“En estos años, gracias a Dios, al apoyo de mi familia y de la gente que se encariñó conmigo, pudimos salir adelante y poder tener una exitosa recuperación”, refirió.

Destacó especialmente el acompañamiento de su madre, Blanca Vaccari, y la contención espiritual a tra­vés de una profunda fe. “Gra­cias al apoyo de mi mamá y de Dios, de su misericordia, pude recuperarme bastante bien de ese accidente tan grande y grave”, remarcó.

ALIENTO MÉDICO

A la par del acompañamiento familiar, contó con el aliento de los profesionales médicos. “Mi mamá estuvo siempre al pie del cañón y me ayudó a recuperarme. También el personal de salud me ayudó mucho y agradezco a los doc­tores por el estímulo”, expresó.

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Actualmente, se encuentra trabajando en su independen­cia motriz tras recuperar la movilidad del brazo lesionado durante el percance. “Estoy trabajando para poder ser más independiente y ade­cuarme a la vida laboral, a mi vida personal, recuperarme lo más que se pueda y seguir adelante”, rubricó.

También compartió sus anhe­los. “Espero recuperarme 100 % y seguir con mi vida, ser un pro­fesional, entrar al rubro (Agro­nomía), trabajar y hacer mi vida, con la gracia de Dios”, reveló.

El aliento de los profesionales médicos fue fundamental en el proceso de recuperación.FOTO: GENTILEZA

AJUSTES NEUROLÓGICOS

Doña Blanca Vaccari también recordó cómo han sido estos años de lucha y la milagrosa recuperación de su hijo.

“Como todo proceso, tiene su tiempo y sus resultados, de la mano de Dios y de los profe­sionales que le atienden y de todas las familias paraguayas que nos acompañan”, resaltó.

Además, comentó con orgu­llo que José ha retomado sus estudios. “Desde la cama de un hospital y con apoyo de la familia de la UNA aún sigo siendo su compañera y maes­tra dentro y fuera del aula. Es su sueño ser un profesional y valerse por sí solo, ser inde­pendiente para mejorar su calidad de vida”, indicó.

Por último, la madre atribuye a la intervención divina la sal­vación y recuperación mila­grosa de su hijo. “Gracias a la intervención de María Felicia de Jesús Sacramentado (Chi­quitunga), que ha guardado el cerebro de mi hijo. Tanto le pedí que cuando despertara me conociera y su presencia sigue más viva en nuestras vidas”, apuntó.

Está convencida de que la beata llegará a ser canoni­zada. “Con mucho amor esta­mos cumpliendo nuestro pro­pósito de vida, ella cumplió y nosotros también. Llegará a ser santa”, aseguró.

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