (negro) y “bağ” (jardín).

En su análisis del conflicto armenio-azerí, el embajador Rashad Aslanov también alude a la masacre de Joyali, en 1992. Foto. Gentileza.

A fines de los años 1980 y principios de 1990 del siglo pasado, Armenia intentó anexar Nagorno Karabaj a Armenia con las decisiones violatorias de las normas legales de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y la República Socialista Soviética de Azerbaiyán. Por haber fracasado en esta dirección, en los años 1990-93, Armenia realizó la agresión militar contra Azerbaiyán, ocupando Nagorno-Karabaj y 7 distritos adyacentes (Kalbajar, Lachín, Gubadlí, Zanguilán, Jabraíl, Fizulí, Agdám), que representan el 20% del territorio de Azerbaiyán. Armenia cometió la limpieza étnica contra 1 millón de azerbaiyanos, que fueron expulsados de sus tierras de origen convirtiéndose en refugiados y desplazados internos. En una sola noche del 25 al 26 de febrero de 1992 las fuerzas armadas de Armenia cometieron un genocidio asesinando con brutalidad a 613 personas, incluyendo 106 mujeres, 63 niños y 70 ancianos. También 1.275 personas fueron tomadas como rehenes, el destino de 150 personas es desconocida hasta hoy. Durante aquella masacre fueron heridos grave 487 residentes de Jodyalí, 8 familias fueron destruidas en su totalidad, 25 niños perdieron ambos padres, 130 niños perdieron a uno de sus padres.

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Recientemente, el 12 de julio del año en curso, las fuerzas armadas de Armenia, con el objetivo de tomar las posiciones hacia el distrito de Tovuz (Azerbaiyán) en la frontera estatal entre Azerbaiyán y Armenia, intentaron efectuar un ataque mediante el uso de fuegos de artillería. En resultado de la provocación militar seguido por las continuas tensiones y combates, 11 militares del ejército azerbaiyano y un civil fueron asesinados y hay heridos.

El análisis militar muestra que el ataque fue comenzado por las Fuerzas Armadas de Armenia y fue premeditado deliberadamente. El objetivo de Armenia al cometer esta provocación no fue, solamente, desviar la atención de la grave situación socioeconómica interna agravada por la pandemia del COVID-19, sino también involucrar a países terceros en el conflicto que existe desde hace 30 años entre Armenia y Azerbaiyán. Precisamente, Armenia estaba tratando de aprovechar de los países de la Organización del Tratado de la Seguridad Colectiva para su política de ocupación y esconderse detrás de esta organización. Sin embargo, sus expectativas se frustraron.

Por lo tanto, Tovuz es una región estratégica donde pasan muy cerca principales infraestructuras estratégicas de energía, transporte y comunicación de Azerbaiyán. Amenazar y poner en peligro a estas infraestructuras importantes sirve más a los intereses de Armenia que de Azerbaiyán.

Armenia ha cometido esta agresión militar y las violaciones del alto al fuego en un momento, cuando Azerbaiyán junto con la comunidad internacional hace un llamado a la solidaridad global y la cooperación multilateral en la lucha contra la pandemia del COVID-19 que enfrenta la humanidad. El voto de Armenia en contra de la iniciativa de celebrar una sesión especial de la Asamblea General de la ONU ha revelado una vez más la cara y la esencia de este país. La raíz de este enfoque parcial es la Azerbaiyánofobia, que prevalece en este país y es promocionado por el estado, una manifestación del odio hacia el estado y el pueblo de Azerbaiyán.

-¿Ha habido una amenaza de atacar la central eléctrica nuclear de Armenia?

De hecho, el tema de la central nuclear de Metsamor fue sacado del contexto y solo mencionado por los medios de comunicación armenios y fue en respuesta a las amenazas armenias contra la central hidroeléctrica Mingachevir de Azerbaiyán. La declaración fue hecha por un oficial militar de bajo rango azerbaiyano en una base emocional y de ninguna manera refleja la posición oficial del Gobierno de Azerbaiyán. Apuntar hacia las infraestructuras críticas no está en los intereses de Azerbaiyán y es completamente en contra de la visión y la estrategia del lado azerbaiyano. Por el contrario, hemos visto a Armenia llevar una política militar agresiva que amenaza con ataques hacia la población civil y las infraestructuras civiles, como estallar la represa Mingachevir en Azerbaiyán, que teniendo una capacidad de agua de 16 mil millones metros cúbicos, es la mayor central hidroeléctrica y depósito en el Cáucaso. Por otro lado, conocida como la futura Chernóbil, la central nuclear Metsamor es la única planta restante sin la protección primaria de su reactor. El funcionamiento de esta antigua estación es el motivo de la preocupación también, en términos de contrabando de los materiales radiactivos.

-¿Cómo ve el rol de los países mediadores, entre ellos EEUU?

Al analizar los procesos diplomáticos en el marco del conflicto de Nagorno-Karabaj, es evidente que existe una base legal muy sólida. Esta base se compone de las resoluciones y decisiones adoptadas por los principales organismos internacionales para la resolución del conflicto. Las mismas afirman que la región de Nagorno-Karabaj es una parte integral de Azerbaiyán y exigen la retirada inmediata, completa e incondicional de las fuerzas de ocupación armenias de todos territorios ocupados de Azerbaiyán, así como el retorno de los desplazados internos a sus tierras de origen en condiciones de seguridad y dignidad. Además, todos los documentos adoptados con respecto al conflicto condenan, inequívocamente, la ocupación de los territorios de Azerbaiyán y reafirman el respeto por la soberanía y la integridad territorial de la República de Azerbaiyán y la inviolabilidad de sus fronteras internacionalmente reconocidas.

Después de 28 años de negociación las resoluciones mencionadas del Consejo de Seguridad de la ONU siguen incumplidas por Armenia, por lo tanto, dichos territorios de Azerbaiyán están todavía bajo la ocupación militar y 1 millón de azerbaiyanos que fueron expulsados de sus tierras de origen no pueden regresar a sus hogares.

Azerbaiyán está comprometido con el proceso de Minsk para la resolución del conflicto. Pero nuestra expectativa es que el proceso de negociación debe ser significativo y mantener las conversaciones sustantivas. Debería haber un calendario para la retirada de las fuerzas armadas armenias de los territorios ocupados. La soberanía y la integridad territorial de Azerbaiyán debe ser restaurada. El cambio de las fronteras internacionalmente reconocidas de un país mediante el uso de la fuerza es inaceptable en el siglo XXI.

-¿Cree que el llamado de paz hecho por el papa Francisco a favor del cese de hostilidades sea escuchado?

En su llamado el papa Francisco expresó su esperanza de que la comunidad internacional, a través del diálogo y la buena voluntad de las partes, pueda encontrar una solución pacífica duradera al conflicto, a favor de estos pueblos. Armenia debe atender a esta llamada y comprometerse con la política de buena vecindad.

Por lo tanto, la retirada de las fuerzas de ocupación armenias de todos los territorios ocupados de Azerbaiyán, el regreso de la población expulsada de Azerbaiyán a sus lugares de origen son necesarios para proporcionar la paz, la seguridad y la estabilidad en la región. Esta es la visión de Azerbaiyán, basada justamente en el derecho internacional.

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