La dictadura de Alfredo Stroessner Matiauda (1954 – 1989) es uno de los periodos más oscuros de la historia paraguaya. Hoy que se recuerda el natalicio del dictador y que ya pasaron 28 años de su derrocamiento, es necesario construir un poco de memoria en tiempos en los que muchos todavía añoran un sistema autoritario en el país.

Por Aldo Benítez /aldo.benitez@gruponacion.com.py / @aldo_be

Cada 3 de noviembre, desde que Stroessner asumió el poder absoluto en Paraguay, la procesión se hizo costumbre. Cientos de personas se dirigían hasta la casa presidencial para saludar al “primer paraguayo”; el excelentísimo señor general del Ejército, don Alfredo Stroessner Matiauda. El cumpleaños pasó a ser casi una cuestión de estado y motivó incluso una leyenda; “la fecha feliz”.

El dictador, vestido casi siempre de militar, los esperaba y les estrechaba la mano uno a uno a los que iban llegando. Regalaba un beso si eran criaturas y no faltaba algún padre que llevaba a su hijo para que le cante una serenata al supremo. Todo era válido con tal ser bien visto. Formar aquella interminable fila, esperando horas, para un saludo de apenas unos segundos, valía la pena por lo que significaba. Para muchos, era la forma de mantenerse en círculos de poder. Para otros, era la manera más simple pero efectiva de mostrar fidelidad. Y a Stroessner le gustaba la fidelidad.

Mientras algunos formaban filas para saludar al señor presidente, otros paraguayos hacían lo propio pero en las salas de tortura. La dictadura stronista fue implacable, pero en aquellos tiempos no era algo aislado en la región. Paraguay fue uno de los principales actores del “Operativo Cóndor”, una misión militar que involucró las dictaduras de nuestro país, la de Argentina, Brasil, Chile y Uruguay -con alguna participación boliviana y colombiana- financiada por los Estados Unidos para perseguir a “revolucionarios”. La cifra de muertos y torturados es indeterminada en casi 10 años de acciones, pero según datos que se encontraron en los archivos del terror en 1992 en Paraguay, se habla de casi 50.000 desaparecidos en operativos militares dentro de este plan.

Los números no felices

423 desaparecidos, 18.772 torturados y unas 20.090 víctimas directas son apenas una parte de las cifras de dolor que dejó la dictadura de Stroessner a lo largo de 35 años en Paraguay, según un trabajo de investigación publicado por la Comisión Verdad y Justicia (CVJ), un grupo que se creó justamente para encontrar datos y testimonios sobre la brutalidad del régimen stronista. La más larga en toda la región y quizás la que gozó de mayor impunidad. A pesar de todos estos números y datos de terror, todavía hoy se leen manifestaciones de apoyo a la dictadura stronista. Incluso ayer, en varias zonas del país se escucharon las explosiones de bombas, en honor a la “fecha feliz”.

Para Enrique Cosp, historiador, existen varios factores que construyen esa “añoranza” por la dictadura. “Uno de esos factores es psicológico, tiene que ver con la forma en que opera la mente humana. Te lo ilustro con un ejemplo personal: yo una vez me fui con el buzo al revés al colegio y se me rieron en la cara todos los cursos, para mí ese fue un mal día, pero hoy te lo cuento ya como una anécdota simpática. Ese es un principio psicológico que opera sobre todas las personas, hace que con el paso del tiempo, los recuerdos desagradables vayan perdiendo su carga negativa y los recuerdos positivos se refuercen. En cambio el presente y sus molestias se sienten con más fuerza. Eso arrastra a las generaciones más viejas hacia una nostalgia, hacia el famoso “todo tiempo pasado fue mejor”, basado más en impresiones distorsionadas que en realidades concretas” expone Cosp.

Con respecto a la situación de los jóvenes que se manifiestan a favor de una dictadura que ni por casualidad conocieron en carne propia, Cosp atribuye a que eso se da por una cuestión de que, por lo general, no somos conscientes de los males del pasado. “¿Quién no vio imágenes de la guerra en Siria? ¿Quién no sabe de la existencia de las guerras de Afganistán e Irak, los atentados a las Torres Gemelas, etc.? Son cosas que hasta la gente más desinformada tiene presente. En cambio, si yo te menciono la rebelión de An Lushan, la caída de la dinastía Ming o la Guerra de los Treinta Años, son episodios desconocidos para la mayoría de la población, a pesar de que están en el top 5 de episodios más sangrientos de la historia humana (todos ellos más sangrientos que la Primera Guerra Mundial)” dice.

Y agrega: “En el caso de la dictadura, esto se puede comprobar así: preguntale a la gente si conoce los casos de Fidel Zavala, Arlan Fick o Cecilia Cubas, todos van a saber que se trata de personas secuestradas por el EPP. Preguntale a esa misma gente si sabe algo sobre Mario Luis Palmieri y te apuesto que la mayoría no va a saber que fue hasta ahora el único alumno del San José que fue secuestrado y asesinado, un caso que hizo mucho ruido en los 80′s. Ese desconocimiento sobre los males del pasado, contrastado con el constante bombardeo de noticias negativas de hoy que sí tenemos en la cabeza, ayuda a provocar una romantización del pasado entre los más jóvenes” explica Cosp.

Para el investigador, una cuestión que alimenta la “añoranza” a la dictadura tiene que ver con las condiciones de vida de la actualidad, que a su criterio, están todavía lejos de alcanzar nuestras expectativas. “Esto suma y mucho al caldo de cultivo del que se alimenta la apología al stronismo. La mejor forma de restarle vigencia al culto stronista es, a la par de informar correctamente al público, mejorar las condiciones de vida” expone Cosp.

Violencia contra la mujer

Si bien hasta hoy día resulta sumamente complicado ser mujer en un país con rasgos machistas y discriminatorios, pensar en la posición y situación de las mujeres en la época stronista resulta un ejercicio muy difícil de comprender desde afuera, y sobre todo, mirando hacia atrás. Pero existen datos de trabajos realizados por ejemplo, por la CVJ, en las que se exponen algunas cifras. En ese sentido, en los registros de esta Comisión figura que casi el 15% de todos los torturados en la dictadura, fueron mujeres.

Si había algo en el que la dictadura no hacía diferencia de género, era en la tortura. Según la CVJ, tanto hombres como mujeres eran torturados con la misma saña. El rol de la mujer, en el contexto de la dictadura, además adquiere otro matiz dependiendo de su situación social. En el caso de las campesinas, la situación era aún más terrorífica, como las que formaban parte por ejemplo de las Ligas Agrarias Cristianas, una organización que fue mutilada por el stronismo.

“Muchas tuvieron que quedarse solas a mantener el hogar, teniendo que salir a recolectar la siembra para alimentar a sus hijos e hijas, pasando hambre cuando terminaba la cosecha y sin tener nada más que comer. Algunas quedaron con varios hijos e hijas, otras quedaron embarazadas, con el miedo de que en cualquier momento podían ser también llevadas ellas, con la incertidumbre sobre lo que pasaría con su pareja, sin saber sobre su paradero en muchos casos, si regresaría vivo o no” expone por ejemplo uno de los trabajos presentados por la CVJ sobre la situación de la mujer en la dictadura.

Para la historiadora Ana Barreto Valinotti, la cuestión es sumamente amplia e invita a tener una reflexión desde los distintos puntos de vista de la mujer que padeció la dictadura, teniendo en cuenta el contexto en el que vivían. En ese sentido, refiere que es importante saber cómo lo sufrían la mujer urbana, la mujer campesina, la mujer que era ama de casa o la que salía a trabajar como profesional.

Barreto Valinotti considera que la creación de la Coordinación de Mujeres del Paraguay (CMP) a mediados de los 80, fue uno de los puntos de inflexión más importante en plena dictadura para luchar por los derechos de la mujer. “Fue fundamental la creación de la CMP -liderada por la doctora Mercedes Sandoval de Hempel- porque con eso se empezó de nuevo la articulación de las mujeres, lo que permitió primero la creación de la Secretaría de la Mujer y después el gran logro de las mujeres, a principios de los 90, con la doctora Sandoval de Hempel, con el cambio del Código Civil” dice la historiadora.

Un último dato de la CVJ; de los 337 casos de víctimas de desapareciones forzadas que se registraron en la dictadura,37 casos correspondieron a víctimas mujeres (11%)

Memoria

Desde el 2006, un equipo de antropólogos a cargo de Rogelio Goiburú con acompañamiento de la fiscalía, criminalística y otras instituciones, viene trabajando en la búsqueda e identificación de los desaparecidos durante la dictadura de Alfredo Stroessner. El trabajo consiste en identificar a las personas mediante estudios genéticos de los huesos, para corroborar la identidad.

Goiburú es hijo Agustín Goiburú, quien en su momento fue uno de los más grandes opositores al régimen stronista y que terminó siendo desaparecido por la dictadura. Desde que tomó la misión, Rogelio se dedicó de lleno a exhumar cuerpos, desterrar tumbas, buscar huesos. Recién desde este mes su equipo volvió a trabajar, tras conseguir los fondos necesarios después de un tiempo parado. Hasta ahora, el equipo logró rescatar 36 cuerpos en diferentes fosas comunes a lo largo y ancho de Paraguay. De esta cantidad, cuatro ya fueron identificados. El resto continúa con el proceso genético.

Cuando arrancó este trabajo, Rogelio Goiburú lo hacía por la memoria de su padre. Hoy lo hace también por casi 500 familias paraguayas que todavía esperan por un ser querido en la mesa.


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